La Interpretación Apocalíptica.
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Dr. Alberto Treiyer
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Teólogo
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Los problemas que encontramos en el Nuevo
Testamento con respecto al verdadero Mesías o Cristo prometido, tuvieron
que ver con la identificación del Mesías, no con el escepticismo
moderno que niega que se haya tratado de profecías reales.
Para cumplir con el mandato evangélico de predicar el mensaje a todo
el mundo, los primeros cristianos recurrieron a las profecías de Daniel
para probar la autenticidad de la Palabra de Dios. Con el propósito de
debilitar su mensaje, Celso, Porfirio y otros sabios paganos declararon que
las profecías de Daniel fueron escritas por otro autor que, en el S.
II antes de Cristo, usó su nombre para hacer creer que sus visiones eran
una profecía. Las visiones del presunto Daniel, por consiguiente, eran
una "vaticinia post-eventum", es decir, una fábula escrita
después que los hechos se dieron. Los así llamados "padres"
del segundo y tercer siglos fueron llamados "apologistas", porque
tuvieron que defender la fe cristiana de todos esos ataques paganos.
Tanto los judíos como los cristianos
(los así llamados padres y doctores de la iglesia en los primeros siglos),
entendieron que el cuarto imperio anunciado por Daniel era el de Roma. De manera
que no solamente esperaban su derrumbe, sino también la venida del anticristo
que sucedería a los césares o emperadores (la única excepción
fue Agustín de Hipona, por creer que el milenio había comenzado
con el triunfo del cristianismo sobre el paganismo).
Esto continuó así durante
toda la Edad Media, pero en forma retrospectiva. En lugar de esperar el anticristo
para el futuro, fueron identificando cada vez más al anticristo en el
levantamiento del papado romano, hasta pasar a ser esa la interpretación
dominante de todos los movimientos religiosos opuestos a Roma, ya desde mucho
antes de la Reforma del S. XVI.
Para desviar el golpe, J. Henten primero en 1547, y luego el jesuita Luis de
Alcázar en 1614, fundaron la interpretación preterista aduciendo
que el anticristo fue Nerón que había sido prefigurado en la historia
de Antíoco Epífanes (gobernador griego seléucida que profanó
el atrio del templo de Jerusalén a mediados del S. II AC). Notemos que
lo que estos autores hicieron fue, en realidad, retomar la crítica pagana
contra los cristianos de los primeros siglos, para negar el cumplimiento de
la profecía que se refería a sus días).
Dándose cuenta de que el preterismo
jamás iba a poder explicar todo el cúmulo de profecías
bíblicas, otro jesuita español, Francisco Rivera (1590) fundó
el futurismo, que consiste en posponer toda profecía histórica
hacia el futuro. En realidad, ya Tomás de Aquino, el forjador de la teología
católica del segundo milenio, había sugerido que el anticristo
vendría en el futuro, y reinaría por tres años y medio
literales.
Con el racionalismo de los S. XIX y XX,
y el escepticismo típico que se originó con la Revolución
Francesa, comenzó a negarse la posibilidad de toda profecía bíblica
y a adoptarse el preterismo también dentro del protestantismo y, en general,
en toda la cristiandad.
Con el existencialismo del S. XX, y el sentimentalismo
que se originó con el cansancio de los razonamientos intrincados de los
eruditos escépticos, volvió a ponerse el énfasis en el
futurismo. Todo lo sensacional, que apelase a los sentidos y extasiase la imaginación,
comenzaría a tener lugar aún con respecto a las profecías.
Siendo que el futuro no cumplido da más posibilidades para este campo
de acción, se fue perdiendo interés en el cumplimiento histórico
de las profecías bíblicas, para proyectarlas a un futuro mediato
o inminente, según la imaginación del autor.
Hoy muchos autores combinan el preterismo
con el futurismo, debido a que captan que ni el uno ni el otro pueden aprobar
un examen serio de las profecías apocalípticas. Pero al quitar
la espina dorsal que une los dos polos (el pasado y el futuro), revelan el mismo
escepticismo de siempre. Al hombre moderno le cuesta encontrar un punto fijo
por el cual decir: "Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros"
(Luc 4:21).
Una nueva escuela de interpretación
que deja de preocuparse por ubicar en el tiempo las profecías de la Biblia,
se ha denominado como "idealista". Su único objetivo es tratar
de extraer el mensaje que el apóstol trata de dar, sin importarle el
contenido histórico futuro al que se dirije. Nos preguntamos si las palabras
con las cuales Juan concluyó el Apocalipsis no se aplican indirectamente
a ellos también, cuando dijo: "A todo el que escuche las palabras
del mensaje profético de este libro le advierto esto...: si alguno quita
palabras de este libro de profecía, Dios le quitará su parte del
árbol de la vida y de la ciudad santa, descritos en este libro"
(Apoc 22:18-19).
Al comenzar el S. XXI, los adventistas son
prácticamente los únicos que se atienen todavía al método
historicista. No podemos negar que haya incursiones preteristas, futuristas
e idealistas en nuestro medio, debido a que las semillas del escepticismo moderno
de las que está impregnada la literatura religiosa fuera de nuestra iglesia,
no dejan de ejercer su poder mágico en algunos de nuestros hermanos.
¿En qué
consiste el método historicista?
En ver toda una secuencia profética, ininterrumpida, desde los días de los escritores bíblicos hasta el fin del mundo. En el caso del cristianismo, este principio consiste en creer realmente en las palabras que Jesús dejó al irse al cielo: "He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mat 28:20). Jesús no estuvo solamente con los discípulos en el primer siglo. No estará únicamente con sus discípulos en el fin del mundo, sino también en toda la etapa intermedia. Esto lo demostró especialmente en el Apocalipsis en el mensaje de las siete iglesias (número que indica algo completo y que, como en las siete fiestas de Israel que abarcaban el período completo del año litúrgico, comprenden en el caso del Apocalipsis un mensaje simbólico que abarca toda la dispensación cristiana).
Así como Jesús anunció para el futuro la "abominación asoladora" de la que había hablado el profeta Daniel (Dan 9:27; 11:31; 12:11; Mat 24;15: ubicado por los autores modernos en el pasado macabeo del S. II AC), también anunció los 1260 días-años para el futuro mediante Juan en el Apocalipsis (Dan 7:25; 12:7-9; Apoc 11:2-3; 12:6,14; 13:5: infructuosamente ligados para el pasado macabeo por los preteristas de hoy).
Conclusión.
Dios quiere que sepamos que Jesús es el mismo "ayer, hoy y por los
siglos", y que estará con su pueblo hasta el fin. Quiere que confiemos
en sus promesas, mostrándonos que así como cumplió las
que tenían que ver con el pasado, cumplirá también las
que faltan. En especial en la época final en la que vivimos, quiere que
prediquemos convencidos y convertidos, el mensaje del pronto regreso el Señor.
A un mundo que duda o divaga fantasiosamente con sueños irreales, quiere
que le hagamos ver el gran plan de salvación, el propósito divino
en la historia humana, y el desarrollo final del conflicto que terminará
para siempre con este mundo de maldad.