Los Muebles del Santuario.
El Candelabro de Oro.

El candelabro de oro con sus siete lámparas estaba en el lado sur del primer departamento del santuario. Era hecho de oro batido y trabajado con el martillo [1]. Tomaba bastante tiempo hacer formar esas lindas flores y tazas; pero el candelabro fue hecho de acuerdo con el modelo celestial para enseñar lecciones celestiales a la humanidad [2].
A Juan, el discípulo amado, le fue permitido mirar en el primer departamento del santuario celestial, y allí vio siete candelabros de oro. También vio al Salvador en medio a los candelabros, del cual el terrenal era una sombra.
Cristo, al explicarle a Juan el significado de lo que había visto, le dijo, "Los siete candelabros que viste son las siete iglesias" [3].
 El número siete en la Biblia denota un número completo. El candelabro de oro batido con sus siete tazas para las lámparas era un "ejemplo y sombra de las cosas celestiales" [4]. Sus siete brazos, cada uno soportando en su extremidad una lámpara, representaban la iglesia de Dios.
El individuo que forma parte de la "iglesia de los primogénitos que están alistados en los cielos" [5] sentirá a menudo el trabajo (hechura) del martillo humano; porque nosotros somos Su (de Dios) hechura, creados en Cristo Jesús para buenas obras" [6].
 Entonces, "amados, no extrañéis el fuego ardiente que surge en medio a vosotros, destinado a probaros, como si alguna cosa extraordinaria os estuviese sucediendo" [7]. Es apenas el escultor Maestro transformándote para que hagas parte de la gran iglesia alistada en el cielo.
El candelabro típico tenía siete lámparas. El amado discípulo también tuvo una visión de las lámparas celestiales, de las cuales las terrenales eran modelos.
Delante del trono de Dios en el cielo, él vio las siete lámparas de fuego, "las cuales son siete Espíritus de Dios" [8]. La iglesia de Cristo es el candelabro que sostiene la luz en medio a las tinieblas morales. El Salvador dijo, "tu eres la luz del mundo". El Espíritu del Señor son los ojos del Señor que "pasan por toda la tierra, para mostrarse fuerte para con aquellos cuyo corazón es totalmente de El" [9]. Entonces el brillo de nuestra luz depende de la condición de nuestro corazón. El Espíritu está buscando a través de la tierra a aquellos cuyos corazones son perfectos delante de Dios, y El los "sujetará firmemente": sus luces no brillarán en forma ofuscada o en vano.
Las lámparas en el santuario terrenal debían arder continuamente [10]. Así el cristiano debe dejar que el Espíritu siempre gobierne su vida, de manera que pueda llevar esa luz a otros.
Nadie más a no ser el sumo sacerdote podía efectuar la obra sagrada de encender las lámparas del santuario terrenal; él las cortaba y las encendía cada mañana y cada tarde [11]. Así, nadie más que nuestro Sumo Sacerdote, el cual fue "tentado en todas las cosas a nuestra semejanza" [12], puede darnos la ayuda que necesitamos.
 En la mañana necesitamos de Su Espíritu para que nos guíe durante el Día; y en la tarde lo necesitamos para que ilumine nuestras mentes a medida que repasamos el trabajo del Día, de manera que podamos detectar las faltas y los fragmentos caídos en las luchas de nuestras vidas.
El hecho de cortar y encender las lámparas era un lindo tipo y una bella lección para nosotros hoy en Día. Era un eslabón en aquella maravillosa cadena típica de servicios celebrados cada mañana y cada tarde, mientras "toda la multitud estaba orando fuera" del santuario [13].
 Toda la ofrenda quemada en el atrio, el incienso, y las lámparas ardientes dentro del santuario, todo era un maravilloso tipo que nunca perderá su belleza.
Siempre que un individuo cumpla en su alma el antitipo de toda la ofrenda quemada, esto es, una completa entrega a Dios, se está poniendo él mismo y todo lo que él tiene, sobre el altar, para ser consumido en el servicio de Dios que El dirige, y ese individuo, sea rico o pobre, instruido o ignorante, será cubierto con el fragante incienso de la justicia de Cristo, y su nombre será alistado en la iglesia de los primogénitos en el cielo; y Aquí en esta tierra llena de pecado, a medida que él
va y viene, él será parte del gran candelabro, y de su vida saldrán los brillantes rayos del Espíritu de Dios.
La pregunta puede surgir en muchos corazones: ¿cómo puedo convertirme en una luz brillante en esta tierra? Cuando Zorobabel estaba tratando, bajo severas circunstancias adversas, de reconstruir el templo de Jerusalén, llegó un tiempo en que las dificultades le parecieron montañas. Entonces el Señor envió Su profeta con un mensaje para ayudarlo y animarlo.
A Zacarías le fue dada una visión del candelabro de oro, y también le fue mostrado cuando el aceite suplió las lámparas.
El vio dos olivos, uno al lado derecho del candelabro y otro al lado izquierdo, los cuales, a través de una tubería de oro, mantenían las lámparas alimentadas con aceite, de manera que pudieran iluminar brillantemente [14].
 El profeta le preguntó al ángel el significado de lo que había visto. Como respuesta el ángel le dijo: "Esta es la palabra del Señor a Zorobabel, diciendo, no por fuerza ni por poder, sino que por Mi Espíritu, dice el Señor de los Ejércitos". Entonces le dio un mensaje a Zorobabel para que continuase, y le dijo que la montaña de dificultades se volvería una planicie, y que tan cierto como sus manos habían colocado los fundamentos de la casa del Señor, Así también la terminaría.
Zorobabel estaba caminando por la fe en los profetas que habían predicho cómo y cuando Jerusalén sería reconstruida [15]; pero esos profetas estaban muertos, y él estaba ahora enfrentando dificultades con las cuales él estaba llegando a pensar que los profetas nunca habían esperado encontrar. Entonces el Señor le envió un profeta viviente con un mensaje de ánimo para que mantuviera la luz ardiendo, y capacitó a Zorobabel a continuar y completar la obra profetizada por los profetas muertos.
No podemos comprender la palabra del Señor sin que el Espíritu ilumine nuestras mentes. La luz brilla en la proporción en que nosotros confiamos en la palabra y dejamos todo en Sus manos: y cuando surgen las dificultades al tratar de seguir las instrucciones dadas por los profetas ya muertos, el Señor nos envía mensajes de ánimo y vigor a través del profeta viviente, para capacitarnos a continuar hasta conseguir la victoria.
"Estos son los dos hijos del aceite (dadores de luz), que están en pie por el Señor de toda la tierra". Es el Espíritu del Señor, que acompaña la palabra que ha sido dada a las personas, que dará luz. Cualquier cosa que haya sido, lo que los profetas de Dios hayan revelado al hombre en el pasado, es luz; y todos aquellos que se hayan adherido estrictamente al testimonio de Dios a través de Sus profetas, aunque sean cientos de años después que el testimonio haya sido dado, están hablando
A favor a través del profeta vivo, Así como Zacarías le habló a Zorobalel.

Tipo
Exo. 40:24
El candelabro de oro en el primer departamento del santuario terrenal.
Exo. 25:37; 40:25
Había siete lámparas en el candelabro.
Exo. 30:7-8
El sumo sacerdote cortaba y prendía las lámparas En el santuario terrenal.
Lev. 24:2
Las lámparas ardían continuamente, derramando siempre su luz.

Antitipo
 Apoc. 1.12
Juan ve siete candelabros de oro en el cielo
Apoc. 4:2,5
Juan ve siete lámparas de fuego delante del trono de Dios en el cielo.
Apoc. 1:12-18
Juan ve a Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, en medio de los candelabros en el cielo.
Juan 1:9
El Espíritu Santo ilumina cada alma que llega a este mundo, la acepte o no la persona.

Referencias:
5.1.- Exo. 25:31-37
5.2.- Exo 25:40
5.3.- Apoc. 1:12-20
5.4.- Heb. 8:5
5.5.- Heb. 12.23
5.6.- Efe. 2.10
5.7.- 1 Pedro 4.12
5.8.- Apoc. 4:2,5
5.9.- 2 Cron. 16:9
5.10.- Lev. 24:2 5.11.- Exo. 30:7-8
5.12.- Heb. 4:15
5.13.- Lucas 1.10
5.14.- Zac. 4:1-14
5.15.-2 Cron. 36:20-23; Jer. 25:12; Ose. 1:7