Lázaro y Simón

Por Roger Omanson

 

En el escogimiento del nombre de una persona intervienen muchos factores. Para unos es importante mantener una cierta tradición familiar. Para otros, el factor religioso juega un papel significativo. Algunas personas consideran decisiva la sonoridad de la palabra («es un nombre muy bonito»); y para otras, lo decisivo es el significado que tiene el nombre.
En este artículo sobre la conveniencia de traducir ciertos nombres del Antiguo Testamento en lugar de transliterarlos cuando su significado tiene importancia para comprender el sentido total del pasaje específico del que forman parte, examinamos la traducción de dos nombres del Nuevo Testamento: Lázaro (Lc 16.19-31) y Simón. A este último se le llama también «el cananista» (Mt 10.4; Mc 3.18) o «el celote» (Lc 6.15; Hch 1.13).

Lázaro
Muchos comentarios se refieren al hecho de que la parábola del rico y Lázaro es similar a un relato popular egipcio que influyó sobre cierto número de historias judías conocidas en tiempos de Jesús. G. B. Caird afirma que Jesús «estaba utilizando una historia popular conocida y adaptándola a un nuevo propósito por medio de un giro poco familiar al final del relato»; y William Manson escribe que «la historia no parece haber sido inventada ad hoc por Jesús».
Si Jesús conocía o no este relato popular no reviste importancia a propósito de este breve artículo sobre el nombre de Lázaro. Lo importante es el significado del nombre.
De acuerdo con Fitzmyer, el nombre Lázaro es «una forma helenizada y abreviada del hebreo o arameo ‘El`azar, conocido del Antiguo Testamento». Fitzmyer advierte que se trata de «un nombre que se ajusta al mendigo de esta parábola, quien no fue ayudado por otro ser humano, pero en su otra vida recibe el consuelo de Dios».
De acuerdo con A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature, editado por Bauer, Gingrich y Danker, el nombre la`azar, es una forma rabínica abreviada de ‘el`azar, que significa: «Aquel a quien Dios ayuda». Resulta interesante, y probablemente significativo, que aparte de Abraham en esta misma parábola, Lázaro sea el único personaje en las parábolas de Jesús a quien se le da un nombre. Quizás ello haya ocurrido para que el final de la parábola Abraham tuviera un nombre con el cual referirse a este pobre hombre. Pero es más probable que lo del nombre tenga un significado simbólico. Porque, como se pone en evidencia en la primera parte de la parábola, aunque el hombre rico no hizo nada por ayudar a Lázaro, ¡Dios lo hizo!
E. Erle Ellis considera como muy probable que el nombre haya sido escogido por su simbolismo, y Eduard Schweizer advierte que «el mendigo no es cualquiera; su nombre es una forma derivada de Eleazar, «ayudado por Dios»». Asumiendo que Ellis y Schweizer están en lo cierto cuando destacan el significado simbólico de este nombre, la simple transliteración en el texto de Lucas omite un elemento de significado que la parábola originalmente tenía.
Aunque Lucas explica a sus lectores en otros lugares de sus escritos los significados de los nombres semitas de Tabita (Hch 9.36) y Elimas (Hch 13.8), sus lectores gentiles probablemente no captaron este significado simbólico del nombre Lázaro, lo cual no es razón para que en las traducciones actuales no se intente preservar ese significado.
Una manera de lograrlo sería traducir el nombre Lázaro como: Aquel a quien Dios ayuda. Otra posibilidad sería poner una explicación en una nota al pie o en una entrada del glosario o índice temático que se incluya con la edición del texto. Una tercera opción, que yo recomiendo, es incluir este significado simbólico en el encabezamiento de sección que los traductores añaden a esta parábola. Muchos traductores utilizan el muy simple y poco imaginativo subtítulo «El hombre rico y Lázaro».
Un traductor de Sierra Leona, Africa Occidental, cuando se enteró del significado del nombre Lázaro, decidió que ese encabezamiento de sección sería realmente un buen lugar para indicarlo, y así preservar para el lector el simbolismo que probablemente Jesús quería trasmitir. Ese traductor escribió lo siguiente como título de sección de la parábola: «El hombre rico y Lázaro (cuyo nombre significa «Aquel a quien Dios ayuda»)».

Simón el cananista
En un útil artículo titulado «Dealing with Proper Nouns in Translation» («El tratamiento de los nombres propios en la traducción»), publicado en el número de abril de l986 de The Bible Translator, Jill Smith analiza la traducción de «Simón el cananista» (Mt 10.4; Mc.318) y «Simón el celote» (Lc 6.15; Hch 1.13).
Ella observa correctamente que la descripción de Simón como cananista no debe ser confundida con el término «cananeo», que alude a una persona de la tierra de Canaán. Sin embargo, esta es precisamente la confusión de que muchos lectores son víctimas, incluyendo algunos pastores educados en seminarios e institutos bíblicos. Marcos y Mateo utilizan la palabra aramea qan’ana, mientras que Lucas emplea la traducción griega de ese vocablo arameo.
Smith indica varias formas de enfrentar la traducción de los términos «cananista» y «celote»: (1) Transliterar los vocablos griego y arameo y colocar la explicación en una nota al pie (como lo hace The New Jerusalem Bible) o en un glosario (como en la Versión Popular y en Good News Bible [GNB]); (2) Traducir los vocablos, utilizando algún equivalente genérico, como «el fanático», (tal cual hace la Nueva Biblia ; (3) Transliterar los dos vocablos y poner una explicación entre paréntesis en el texto de los evangelios a continuación de las transliteraciones; (4) Utilizar (quizás) una frase más larga para traducir estos términos. Smith prefiere el primer método y parece rechazar las otras cuatro soluciones porque ello requeriría la utilización de frases demasiado extensas.
En mi trabajo con traductores de África Occidental y América del Sur he estado recomendando el cuarto método. Mis razones son las siguientes:
(1) Mi experiencia indica que cuando se translitera «cananista», la gente tiende a pensar que se trata de una designación geográfica, y deduce que Simón era de la ciudad de Caná o de la región de Canaán. ¿Por qué los lectores irían a buscar en una nota al pie o en un glosario la explicación de algo que creen haber ya comprendido? Cuando se translitera la palabra «celote» al inglés, al francés o al castellano, esta no tiene por lo regular significado en el lenguaje receptor, a diferencia de «cananista», que a menudo evoca un significado, aun cuando sea equivocado.
(2) En muchos proyectos en los cuales trabajo no se están usando notas al pie. Si deberían incluirse es otro asunto. El hecho es que en muchos no se incluyen.
(3) No hay que sentir vergüenza por utilizar una frase extensa para traducir una única palabra en la fuente textual (esto es, en hebreo o griego). Un ejemplo servirá para ilustrarlo. Mateo 23.5 dice que los escribas y fariseos «ensanchan sus filacterias». Algunos idiomas del Africa Occidental tienen una palabra para «filacterias», debido a que allí la influencia islámica es fuerte y la gente ve a los musulmanes que llevan las filacterias. Por otro lado, en la mayor parte de la América del Norte el lector promedio no distinguiría la diferencia entre «profiláctico» y «filacteria» (ambos vocablos comparten una misma raíz griega). GNB utiliza, por lo tanto, catorce palabras para traducir «filacteria». La traducción castellana sería: «Tiras que se sujetaban en la frente y los brazos y que contenían pasajes de la Escritura». La versión popular Dios Habla Hoy y la versión en Français Courant emplean también muchas palabras en castellano y francés, respectivamente, para traducir esta única palabra griega.
Sugerencia para traducir «cananista» y «celote»
Recientemente, cuando me encontraba trabajando con un traductor chorote en el norte de Argentina, el misionero que actuaba como consejero en la interpretación del texto bíblico sugirió que la expresión «el nacionalista» quizás fuera una mejor traducción de estas palabras que «el patriota». De hecho, William Barclay tradujo así estas dos palabras al inglés. Pero esa sugerencia tampoco le fue de mucha ayuda al traductor chorote. Por último, llegamos al siguiente acuerdo: «Simón, uno que luchó contra los romanos, quienes se habían hecho jefes de los judíos».
Esta traducción evita sugerir que los celotes existían como un grupo organizado en tiempos de Jesús. La primera edición del Nuevo Testamento al habla castellana común, la Versión Popular, tradujo las palabras «cananista» y «celote» como miembro del partido cananista, traducción que sugiere, de forma probablemente incorrecta, que los celotes existían como grupo o partido organizado en tiempos de Jesús. Richard Horsley ha argumentado recientemente que los celotes emergieron como un grupo identificable solo durante la revuelta contra Roma, cuando una agrupación de campesinos se transformó en varios grupos de bandidos. Pheme Perkins identifica a un celote como una «persona opuesta a la ocupación romana de Palestina iniciada en el 63 a.C.».
Al contrario de Horsley, Perkins reclama que este «partido nacionalista» surgió antes de la revuelta contra Roma; pero de acuerdo con los más recientes estudios, y en oposición a la opinión erudita anterior del presente siglo, ella fija la fecha de la formación de los celotes como un partido organizado en los diez años que precedieron a la revuelta, y no a comienzos del primer siglo.
Tiene más importancia para los traductores la sugerencia de que Simón era un celote «en el más antiguo sentido de la palabra», es decir, una persona devota de la ley, alguien «celoso» de las «cosas de Dios». Ella argumenta que como el mismo Jesús no parece haber sido un celote y no estaba dispuesto a identificarse con esa forma de resistencia (véase Mc 12.17), entonces Simón no era probablemente un celote político. Aunque quizás Perkins esté en lo cierto, su primera sugerencia no exige necesariamente una conclusión como la suya.
Louw y Nida, correctamente, nos ponen en guardia contra el intento de traducir estas palabras como «un insurrecto armado» o «un guerrillero», ya que Simón puede haber sido simplemente alguien que celosamente defendía la independencia nacional. Con esta advertencia en mente, quizás las palabras «peleó contra los romanos», sugeridas arriba, deban ser sustituidas por «opuesto a los romanos» o que «estaba contra los romanos, quienes se habían hecho jefes de los judíos».
La traducción chorote nos lleva más cerca del significado correcto que la simple transliteración de las palabras aramea y griega qan’ana y zelote y, así espero, coloca el versículo en su contexto histórico. ¿Qué es una paráfrasis demasiado larga? No, si una traducción se hace para «permitir a los receptores traspasar las barreras de lenguaje y cultura a fin de comprender, tanto como sea posible, todas las implicaciones de la comunicación original»; esto es, para poner a los lectores o escuchas en condiciones de comprender, hasta donde se pueda, el significado primero.
Sumario
Como en la actualidad muchas traducciones utilizan subtítulos, los traductores deben considerar la posibilidad de transliterar el nombre Lázaro en el texto de Lc 16.19-31 y explicar su significado en el encabezamiento de sección que corresponda a esa parábola. No importa si esto hace que dicho encabezamiento llegue a tener dos o tres líneas. Varias traducciones en idiomas «mayores» (tales como El Libro del Pueblo de Dios y la Biblia de Jerusalén, en castellano, y la traducción ecuménica conocida como TOB, en francés) emplean ocasionalmente extensos subtítulos de sección.
Como las palabras «cananista» y «celote» no encierran significado alguno o tienen, posiblemente, un significado incorrecto para muchos lectores, estos términos deben traducirse con una frase que comunique lo que realmente quieren decir.
[El presente estudio bíblico fue publicado por primera vez en la revista Traducción de la Biblia, de las Sociedades Bíblicas Unidas, en el Volumen 5, número 1 de 1995]