Jonás y el juicio

PARA MEMORIZAR

“Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hechos 10:34, 35)

TAL COMO LO REVELAN LOS PRIMEROS VERSÍCULOS de Jonás, este libro tiene el trasfondo del juicio, el juicio de Dios. Por supuesto, eso no es específicamente novedoso o singular, pues la Biblia está llena de diferentes ejemplos, advertencias y promesas de los juicios de Dios. Esto no sólo se enseña en el Antiguo Testamento, sino también con gran fuerza y énfasis en el Nuevo.

Sabemos que Dios es un Dios de amor; nada lo muestra mejor que Jesús en la cruz, indudablemente el mayor ejemplo de los juicios de Dios. Y por cuanto él es un Dios de amor, podemos confiar en que sus juicios son justos y equitativos. Con Dios no necesitamos preocuparnos acerca de cómo hacerle trampas al jurado; tampoco debemos afligirnos porque los jueces sean sobornados; no necesitamos temer un juicio injusto.

Esta semana continuaremos considerando el concepto del juicio como se lo presenta primero en Jonás, ya que en él se revela que Dios se preocupa acerca del mal que ha traído tanto dolor, sufrimiento y caos a este mundo.

La Pluma Inspirada

El pecado por naturaleza se extiende y crece. Desde el primer pecado de Adán, se ha difundido de una generación a otra como una enfermedad contagiosa. Mientras el mundo aún era joven, el pecado llegó a ser terrible por sus proporciones. El odio por la ley divina y, como consecuencia inevitable, el odio por todo lo bueno, llegó a ser universal. Dios, que creó al hombre y lo dotó generosamente con la abundancia de su providencia, fue deshonrado por los seres que había creado, despreciado y desdeñado por los receptores de sus dones. Pero aunque el hombre pecador olvidó a su benefactor benevolente, Dios no olvidó a la criatura que había formado. No sólo envió "lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y alegría" el corazón de los hombres (Hechos 14:17), sino que también envió mensajes de advertencia y de súplica. El hombre fue confrontado con su propia iniquidad y con el resultado de la transgresión a la ley divina (Reflejemos a Jesús, p. 313).

Dios ha sido siempre fiel en castigar el crimen. Envió a sus profetas para amonestar a los culpables, denunciar sus pecados y pronunciar juicio contra ellos. Los que se preguntan por qué la Palabra de Dios destaca los pecados de sus hijos en forma tan clara que los burladores pueden ridiculizarlos y los santos deplorarlo, deben considerar que todo fue escrito para su instrucción, a fin de que evitaran los males registrados e imitaran solamente la justicia de los que sirvieron al Señor.

Necesitamos precisamente las lecciones que la Biblia nos da, porque juntamente con la revelación del pecado, está registrada la retribución que sigue. El pesar y la penitencia del culpable, el llanto del alma enferma de pecado, llegan del pasado hasta nosotros, diciéndonos que el hombre necesitaba entonces como ahora la gracia perdonadora de Dios. Las Escrituras nos enseñan que aunque él castiga el delito, se compadece del pecador arrepentido y lo perdona (Joyas de los testimonios, pp. 439, 440).

EL JUICIO SOBRE NÍNIVE

Considera otra vez Jonás 1:2, particularmente la frase que en hebreo dice: “Porque ha subido su maldad delante de mí”. Por supuesto, Dios está en el cielo, y los ninivitas estaban sobre la tierra, de modo que sus hechos no subieron literalmente al cielo (ver también Génesis 4:10). ¿Qué crees, entonces, que significa esa frase? Pero, más importante aún, ¿qué te dice ella acerca de la preocupación de Dios en cuanto a nuestras acciones morales? Ver también Jueces 21:25; Eclesiastés 12:13; Mateo 12:36; 25:45; Hebreos 5:14. ¿De qué manera nos ayudan estos textos a responder a la pregunta anterior?
Génesis 4:10 Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.
Jueces 21:25 En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía.
Eclesiastés 12:13 El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.
Mateo 12:36; 25:45 36Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.
45Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis.

La Biblia es muy clara acerca de que Dios creó un mundo moral. En otras palabras, a pesar de la pretensión de muchos que piensan lo contrario, el bien y el mal, lo correcto y lo equivocado, existen como absolutos morales planteados a la humanidad por Dios. Todos nosotros somos criaturas morales, y tenemos responsabilidades morales, cualquiera sea nuestra situación o posición en la vida. Aunque Dios será, en última instancia, el juez sobre nosotros y nuestros actos, Jonás 1:2 nos demuestra que aun los paganos, tales como los ninivitas, deben responder por sus actos ante Dios mismo.

Y, aparentemente, tendrán mucho de qué responder. Los asirios eran conocidos por su extraordinaria crueldad y violencia. En Nínive se descubrieron y se tradujeron numerosas tabletas e inscripciones asirias antiguas. La siguiente traducción de un documento del reinado de Asurnasirpal II (884-859 a.C.) es una muestra: “Yo construí un pilar en su ciudad y azoté a todos los jefes que se habían rebelado, y cubrí el pilar con su piel. A algunos los emparedé dentro del pilar, a otros los empalé sobre estacas en el pilar y a otros los até con estacas alrededor del pilar [...] Y corté miembros de los oficiales, de los oficiales reales que se habían rebelado [...]

“A muchos de los cautivos quemé con fuego, y a muchos los llevé como cautivos. A algunos de ellos les corté la nariz, las orejas y los dedos; a muchos les saqué los ojos. Hice una pila con los vivos y otra con cabezas, y até sus cabezas a los troncos de los árboles alrededor de la ciudad. A sus jóvenes y señoritas las quemé con fuego.

“A veinte hombre los capturé vivos y los emparedé en el muro de su palacio”.–D. D. Luckenbill, pp. 109, 110.

¿De qué manera nos ayuda Romanos 2:13 al 16 a iluminar algunos de los problemas planteados hoy? Usando estos versículos, escribe un párrafo resumiendo los puntos básicos de la lección de hoy.

La Pluma Inspirada

Si los hijos de Dios quisieran reconocer cómo los trata él y aceptasen sus enseñanzas, sus pies hallarían una senda recta, y una luz los conduciría a través de la oscuridad y el desaliento. David aprendió sabiduría de la manera en que Dios le trató, y se postró en humildad bajo el castigo del Altísimo. La descripción fiel que de su verdadero estado hizo el profeta Natán, le dio a conocer a David sus propios pecados y le ayudó a desecharlos. Aceptó mansamente el consejo y se humilló delante de Dios. "La ley de Jehová-exclama él- es perfecta, que vuelve el alma" (Salmo 19:7).

Los pecadores que se arrepienten no tienen motivo para desesperar porque se les recuerden sus transgresiones y se les amoneste acerca de su peligro. Los mismos esfuerzos hechos en su favor demuestran cuánto los ama Dios y desea salvarlos. Ellos sólo deben pedir su consejo y hacer su voluntad para heredar la vida eterna. Dios presenta a su pueblo que yerra los pecados que comete, a fin de que pueda ver su enormidad según la luz de la verdad divina. Su deber es entonces renunciar a ellos para siempre.

Dios es hoy tan poderoso para salvar del pecado como en los tiempos de los patriarcas, de David y de los profetas y apóstoles. La multitud de casos registrados en la historia sagrada, en los cuales Dios libró a su pueblo de sus iniquidades, debe hacer sentir al cristiano de esta época el anhelo de recibir instrucción divina y celo para perfeccionar un carácter que soportará la detenida inspección del juicio.

La historia bíblica sostiene al corazón que desmaya con la esperanza de la misericordia divina. No necesitamos desesperarnos cuando vemos que otros lucharon con desalientos semejantes a los nuestros, cayeron en tentaciones como nosotros, y sin embargo recobraron sus fuerzas y recibieron bendición de Dios. Las palabras de la inspiración consuelan y alientan al alma que yerra. Aunque los patriarcas y los apóstoles estuvieron sujetos a las flaquezas humanas, por la fe obtuvieron buen renombre, pelearon sus batallas con la fuerza del Señor y vencieron gloriosamente. Así también podemos nosotros confiar en la virtud del sacrificio expiatorio y ser vencedores en el nombre de Jesús (Joyas de los testimonios, tomo 1, pp. 442, 443).

Mediante Jesús, la misericordia de Dios fue manifestada a los hombres; pero la misericordia no pone a un lado la justicia. La ley revela los atributos del carácter de Dios, y no podía cambiarse una
jota o un tilde de ella para ponerla al nivel del hombre en su condición caída. Dios no cambió su ley, pero se sacrificó, en Cristo, por la redención del hombre. "Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo a sí" (2 Corintios 5:19)...

El amor de Dios ha sido expresado en su justicia no menos que en su misericordia. La justicia es el fundamento de su trono y el fruto de su amor. Había sido el propósito de Satanás divorciar la misericordia de la verdad y la justicia. Procuró demostrar que la justicia de la ley de Dios es enemiga de la paz. Pero Cristo demuestra que en el plan de Dios están indisolublemente unidas; la una no puede existir sin la otra. "La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron" (Salmo 85:10).

Por su vida y su muerte, Cristo demostró que la justicia de Dios no destruye su misericordia, que el pecado podía ser perdonado, y que la ley es justa y puede ser obedecida perfectamente. Las acusaciones de Satanás fueron refutadas (La maravillosa gracia de Dios, p. 74).

LOS JUICIOS DIVINOS: UN ASUNTO SERIO


A pesar de los que procuran suavizar las conciencias humanas concentrándose casi exclusivamente en el amor de Dios, observamos aquí, en los primeros versículos de Jonás (y también en todas las Escrituras), que Dios está preocupado por la maldad humana. Además, es muy interesante ver que esta preocupación no es algo que está en oposición a su amor, sino que surge directamente como resultado de ese amor.

Cuando estudiamos la Biblia, debemos notar con cuidado la elección de las palabras y su repetición. Los escritores bíblicos no usaban las técnicas modernas para dar énfasis, tales como la cursiva o el subrayado. En cambio, elegían cuidadosamente su vocabulario a la luz de lo que pretendían comunicar. En los cuatro capítulos que constituyen el libro de Jonás, las palabras mal o maldad se usan siete veces, dos de ellas refiriéndose a los ninivitas (Jonás 1:2; 3:8). Este énfasis tiene su razón de ser. Dios quiere que nosotros sepamos cuán mala era realmente esa ciudad.

¿Cuáles fueron otras ocasiones, registradas en las Escrituras, en las que Dios pronunció sentencias sobre la maldad humana?

Génesis 6:5 Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.

Génesis 18:25 Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?

Ezequiel 7:10, 11 He aquí el día, he aquí que viene; ha salido la mañana; ha florecido la vara, ha reverdecido la soberbia. 11La violencia se ha levantado en vara de maldad; ninguno quedará de ellos, ni de su multitud, ni uno de los suyos, ni habrá entre ellos quien se lamente.

Habacuc 1:1-3 La profecía que vio el profeta Habacuc. 2¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? 3¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan.

Apocalipsis 16:1-7 Oí una gran voz que decía desde el templo a los siete ángeles: Id y derramad sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios.
2Fue el primero, y derramó su copa sobre la tierra, y vino una úlcera maligna y pestilente sobre los hombres que tenían la marca de la bestia, y que adoraban su imagen.
3El segundo ángel derramó su copa sobre el mar, y éste se convirtió en sangre como de muerto; y murió todo ser vivo que había en el mar.
4El tercer ángel derramó su copa sobre los ríos, y sobre las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre. 5Y oí al ángel de las aguas, que decía: Justo eres tú, oh Señor, el que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas. 6Por cuanto derramaron la sangre de los santos y de los profetas, también tú les has dado a beber sangre; pues lo merecen. 7También oí a otro, que desde el altar decía: Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos.



Dios condena la maldad. Dios también anunció juicios sobre países más allá de Israel. En última instancia, como nos enseña el Apocalipsis, la tierra entera caerá bajo el juicio de Dios. En Isaías hay muchos mensajes de advertencia a las naciones de su tiempo. (Ver Isaías 13; 14:24-32. Jeremías también presenta una advertencia tras otra a las naciones paganas que rodeaban a Israel, de que ellas serían juzgadas por su maldad.

Aunque la Biblia es clara en el sentido de que Dios traerá juicios sobre las naciones, ¿por qué tenemos que ser cuidadosos acerca de cómo nosotros —como mortales pecadores, cuya comprensión de los problemas es muy limitada— determinamos qué es un juicio de Dios y qué no lo es? Sencillamente porque una nación se enfrenta con una calamidad, no significa automáticamente que Dios la está castigando de alguna manera. En realidad, todo lo que podemos hacer, en cada situación, es invitar a las personas, dondequiera que vivan, a que se arrepientan, confiesen sus pecados, a que tengan fe y obedezcan.

La Pluma Inspirada


Al perdonarle la vida a Caín el homicida, Dios dio al mundo un ejemplo de lo que sucedería si le fuese permitido al pecador seguir llevando una vida de iniquidad sin freno. La influencia de las enseñanzas y de la conducta de Caín arrastraron al pecado a multitudes de sus descendientes, hasta "que la malicia de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal". "Y corrompióse la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia" (Génesis 6:5, 11).

Fue por misericordia para con el mundo por lo que Dios barrió los habitantes de él en tiempo de Noé. Fue también por misericordia por lo que destruyó a los habitantes corrompidos de Sodoma. Debido al poder engañador de Satanás, los obreros de iniquidad se granjean simpatía y admiración y arrastran a otros a la rebelión. Así sucedió en días de Caín y de Noé, como también en tiempo de Abraham y de Lot; y así sucede en nuestros días. Por misericordia para con el universo destruirá Dios finalmente a los que rechazan su gracia (El conflicto de los siglos, pp. 598, 599).

Antes que el Señor castigue a los hombres por su iniquidad, les envía un mensaje de advertencia. Antes de visitarlos con sus juicios, les da la oportunidad de arrepentirse. En los días de Noé no castigó a los antediluvianos sin enviarles un mensaje de amonestación. Y aunque el mensaje resonó en sus oídos por ciento veinte años, no se arrepintieron, sino que se volvieron más atrevidos y desafiantes que nunca. "Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal... Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra" (Génesis 6:5, 12, 13). Los habitantes de Sodoma también perecieron con el fuego que descendió del cielo, porque se separaron de Dios, se corrompieron y llenaron la tierra de sabiduría impía.

Si estos hombres se hubieran rendido al control del Espíritu Santo y hubiesen cooperado con las inteligencias celestiales, ¡qué mundo de belleza y felicidad tendríamos ahora! Con su larga vida y su fuerza mental vitalizada por el Espíritu hubieran sido un poder para Dios (Bible Echo, febrero 1, 1897).

LA NORMA DIVINA DE MORALIDAD



Siendo que el pronunciamiento de los Diez Mandamientos desde el monte Sinaí es sumamente claro, muchas personas afirman que el Decálogo fue dado inicialmente por Dios a los israelitas, y que la ley moral que contiene no existía hasta ese tiempo. Sin embargo, una lectura cuidadosa del Génesis y de los primeros capítulos del Éxodo revelan un conocimiento previo de estos mandamientos, y la responsabilidad humana universal hacia ellos.

¿Cuáles son algunas indicaciones de que, mucho antes del tiempo de los profetas, aun antes de la proclamación del Decálogo en el Sinaí a los israelitas, la gente era tenida por responsable de las mismas normas morales que los que participaban del pacto?

Génesis 12:10-20 Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra. 11Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto; 12y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida. 13Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.
14Y aconteció que cuando entró Abram en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera. 15También la vieron los príncipes de Faraón, y la alabaron delante de él; y fue llevada la mujer a casa de Faraón. 16E hizo bien a Abram por causa de ella; y él tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos. 17Mas Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram. 18Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer? 19¿Por qué dijiste: Es mi hermana, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora, pues, he aquí tu mujer; tómala, y vete. 20Entonces Faraón dio orden a su gente acerca de Abram; y le acompañaron, y a su mujer, con todo lo que tenía.


Génesis 20:1-14 De allí partió Abraham a la tierra del Neguev, y acampó entre Cades y Shur, y habitó como forastero en Gerar. 2Y dijo Abraham de Sara su mujer: Es mi hermana. Y Abimelec rey de Gerar envió y tomó a Sara. 3Pero Dios vino a Abimelec en sueños de noche, y le dijo: He aquí, muerto eres, a causa de la mujer que has tomado, la cual es casada con marido. 4Mas Abimelec no se había llegado a ella, y dijo: Señor, ¿matarás también al inocente? 5¿No me dijo él: Mi hermana es; y ella también dijo: Es mi hermano? Con sencillez de mi corazón y con limpieza de mis manos he hecho esto. 6Y le dijo Dios en sueños: Yo también sé que con integridad de tu corazón has hecho esto; y yo también te detuve de pecar contra mí, y así no te permití que la tocases. 7Ahora, pues, devuelve la mujer a su marido; porque es profeta, y orará por ti, y vivirás. Y si no la devolvieres, sabe que de cierto morirás tú, y todos los tuyos.
8Entonces Abimelec se levantó de mañana y llamó a todos sus siervos, y dijo todas estas palabras en los oídos de ellos; y temieron los hombres en gran manera. 9Después llamó Abimelec a Abraham, y le dijo: ¿Qué nos has hecho? ¿En qué pequé yo contra ti, que has atraído sobre mí y sobre mi reino tan grande pecado? Lo que no debiste hacer has hecho conmigo. 10Dijo también Abimelec a Abraham: ¿Qué pensabas, para que hicieses esto? 11Y Abraham respondió: Porque dije para mí: Ciertamente no hay temor de Dios en este lugar, y me matarán por causa de mi mujer. 12Y a la verdad también es mi hermana, hija de mi padre, mas no hija de mi madre, y la tomé por mujer. 13Y cuando Dios me hizo salir errante de la casa de mi padre, yo le dije: Esta es la merced que tú harás conmigo, que en todos los lugares adonde lleguemos, digas de mí: Mi hermano es. 14Entonces Abimelec tomó ovejas y vacas, y siervos y siervas, y se los dio a Abraham, y le devolvió a Sara su mujer.

Génesis 39:1-9 Llevado, pues, José a Egipto, Potifar oficial de Faraón, capitán de la guardia, varón egipcio, lo compró de los ismaelitas que lo habían llevado allá. 2Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio. 3Y vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano. 4Así halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía. 5Y aconteció que desde cuando le dio el encargo de su casa y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del egipcio a causa de José, y la bendición de Jehová estaba sobre todo lo que tenía, así en casa como en el campo. 6Y dejó todo lo que tenía en mano de José, y con él no se preocupaba de cosa alguna sino del pan que comía. Y era José de hermoso semblante y bella presencia.
7Aconteció después de esto, que la mujer de su amo puso sus ojos en José, y dijo: Duerme conmigo. 8Y él no quiso, y dijo a la mujer de su amo: He aquí que mi señor no se preocupa conmigo de lo que hay en casa, y ha puesto en mi mano todo lo que tiene. 9No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?


El libro de Job es reconocido como el libro más antiguo del Antiguo Testamento por las evidencias de su antigüedad que se encuentran en el texto mismo. Sin embargo, Job no participó del pacto, y vivió antes que el Decálogo fuera proclamado a los israelitas en el Sinaí.

¿Qué mandamientos (o, por lo menos, los principios básicos de esos mandamientos) se observan en los siguientes textos de Job? Ver también Éxodo 20.

Job 31:5, 6 Si anduve con mentira,
Y si mi pie se apresuró a engaño,
6 Péseme Dios en balanzas de justicia,
Y conocerá mi integridad.

Job 31:9-12 Si fue mi corazón engañado acerca de mujer,
Y si estuve acechando a la puerta de mi prójimo,
10 Muela para otro mi mujer,
Y sobre ella otros se encorven.
11 Porque es maldad e iniquidad
Que han de castigar los jueces.
12 Porque es fuego que devoraría hasta el Abadón,
Y consumiría toda mi hacienda.


Job 31:16-23 Si estorbé el contento de los pobres,
E hice desfallecer los ojos de la viuda;
17 Si comí mi bocado solo,
Y no comió de él el huérfano
18 (Porque desde mi juventud creció conmigo como con un padre,
Y desde el vientre de mi madre fui guía de la viuda);
19 Si he visto que pereciera alguno sin vestido,
Y al menesteroso sin abrigo;
20 Si no me bendijeron sus lomos,
Y del vellón de mis ovejas se calentaron;
21 Si alcé contra el huérfano mi mano,
Aunque viese que me ayudaran en la puerta;
22 Mi espalda se caiga de mi hombro,
Y el hueso de mi brazo sea quebrado.
23 Porque temí el castigo de Dios,
Contra cuya majestad yo no tendría poder.

Job 31:26-28 Si he mirado al sol cuando resplandecía,
O a la luna cuando iba hermosa,
27 Y mi corazón se engañó en secreto,
Y mi boca besó mi mano;
28 Esto también sería maldad juzgada;
Porque habría negado al Dios soberano.

Job 31:38-40 Si mi tierra clama contra mí,
Y lloran todos sus surcos;
39 Si comí su sustancia sin dinero,
O afligí el alma de sus dueños,
40 En lugar de trigo me nazcan abrojos,
Y espinos en lugar de cebada.



¿De qué manera explicarías a alguien que era necesaria la existencia de la Ley antes del Sinaí? Si, como escribió Juan: “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley” (1 Juan 3:4), ¿por qué la Ley debe ser anterior al Sinaí?

La Pluma Inspirada

Fue el Creador de los hombres, el Dador de la ley, quien declaró que no albergaba el propósito de anular sus preceptos. Todo en la naturaleza, desde la diminuta partícula que baila en un rayo de sol hasta los astros en los cielos, está sometido a leyes. De la obediencia a estas leyes dependen el orden y la armonía del mundo natural. Es decir que grandes principios de justicia gobiernan la vida de todos los seres inteligentes, y de la conformidad a estos principios depende el bienestar del universo. Antes que se creara la tierra existía la ley de Dios. Los ángeles se rigen por sus principios y, para que este mundo esté en armonía con el cielo, el hombre también debe obedecer los estatutos divinos. Cristo dio a conocer al hombre en el Edén los preceptos de la ley, "cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios". La misión de Cristo en la tierra no fue abrogar la ley, sino hacer volver a los hombres por su gracia a la obediencia de sus preceptos (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 45, 46).

La ley de Dios existía antes de que el hombre fuera creado. Fue adaptada a las condiciones de seres santos: aun los ángeles eran gobernados por ella. No se cambiaron los principios de justicia después de la caída. Nada fue quitado de la ley. No podía mejorarse ninguno de sus santos preceptos. Y así como ha existido desde el comienzo, de la misma manera continuará existiendo por los siglos perpetuos de la eternidad. Dice el salmista: "Hace ya mucho que he entendido tus testimonios, que para siempre los has establecido" (Salmo 119:152) (Mensajes selectos, tomo 1, pp. 257, 258).

La ley de Dios existía antes de la creación del hombre, o de lo contrario Adán no podría haber pecado. Después de la transgresión de Adán, los principios de la ley no fueron cambiados, sino que fueron definidamente ordenados y expresados para responder a las necesidades del hombre en su condición caída. Cristo, en consejo con su Padre, instituyó el sistema de ofrendas de sacrificio para que la muerte, en vez de recaer inmediatamente sobre el transgresor, fuera transferida a una víctima que prefiguraba la ofrenda, grande y perfecta, del Hijo de Dios (Mensajes selectos, tomo 1, p. 270).

Adán enseñó la ley de Dios a sus descendientes, y ésta fue transmitida por los fieles a través de las generaciones sucesivas. La constante transgresión de la ley de Dios requirió el derramamiento de un diluvio sobre la tierra. La ley fue preservada por Noé y su familia que por obrar bien fueron salvados en el arca mediante un milagro de Dios. Noé enseñó los Diez Mandamientos a sus descendientes. El Señor preservó a un pueblo propio, a partir de Adán, en cuyo corazón estaba su ley. Dice que Abrahán "oyó... mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes"(Génesis 26:5) (La historia de la redención, p. 149).

EL CONOCIMIENTO MORAL DE DIOS

“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:18-20).

Lee estos versículos y, usando cualquier material de referencia que puedas encontrar, resume qué te están diciendo, específicamente en el contexto de lo que hemos estado estudiando esta semana:


Aunque estos textos se relacionan con otras cosas, sin embargo, ellos claramente muestran que Dios no juzgará el mal y los pecados de la humanidad de una manera injusta o arbitraria. Dios es un Dios de amor; la muerte de Cristo abarcó a toda la humanidad, a toda persona que ha vivido o que vivirá (Juan 3:16; Romanos 5:18; Hebreos 2:9). El deseo de Dios, desde el comienzo, fue que toda la humanidad se salvara, incluyendo a los paganos. De acuerdo con estos textos, se ha dado a conocer suficiente acerca de Dios, de modo que las personas “no tienen excusa”.

¿Qué crees que significa la frase “no tienen excusa”? ¿Qué nos dice ese pensamiento acerca de la justicia y la equidad de Dios al pronunciar juicios sobre los impíos?

Lo crucial que debemos recordar es que el Dios que pronuncia estos juicios es el mismo Dios que murió en la cruz por los pecadores, a quienes juzgará, necesariamente. Sólo cuando mantenemos ante nosotros la cruz y lo que ella representa, podemos realmente comenzar a entender los justos juicios de Dios sobre el mal.

“Pero aun esta revelación final de la ira de Dios en la destrucción de los impíos no es un acto de poder arbitrario. ‘Dios es la fuente de la vida; y cuando uno elige el servicio del pecado, se separa de Dios, y se separa así de la vida’ (DTG 712). Mientras Dios da la existencia a los hombres por un tiempo, ellos eligen a quién han de servir. Finalmente recibirán los resultados de su propia elección” (6 CBA 473, 474).

La Pluma Inspirada

Dios no envía juicios sobre su pueblo sin amonestarlo para que se arrepienta. Usa cada medio disponible para retornar a sus hijos a la obediencia, y no castiga su iniquidad hasta que les ha dado amplia oportunidad de arrepentirse. La ira del hombre buscó limitar las labores del profeta de Dios privándolo de su libertad. Pero Dios puede hablar a través de las paredes de la prisión y aun incrementar la utilidad de sus siervos mediante los mismos medios que sus perseguidores utilizaron para limitar su influencia (Testimonies, tomo 4, p. 179).

Dios ha registrado muchos relatos en su inspirada Palabra para enseñarnos que la familia humana es el objeto del especial cuidado de los ángeles celestiales. No se ha dejado al hombre para que sea el juguete de las tentaciones de Satanás. Todo el cielo está activamente empeñado en la obra de comunicar luz a los habitantes del mundo para que no queden sin guía espiritual. El ojo que nunca dormita ni duerme está guardando el campamento de Israel. Diez mil veces diez mil, y millares de millares de ángeles están ministrando las necesidades de los hijos de los hombres. Voces inspiradas por Dios están clamando: "Éste es el camino, andad en él". Si los hombres oyeran la voz de advertencia, si confiaran en la dirección de Dios y no en su propio juicio finito, estarían seguros... Ángeles celestiales están velando sobre los que buscan luz y cooperan con los que tratan de ganar almas para Cristo (En los lugares celestiales, p. 103).

Dios advirtió siempre a los hombres los juicios que iban a caer sobre ellos. Los que tuvieron fe en su mensaje para su tiempo y actuaron de acuerdo con ella, en obediencia a sus mandamientos, escaparon a los juicios que cayeron sobre los desobedientes e incrédulos. A Noé fueron dirigidas estas palabras: "Entra tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he visto justo delante de mí". Noé obedeció y se salvó. Este mensaje llegó a Lot: "Levantaos, salid de este lugar; porque Jehová va a destruir esta ciudad" (Génesis 7:1; 19:14). Lot se puso bajo la custodia de los mensajeros celestiales y se salvó. Así también los discípulos de Cristo fueron advertidos acerca de la destrucción de Jerusalén. Los que se fijaron en la señal de la ruina inminente y huyeron de la ciudad, escaparon de la destrucción. Así también ahora hemos sido advertidos acerca de la segunda venida de Cristo y de la destrucción que ha de sobrecoger al mundo. Los que presten atención a la advertencia se salvarán (¡Maranata: El Señor viene!, p. 34).

NO HACE ACEPCIÓN DE PERSONAS

“Entonces Pedro abriendo la boca dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hechos 10:34, 35).

Las Escrituras revelan que tanto el profeta Jonás como la nación de Israel demostraron ser infieles a su función predeterminada de ser una luz para las naciones. Ambos olvidaron de qué modo Dios había expresado su preocupación por toda la humanidad, no sólo por aquellos que había llamado específicamente para ser su pueblo. De hecho, era precisamente porque Dios quería alcanzar a otras naciones, a los paganos, que Dios había llamado a Israel para ser su especial tesoro.

¿De qué manera el antiguo pacto abrahámico, específicamente, incluía a las personas más allá del pacto? Lee Génesis 22:18. ¿De qué modo todas las naciones serían benditas por lo que Dios hizo mediante Abraham? Ver Gálatas 3:26 al 29.

Génesis 22:18
En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.

Gálatas 3:26 al 29 Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; 27porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. 28Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. 29Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.


El amor divino, que trasciende las fronteras de Israel, ciertamente no era una idea desconocida para Jonás. Pero es fácil cerrar los canales que Dios ha ordenado para llenar al mundo con su gracia. Ninguna persona es inmune a esta posibilidad.

Durante los tiempos del Nuevo Testamento, en un terrado, Simón Pedro luchó con los mismos problemas que Jonás en el Antiguo Testamento. ¡Y en el mismo pueblo de Jope!

¿De qué modo instruyó Dios a Pedro con respecto a su compasión por todos los pueblos? Hechos 10:9-16, 34, 35; 11:4-10.

En las narraciones bíblicas la repetición es una buena indicación de énfasis, como comentamos antes. En este caso, a Pedro se le dijo tres veces que cuando Dios llama a algo “limpio” él no debía llamarlo “impuro”.

La propia explicación que da Pedro de su visión deja en claro que se daba cuenta de que ella no lo estaba instruyendo acerca de los hábitos correctos de comer, sino acerca de la compasión de Dios por las personas de todas las nacionalidades. Aun así, hay personas que rechazan la gracia divina.

Imagínate que como cristianos creyéramos que la salvación sólo nos corresponde a nosotros. Aún peor, imagínate que no quisiéramos darla a conocer a los que son “impuros”. Es difícil pensar en una manera más equivocada de ser infiel a nuestro llamamiento. Sin embargo, ¿de qué maneras, aunque sean sutiles, corremos el riesgo de tener la misma actitud?

La Pluma Inspirada

“Entonces Pedro abriendo la boca dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hechos 10:34, 35).

Las Escrituras revelan que tanto el profeta Jonás como la nación de Israel demostraron ser infieles a su función predeterminada de ser una luz para las naciones. Ambos olvidaron de qué modo Dios había expresado su preocupación por toda la humanidad, no sólo por aquellos que había llamado específicamente para ser su pueblo. De hecho, era precisamente porque Dios quería alcanzar a otras naciones, a los paganos, que Dios había llamado a Israel para ser su especial tesoro.

¿De qué manera el antiguo pacto abrahámico, específicamente, incluía a las personas más allá del pacto? Lee Génesis 22:18. ¿De qué modo todas las naciones serían benditas por lo que Dios hizo mediante Abraham? Ver Gálatas 3:26 al 29.

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El amor divino, que trasciende las fronteras de Israel, ciertamente no era una idea desconocida para Jonás. Pero es fácil cerrar los canales que Dios ha ordenado para llenar al mundo con su gracia. Ninguna persona es inmune a esta posibilidad.

Durante los tiempos del Nuevo Testamento, en un terrado, Simón Pedro luchó con los mismos problemas que Jonás en el Antiguo Testamento. ¡Y en el mismo pueblo de Jope!

¿De qué modo instruyó Dios a Pedro con respecto a su compasión por todos los pueblos? Hechos 10:9-16, 34, 35; 11:4-10.

En las narraciones bíblicas la repetición es una buena indicación de énfasis, como comentamos antes. En este caso, a Pedro se le dijo tres veces que cuando Dios llama a algo “limpio” él no debía llamarlo “impuro”.

La propia explicación que da Pedro de su visión deja en claro que se daba cuenta de que ella no lo estaba instruyendo acerca de los hábitos correctos de comer, sino acerca de la compasión de Dios por las personas de todas las nacionalidades. Aun así, hay personas que rechazan la gracia divina.

Imagínate que como cristianos creyéramos que la salvación sólo nos corresponde a nosotros. Aún peor, imagínate que no quisiéramos darla a conocer a los que son “impuros”. Es difícil pensar en una manera más equivocada de ser infiel a nuestro llamamiento. Sin embargo, ¿de qué maneras, aunque sean sutiles, corremos el riesgo de tener la misma actitud?

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR

Aunque Dios quiere que los que oyen sus mensajes de advertencia y de juicio se arrepientan, no fuerza su voluntad. “El ejercicio de la fuerza es contrario a los principios del gobierno de Dios; él desea tan sólo el servicio de amor; y el amor no puede ser exigido, no puede ser obtenido por la fuerza o la autoridad. El amor se despierta únicamente por el amor. El conocer a Dios es amarlo; su carácter debe ser manifestado en contraste con el carácter de Satanás. En todo el universo había un solo ser que podía realizar esta obra. Únicamente Aquel que conocía la altura y la profundidad del amor de Dios, podía darlo a conocer. Sobre la oscura noche del mundo, debía nacer el Sol de justicia, ‘trayendo salud eterna en sus alas’ (Malaquías 4:2)” (DTG 13).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR

Uno de los argumentos en favor de la existencia de Dios se conoce como “el argumento moral”, y dice lo siguiente: Imagínate, hipotéticamente, que se levantara un gobernante mundial que decidiera que, para el beneficio de toda la humanidad, todas las personas de cabello rojo deberían ser exterminadas. Imagínate, también, que mediante una máquina de propaganda muy elaborada y sofisticada, convenciera a todos de que, de hecho, matar a toda persona de cabello rojo es lo único correcto y moral que hay que hacer. Ahora, si todos en el mundo estuvieran convencidos de que es moralmente justificable matar a todas las personas de cabello rojo, ¿sería malo ese acto?

La mayor parte de las personas, desde nuestra perspectiva actual, creerían que sería malo, no importa cuántas personas creyeran que sería correcto. Pero, ¿por qué? Si los valores morales surgieran desde el interior de las personas, en vez de venir de alguna fuente exterior y trascendente, como Dios, ¿por qué sería malo? ¿Cómo podría ser malo? Sin embargo, sabemos que es malo, aunque todos creyeran en ese momento que no lo es. Para muchas personas, la respuesta a este dilema es sencilla: Los valores morales nos vienen de una fuente externa, una fuente que está más allá de los seres humanos mismos, y que llamamos Dios. Analiza los puntos fuertes y los débiles de este argumento.

RESUMEN

Dios es un Dios de amor, pero también es un Dios de justicia, y así como su misericordia se extiende a todas las naciones, también sucede con sus juicios divinos.