Algunas cuestiones de traducción en el Antiguo Testamento

Por Daniel C. Arichea, Jr.

 

[En este trabajo se han utilizado las siguienes abreviaturas de traducciones de la Biblia: BJ (Biblia de Jerusalén), GNB (Good News Bible), KJV (King James Version), LPD (El Libro del Pueblo de Dios), NAB (New American Bible), NEB (New English Bible), NIV (New International Version), RSV (Revised Standard Version), RVR-60 (Reina-Valera, revisión de 1960), VP (Dios habla hoy; versión popular). De otras versiones se han dado en el texto los nombres por los que son conocidas o los de sus autores.]
Introducción
En mi trabajo con traductores, particularmente con el comité encargado de traducir el Antiguo Testamento (AT) al lenguaje común indonesio, me he familiarizado bastante con problemas de traducción especialmente relacionados con esta parte de las Escrituras. En el presente artículo discutiremos dos de estos problemas: alusiones y citas del AT en el Nuevo (NT) y aparentes inconsistencias dentro del AT.
En lo que toca al primer problema, se ha observado que una cita del NT no coincide a menudo con su contrapartida en el Antiguo. El problema se complica por el hecho de que en ocasiones una concepción teológica particular que el texto del NT quiere poner de manifiesto no es algo obvio o está ausente en el texto hebreo.
En relación con el segundo problema, los traductores se preocupan y no saben cómo tratar las aparentes discrepancias en el relato del AT, ya sea que aparezcan dentro de un mismo libro (tales como las variantes en los detalles del relato del diluvio en Génesis 6—9), o en libros distintos (como las diferencias de detalle entre Reyes y Crónicas). ¿Deben estas diferencias ser dejadas de lado, o se las debe reconciliar de alguna manera en el trabajo de traducción?
Estas son cuestiones serias, especialmente cuando se las considera desde una perspectiva que ve en la Biblia la Palabra de Dios. A menudo se afirma que un aspecto importante de la proclamación de «la Biblia como Palabra de Dios», es que esta debe poseer el componente de la «precisión». Respecto a las relaciones entre el AT y el NT, «precisión» significaría, entre otras cosas, que cuando se cita en el NT un pasaje del AT, la cita del NT y el pasaje del AT deben coincidir completamente, tanto en redacción como en interpretación. Si este no es el caso, entonces ello se convierte en un problema teológico para los traductores, problema que dejan de lado o tratan de resolver de varias maneras; y una de ellas es hacer ajustes en el pasaje del AT, de manera que coincida con su contraparte en el NT.
Los textos del AT: niveles de significado
A la luz de lo que arriba se discute, ¿cómo se traduciría entonces un texto del AT, ya sea que se encuentre dentro de esa porción de las Escrituras o aparezca citado en un libro del NT?
Para responder a esta pregunta es necesario considerar en qué nivel de significado estamos interesados cuando traducimos un texto del AT. Ello se debe a que la formación del AT incluye varias etapas, cada una de las cuales representa un nivel de significado. Podemos hablar, por ejemplo, de los siguientes niveles de significado cuando nos enfrentamos a un texto del AT:

 

¿Cuál de estos niveles de significado estamos traduciendo? En lo que sigue sugeriremos algunos principios que tratan de toda esta cuestión relativa a la traducción del AT. Se trata de sugerencias y no de «normas» inflexibles, pero las proponemos a fin de abrir la discusión en torno a cómo debe ser traducido el AT con la mayor exactitud y responsabilidad posibles.
La traducción de pasajes dentro del AT
Primero: El AT debe ser antes que todo traducido como Escritura judía o hebrea. Aunque el AT forma parte del canon cristiano, y como tal puede ser interpretado, es mucho más apropiado traducirlo como si no formara parte de toda la Biblia. Este acercamiento al problema garantizaría que el significado del Antigo Testamento (dos de los significados que arriba se señalan: el segundo y el tercero) se mantenga como el objetivo primario de la labor de traducción.
Segundo: El texto hebreo del AT es el texto básico por traducir. Ello significa que siempre que surja una diferencia entre el texto hebreo y otras versiones o traducciones (tales como la Septuaginta), entonces el texto hebreo debe prevalecer. Este principio es muy importante cuando se traducen pasajes del AT que se citan en el NT, ya que los autores del NT utilizan a menudo la Septuaginta y no el texto hebreo.
Tercero: Siempre que existan diferencias en lo que se refiere a los detalles de la información que contienen los textos, estas no deben ser conciliadas. Ello se aplica tanto a las diferencias que se hallen dentro de un mismo libro como las que haya entre diferentes libros. El material del AT ha llegado ya a nosotros con esas diferencias, y el traductor debe reflejar fielmente esta característica particular de esa porción de las Escrituras.
Cuarto: No debe intentarse la producción de un AT «cristianizado». Este debe ser traducido de tal manera que queden reflejadas todas las ideas morales y teológicas presentes en los libros que forman parte de él, aunque esas ideas puedan ser consideradas precristianas, o aun anticristianas.
Quinto: No deben utilizarse en la traducción de textos del AT conceptos y vocabulario característicos del cristianismo. Términos tales como «Cristo», «Espíritu» (con mayúscula), «Espíritu Santo», «iglesia» y otros tienen un uso especial entre los cristianos, y por lo tanto deben ser obviados en la traducción del AT.
Sexto: En lo que toca a los pasajes del AT que se citan, o a los cuales se alude, en el NT, deben hacerse los mayores esfuerzos para traducirlos de manera natural en sus contextos del AT, en lugar de traducirlos a la luz del uso que se hace de ellos, o la interpretación que reciben, en el NT.
Séptimo: Por último, debemos traducir la forma y el significado del texto en el tiempo cuando fueron aceptados como Escritura por la comunidad de fe (el cuarto significado en los niveles que arriba se señalan). En muchos casos, quizás en la mayoría, el significado de estos textos a ese nivel será el mismo que en el nivel tercero (el editor final) y hasta cierto punto el nivel segundo, pero debe decirse que sigue siendo cierto que estos niveles de significado no constituyen el objetivo primario de la tarea de traducción. En cuanto a su forma, sin embargo, habrá considerables diferencias entre el nivel cuarto y los niveles anteriores. Y es importante reconocer que al traducir cualquier libro del AT tomamos en serio la forma que este tenía cuando fue reconocido como Escritura por la comunidad de fe. Por ejemplo, en tanto se reconoce la validez de las conclusiones de la erudición bíblica moderna respecto del libro de Isaías (que pudo haber sido escrito por más de una persona), en el trabajo de traducción nos ocupamos del libro de Isaías como un solo libro, ya que esa es la categoría o forma canónica con que lo recibió como Escritura la comunidad de fe.
Pasajes del NT citados del AT
Primero: Cuando traducimos un pasaje del NT que ha sido citado del AT, debemos traducir el significado propuesto por el texto del NT, independientemente de que coincida o no con la intención del texto del AT.
Segundo: Los pasajes del NT que han sido citados del AT deben ser traducidos como textos del AT, escritos por autores del AT, y no por autores cristianos. Estas citas han sido extraídas con toda seriedad por autores del NT como textos surgidos en un período específico de la historia de Israel. De ahí que, al traducirlos, no deban ser cristianizados, introduciendo conceptos cristianos o utilizando un vocabulario característico del cristianismo.
Lo que todo esto significa es que cuando un traductor vierte el AT a otra lengua, incluyendo textos del AT que aparecen en el NT, debe traducirlos fundamentalmente como escritura judía, y solo en segundo lugar como escritura cristiana. El traductor debe evitar la tentación de leer el AT en el NT o de leer el NT en el AT. De esta manera, la tarea de traducción no compromete en absoluto la integridad del AT como escritura judía, y, a la larga, como parte del canon cristiano.
Comentarios adicionales
Habiendo dicho todo esto, ahora añadiré algunos comentarios para matizar las sugerencias hechas arriba.
Primero: Cuando sea posible armonizar, sobre bases textuales, exegéticas y lingüísticas, textos del AT con sus contrapartes del NT, entonces ello debe hacerse. Lo que esto significa es lo siguiente: Si el texto hebreo del AT puede ser traducido de la misma manera que el texto griego del NT, sin componendas textuales, ni exegéticas, ni de lenguaje, entonces el texto del AT debe ser traducido de la misma manera como su contraparte del NT. Si el texto del AT permite otras interpretaciones, entonces esas alternativas deben ser introducidas como notas al texto del AT, pero no en el texto del NT.
Segundo: Este principio abre por lo menos la posibilidad de armonizar textos del AT con sus contrapartes del NT. Esta propuesta encierra sus peligros, pero aplicada con cuidado ofrece grandes oportunidades. Lo que ella no autoriza es a leer el AT en el NT; esto es, a cambiar pasajes del NT tomados del AT de manera que concuerden con su contraparte hebrea.
Tercero: Cuando, sobre bases textuales, exegéticas y lingüísticas sea posible traducir un texto, de tal manera que se permita una posible interpretación ya prevaleciente dentro de la fe cristiana, ello puede hacerse. No obstante, hay dos cosas que no deben olvidarse. La primera es que la frase «ya prevaleciente dentro de la fe cristiana» tiene una importancia especial en esta proposición. Aquí no se alude a la idiosincrasia de un pequeño grupo aislado, sino a una interpretación que comparte un gran número de creyentes dentro de la comunidad de fe. Aún más, tal interpretación debe ser capaz de pasar la prueba cuando sea juzgada por el evangelio de Jesucristo.
La segunda cosa que no debe olvidarse es que en ningún caso el significado del AT debe subordinarse al significado cristiano. En este punto se ve más claramente la distinción entre la tarea de la exégesis y la traducción, y la tarea de la teología y la proclamación. La exégesis, en su sentido estricto, es la exacta interpretación de un texto en su significado original, mientras que la teología y la proclamación son empresas que relacionan un texto con una situación particular. En esta última actividad, podemos remitirnos al significado original o ir más allá de él, de manera que el texto se convierte en un texto moderno. Una buena traducción no hace moderno un texto; sin embargo, sí lo descifra para que sirva de base a una interpretación y proclamación relevantes y llenas de significado.
Ejemplos
Todavía nos resta probar las propuestas anteriores examinando algunos textos.

Gn 1.2 ruah Elohim
La traducción tradicional de esta expresión es «el Espíritu de Dios» (RVR-60, KJV, NIV. En VP, Moffat: «el espíritu de Dios»). Algunos intérpretes entienden esta expresión como una alusión, no al espíritu de Dios, sino a un viento poderoso que no formaba parte de la actividad de Dios, sino del cuadro de caos total descrito en el primer versículo. Debe notarse que esta interpretación evita el problema de convertir a Dios en autor del caos, y acentúa el hecho de que el acto divino de creación busca en primer lugar poner orden en medio del caos que existía en la tierra.
A la luz de esta discusión, ¿cuáles son las posibilidades de traducción?

Gn 1.26 «Hagamos al hombre a nuestra imagen»
Existen por lo menos cuatro interpretaciones de la forma plural.
Primera: Implica una discusión entre Dios y su corte celestial, y alude a los seres celestiales que rodean a la Deidad y forman su consejo. Esto es algo difícil de aceptar, puesto que, en la creación, Dios actúa solo.

Segunda: El plural es reflexivo. Dios habla consigo mismo, y el plural tiene la forma de un «plural mayestático».

Tercera: La forma plural puede ser explicada como una cuestión gramatical. Como el nombre hebreo común para Dios (Elohim), tiene forma plural, Dios aparece a veces hablando en forma plural. El plural se considera un elemento retórico. Un comentarista ha escrito: «Un hombre que reflexiona sobre una acción que va a realizar, lo mismo dice: “¡Vamos a hacerlo!” que “¡Lo voy a hacer!”. “¿Qué debemos hacer?”... brota tan naturalmente a los labios de un alma perpleja como “¿Qué debo hacer?”... Este es el tipo de expresión que encontramos por todas partes en la Biblia. En Génesis 11.7, el consejo divino se expresa en un “descendamos, y confundamos”, cuando es evidente que Jehová habla consigo mismo. Isaías 6.8 se las arregla para combinar el singular y el plural cuando pregunta: “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?”. Probablemente aquí todo el problema se reduzca al empleo de la misma clase de retórica».

Cuarta: Muchos cristianos, desde los antiguos padres de la iglesia hasta el presente, han visto en estos pronombres plurales una alusión a la doctrina cristiana de la Trinidad.
¿Cuáles son entonces la posibilidades de traducción?

Salmo 45.6 (citado en Heb 1.8)
La mayoría de los traductores e intérpretes consideran que Hebreos 1.8 equivale a: «Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo... ». (Hay algunas excepciones. Se destacan las traducciones de Moffat y Goodspeed, quienes traducen: «Dios es tu trono por siempre jamás».) GNB tiene: «Tu reino, oh Dios, durará por siempre jamás», con una nota: «o “Dios es tu reino”». En VP leemos: «Tu reinado, oh Dios, es eterno».
En la contraparte de este versículo en el AT, que se halla en el Salmo 45.6, algunas versiones tienen exactamente lo mismo que en Hebreos 1.8 (VP, Goodspeed, NIV, NAB, JB). Otros traducen de una manera diferente; por ejemplo: «Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre» (RVR-60); «Tu trono permanecerá para siempre» (Moffat); «Tu trono es como el trono de Dios, eterno» (NEB); «Tu trono permanece para siempre jamás» (RSV, con una nota: «o “Tu trono es un trono de Dios”, o “Tu trono, oh Dios”»); «El Reino que Dios te ha dado permanecerá para siempre jamás» (GNB, con una nota: «o “Tu reino, oh Dios”, o “Tu reino divino”»).
No hay problemas en lo que se refiere a la posibilidad de traducir el texto hebreo del Salmo 45.6 de la misma manera como está en el texto griego de Hebreos 1.8. La cuestión principal es si esa traducción concuerda con el contexto del Salmo. El Salmo 45 es un salmo dirigido al rey, quizás a David o a algún rey de la dinastía davídica. Surge entonces el problema de si resulta apropiado dirigirse al rey como a Dios. Muchos comentarios reconocen que en el AT nunca se le habla al rey como a Dios, y por lo tanto este versículo tendría un carácter único si se tradujera de la misma forma como en Hebreos 1.8.
A la luz de esta discusión, ¿cuáles son las posibilidades de traducción del Salmo 45.6?

Salmo 110.1 comparado con Hechos 2.34
El uso que hace el NT del Salmo 110.1 constituye una obvia referencia a Jesús como el Mesías. La mayoría de las traducciones consultadas para escribir este artículo lo indican claramente escribiendo con mayúscula la palabra «Señor», tanto en la primera como en la segunda secuencia. Por ejemplo, GNB: «El Señor dijo a mi Señor».
La contrapartida en el AT está al comienzo de un Salmo de entronización, y su sujeto es el rey. GNB lo refleja con claridad: «El Señor dijo a mi señor, el rey». Algunas traducciones no son tan directas, y ponen el segundo «señor» con minúscula. Por ejemplo, la VP dice: «El Señor dijo a mi señor». Algunas otras traducciones emplean mayúscula en ambas ocasiones:
NIV: «El Señor dice a mi Señor»
NAB: «El Señor dijo a mi Señor»
BJ:  «Oráculo de Yahveh a mi Señor»
RVR-60: «Jehová dijo a mi Señor»

¿Cuáles son entonces las posibilidades de traducción de este versículo?

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Traducir el AT puede convertirse en una tarea muy emocionante. Mi propósito al proponer las sugerencias que anteceden es alentar esa emoción y, además, ayudar a que las traducciones del AT sean fieles al significado y a la intención que encierran estos textos..
[El presente estudio ha sido tomado de la revista Traducción de la Biblia, de las Sociedades Bíblicas Unidas, Volumen 6, número 2 de 1996]