COMO HABLA DIOS A SUS PROFETAS II

Las cartas llevan autoridad

Las cartas de los profetas llevaban el mismo peso de autoridad que sus sermones formales. En algunos casos, las cartas serían más útiles que un sermón porque estaban escritas a personas específicas con problemas específicos. Las cartas escritas a una persona o a una iglesia llegaron a ser igualmente beneficiosas a otros, en la medida que dichas cartas (y sermones) se copiaron y distribuyeron ampliamente. Personas de todas partes a lo largo del tiempo se han identificado con estas aplicaciones inspiradas y prácticas de principios divinos a los detalles de la vida.

Dramatización. Parábolas en palabras o en acciones son recursos didácticos frecuentemente usados a lo largo de la Biblia. Jesús usó parábolas generosamente a fin de hacer claro el valor de los principios divinos.

El ministerio de Jeremías usó a menudo la parábola de la acción y el ejemplo. Dios le pidió que no se casase (16:1-2), de modo que fuese un recordativo viviente para los judíos de los sufrimientos que se avecinaban durante la destrucción de Jerusalén. Pensemos en los recursos didácticos contenidos en “la vasija de barro del alfarero” (Jer. 19) que debía ser rota como una señal de la caída de Jerusalén; o las “coyundas y yugos” (Jer. 27) que presagiaban el yugo venidero bajo Babilonia.

Como Jeremías, Ezequiel expresó a menudo sus mensajes proféticos en la forma de parábolas. Ejemplos de ello incluyen el rollo que se le pidió que comiese (Eze. 3:1-3); la navaja para cortar el cabello y la barba (Eze. 5:1); la olla para cocinar (Eze. 24:3-4); y el valle de huesos secos (Eze. 37). Los mensajes mediante parábolas captaban la atención y se los recordaba fácilmente.

Al repasar estos diferentes métodos para atraer la atención, a uno le impresiona el hecho de que Dios escogía cualquier método que mejor se adecuase a la ocasión. Dios es adaptable y persistente. Todos los métodos son auténticos porque proceden de la misma Fuente. El sermón deuteronómico de Moisés, las entrevistas personales de Isaías, los sermones transcriptos de Jeremías, las cartas de Pablo, las dramatizaciones parabólicas de Ezequiel, los libros de Daniel, el sermón de Pedro en Pentecostés, la entrevista de Jesús con Nicodemo, todos fueron inspirados por el Espíritu. “Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Ped.1:21).

Ayudantes literarios

Conocemos muy poco sobre cómo prepararon sus materiales la mayoría de los autores bíblicos. Sólo sabemos lo que ellos nos han dicho. Jeremías explicó de qué manera usó a Baruc como su ayudante literario: “Y llamó Jeremías a Baruc hijo de Nerías, y escribió Baruc de boca de Jeremías, en un rollo de libro, todas las palabras que Jehová le había hablado” (36:4). Cuando los oficiales del rey oyeron a Baruc que leía estos mensajes, le preguntaron: “Cuéntanos ahora cómo escribiste de boca de Jeremías todas estas palabras”. Baruc les contestó: “El me dictaba de su boca todas estas palabras, y yo escribía con tinta en el libro” (36:17-18).

Baruc, conocido como un escriba (36:26), tenía una buena educación. Jeremías empleó las habilidades literarias de este hombre para preparar en forma escrita sus mensajes dados oralmente: “Y tomó Jeremías otro rollo y lo dio a Baruc hijo de Nerías escriba; y escribió en él de boca de Jeremías todas las palabras del libro que quemó en el fuego Joacim rey de Judá; y aun fueron añadidas sobre ellas muchas otras palabras semejantes” (36:32).

Varios ayudantes de Pablo

En el Nuevo Testamento, Pablo empleó varios ayudantes editoriales. Tercio ayudó a preparar el manuscrito a los Romanos (16:22). Aparentemente Sóstenes ayudó a escribir la primera carta a los Corintios (1:1). Pablo, en la prisión romana, dictó su segunda epístola a Timoteo, y Lucas, su médico, la preparó en forma escrita. [9]

Pablo era un erudito griego consumado, bien reconocido por los dirigentes judíos. Pero hubo razones plausibles para que él emplease ayudantes literarios. En la prisión, su capacidad para escribir se vio severamente reducida, pero sus ayudantes podían tomar sus pensamientos y escribirlos mucho más convenientemente.

Algunos consideran que su “aguijón en la carne” era una vista deficiente (2 Cor. 12:7-9; Gál. 4:15). Cualquiera haya sido el método que Pablo usó para escribir sus epístolas, los que leían esas cartas (u oían su lectura) sabían que estaban escuchando mensajes inspirados.

La diferencia significativa en el estilo griego (no necesariamente en el contenido) de cada una de sus epístolas, sugiere fuertemente que Pablo usó diferentes ayudantes litera-rios, con variadas aptitudes para colocar sus mensajes en forma escrita. [10]

Pedro se refirió por nombre a su ayudante literario, Silvano [Silas], calificándolo como nuestro “hermano fiel” (1 Ped. 5:12). ¿Por qué Pedro necesitaría ayuda editorial? Por varias razones: Además de no tener preparación académica, Pedro tuvo las mismas restricciones de prisión que Pablo; y puesto que su lengua materna era el arameo, probablemente no era hábil en el uso del griego. La primera epístola de Pedro se encuentra en un griego pulido, de una calidad superior, la marca de una mente educada, lo que refleja la ayuda de Silvano. Aunque la segunda epístola de Pedro está escrita en un estilo literario tosco, la verdad resplandece en forma brillante. Evidentemente, Silvano no estuvo disponible en esa ocasión, y Pedro la escribió por sí mismo o empleó a otro escriba sin la habilidad literaria de Silvano. [11]

Diferencia obvia entre 1 y 2 Pedro

La diferencia entre Primera y Segunda Pedro es tan obvia que la paternidad literaria de una y aun de ambas epístolas ha sido cuestionada. Allan A. McRae observó: “Tampoco podemos descartar la idea de que ocasionalmente un escritor pudiese haber dado a un ayudante una idea general de lo que quería, diciéndole que lo pusiese en forma escrita. [12] En tal caso, habría revisado el texto para asegurarse de que representaba lo que él quería decir, y por lo tanto él podía verdaderamente ser llamado su autor. El Espíritu Santo habría guiado todo el proceso de modo que lo que finalmente estaba escrito, expresase las ideas que Dios deseaba que su pueblo tuviese.

“Probablemente Pablo raramente siguió este último procedimiento, puesto que tenía una educación elevada y debe haber confiado en su capacidad para expresarse en griego. Pero la situación puede haber sido diferente en el caso de Pedro y Juan. El estilo de Primera y Segunda Pedro difiere tan considerablemente que algunos críticos han sugerido que una de ellas es un fraude. Sin embargo, Pedro mismo pudo haber escrito una de las epístolas en griego (2 Pedro?) y, para la otra, haberle expresado su pensamiento en arameo a un asociado, quien tenía más experiencia

para escribir en griego (1 Pedro). Este asociado pudo entonces haber escrito las ideas de Pedro en su propio estilo, y más tarde haber hecho alteraciones que Pedro podría haber sugerido. De este modo las dos cartas diferían en estilo; no obstante, bajo la dirección del Espíritu Santo ambas expresarían el pensamiento de Pedro tan ciertamente como si Pedro hubiese dictado cada palabra. Juan Calvino sustentó tal punto de vista, pero no tuvo dudas de que ambas presentaron fielmente el pensamiento de Pedro”. [13]

Al comparar el Evangelio de Juan con el libro de Apocalipsis vemos nuevamente un estilo literario llamativamente diferente. La evidencia muestra en forma convincente que el apóstol Juan escribió ambos libros, aun cuando los estilos literarios sean muy diferentes. El libro de Apocalipsis tiene una construcción griega generalmente imprecisa mientras que el Evangelio de Juan se amolda a normas literarias aceptables: una clara indicación de que hubo diferentes escribas. [14] Parte de la diferencia, por supuesto, podría atribuirse al hecho de que Juan era un anciano cuando escribió Apocalipsis.

Cómo fue escrito Lucas

El análisis de cómo y por qué fue preparado el libro de Lucas provee otra forma de examinar la cuestión de la ayuda editorial en la preparación del material bíblico. Lucas no fue un testigo ocular del ministerio de Cristo. Es probable que nunca oyó hablar a Jesús. Sin embargo, el Evangelio de Lucas ha sido comparable con el de Mateo, el de Marcos y el de Juan en cuanto a informar fielmente las palabras y los hechos de Jesús.

¿Cómo lo hizo Lucas? Recopilando los relatos más válidos de testigos oculares y presentándolos en una forma coherente. [15]

Lucas describió este procedimiento de la siguiente manera: “Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus propios ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido” (1:1-4).

Dios no comunicó sus mensajes a través de un dictado mecánico sino mediante actos y palabras que los hombres y mujeres podían entender. Los profetas que oyeron a Dios hablarles directamente transmitieron esos menajes mediante la manera de pensar de su época, y a través de los idiomas y las analogías que sus oyentes podían comprender.

La comprensión correcta del proceso de revelación/inspiración impide una preocupación inquietante cuando la gente ve en los Evangelios claras diferencias entre informes sobre el mismo evento, incluso entre los mismos mensajes de Jesús. Nada perturba más a algunos sinceros estudiantes que observar las diferentes maneras en que los escritores bíblicos describen el mismo evento, “citan” la misma conversación, o informan las parábolas de Jesús. Aun el tener dos versiones del Padrenuestro, según se lo registra en Mateo 6 y en Lucas 11, perturba a aquellos que creen erróneamente que los escritores bíblicos escribieron, palabra por palabra, mientras el Espíritu Santo dictaba.

Inspiración verbal o inspiración de pensamiento

La inspiración verbal, infalible, implica que el profeta es una máquina grabadora, que transmite mecánica e infaliblemente el mensaje de Dios. La creencia en una inspiración mecánica excluye diferencias al informar un mensaje o evento. La inspiración verbal requiere profetas que transmitan las palabras exactas suplidas por el Guía celestial, así como el taquígrafo de una corte o tribunal escribe lo que está siendo dicho por los testigos. No se les da margen a los profetas para usar su propia individualidad (y limitaciones) al expresar las verdades que se les revelan.

Uno de los problemas obvios para aquellos que creen en la inspiración verbal es qué hacer al traducir la Biblia, ya sea del hebreo/ arameo del Antiguo Testamento o del griego del Nuevo Testamento, a otros idiomas. Otro problema aparece en Mateo 27:9-10, donde Mateo se refiere a Jeremías en vez de Zacarías (11:12) como la fuente del Antiguo Testamento para una profecía mesiánica. Este podría ser el error de un copista. Pero si fuese de Mateo, es un error humano que cualquier maestro o ministro religioso podría cometer, un error que no causará ningún problema a los partidarios de la inspiración del pensamiento. ¿Por qué? Porque los que aceptan la inspiración de pensamiento saben lo que Mateo quiso decir.

¿O qué escribió realmente Pilato en el cartel colocado en la cruz de Cristo? Mateo 27:37; Marcos 15:26; Lucas 23:38, y Juan 19:19 presentan el texto en forma diferente. Para los que aceptan la inspiración de pensamiento, el mensaje es claro; para los que creen en la inspiración verbal, es un problema.

Los profetas son inspirados, no las palabras

Para los partidarios de la inspiración de pensamiento, Dios inspira al profeta, no sus palabras. [16] Ellos leen la Biblia y ven a Dios obrando a través de seres humanos con sus características individuales. Dios provee los pensamientos, y los profetas, al transmitir el mensaje divino, usan la capacidad literaria que poseen, cualquiera sea. Eruditos con preparación presentarán un mensaje o describirán un evento de manera muy diferente de como lo haría un pastor de ovejas. Pero si ambos están inspirados por Dios, la verdad será oída igualmente por el educado y el indocto. Esta es la manera como fue escrita la Biblia; todos los escritores usaron sus mejores palabras para expresar fielmente el mensaje que habían recibido del Señor.

La revelación en el proceso de revelación/ inspiración destaca el acto divino que descubre la información. Los adventistas del séptimo día creen que este mensaje o contenido divinamente revelado, es infalible y autorizado.

“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Sal. 119:105). [17]

La inspiración se refiere al proceso por el cual Dios capacita a una persona para que sea su mensajero. Esta clase de inspiración es diferente del uso coloquial de la palabra cuando describimos a un poeta perspicaz o a un cantante dotado como que están “inspirados”.

Pablo le escribió al joven Timoteo diciéndole que “toda la Escritura es inspirada por Dios” (2 Tim. 3:16). La palabra griega que Pablo usó, traducida como “inspirada”, es theopneustos , una contracción de dos palabras, “Dios-respira”. Esto es más descriptivo que un mero toque poético. Por ejemplo, cuando Daniel cierta vez estaba en visión, ¡literalmente no respiraba! (Dan. 10:17).

Pedro dijo que los profetas fueron “movidos por el Espíritu Santo” (2 Ped. 1:21, Biblia de Jerusalén). La palabra griega para “movidos” es pheromeni , la misma palabra que usó Lucas (Hech. 27:17, 27) para describir el hecho de ser “llevados” a través del mar Mediterráneo en una terrible tormenta. Los profetas no confundieron el “movimiento” del Espíritu con impulsos emocionales normales. Sabían cuándo el Señor les estaba hablando, ¡eran movidos o inspirados!

Otra palabra que se usa a menudo al describir el sistema de comunicación de Dios es iluminación. Cuando los profetas dan sus mensajes, ¿cómo reconocen las personas que los mensajes son auténticos? El mismo Espíritu Santo que habló mediante los profetas habla a aquellos que oyen o leen el mensaje del profeta. El oyente o el lector es “iluminado” (pero no inspirado). Más aún, el Espíritu Santo capacita al creyente sincero para comprender el mensaje y aplicarlo personalmente. [18]

En el capítulo 13 se ventilará cómo el proceso de revelación/inspiración funcionó en el ministerio de Elena de White. Afortunadamente, la Sra. White habló enérgica y lúcidamente sobre cómo este proceso tuvo lugar en los tiempos bíblicos y en su propio ministerio.

Algunos mensajes proféticos no preservados

La Biblia no contiene todo lo que los profetas han dicho o escrito. Por ejemplo, no tenemos todo lo que Jesús dijo o hizo. [19]

¿Significa eso que los mensajes no preservados eran menos importantes, menos inspirados, que aquellos que tenemos en la Biblia? ¡No! Todo lo que Dios dice es importante e inspirado. Pero algunos mensajes eran de interés local. Otros estaban incluidos en otros mensajes que fueron preservados. Indiscutiblemente, la mayor cantidad de mensajes proféticos, incluyendo las palabras de Jesús, no se preservaron.

Los profetas bíblicos pueden clasificarse en cuatro grupos: [20]

1. Profetas que escribieron algo de la Biblia, como Moisés, Jeremías, Pablo y Juan.

2. Profetas que no escribieron nada de la Biblia, pero cuyos mensajes y ministerio se preservan ampliamente en la Biblia, como Enoc, Elías y Eliseo.

3. Profetas que dieron testimonios orales (quizás aun mensajes escritos), pero cuyas palabras no se preservaron. A lo largo del Antiguo Testamento, se mencionan muchos profetas sin indicar su nombre, incluyendo a los setenta ancianos que recibieron el Espíritu Santo y profetizaron (Núm. 11:24-25), el grupo que se unió a Saúl después que éste llegó a ser rey (1 Sam. 10:5-6, 10), y aquellos que fueron escondidos en cuevas por Abdías (1 Rey. 18:4, 13). En el Nuevo Testamento, por ejemplo, las cuatro hijas de Felipe profetizaron, pero sus mensajes no fueron registrados (Hech. 21:9).

4. Profetas que escribieron libros que no han sido preservados, incluyendo a Natán (1 Crón. 29:29), Gad (1 Crón. 29:29), Semaías (2 Crón. 12:15), Jaser (Jos. 10:13; 2 Sam. 1:18), Iddo (2 Crón. 12:15; 9:29), Ahías (2 Crón. 9:29) y Jehú (2 Crón. 20:34).

Lo que ha sido preservado en la Biblia es la esencia del glorioso linaje de esplendor mediante el cual Dios ha hablado a la humanidad, “muchas veces y de muchas maneras” (Heb. 1:1). El propósito de los escritos bíblicos no fue producir una historia completa de todo lo que le ocurrió al pueblo de Dios en los tiempos del Antiguo y del Nuevo Testamento. El propósito primario de la Biblia es darles a los lectores una comprensión clara del plan de salvación y de los eventos más importantes que exponen el gran conflicto entre Cristo y Satanás. Además, Pablo escribió que la Biblia provee “ejemplos” del bien y el mal, de la verdad y el error, para alertar al lector a “estar firme, mire que no caiga” (1 Cor. 10:12).