La “paloma” huye

PARA MEMORIZAR

“Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses” (Santiago 5:17).

HASTA AQUÍ, LA NARRACIÓN en el libro de Jonás ha mostrado una situación común y reconocible: un profeta que recibe un llamado divino. Este es un esquema familiar en el Antiguo Testamento. Dios le dijo a Jeremías: “Levántate y vete al Éufrates” (Jeremías 13: 4, 5). “Levántate, vete a Sarepta” (1 Reyes 17:9, 10), le dijo Dios a Elías. Y, como era de esperar, ambos profetas hicieron lo que se les había indicado.

Un esquema comparable en el libro de Jonás llevaría al lector a esperar de Jonás la misma reacción al llamado de Dios: “Levántate y ve a Nínive”. Sin embargo, eso no ocurrió. El libro de Jonás desafía nuestras ideas convencionales acerca de los profetas de Dios y la manera en que actúan. Como se notará, Jonás se atreve a modificar el esquema usual. Lejos de hacer lo que Dios le pidió, Jonás, el profeta, huyó en la dirección opuesta.

Pero, ¿por qué nos sorprende? Los profetas son personas, también, dotadas de todos nuestros temores, inseguridades y dudas, ¿verdad? Realmente, no esperaríamos la perfección de un profeta de Dios. ¿En qué ejemplo nos basamos? ¿En el de Noé, o en el de David, de Juan el Bautista, o de Pedro? Difícilmente, pues ellos tampoco fueron perfectos.

Tal vez no esperamos la perfección, pero ciertamente no esperaríamos ver que un profeta huya de un mandato directo de Dios.

Sin embargo, eso es exactamente lo que hizo el profeta Jonás.

La Pluma Inspirada

Desearía que ocasionalmente la cortina se levantara y todos pudiéramos ver la manera en que Dios obra, y la maravillosa actividad que ocurre en las cortes celestiales. A menudo el Señor obra en una forma que no está de acuerdo con las ideas de aquellos que están en puestos de responsabilidad. Los cálculos y especulaciones de la mente humana no siempre están en consonancia con la sabiduría de Dios. Algunos, debido a sus lentos y cautos movimientos, son como una pieza defectuosa que traba el manejo de las ruedas. Otros planifican detalladamente cómo debe trabajar cada uno de los obreros, cuando en realidad el Señor tiene otros planes y otros lugares para que esos obreros trabajen. Dios no construye sobre fundamentos colocados por los hombres, porque Aquel que habita en la eternidad, no sólo coloca el fundamento sino erige la estructura en completa independencia de aquellos que trabajarán para él. El Señor Jesús utiliza a quienes aceptan ser moldeados y los usa para su gloria, formando en ellos la imagen que él ha concebido. Ve un buen material donde otros lo han descartado, y trabaja con aquellos que permiten ser trabajados. Por medios simples el cielo abre una puerta para que el agente humano pueda revelar a Dios a otros (Spalding and Magan Collection, p. 65).

Dios nos habla también en su Palabra. En ella tenemos en líneas más claras la revelación de su carácter, de su trato con los hombres y de la gran obra de la redención. En ella se nos presenta la historia de los patriarcas y profetas y de otros hombres santos de la antigüedad. Ellos eran hombres sujetos "a las mismas debilidades que nosotros" (Santiago 5:17). Vemos cómo lucharon entre descorazonamientos como los nuestros, cómo cayeron bajo tentaciones como hemos caído nosotros y, sin embargo, cobraron nuevo valor y vencieron por la gracia de Dios; y recordándolos, nos animamos en nuestra lucha por la justicia. Al leer el relato de los preciosos sucesos que se les permitió experimentar, la luz, el amor y la bendición que les tocó gozar y la obra que hicieron por la gracia a ellos dada, el espíritu que los inspiró enciende en nosotros un fuego de santo celo y un deseo de ser como ellos en carácter y de andar con Dios como ellos (El camino a Cristo, p. 87).

 

“HEME AQUÍ, NO ME ENVÍES A MÍ”

“Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová” (Jonás 1:3).

El nombre Jonás significa “paloma”, y lo encontramos enseguida en un “vuelo” inusual.

¿Qué es lo inusual acerca de la respuesta a la orden divina? Jonás 1:3.

Hasta aquí, el libro de Jonás se ha iniciado con una situación conocida: la de un profeta que recibe un llamamiento divino. Sin embargo, lo que ocurre después no es común. La sorpresa increíble incluye una descripción detallada de lo que hizo Jonás para huir de su tarea.
Aunque no es el esquema usual, esta no es la única ocasión en que vemos un ejemplo de alguien que no está exactamente entusiasmado acerca de su llamamiento divino.

¿Qué otra persona inicialmente no estuvo dispuesta a aceptar el llamamiento de Dios, y por qué? Éxodo 4:1, 10, 13.
1Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová.
10Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua.
13Y él dijo: ¡Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar.



Cuando Moisés fue llamado por Dios para regresar a Egipto con el propósito de sacar a los hijos de Israel de la esclavitud, se echó atrás sorprendido y asustado por la orden. Hasta ofreció varias razones para no hacer la tarea. Pero, por último, la aceptó. Elena de White describe con elocuencia esta situación: “El mandato divino halló a Moisés sin confianza en sí mismo, tardo para hablar y tímido. Estaba abrumado por el sentimiento de su incapacidad para ser el portavoz de Dios ante Israel. Pero una vez aceptada la tarea, la emprendió de todo corazón, poniendo toda su confianza en el Señor. La grandeza de su misión exigía que ejercitara las mejores facultades de su mente. Dios bendijo su pronta obediencia, y llegó a ser elocuente, confiado, sereno y apto para la mayor obra jamás dada a hombre alguno” (PP 260).

¿Cuáles fueron algunas de las posibles razones que tuvo Jonás para no querer hacer lo que Dios le pedía? ¿Podrían estas haber sido razones “válidas”? Además, es posible que tal vez las características que provocaron la huida de Jonás de su tarea fueran las mismas que, si hubieran sido debidamente encaminadas, lo habrían calificado para esa tarea. Si es así, ¿cómo sería posible? ¿Qué me dice esto acerca de mis propios dones y lo que Dios me pide que haga con ellos?

 

La Pluma Inspirada

En el tiempo de su prosperidad temporal Nínive era un centro de crímenes e impiedad... A pesar de lo impía que Nínive había llegado a ser, no estaba completamente entregada al mal. El que "vio a todos los hijos de los hombres" (Salmo 33:13), y cuyos "ojos vieron todo lo preciado" (Job 28:10), percibió que en aquella ciudad muchos procuraban algo mejor y superior, y que si se les concedía oportunidad de conocer al Dios viviente, renunciarían a sus malas acciones y le adorarían. De manera que en su sabiduría Dios se les reveló en forma inequívoca, para inducirlos, si era posible, a arrepentirse.

El instrumento escogido para esta obra fue el profeta Jonás, hijo de Amitai. El Señor le dijo: "Levántate, y ve a Nínive, ciudad grande, y pregona contra ella; porque su maldad ha subido delante de mí" (Jonás 1:1, 2).

Mientras el profeta pensaba en las dificultades e imposibilidades aparentes de lo que se le había encargado, se sintió tentado a poner en duda la prudencia del llamamiento. Desde un punto de vista humano, parecía que nada pudiera ganarse proclamando un mensaje tal en aquella ciudad orgullosa. Se olvidó por el momento de que el Dios a quien servía era omnisciente y omnipotente. Mientras vacilaba y seguía dudando, Satanás le abrumó de desaliento. El profeta fue dominado por un gran temor, y "se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis". Fue a Jope, encontró allí un barco a punto de zarpar y "pagando su pasaje entró en él, para irse con ellos" (Profetas y reyes, pp. 198, 199).

La carga de la obra de Dios, puesta sobre Moisés, lo hizo un hombre de poder. Mientras pastoreó durante tantos años los rebaños de Jetro, obtuvo una experiencia que le enseñó la verdadera humildad... La orden de liberar a Israel parecía abrumadora, pero, en el temor de Dios, Moisés aceptó el encargo. Observad el resultado: no rebajó la tarea al nivel de su imperfección, sino que con la fuerza de Dios realizó los esfuerzos más fervientes para elevarse y santificarse para su sagrada misión (Conflicto y valor, p. 370).

Después de que terminó el tiempo de preparación y prueba de Moisés, y cuando una vez más se le dijo que fuera y liberara a Israel, aún le faltaba confianza propia, era lento para hablar y tímido. Dijo: "¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?" Puso como excusa su torpeza para hablar. Había sido el general de los ejércitos de Egipto, y ciertamente sabía cómo hablar; pero estaba temeroso de introducir el yo en su trabajo (Cba, tomo 1, p. 1113).

 

LA “PALOMA” VUELA

Dios le dio una orden a Jonás, y este, en vez de obedecer la orden de Dios, intentó huir. Es difícil imaginar un antagonismo mayor que el que se indica en este versículo (Jon. 1:3). Cada verbo en este versículo revela lo que Jonás estuvo haciendo para alejarse de Dios y de lo que Dios le había pedido que hiciera.

Considera los verbos en Jonás 1:3. Jonás se levantó para huir. (El verbo “levantarse” viene de la misma raíz que era parte del mandato divino, cuando Dios le dijo: “Levántate, ve a Nínive”.) Él descendió a Jope, halló una nave, pagó el pasaje, entró en el barco. Todas estas actividades las realizó con el expreso propósito de evadir el mandato divino. El escritor de la narración sutilmente subraya la determinación de Jonás de huir.

En Jonás 1:3, ¿qué frase se menciona al comienzo del versículo y luego se repite al final de él? ¿Qué crees que significa esa frase?
Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová.

Este versículo dice dos veces que Jonás huyó “de la presencia de Jehová”. Una sola indicación habría sido suficiente. Sin embargo, la duplicación de esta frase en un mismo versículo solo impulsa al lector a considerar la ironía de una persona que piensa que puede huir de la presencia de Dios, y esto es más grave si es un profeta.

De todas las personas, Jonás era alguien que conocía a Dios, que adoraba al Dios de Israel, que sabía que Dios es el Creador del cielo, de la tierra y del mar (ver Jon. 1:9). Jonás debería haber sabido cuán inútil era lo que quería hacer. No era como si estuviera recibiendo la orden de algún dios pagano, local, cuyo “poder” terminaba en la frontera de su país.

Por el contrario, de acuerdo con su propia confesión, él sabía del poder del Dios al que profesaba servir y, aunque sabía todas estas cosas, ¡huyó de todas maneras!

¿Cuál puede haber sido su pensamiento?

Por supuesto, es fácil para nosotros mirar a Jonás y sacudir la cabeza en señal de desaprobación. ¿Cómo pudo él haber hecho algo tan tonto? Sin embargo, ¿de qué maneras sutiles intentamos hacer lo mismo? Tal vez no huyamos, por lo menos físicamente, de “la presencia de Jehová” (pues eso es realmente imposible), pero ¿de qué modo abierta o inadvertidamente nos “separamos” de Dios?

La Pluma Inspirada

Nunca estamos solos. Tenemos un Compañero, lo busquemos o no. Recordemos que dondequiera que estemos, cualquier cosa que hagamos, Dios está allí. Tenemos un testigo para cada palabra y acción: el Dios santo, que odia el pecado. Nada que se diga, se haga o se piense puede escapar de su ojo infinito. Nuestras palabras puede ser que no sean oídas por oídos humanos, pero son oídas por el Gobernante del universo. Él lee la ira interior del alma cuando la voluntad se indispone. Oye las expresiones profanas. En el lugar más oscuro y solitario, él está allí. Nadie puede engañar a Dios; nadie puede escapar de rendirle cuentas (Bible Echo, mayo 2, 1898).


Dios observa al pecador, El ojo que nunca dormita sabe todo lo que hacemos. Está escrito en su libro. Alguien podría ocultar su pecado del padre, la madre, la esposa, o los amigos; no obstante, todo permanece abierto delante de Dios y es consignado en su libro de registro... David fue un hombre que se arrepintió y, aunque confesó y detestó su pecado, no pudo olvidarlo.

Exclamó: "¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano... Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día" (Salmo 139:7-12).

Dios está en todas partes. Ve, sabe todas las cosas, y entiende las intenciones y determinaciones del corazón. Intentar ocultar el pecado de su atención es tarea vana. Vio cuando nuestros primeros padres pecaron en el Edén. Vio cuando Caín levantó su mano contra Abel para matarlo. Observó los pecados del mundo antiguo, determinó sus días, y los castigó con el diluvio. También vio los pecados de su propio pueblo del pacto, los judíos, cuando se confabularon en contra del Hijo de Dios.

De la misma manera como es registrada cada transgresión, todo asunto secreto será traído a juicio. Pueden haber estado ocultos a los mortales, pueden haber estado encubiertos de los buenos, de los puros, de los santos, de los amigos y los enemigos; no obstante, Dios los ve (Testimonios acerca de la conducta sexual, p. 101).

Necesitamos mayor fe en el progreso de la causa de Dios. Cuando el Señor nos da una obra para hacer no debemos detenernos a pensar si el mandato es razonable, o cómo serán los resultados. Los obreros de Cristo nunca deben pensar, y mucho menos hablar, de fracasos en su obra. Aunque el resultado parezca incierto, los recursos aparecerán si ponemos energía y confianza en Dios. Si en lugar de expresar incredulidad, hablamos palabras de esperanza y hacemos movimientos para fortalecer nuestra propia fe y la de otros, nuestra visión se aclarará...

A menudo la vida cristiana está rodeada de peligros y parece difícil cumplir con el deber. Nos imaginamos ruina, esclavitud y muerte hacia adelante. Sin embargo la voz de Dios se oye claramente, diciéndonos: "Avanzad". Obedezcamos su mandato aunque nuestros ojos no puedan penetrar la oscuridad. Los obstáculos que impiden el progreso no desaparecerán si se enfrentan con un espíritu de duda e incertidumbre. Aquellos que esperan hasta que toda sombra de duda, de fracaso, de riesgo y derrota desaparezca, nunca avanzarán (Review and Herald, mayo 20, 1902).

El Señor Jesús... desea el homenaje de su alma. Usted no puede dejar de creer que debe hacer la voluntad de Dios. No puede liberarse de las exigencias del deber más de lo que puede escapar de la presencia de Dios. Sólo al obedecerle conocerá la verdadera felicidad (Alza tus ojos, p. 23).

DESCENDIÓ

Tres veces en este texto (Jon. 1:3) se dice que Jonás estaba yendo a Tarsis. Esto es, tres veces en un solo versículo. Nota esta repetición, que es característica del estilo narrativo hebreo. El escritor no es descuidado, ni tartamudea. Más bien, está muy alerta a un tema importante que quiere que consideremos. En este caso, la triple mención de Tarsis es importante porque Tarsis, de hecho, está en la dirección opuesta a la que Dios quería que Jonás fuera. Nínive estaba hacia el este; Tarsis, hacia el oeste. La rebelión de Jonás no puede ser más explícita en este pasaje.

¿Qué otros ejemplos podemos encontrar en la Biblia en los que Dios le dio a alguna persona (no necesariamente profeta) instrucciones específicas, y ella hizo lo contrario?

Génesis 2:16, 17 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; 17mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

Génesis 3:6 Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.

1 Samuel 15:3 Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos.

1 Samuel 15:21-23 Mas el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, las primicias del anatema, para ofrecer sacrificios a Jehová tu Dios en Gilgal. 22Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. 23Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.

Éxodo 20:4-6 No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. 5No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, 6y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

Ezequiel 8:10 Entré, pues, y miré; y he aquí toda forma de reptiles y bestias abominables, y todos los ídolos de la casa de Israel, que estaban pintados en la pared por todo alrededor.


¿Qué otro verbo se usa dos veces en Jonás 1:3?
Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová.

Dos veces en este versículo se nos dice que Jonás “descendió” (la segunda vez dice “entró”, que significa que bajó al interior del barco), y además otra vez se lo menciona en el versículo 5. Jonás “descendió” a Jope; “entró” (descendió) en el barco; Jonás “había bajado” a la parte inferior del barco. Al lector se le dice tres veces, en rápida sucesión, que Jonás “descendió”. El autor estructura cuidadosamente la narración para concentrarse en la jornada descendente de Jonás, apartándose de su comisión divina. De hecho, antes de que haya terminado todo el incidente, Jonás descendió aún mucho más de lo que se imaginó en ese momento, porque fue hasta “lo profundo” antes de que Dios pudiera usarlo.

El uso de este verbo específico, descender, no es casual. En este contexto, tiene connotaciones negativas. En realidad, en el hebreo moderno, el mismo verbo “descender” puede tener un significado negativo, mientras que el opuesto, “subir”, tiene un sentido positivo.

¿Estás descendiendo o subiendo? La respuesta es fácil. ¿Estás haciendo lo que Dios te manda, o lo estás desobedeciendo, como lo hizo Jonás? Tu respuesta determina tu dirección.

La Pluma Inspirada

Pero el Señor envió a su siervo con otro mensaje para Saúl. Por la obediencia podía probar todavía que era fiel a Dios y digno de ir a la cabeza de Israel. Samuel fue adonde estaba el rey, y le entregó el mensaje del Señor. Para que el monarca pudiera comprender cuán importante es acatar el mandamiento, Samuel declaró expresamente que le hablaba por orden divina, por la misma autoridad que había llamado a Saúl al trono. El profeta dijo: "Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Acuérdome de lo que hizo Amalec a Israel; que se le opuso en el camino, cuando subía de Egipto. Ve pues, y hiere a Amalec, y destruiréis en él todo lo que tuviera: y no te apiades de él: mata hombres, mujeres, niños y mamantes, vacas y ovejas, camellos y asnos"...

"Y Saúl hirió a Amalec, desde Havila hasta llegar a Shur, que está a la frontera de Egipto. Y tomó vivo a Agag rey de Amalec, mas a todo el pueblo mató a filo de espada. Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas, y al ganado mayor, a los gruesos y a los carneros, y a todo lo bueno, que no lo quisieron destruir; mas todo lo que era vil y flaco destruyeron" (1 Samuel 15:2-9)...

La victoria contra los amalecitas fue la más brillante que Saúl jamás ganara, y sirvió para reanimar el orgullo de su corazón, que era su mayor peligro. El edicto divino que condenaba a los enemigos de Dios a la destrucción total, no fue sino parcialmente cumplido. Con la ambición de realzar el honor de su regreso triunfal con la presencia de un cautivo real, Saúl se aventuró a imitar las costumbres de las naciones vecinas, y por eso, salvó a Agag, el feroz y belicoso rey de los amalecitas. El pueblo se reservó lo mejor de los rebaños, manadas y bestias de carga, disculpando su pecado con la excusa de que guardaba el ganado para ofrecerlo como sacrificio al Señor. Pero su objeto era usar estos animales meramente como substitutos, para economizar su propio ganado.

A Saúl se le había sometido ahora a la prueba final. Su presuntuoso desprecio de la voluntad de Dios, al revelar su resolución de gobernar como monarca independiente, demostró que no se le podía confiar el poder real como vicegerente del Señor (Patriarcas y profetas, pp. 679-682).

Samuel reprendió al rey, recordándole la orden explícita que Dios le diera de destruir todas las cosas pertenecientes a Amalec. Le señaló su transgresión y declaró que había desobedecido al Señor. Pero Saúl se negó a reconocer que había hecho mal; volvió a disculpar su pecado, alegando que se había reservado el mejor ganado para sacrificarlo a Jehová... Por su transgresión el reino de Israel fue quitado de las manos de Saúl y dado a un prójimo mejor que él, esto es, a David.

Dios no es diferente ahora de lo que fue en los tiempos antiguos. Sus ojos están sobre su pueblo y sobre la obra de sus manos, y no aceptará una obediencia parcial ni comprometerá su dignidad. Aquellos que desobedecen su palabra no quedarán sin castigo. Aunque es longánime con el transgresor, éste finalmente recibirá su retribución (Signs of the Times, julio 22, 1886).

LA PACIENTE GRACIA DE DIOS

Cuando Jonás huyó de la presencia de Dios, eso podría haber sido el fin de todo. Cuando Jonás pagó su pasaje para Tarsis, eso podría haber sido el fin de su vocación. Cuando hemos desobedecido, cuando hemos tratado de escapar de la convicción que Dios nos ha producido, cuando Dios ha dicho una cosa y nosotros hacemos otra, eso podría haber sido también el fin para nosotros. Dios no está obligado a seguir tratando con nosotros, especialmente cuando arruinamos las cosas, o cuando cometemos errores en grande. Sin embargo, aunque su amor es demasiado grande para comprenderlo, él sigue trabajando con nosotros, a pesar de nuestros errores repetidos y mayúsculos.

Todos deberíamos estar inmensamente agradecidos por la paciente gracia de Dios. Después de todo, imagínate qué pasaría si todo lo necesario para que Dios nos desechara fuera un gran error de nuestra parte. La gracia no es otra cosa que la oportunidad —en realidad, muchas oportunidades— de comenzar de nuevo.

¿En qué otros ejemplos de la Biblia vemos a Dios actuando con aquellos que, triste y penosamente, dejaron de hacer lo que Dios les había pedido que hicieran?

Génesis 3 _____________________________________________________________

Génesis 16 ____________________________________________________________

2 Samuel 11 ___________________________________________________________

Mateo 26:74 ___________________________________________________________


¿Qué lección podemos aprender de estos incidentes acerca de la gracia de Dios con aquellos cuya fe y confianza fallaron, aun en momentos cruciales?

Dios llamó a Jonás, pero Jonás rechazó ese llamado. Es así de sencillo. Pero ¿qué pasó luego? ¿Abandonó Dios a Jonás debido a su rebelión? ¿Lo abandonó sencillamente porque él cometió ese tremendo error?

De ninguna manera. Aunque Jonás, en forma abierta y descarada, eligió huir, Dios lo siguió. En otras palabras, a pesar de que Jonás rechazó a Dios, Dios no lo había rechazado.

¿Qué nos dice este hecho a nosotros, personalmente, en nuestro propio caminar con Dios? Por mucha esperanza que esto debería darnos, también debemos ser cuidadosos de no actuar con presunción. ¿De qué modo podemos distinguir entre el tener esperanza, a pesar de nuestros fracasos, y el actuar con presunción acerca de ellos?

La Pluma Inspirada


Cristo aún está obrando con paciencia y amor por la salvación de los pecadores. ¿Acaso el Mensajero divino no continúa golpeando a la puerta del corazón para entrar? ¿Acaso el Espíritu no continúa luchando con los pecadores? ¿Acaso no sigue Cristo invitando a las almas enfermas que se sienten a sus pies y aprendan de él a llevar su yugo de sumisión y obediencia? ¿Acaso no derrama bendiciones a lo largo y a lo ancho de la tierra? Su paciencia no se agota ni su amor se reprime. Podemos escuchar su voz hablando a los débiles, a los cansados y a los desesperanzados: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas" (Mateo 11:28, 29) (Review and Herald, diciembre 3, 1901).

Mientras paso a paso ascendemos por la brillante escalera que lleva a la ciudad de Dios, muchas veces nos sentiremos desanimados y vendremos a los pies de Jesús a llorar por nuestros fracasos y derrotas. Al esforzarnos por dibujar en nosotros el modelo establecido por nuestro Señor, haremos líneas torcidas y desperdiciaremos hojas manchadas por nuestras lágrimas de arrepentimiento. Pero no debemos cesar en nuestros esfuerzos; todos podemos llegar al cielo igualmente, haciendo la voluntad de Jesús y creciendo a su imagen. Los fracasos transitorios deben hacernos depender más firmemente de Cristo, y debemos seguir adelante con un propósito determinado, poniendo toda nuestra voluntad y todo nuestro corazón (Signs of the Times, agosto 14, 1884).

Los hombres a quienes Dios favoreció, y a quienes confió grandes responsabilidades, fueron a veces vencidos por la tentación y cometieron pecados, tal como nosotros hoy luchamos, vacilamos y frecuentemente caemos en el error. Sus vidas, con todos sus defectos y extravíos, están ante nosotros, para que nos sirvan de aliento y amonestación. Si se los hubiera presentado como personas intachables, nosotros, con nuestra naturaleza pecaminosa, Podríamos desesperar por nuestros errores y fracasos. Pero viendo cómo lucharon otros con desalientos como los nuestros, cómo cayeron en la tentación como nos ha ocurrido a nosotros, y cómo, sin embargo, se reanimaron y llegaron a triunfar mediante la gracia de Dios, nos sentimos alentados en nuestra lucha por la justicia. Así como ellos, aunque vencidos algunas veces, recuperaron lo perdido y fueron bendecidos por Dios, también nosotros podemos ser vencedores mediante el poder de Jesús (La maravillosa gracia de Dios, s 255).

EL DIOS DE LA NATURALEZA

¿Cuál fue la respuesta de Dios a la desobediencia de Jonás? Jonás 1:4, 17; 2:10.
4Pero Jehová hizo levantar un gran viento en el mar, y hubo en el mar una tempestad tan grande que se pensó que se partiría la nave.
17Pero Jehová tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás; y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches.
10Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra.


Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento son notables por la manera de afirmar, en forma inalterable y continua, que la naturaleza está bajo el control de Dios, la que, a veces, él usa como medio de instrucción y de disciplina. Hoy existen algunos enfoques contemporáneos que consideran al universo como un sistema cerrado y finito, que no da lugar para la acción de Dios. Pero la confesión consistente en la Biblia es que toda la naturaleza actúa bajo el control de Dios.
Lee Job 38. En el contexto de la lección de hoy, ¿cuál es el punto crucial que se afirma en este capítulo?

Dios ha establecido leyes en la naturaleza. Pero ellas no se administran por sí solas. El Legislador las maneja. Él ha dispuesto una serie de causas y efectos. Pero, de acuerdo con las Escrituras, él sostiene, mantiene, controla y las usa según su propio parecer.
¿Cuál es la primera acción que realiza Dios como respuesta a la travesía de Jonás?

La tormenta no se atribuye meramente a los elementos de la naturaleza, sino al Dios de la naturaleza, a Aquel que está por encima y por sobre todas las cosas. Pero esta no era una mera exhibición de su poder. La tormenta se había desatado por causa de Jonás. El versículo 4 nos muestra que esa tormenta se produjo por causa de Jonás y en beneficio de Jonás.

Estos marineros “inocentes” estaban sufriendo por causa del pecado de otra persona. ¿De qué modo vemos que este principio actúa todo el tiempo? ¿Qué nos dice esto acerca de la naturaleza terrible del pecado?

En el libro de Jonás notamos la seriedad de una vocación asignada por Dios. La elección del mensajero es tan importante para Dios, y el Señor toma tan en serio a la persona elegida, que hace intervenir a la naturaleza para impulsar a Jonás a cumplir su misión. Así como Dios luchó con Jacob junto al río Jaboc, ahora está comenzando a luchar con Jonás, empleando los elementos de la naturaleza para conseguir su atención.

Para nosotros es fácil citar las Escrituras indicando que Dios controla la naturaleza. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando la naturaleza causa estragos, se producen muchos daños y se pierden muchas vidas? ¿Es algo justificable el echarle automáticamente la culpa a Dios? ¿De qué modo el escenario del conflicto entre Cristo y Satanás nos ayuda a comprender esta difícil pregunta?

La Pluma Inspirada

El mundo material se halla bajo el control divino. Toda la naturaleza obedece las leyes que la gobiernan. Todas las cosas hablan acerca de la voluntad del Creador y la practican. Las nubes, la lluvia, el rocío, la luz del sol, los chubascos, el viento, la tormenta, todos están bajo la supervisión de Dios y le rinden obediencia implícita a Aquel para quien trabajan. La plantita diminuta sale de la tierra, primero como hierba, luego espiga, y después el grano lleno en la espiga. El Señor los usa como sus siervos obedientes, para hacer su voluntad. Primero se ve el fruto en el capullo, que contiene a la futura pera, durazno, o manzana, y el Señor los desarrolla en el momento adecuado, porque ellos no se resisten a su obra. No se oponen al orden de sus disposiciones. Sus obras, tales como se ven en el mundo natural, no se comprenden ni se valoran, ni siquiera en un cincuenta por ciento. Estos predicadores silenciosos enseñarán sus lecciones a los seres humanos, si tan sólo quieren ser oidores atentos (Exaltad a Jesús, p. 60).

Dios no anula sus leyes, sino que obra continuamente por su intermedio y las usa como sus instrumentos. Ellas no obran de por sí. Dios está obrando perpetuamente en la naturaleza. Ella es su sierva, y él la dirige como a él le place. En su obra, la naturaleza atestigua la presencia inteligente y la intervención activa de un Ser que actúa en todas sus obras de acuerdo con su voluntad. No es por un poder original inherente a la naturaleza cómo año tras año la tierra produce sus dones y continúa su marcha en derredor del sol. La mano del poder infinito obra de continuo para guiar este planeta. Lo que le conserva su posición en su rotación es el poder de Dios ejercitado momentáneamente (Joyas de los testimonios, tomo 3, p. 259).

En los días de Noé, los filósofos declararon que era imposible que el mundo fuese destruido por el agua; asimismo hay ahora hombres de ciencia que tratan de probar que el mundo no puede ser destruido por fuego, que esto es incompatible con las leyes naturales. Pero el Dios de la naturaleza, el que creó las leyes y las controla, puede usar las obras de sus manos para que sirvan a sus fines (Patriarcas y profetas, p. 93).

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR


¿Qué cuadro nos presentan diferentes autores con respecto a la soberanía de Dios sobre la creación?

Amós 4:13. Porque he aquí, el que forma los montes, y crea el viento, y anuncia al hombre su pensamiento; el que hace de las tinieblas mañana, y pasa sobre las alturas de la tierra; Jehová Dios de los ejércitos es su nombre.

Job 9:5; Amós 1:2; Miqueas 1:3, 4.

Jueces 5:5; Salmo 18:7; 68:8; 114:4-6; Isaías 64:3; Ezequiel 3:12; Habacuc 3:6, 10.

Éxodo 23:25, 26; Levítico 25:18, 19; Deuteronomio 28; 30:8-10; 33:13-16; 2 Crónicas 31:9, 10; Isaías 58:9-11; Amós 4:6-8; Hageo 1:9-11; 2:17.
La gráfica descripción que da la Sra. Elena de White de las plagas de Egipto es instructiva. “La ruina y la desolación marcaron la senda del ángel destructor. Sólo se salvó la región de Gosén. Se demostró a los egipcios que la tierra está bajo el dominio del Dios viviente, que los elementos responden a su voz y que la única seguridad consiste en obedecerle” (PP 275).

El libro del Apocalipsis nos enseña que todo el mundo estará involucrado en una situación similar antes de la segunda venida de Cristo. Elena de White presenta esta lección en su capítulo sobre Jonás en su libro Profetas y reyes, en la página 207.

“Está muy cerca el momento en que habrá en el mundo una tristeza que ningún bálsamo humano podrá disipar. Se está retirando el Espíritu de Dios. Se siguen unos a otros, en rápida sucesión, los desastres por mar y tierra. ¡Con cuánta frecuencia oímos hablar de terremotos y ciclones, así como de la destrucción producida por incendios e inundaciones, con gran pérdida de vidas y propiedades! Aparentemente, estas calamidades son estallidos caprichosos de las fuerzas desorganizadas y desordenadas de la naturaleza, completamente fuera del dominio humano; pero en todas ellas puede leerse el propósito de Dios. Se cuentan entre los instrumentos por medio de los cuales él procura despertar en hombres y mujeres un sentido del peligro que corren” (PR 207; la cursiva fue añadida).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR

1. ¿Crees que podría haber llegado el momento en que Dios hubiera dejado de seguir a Jonás? Si es así, ¿cuál habría sido ese momento? Compara la situación de Judas con la de Jonás. ¿Cuál fue la diferencia crucial entre ambos?

2. ¿De qué modo la humanidad de Jonás debería ayudarnos a comprender la humanidad de todos los profetas de Dios, incluyendo a Elena de White?

RESUMEN

Dios procuró usar a Jonás a pesar de las fallas del profeta.