La “paloma”
huye
PARA MEMORIZAR
“Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras,
y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la
tierra por tres años y seis meses” (Santiago 5:17).
HASTA AQUÍ, LA NARRACIÓN en el libro de Jonás
ha mostrado una situación común y reconocible: un profeta que
recibe un llamado divino. Este es un esquema familiar en el Antiguo Testamento.
Dios le dijo a Jeremías: “Levántate y vete al Éufrates”
(Jeremías 13: 4, 5). “Levántate, vete a Sarepta” (1
Reyes 17:9, 10), le dijo Dios a Elías. Y, como era de esperar, ambos
profetas hicieron lo que se les había indicado.
Un esquema comparable en el libro de Jonás llevaría al lector
a esperar de Jonás la misma reacción al llamado de Dios: “Levántate
y ve a Nínive”. Sin embargo, eso no ocurrió. El libro de
Jonás desafía nuestras ideas convencionales acerca de los profetas
de Dios y la manera en que actúan. Como se notará, Jonás
se atreve a modificar el esquema usual. Lejos de hacer lo que Dios le pidió,
Jonás, el profeta, huyó en la dirección opuesta.
Pero, ¿por qué nos sorprende? Los profetas son personas, también,
dotadas de todos nuestros temores, inseguridades y dudas, ¿verdad? Realmente,
no esperaríamos la perfección de un profeta de Dios. ¿En
qué ejemplo nos basamos? ¿En el de Noé, o en el de David,
de Juan el Bautista, o de Pedro? Difícilmente, pues ellos tampoco fueron
perfectos.
Tal vez no esperamos la perfección, pero ciertamente no esperaríamos
ver que un profeta huya de un mandato directo de Dios.
Sin embargo, eso es exactamente lo que hizo el profeta Jonás.
La Pluma Inspirada
Desearía que ocasionalmente la cortina se levantara
y todos pudiéramos ver la manera en que Dios obra, y la maravillosa actividad
que ocurre en las cortes celestiales. A menudo el Señor obra en una forma
que no está de acuerdo con las ideas de aquellos que están en
puestos de responsabilidad. Los cálculos y especulaciones de la mente
humana no siempre están en consonancia con la sabiduría de Dios.
Algunos, debido a sus lentos y cautos movimientos, son como una pieza defectuosa
que traba el manejo de las ruedas. Otros planifican detalladamente cómo
debe trabajar cada uno de los obreros, cuando en realidad el Señor tiene
otros planes y otros lugares para que esos obreros trabajen. Dios no construye
sobre fundamentos colocados por los hombres, porque Aquel que habita en la eternidad,
no sólo coloca el fundamento sino erige la estructura en completa independencia
de aquellos que trabajarán para él. El Señor Jesús
utiliza a quienes aceptan ser moldeados y los usa para su gloria, formando en
ellos la imagen que él ha concebido. Ve un buen material donde otros
lo han descartado, y trabaja con aquellos que permiten ser trabajados. Por medios
simples el cielo abre una puerta para que el agente humano pueda revelar a Dios
a otros (Spalding and Magan Collection, p. 65).
Dios nos habla también en su Palabra. En ella tenemos en líneas
más claras la revelación de su carácter, de su trato con
los hombres y de la gran obra de la redención. En ella se nos presenta
la historia de los patriarcas y profetas y de otros hombres santos de la antigüedad.
Ellos eran hombres sujetos "a las mismas debilidades que nosotros"
(Santiago 5:17). Vemos cómo lucharon entre descorazonamientos como los
nuestros, cómo cayeron bajo tentaciones como hemos caído nosotros
y, sin embargo, cobraron nuevo valor y vencieron por la gracia de Dios; y recordándolos,
nos animamos en nuestra lucha por la justicia. Al leer el relato de los preciosos
sucesos que se les permitió experimentar, la luz, el amor y la bendición
que les tocó gozar y la obra que hicieron por la gracia a ellos dada,
el espíritu que los inspiró enciende en nosotros un fuego de santo
celo y un deseo de ser como ellos en carácter y de andar con Dios como
ellos (El camino a Cristo, p. 87).
“HEME AQUÍ, NO ME ENVÍES A MÍ”
“Y Jonás se levantó para huir de la presencia
de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave
que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para
irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová” (Jonás
1:3).
El nombre Jonás significa “paloma”, y lo encontramos enseguida
en un “vuelo” inusual.
¿Qué es lo inusual acerca de la respuesta a la orden divina? Jonás
1:3.
Hasta aquí, el libro de Jonás se ha iniciado con una situación
conocida: la de un profeta que recibe un llamamiento divino. Sin embargo, lo
que ocurre después no es común. La sorpresa increíble incluye
una descripción detallada de lo que hizo Jonás para huir de su
tarea.
Aunque no es el esquema usual, esta no es la única ocasión en
que vemos un ejemplo de alguien que no está exactamente entusiasmado
acerca de su llamamiento divino.
¿Qué otra persona inicialmente no estuvo dispuesta a aceptar el
llamamiento de Dios, y por qué? Éxodo 4:1, 10, 13.
1Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí
que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán:
No te ha aparecido Jehová.
10Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca
he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas
a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua.
13Y él dijo: ¡Ay, Señor! envía, te ruego, por medio
del que debes enviar.
Cuando Moisés fue llamado por Dios para regresar a Egipto con el propósito
de sacar a los hijos de Israel de la esclavitud, se echó atrás
sorprendido y asustado por la orden. Hasta ofreció varias razones para
no hacer la tarea. Pero, por último, la aceptó. Elena de White
describe con elocuencia esta situación: “El mandato divino halló
a Moisés sin confianza en sí mismo, tardo para hablar y tímido.
Estaba abrumado por el sentimiento de su incapacidad para ser el portavoz de
Dios ante Israel. Pero una vez aceptada la tarea, la emprendió de todo
corazón, poniendo toda su confianza en el Señor. La grandeza de
su misión exigía que ejercitara las mejores facultades de su mente.
Dios bendijo su pronta obediencia, y llegó a ser elocuente, confiado,
sereno y apto para la mayor obra jamás dada a hombre alguno” (PP
260).
¿Cuáles fueron algunas de las posibles razones que tuvo Jonás
para no querer hacer lo que Dios le pedía? ¿Podrían estas
haber sido razones “válidas”? Además, es posible que
tal vez las características que provocaron la huida de Jonás de
su tarea fueran las mismas que, si hubieran sido debidamente encaminadas, lo
habrían calificado para esa tarea. Si es así, ¿cómo
sería posible? ¿Qué me dice esto acerca de mis propios
dones y lo que Dios me pide que haga con ellos?
La Pluma Inspirada
En el tiempo de su prosperidad temporal Nínive era un
centro de crímenes e impiedad... A pesar de lo impía que Nínive
había llegado a ser, no estaba completamente entregada al mal. El que
"vio a todos los hijos de los hombres" (Salmo 33:13), y cuyos "ojos
vieron todo lo preciado" (Job 28:10), percibió que en aquella ciudad
muchos procuraban algo mejor y superior, y que si se les concedía oportunidad
de conocer al Dios viviente, renunciarían a sus malas acciones y le adorarían.
De manera que en su sabiduría Dios se les reveló en forma inequívoca,
para inducirlos, si era posible, a arrepentirse.
El instrumento escogido para esta obra fue el profeta Jonás, hijo de
Amitai. El Señor le dijo: "Levántate, y ve a Nínive,
ciudad grande, y pregona contra ella; porque su maldad ha subido delante de
mí" (Jonás 1:1, 2).
Mientras el profeta pensaba en las dificultades e imposibilidades aparentes
de lo que se le había encargado, se sintió tentado a poner en
duda la prudencia del llamamiento. Desde un punto de vista humano, parecía
que nada pudiera ganarse proclamando un mensaje tal en aquella ciudad orgullosa.
Se olvidó por el momento de que el Dios a quien servía era omnisciente
y omnipotente. Mientras vacilaba y seguía dudando, Satanás le
abrumó de desaliento. El profeta fue dominado por un gran temor, y "se
levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis". Fue
a Jope, encontró allí un barco a punto de zarpar y "pagando
su pasaje entró en él, para irse con ellos" (Profetas y reyes,
pp. 198, 199).
La carga de la obra de Dios, puesta sobre Moisés, lo hizo un hombre de
poder. Mientras pastoreó durante tantos años los rebaños
de Jetro, obtuvo una experiencia que le enseñó la verdadera humildad...
La orden de liberar a Israel parecía abrumadora, pero, en el temor de
Dios, Moisés aceptó el encargo. Observad el resultado: no rebajó
la tarea al nivel de su imperfección, sino que con la fuerza de Dios
realizó los esfuerzos más fervientes para elevarse y santificarse
para su sagrada misión (Conflicto y valor, p. 370).
Después de que terminó el tiempo de preparación y prueba
de Moisés, y cuando una vez más se le dijo que fuera y liberara
a Israel, aún le faltaba confianza propia, era lento para hablar y tímido.
Dijo: "¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque
de Egipto a los hijos de Israel?" Puso como excusa su torpeza para hablar.
Había sido el general de los ejércitos de Egipto, y ciertamente
sabía cómo hablar; pero estaba temeroso de introducir el yo en
su trabajo (Cba, tomo 1, p. 1113).
LA “PALOMA” VUELA
Dios le dio una orden a Jonás, y este, en vez de obedecer
la orden de Dios, intentó huir. Es difícil imaginar un antagonismo
mayor que el que se indica en este versículo (Jon. 1:3). Cada verbo en
este versículo revela lo que Jonás estuvo haciendo para alejarse
de Dios y de lo que Dios le había pedido que hiciera.
Considera los verbos en Jonás 1:3. Jonás se levantó para
huir. (El verbo “levantarse” viene de la misma raíz que era
parte del mandato divino, cuando Dios le dijo: “Levántate, ve a
Nínive”.) Él descendió a Jope, halló una nave,
pagó el pasaje, entró en el barco. Todas estas actividades las
realizó con el expreso propósito de evadir el mandato divino.
El escritor de la narración sutilmente subraya la determinación
de Jonás de huir.
En Jonás 1:3, ¿qué frase se menciona al comienzo del versículo
y luego se repite al final de él? ¿Qué crees que significa
esa frase?
Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová
a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía
para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a
Tarsis, lejos de la presencia de Jehová.
Este versículo dice dos veces que Jonás huyó “de
la presencia de Jehová”. Una sola indicación habría
sido suficiente. Sin embargo, la duplicación de esta frase en un mismo
versículo solo impulsa al lector a considerar la ironía de una
persona que piensa que puede huir de la presencia de Dios, y esto es más
grave si es un profeta.
De todas las personas, Jonás era alguien que conocía a Dios, que
adoraba al Dios de Israel, que sabía que Dios es el Creador del cielo,
de la tierra y del mar (ver Jon. 1:9). Jonás debería haber sabido
cuán inútil era lo que quería hacer. No era como si estuviera
recibiendo la orden de algún dios pagano, local, cuyo “poder”
terminaba en la frontera de su país.
Por el contrario, de acuerdo con su propia confesión, él sabía
del poder del Dios al que profesaba servir y, aunque sabía todas estas
cosas, ¡huyó de todas maneras!
¿Cuál puede haber sido su pensamiento?
Por supuesto, es fácil para nosotros mirar a Jonás y sacudir la
cabeza en señal de desaprobación. ¿Cómo pudo él
haber hecho algo tan tonto? Sin embargo, ¿de qué maneras sutiles
intentamos hacer lo mismo? Tal vez no huyamos, por lo menos físicamente,
de “la presencia de Jehová” (pues eso es realmente imposible),
pero ¿de qué modo abierta o inadvertidamente nos “separamos”
de Dios?
La Pluma Inspirada
Nunca estamos solos. Tenemos un Compañero, lo busquemos
o no. Recordemos que dondequiera que estemos, cualquier cosa que hagamos, Dios
está allí. Tenemos un testigo para cada palabra y acción:
el Dios santo, que odia el pecado. Nada que se diga, se haga o se piense puede
escapar de su ojo infinito. Nuestras palabras puede ser que no sean oídas
por oídos humanos, pero son oídas por el Gobernante del universo.
Él lee la ira interior del alma cuando la voluntad se indispone. Oye
las expresiones profanas. En el lugar más oscuro y solitario, él
está allí. Nadie puede engañar a Dios; nadie puede escapar
de rendirle cuentas (Bible Echo, mayo 2, 1898).
Dios observa al pecador, El ojo que nunca dormita sabe todo lo que hacemos.
Está escrito en su libro. Alguien podría ocultar su pecado del
padre, la madre, la esposa, o los amigos; no obstante, todo permanece abierto
delante de Dios y es consignado en su libro de registro... David fue un hombre
que se arrepintió y, aunque confesó y detestó su pecado,
no pudo olvidarlo.
Exclamó: "¿A dónde me iré de tu Espíritu?
¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos,
allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí,
allí estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo
del mar, aun allí me guiará tu mano... Aun las tinieblas no encubren
de ti, y la noche resplandece como el día" (Salmo 139:7-12).
Dios está en todas partes. Ve, sabe todas las cosas, y entiende las intenciones
y determinaciones del corazón. Intentar ocultar el pecado de su atención
es tarea vana. Vio cuando nuestros primeros padres pecaron en el Edén.
Vio cuando Caín levantó su mano contra Abel para matarlo. Observó
los pecados del mundo antiguo, determinó sus días, y los castigó
con el diluvio. También vio los pecados de su propio pueblo del pacto,
los judíos, cuando se confabularon en contra del Hijo de Dios.
De la misma manera como es registrada cada transgresión, todo asunto
secreto será traído a juicio. Pueden haber estado ocultos a los
mortales, pueden haber estado encubiertos de los buenos, de los puros, de los
santos, de los amigos y los enemigos; no obstante, Dios los ve (Testimonios
acerca de la conducta sexual, p. 101).
Necesitamos mayor fe en el progreso de la causa de Dios. Cuando el Señor
nos da una obra para hacer no debemos detenernos a pensar si el mandato es razonable,
o cómo serán los resultados. Los obreros de Cristo nunca deben
pensar, y mucho menos hablar, de fracasos en su obra. Aunque el resultado parezca
incierto, los recursos aparecerán si ponemos energía y confianza
en Dios. Si en lugar de expresar incredulidad, hablamos palabras de esperanza
y hacemos movimientos para fortalecer nuestra propia fe y la de otros, nuestra
visión se aclarará...
A menudo la vida cristiana está rodeada de peligros y parece difícil
cumplir con el deber. Nos imaginamos ruina, esclavitud y muerte hacia adelante.
Sin embargo la voz de Dios se oye claramente, diciéndonos: "Avanzad".
Obedezcamos su mandato aunque nuestros ojos no puedan penetrar la oscuridad.
Los obstáculos que impiden el progreso no desaparecerán si se
enfrentan con un espíritu de duda e incertidumbre. Aquellos que esperan
hasta que toda sombra de duda, de fracaso, de riesgo y derrota desaparezca,
nunca avanzarán (Review and Herald, mayo 20, 1902).
El Señor Jesús... desea el homenaje de su alma. Usted no puede
dejar de creer que debe hacer la voluntad de Dios. No puede liberarse de las
exigencias del deber más de lo que puede escapar de la presencia de Dios.
Sólo al obedecerle conocerá la verdadera felicidad (Alza tus ojos,
p. 23).
DESCENDIÓ
Tres veces en este texto (Jon. 1:3) se dice que Jonás
estaba yendo a Tarsis. Esto es, tres veces en un solo versículo. Nota
esta repetición, que es característica del estilo narrativo hebreo.
El escritor no es descuidado, ni tartamudea. Más bien, está muy
alerta a un tema importante que quiere que consideremos. En este caso, la triple
mención de Tarsis es importante porque Tarsis, de hecho, está
en la dirección opuesta a la que Dios quería que Jonás
fuera. Nínive estaba hacia el este; Tarsis, hacia el oeste. La rebelión
de Jonás no puede ser más explícita en este pasaje.
¿Qué otros ejemplos podemos encontrar en la Biblia en los que
Dios le dio a alguna persona (no necesariamente profeta) instrucciones específicas,
y ella hizo lo contrario?
Génesis 2:16, 17 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo:
De todo árbol del huerto podrás comer; 17mas del árbol
de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que
de él comieres, ciertamente morirás.
Génesis 3:6 Y vio la mujer que el árbol era bueno
para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar
la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también
a su marido, el cual comió así como ella.
1 Samuel 15:3 Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que
tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños,
y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos.
1 Samuel 15:21-23 Mas el pueblo tomó del botín ovejas
y vacas, las primicias del anatema, para ofrecer sacrificios a Jehová
tu Dios en Gilgal. 22Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto
en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras
de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el
prestar atención que la grosura de los carneros. 23Porque como pecado
de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría
la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová,
él también te ha desechado para que no seas rey.
Éxodo 20:4-6 No te harás imagen, ni ninguna semejanza
de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas
debajo de la tierra. 5No te inclinarás a ellas, ni las honrarás;
porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de
los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los
que me aborrecen, 6y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan
mis mandamientos.
Ezequiel 8:10 Entré, pues, y miré; y he aquí
toda forma de reptiles y bestias abominables, y todos los ídolos de la
casa de Israel, que estaban pintados en la pared por todo alrededor.
¿Qué otro verbo se usa dos veces en Jonás 1:3?
Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová
a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía
para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a
Tarsis, lejos de la presencia de Jehová.
Dos veces en este versículo se nos dice que Jonás “descendió”
(la segunda vez dice “entró”, que significa que bajó
al interior del barco), y además otra vez se lo menciona en el versículo
5. Jonás “descendió” a Jope; “entró”
(descendió) en el barco; Jonás “había bajado”
a la parte inferior del barco. Al lector se le dice tres veces, en rápida
sucesión, que Jonás “descendió”. El autor estructura
cuidadosamente la narración para concentrarse en la jornada descendente
de Jonás, apartándose de su comisión divina. De hecho,
antes de que haya terminado todo el incidente, Jonás descendió
aún mucho más de lo que se imaginó en ese momento, porque
fue hasta “lo profundo” antes de que Dios pudiera usarlo.
El uso de este verbo específico, descender, no es casual. En este contexto,
tiene connotaciones negativas. En realidad, en el hebreo moderno, el mismo verbo
“descender” puede tener un significado negativo, mientras que el
opuesto, “subir”, tiene un sentido positivo.
¿Estás descendiendo o subiendo? La respuesta es fácil.
¿Estás haciendo lo que Dios te manda, o lo estás desobedeciendo,
como lo hizo Jonás? Tu respuesta determina tu dirección.
La Pluma Inspirada
Pero el Señor envió a su siervo con otro mensaje
para Saúl. Por la obediencia podía probar todavía que era
fiel a Dios y digno de ir a la cabeza de Israel. Samuel fue adonde estaba el
rey, y le entregó el mensaje del Señor. Para que el monarca pudiera
comprender cuán importante es acatar el mandamiento, Samuel declaró
expresamente que le hablaba por orden divina, por la misma autoridad que había
llamado a Saúl al trono. El profeta dijo: "Así ha dicho Jehová
de los ejércitos: Acuérdome de lo que hizo Amalec a Israel; que
se le opuso en el camino, cuando subía de Egipto. Ve pues, y hiere a
Amalec, y destruiréis en él todo lo que tuviera: y no te apiades
de él: mata hombres, mujeres, niños y mamantes, vacas y ovejas,
camellos y asnos"...
"Y Saúl hirió a Amalec, desde Havila hasta llegar a Shur,
que está a la frontera de Egipto. Y tomó vivo a Agag rey de Amalec,
mas a todo el pueblo mató a filo de espada. Y Saúl y el pueblo
perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas, y al ganado mayor, a los gruesos
y a los carneros, y a todo lo bueno, que no lo quisieron destruir; mas todo
lo que era vil y flaco destruyeron" (1 Samuel 15:2-9)...
La victoria contra los amalecitas fue la más brillante que Saúl
jamás ganara, y sirvió para reanimar el orgullo de su corazón,
que era su mayor peligro. El edicto divino que condenaba a los enemigos de Dios
a la destrucción total, no fue sino parcialmente cumplido. Con la ambición
de realzar el honor de su regreso triunfal con la presencia de un cautivo real,
Saúl se aventuró a imitar las costumbres de las naciones vecinas,
y por eso, salvó a Agag, el feroz y belicoso rey de los amalecitas. El
pueblo se reservó lo mejor de los rebaños, manadas y bestias de
carga, disculpando su pecado con la excusa de que guardaba el ganado para ofrecerlo
como sacrificio al Señor. Pero su objeto era usar estos animales meramente
como substitutos, para economizar su propio ganado.
A Saúl se le había sometido ahora a la prueba final. Su presuntuoso
desprecio de la voluntad de Dios, al revelar su resolución de gobernar
como monarca independiente, demostró que no se le podía confiar
el poder real como vicegerente del Señor (Patriarcas y profetas, pp.
679-682).
Samuel reprendió al rey, recordándole la orden explícita
que Dios le diera de destruir todas las cosas pertenecientes a Amalec. Le señaló
su transgresión y declaró que había desobedecido al Señor.
Pero Saúl se negó a reconocer que había hecho mal; volvió
a disculpar su pecado, alegando que se había reservado el mejor ganado
para sacrificarlo a Jehová... Por su transgresión el reino de
Israel fue quitado de las manos de Saúl y dado a un prójimo mejor
que él, esto es, a David.
Dios no es diferente ahora de lo que fue en los tiempos antiguos. Sus ojos están
sobre su pueblo y sobre la obra de sus manos, y no aceptará una obediencia
parcial ni comprometerá su dignidad. Aquellos que desobedecen su palabra
no quedarán sin castigo. Aunque es longánime con el transgresor,
éste finalmente recibirá su retribución (Signs of the Times,
julio 22, 1886).
LA PACIENTE GRACIA DE DIOS
Cuando Jonás huyó de la presencia de Dios, eso
podría haber sido el fin de todo. Cuando Jonás pagó su
pasaje para Tarsis, eso podría haber sido el fin de su vocación.
Cuando hemos desobedecido, cuando hemos tratado de escapar de la convicción
que Dios nos ha producido, cuando Dios ha dicho una cosa y nosotros hacemos
otra, eso podría haber sido también el fin para nosotros. Dios
no está obligado a seguir tratando con nosotros, especialmente cuando
arruinamos las cosas, o cuando cometemos errores en grande. Sin embargo, aunque
su amor es demasiado grande para comprenderlo, él sigue trabajando con
nosotros, a pesar de nuestros errores repetidos y mayúsculos.
Todos deberíamos estar inmensamente agradecidos por la paciente gracia
de Dios. Después de todo, imagínate qué pasaría
si todo lo necesario para que Dios nos desechara fuera un gran error de nuestra
parte. La gracia no es otra cosa que la oportunidad —en realidad, muchas
oportunidades— de comenzar de nuevo.
¿En qué otros ejemplos de la Biblia vemos a Dios actuando con
aquellos que, triste y penosamente, dejaron de hacer lo que Dios les había
pedido que hicieran?
Génesis 3 _____________________________________________________________
Génesis 16 ____________________________________________________________
2 Samuel 11 ___________________________________________________________
Mateo 26:74 ___________________________________________________________
¿Qué lección podemos aprender de estos incidentes acerca
de la gracia de Dios con aquellos cuya fe y confianza fallaron, aun en momentos
cruciales?
Dios llamó a Jonás, pero Jonás rechazó ese llamado.
Es así de sencillo. Pero ¿qué pasó luego? ¿Abandonó
Dios a Jonás debido a su rebelión? ¿Lo abandonó
sencillamente porque él cometió ese tremendo error?
De ninguna manera. Aunque Jonás, en forma abierta y descarada, eligió
huir, Dios lo siguió. En otras palabras, a pesar de que Jonás
rechazó a Dios, Dios no lo había rechazado.
¿Qué nos dice este hecho a nosotros, personalmente, en nuestro
propio caminar con Dios? Por mucha esperanza que esto debería darnos,
también debemos ser cuidadosos de no actuar con presunción. ¿De
qué modo podemos distinguir entre el tener esperanza, a pesar de nuestros
fracasos, y el actuar con presunción acerca de ellos?
La Pluma Inspirada
Cristo aún está obrando con paciencia y amor por la salvación
de los pecadores. ¿Acaso el Mensajero divino no continúa golpeando
a la puerta del corazón para entrar? ¿Acaso el Espíritu
no continúa luchando con los pecadores? ¿Acaso no sigue Cristo
invitando a las almas enfermas que se sienten a sus pies y aprendan de él
a llevar su yugo de sumisión y obediencia? ¿Acaso no derrama bendiciones
a lo largo y a lo ancho de la tierra? Su paciencia no se agota ni su amor se
reprime. Podemos escuchar su voz hablando a los débiles, a los cansados
y a los desesperanzados: "Venid a mí todos los que estáis
trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros,
y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis
descanso para vuestras almas" (Mateo 11:28, 29) (Review and Herald, diciembre
3, 1901).
Mientras paso a paso ascendemos por la brillante escalera que lleva a la ciudad
de Dios, muchas veces nos sentiremos desanimados y vendremos a los pies de Jesús
a llorar por nuestros fracasos y derrotas. Al esforzarnos por dibujar en nosotros
el modelo establecido por nuestro Señor, haremos líneas torcidas
y desperdiciaremos hojas manchadas por nuestras lágrimas de arrepentimiento.
Pero no debemos cesar en nuestros esfuerzos; todos podemos llegar al cielo igualmente,
haciendo la voluntad de Jesús y creciendo a su imagen. Los fracasos transitorios
deben hacernos depender más firmemente de Cristo, y debemos seguir adelante
con un propósito determinado, poniendo toda nuestra voluntad y todo nuestro
corazón (Signs of the Times, agosto 14, 1884).
Los hombres a quienes Dios favoreció, y a quienes confió grandes
responsabilidades, fueron a veces vencidos por la tentación y cometieron
pecados, tal como nosotros hoy luchamos, vacilamos y frecuentemente caemos en
el error. Sus vidas, con todos sus defectos y extravíos, están
ante nosotros, para que nos sirvan de aliento y amonestación. Si se los
hubiera presentado como personas intachables, nosotros, con nuestra naturaleza
pecaminosa, Podríamos desesperar por nuestros errores y fracasos. Pero
viendo cómo lucharon otros con desalientos como los nuestros, cómo
cayeron en la tentación como nos ha ocurrido a nosotros, y cómo,
sin embargo, se reanimaron y llegaron a triunfar mediante la gracia de Dios,
nos sentimos alentados en nuestra lucha por la justicia. Así como ellos,
aunque vencidos algunas veces, recuperaron lo perdido y fueron bendecidos por
Dios, también nosotros podemos ser vencedores mediante el poder de Jesús
(La maravillosa gracia de Dios, s 255).
EL DIOS DE LA NATURALEZA
¿Cuál fue la respuesta de Dios a la desobediencia
de Jonás? Jonás 1:4, 17; 2:10.
4Pero Jehová hizo levantar un gran viento en el mar, y hubo
en el mar una tempestad tan grande que se pensó que se partiría
la nave.
17Pero Jehová tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás;
y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches.
10Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra.
Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento son notables por la manera
de afirmar, en forma inalterable y continua, que la naturaleza está bajo
el control de Dios, la que, a veces, él usa como medio de instrucción
y de disciplina. Hoy existen algunos enfoques contemporáneos que consideran
al universo como un sistema cerrado y finito, que no da lugar para la acción
de Dios. Pero la confesión consistente en la Biblia es que toda la naturaleza
actúa bajo el control de Dios.
Lee Job 38. En el contexto de la lección de hoy, ¿cuál
es el punto crucial que se afirma en este capítulo?
Dios ha establecido leyes en la naturaleza. Pero ellas no se administran por
sí solas. El Legislador las maneja. Él ha dispuesto una serie
de causas y efectos. Pero, de acuerdo con las Escrituras, él sostiene,
mantiene, controla y las usa según su propio parecer.
¿Cuál es la primera acción que realiza Dios como respuesta
a la travesía de Jonás?
La tormenta no se atribuye meramente a los elementos de la naturaleza, sino
al Dios de la naturaleza, a Aquel que está por encima y por sobre todas
las cosas. Pero esta no era una mera exhibición de su poder. La tormenta
se había desatado por causa de Jonás. El versículo 4 nos
muestra que esa tormenta se produjo por causa de Jonás y en beneficio
de Jonás.
Estos marineros “inocentes” estaban sufriendo por causa del pecado
de otra persona. ¿De qué modo vemos que este principio actúa
todo el tiempo? ¿Qué nos dice esto acerca de la naturaleza terrible
del pecado?
En el libro de Jonás notamos la seriedad de una vocación asignada
por Dios. La elección del mensajero es tan importante para Dios, y el
Señor toma tan en serio a la persona elegida, que hace intervenir a la
naturaleza para impulsar a Jonás a cumplir su misión. Así
como Dios luchó con Jacob junto al río Jaboc, ahora está
comenzando a luchar con Jonás, empleando los elementos de la naturaleza
para conseguir su atención.
Para nosotros es fácil citar las Escrituras indicando que Dios controla
la naturaleza. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando la naturaleza causa
estragos, se producen muchos daños y se pierden muchas vidas? ¿Es
algo justificable el echarle automáticamente la culpa a Dios? ¿De
qué modo el escenario del conflicto entre Cristo y Satanás nos
ayuda a comprender esta difícil pregunta?
La Pluma Inspirada
El mundo material se halla bajo el control divino. Toda la
naturaleza obedece las leyes que la gobiernan. Todas las cosas hablan acerca
de la voluntad del Creador y la practican. Las nubes, la lluvia, el rocío,
la luz del sol, los chubascos, el viento, la tormenta, todos están bajo
la supervisión de Dios y le rinden obediencia implícita a Aquel
para quien trabajan. La plantita diminuta sale de la tierra, primero como hierba,
luego espiga, y después el grano lleno en la espiga. El Señor
los usa como sus siervos obedientes, para hacer su voluntad. Primero se ve el
fruto en el capullo, que contiene a la futura pera, durazno, o manzana, y el
Señor los desarrolla en el momento adecuado, porque ellos no se resisten
a su obra. No se oponen al orden de sus disposiciones. Sus obras, tales como
se ven en el mundo natural, no se comprenden ni se valoran, ni siquiera en un
cincuenta por ciento. Estos predicadores silenciosos enseñarán
sus lecciones a los seres humanos, si tan sólo quieren ser oidores atentos
(Exaltad a Jesús, p. 60).
Dios no anula sus leyes, sino que obra continuamente por su intermedio y las
usa como sus instrumentos. Ellas no obran de por sí. Dios está
obrando perpetuamente en la naturaleza. Ella es su sierva, y él la dirige
como a él le place. En su obra, la naturaleza atestigua la presencia
inteligente y la intervención activa de un Ser que actúa en todas
sus obras de acuerdo con su voluntad. No es por un poder original inherente
a la naturaleza cómo año tras año la tierra produce sus
dones y continúa su marcha en derredor del sol. La mano del poder infinito
obra de continuo para guiar este planeta. Lo que le conserva su posición
en su rotación es el poder de Dios ejercitado momentáneamente
(Joyas de los testimonios, tomo 3, p. 259).
En los días de Noé, los filósofos declararon que era imposible
que el mundo fuese destruido por el agua; asimismo hay ahora hombres de ciencia
que tratan de probar que el mundo no puede ser destruido por fuego, que esto
es incompatible con las leyes naturales. Pero el Dios de la naturaleza, el que
creó las leyes y las controla, puede usar las obras de sus manos para
que sirvan a sus fines (Patriarcas y profetas, p. 93).
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR
¿Qué cuadro nos presentan diferentes autores con respecto a
la soberanía de Dios sobre la creación?
Amós 4:13. Porque he aquí, el que forma los montes,
y crea el viento, y anuncia al hombre su pensamiento; el que hace de las tinieblas
mañana, y pasa sobre las alturas de la tierra; Jehová Dios de
los ejércitos es su nombre.
Job 9:5; Amós 1:2; Miqueas 1:3, 4.
Jueces 5:5; Salmo 18:7; 68:8; 114:4-6; Isaías 64:3; Ezequiel 3:12;
Habacuc 3:6, 10.
Éxodo 23:25, 26; Levítico 25:18, 19; Deuteronomio 28; 30:8-10;
33:13-16; 2 Crónicas 31:9, 10; Isaías 58:9-11; Amós 4:6-8;
Hageo 1:9-11; 2:17.
La gráfica descripción que da la Sra. Elena de White de las
plagas de Egipto es instructiva. “La ruina y la desolación marcaron
la senda del ángel destructor. Sólo se salvó la región
de Gosén. Se demostró a los egipcios que la tierra está
bajo el dominio del Dios viviente, que los elementos responden a su voz y
que la única seguridad consiste en obedecerle” (PP 275).
El libro del Apocalipsis nos enseña que todo el mundo estará
involucrado en una situación similar antes de la segunda venida de
Cristo. Elena de White presenta esta lección en su capítulo
sobre Jonás en su libro Profetas y reyes, en la página 207.
“Está muy cerca el momento en que habrá en el mundo una
tristeza que ningún bálsamo humano podrá disipar. Se
está retirando el Espíritu de Dios. Se siguen unos a otros,
en rápida sucesión, los desastres por mar y tierra. ¡Con
cuánta frecuencia oímos hablar de terremotos y ciclones, así
como de la destrucción producida por incendios e inundaciones, con
gran pérdida de vidas y propiedades! Aparentemente, estas calamidades
son estallidos caprichosos de las fuerzas desorganizadas y desordenadas de
la naturaleza, completamente fuera del dominio humano; pero en todas ellas
puede leerse el propósito de Dios. Se cuentan entre los instrumentos
por medio de los cuales él procura despertar en hombres y mujeres un
sentido del peligro que corren” (PR 207; la cursiva fue añadida).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR
1. ¿Crees que podría haber llegado el momento en que Dios hubiera
dejado de seguir a Jonás? Si es así, ¿cuál habría
sido ese momento? Compara la situación de Judas con la de Jonás.
¿Cuál fue la diferencia crucial entre ambos?
2. ¿De qué modo la humanidad de Jonás debería
ayudarnos a comprender la humanidad de todos los profetas de Dios, incluyendo
a Elena de White?
RESUMEN
Dios procuró usar a Jonás a pesar de las fallas del profeta.