El pacto con Abrahán

Cuando vino la palabra de Dios a Abrahán en Ur de los Caldeos, para que fuera a un lugar que él le mostraría, Abrahán no tenía idea hacia dónde iría (Heb. 11:8,9). Él no tenía acceso a un agente de viajes que le consiguiera un vuelo. No podía tener acceso a Internet para tener una galería de fotos de la tierra de Canaán. Sin embargo, como veremos, el pacto abrahánico fue un pacto de gracia y de salvación. Dios lo inició por su amor generoso (Gén. 12:1,2; 15:7, 18; 17:1, 2, 7). Él se reveló a Abrahán repetidamente como Yahweh (Gén. 12:1; 15:7). Le dijo: "Yo soy tu escudo" (Gén. 15:1), y "Yo soy el Dios Todopoderoso" (Gén. 17:1). Esto llega a ser más significativo al comprender de dónde vino Abrahán y el tiempo en el que vivió!

Durante la primera parte del tercer milenio a.C., la ciudad de Ur era la capital de un vasto imperio. Durante el reinado de Ur-nammu, la ciudad experimentó una especie de renacimiento. Las excavaciones hechas por los británicos revelaron maravillas arquitectónicas increíbles tales como el ziggurat, una torre-templo que llegaba hasta el cielo. El cementerio real proporcionó la clase de riqueza que todo arqueólogo sólo sueña con encontrar} ¿Por qué llamaría Dios a Abrahán para que saliera de una ciudad tan espléndida y opulenta? Ciertamente, Abrahán no lo sabía. Todo lo que tenía era la promesa de Dios. Era importante que Abrahán primero conociera quién era Dios.

EL DIOS DEL PACTO ABRAHÁNICO

Dios se ocupó de un acto de identificación propia en su conversación con Abrahán, registrada en Génesis 15:7: "Yo soy Jehová", un nombre propio o personal de Dios. Otro nombre, Elohim, es el nombre genérico para Dios, en contraste con el nombre personal de Yahweh o Jehová.

La identificación de Yahweh como el que sacó a Abrahán de Ur (Gén. 15:7), alude a la iniciación del pacto de Dios con Abrahán registrado en Génesis 12:1 al 3. Dios hizo un pacto en tres etapas con Abrahán. La primera aparece en Génesis 12:1 al 3; la segunda, en Génesis 15:1 al 21; Y la tercera, en Génesis 17: 1 al 14. La información cronológica en la narración revela que Dios se ocupó de este proceso de hacer un pacto con Abrahán durante un período de veinticuatro años.

No se puede establecer fácilmente el significado exacto del nombre Yahweh. Se han escrito libros enteros sobre el tema? Pero en Éxodo 3:14 Dios mismo explica que este nombre significa: "YO SOY EL QUE SOY". Esta frase distintiva expresa la realidad de la existencia incondicional de Dios y su soberanía sobre el pasado, el presente y el futuro. En él reside la iniciativa de la creación como también de la salvación, y además del control último sobre el presente y el futuro.

Cuando Abrahán tuvo noventa y nueve años de edad, Yahweh se le apareció otra vez y se presentó con la identificación propia de "el Dios Todopoderoso" (Gén. 17:1). Esta designación (o sencillamente, "el Todopoderoso") se encuentra principalmente en dos libros del Antiguo Testamento: Génesis y Job.

La designación "Dios Todopoderoso" es la traducción del hebreo El-Shaddai. El es el nombre genérico semítico para la deidad, y se usa en la mayor parte del Antiguo Testamento como un sinónimo de Yahweh. Ejemplos de este uso aparecen en Números 23:8, 19,22,23; 24:4,8, 16, 23; Salmos 16:1, 2; 17:1,6; 85:8; Isaías 40:18; 42:5. El origen y significado exactos del nombre Shaddai no son claros. La traducción "El Todopoderoso" en la versión Reina Valera, como también en otras, parece bastante correcta (comparar Isa. 13:6; Joel 1:15). El énfasis en el "poder" de Dios frente a la fragilidad humana es admirablemente adecuado en la experiencia de Abrahán.

Dios le había prometido un hijo a Abrahán casi un cuarto de siglo antes de los eventos registrados en Génesis 17. Pero cuando él y Sara todavía no tenían un hijo después de diez años, Abrahán tomó las cosas en sus manos, se casó con la sierva de su esposa, Agar, y engendró a Ismael. Casi una década y media más tarde, cuando Abrahán había alcanzado la avanzada edad de noventa y nueve años, Dios reafirmó su pacto y le anunció que sería establecido con el nacimiento de un hijo, Isaac, que nacería en el espacio de un año (Gén. 17:21). En este punto crítico Dios se presentó a Abrahán como El "Dios Todopoderoso" para quien nada es imposible. Hombres y mujeres apremiados, con una fe vacilante como la de Abrahán, pueden tener la certeza plena de que el Dios del pacto es realmente un "Dios Todopoderoso", que realiza el cumplimiento de las promesas de su pacto en su momento y sin la ayuda humana. Dios puede realizar en cualquier momento lo que él promete.

ABRAHAN, PARTICIPE EN EL PACTO DIVINO

La elección que hizo Dios de Abrahán no estaba basada en una superioridad inherente que demandaba una recompensa. Ciertamente Abrahán fue "fiel entre los fieles, incorrupto en medio de la prevaleciente apostasía, se mantuvo firme en la adoración del único Dios verdadero". Pero su fidelidad no debe ser considerada como un mérito que le ganó el derecho a ser escogido por Dios. La elección de Dios siempre está basada en el amor, la gracia y la misericordia de Dios (Deut. 7:6,11).

El registro bíblico de la experiencia de Abrahán revela una cantidad de acciones totalmente indignas de quien fue escogido para llegar a ser partícipe en el pacto de Dios (comparar Génesis 12:10,20; 16:1,16; 20:1,18). Sin embargo, la peregrinación de Abrahán revela un crecimiento constante y un progreso que alcanzó las alturas de la fe, virtualmente sin paralelo en la historia humana (Gén. 18:22,33; 22:1-14).

Al concluir el proceso de hacer el pacto, Abrahán recibió un nombre nuevo: de Abram que significa "el padre es exaltado", a Abrahán, "el padre de una multitud". Fue la primera persona mencionada en la Biblia a quien Dios le dio un nombre nuevo. El nuevo nombre indicaba que la nueva relación del pacto fue sellada, y la promesa divina asegurada: "Porque te he confirmado como padre de una multitud de naciones" (Gén. 17:5, NVI).

Al llamar a Abrahán para que saliera de Ur, Dios no sólo cumplía su promesa a Abrahán de que sería padre de una multitud de naciones, sino ponía a Abrahán en una ubicación donde este nuevo pueblo podía producir el máximo de impacto. Como un puente entre los imperios, Canaán era la elección geográfica natural para el pueblo de Dios. Desde Canaán podían interactuar con los egipcios, las diversas naciones cananeas -Amón, Moab, Edom- y los reinos de la Mesopotamia hacia el este. Pero tal vez hubo una razón más personal por la que Dios llamó a Abrahán y a su familia a salir de Ur en ese momento. Poco sabía Abrahán que cuando dejaba Ur al final del tercer milenio a.C., su prominencia como capital de un imperio floreciente sería de corta duración. El 111 período de Ur terminó en 2004/3 a.C., cuando la ciudad fue destruida por los elamitas. Pareciera que Dios no sólo deseaba establecer una gran nación mediante la descendencia de Abrahán, sino que personalmente procuró sacar a Abrahán de una ciudad que pronto encontraría su destrucción.

¿PACTO CONDICIONAL O INCONDICIONAL?

Si el pacto abrahánico fue condicional o incondicional es un asunto de acalorados debates entre los cristianos de hoy. Una línea de interpretación teológica, designada como "dispensacionalismo", pone un énfasis considerable sobre la supuesta incondicionalidad del pacto abrahánico. La Nueva Biblia de Scofield sugiere que el pacto abrahánico revela el propósito soberano de Dios de cumplir por medio de Abrahán su programa para Israel, y de proveer un Salvador para todos los que creen. Además, afirma que el cumplimiento final depende de la promesa divina y el poder de Dios, en vez de depender de la fidelidad humana.

Los intérpretes dispensacionalistas argumentan que así como las promesas al Israel físico fueron incondicionales, también lo son las promesas a las familias de la tierra que serán benditas en Abrahán. La Nueva Biblia de Scofield afirma que "el nuevo pacto [en el cual participan los gentiles]... asegura la bienaventuranza eterna, bajo el pacto abrahánico, a todos los que creen. Es absolutamente incondicional y, siendo que la responsabilidad no fue entregada al hombre, es final e irreversible".7 Basados en esta interpretación del pacto hecho con Abrahán, muchos cristianos actuales pretenden que el Estado de Israel, formado en 1948 cumple la promesa de Dios hecha a Abrahán en Génesis 12:1 al 13 y pasajes sucesivos. Por lo tanto, también creen que el Estado de Israel desempeñará un papel importante como nación en la obra final de Dios sobre la tierra.

Por otro lado, muchos otros cristianos han encontrado dificultades importantes con la interpretación del pacto abrahánico como un pacto incondicional.8 En el libro Patriarcas y profetas, Elena G. de White nota que "por este tito [la circuncisión] se comprometían [los descendientes de Abrahán] a cumplir, por su parte, las condiciones del pacto hecho con Abrahán".
El libro de Génesis proporciona evidencias para sostener este concepto. En una afirmación explícita, Dios encarga a Abrahán y a su simiente después de él a "guardar" (en hebreo samar) el pacto que Dios hizo con ellos (Gén. 17:9). La misma palabra se usa en el Antiguo Testamento para guardar los pactos sucesivos. Por ejemplo, el pacto que Dios hizo con Moisés, reconocido por todos como un pacto condicional, debía ser "guardado" (Deut. 29:9). El mismo término guardar aparece más de treinta veces en el libro de Deuteronomio para observar los mandamientos (ver, por ejemplo, Deut. 4:2). En diversas partes de las Esctituras, también se emplea específicamente para guardar el sábado (Éxo. 31:13, 14, 16; Deut. 5:12; etc.) así como también ciertas fiestas (Éxo. 13:10; 23:15; 34:18).

En el mismo capítulo del Génesis, también encontramos que el pacto abrahánico puede, de hecho, "ser violado" (hebreo, parar; Gén. 17:14). Es notable que esta misma palabra hebrea aparece con frecuencia, exactamente veintidós veces, en el Antiguo Testamento como un término típico para la idea de quebrantar o invalidar el pacto (Lev. 26:15; Deut. 31:16, 20; Isa. 24:5; etc.). Evidentemente, el pacto con Abrahán, de acuerdo con este capítulo sobre el pacto temprano en la historia de Abrahán, podía ser guardado o quebrantado por los participantes humanos, haciendo que el pacto fuera un pacto condicional.

Otras afirmaciones explícitas en el Génesis también indican que el pacto abrahánico es condicional por cuanto requería que la persona con quien se hacía debía ser fiel a Dios. Génesis 18:18, 19, afirma: " Abrahán se convertirá en una nación grande y poderosa, y en él serán bendecidas todas las naciones de la tierra. Yo lo he elegido para que instruya a sus hijos y a su familia y a su casa, a fin de que se mantengan en el camino del SEÑOR y pongan en práctica lo que es justo y recto. Así el SEÑOR cumplirá lo que le ha prometido" (NVI). Abrahán debía enseñar a su familia los caminos de Dios, de modo que cuando él muriera, sus descendientes vivirían como él había vivido. Los descendientes de Abrahán debían también "mantenerse en el camino del Señor" con el fin de que Dios cumpliera "lo que le ha prometido" [a Abrahán].

La respuesta de fe de Abrahán se observa en su obediencia a las instrucciones de Dios, notablemente en su disposición de sacrificar a Isaac, una actitud sumisa que mantiene efectiva la promesa. Un estudio de Génesis 22:16 al 18 es especialmente importante en relación con esto. Abrahán llega a ser el modelo de todos los que son justificados por la fe (Gén. 15:6; ver Rom. 4), y demuestra que la fe justificadora siempre está acompañada por la obediencia a la ley de Dios (Gén. 26:5).

LA CIRCUNCISIÓN, SEÑAL DEL PACTO

Así como el pacto con Noé fue acompañado por una señal, también lo fue el pacto abrahánico. La señal del pacto de Dios con Abrahán fue la circuncisión. Dios la llama "señal del pacto entre mí y vosotros" (Gén.17:11).

Esta señal del pacto comunicaba varias verdades importantes. Primera, distinguía a los descendientes de Abrahán de los gentiles (Efe. 2: 11). Segunda, perpetuaba la memoria del pacto de Dios (Gén 17:11) y simbolizaba una circuncisión del corazón. Tercera, fomentaba el cultivo de la pureza moral (Deut. 10:16; Rom. 2:29). Cuarta, representaba la justicia que es por la fe (Rom. 4:11). Quinta, prefiguraba la ordenanza cristiana del bautismo (Col. 2:11, 12).

Hace unos pocos años un inmigrante de dieciocho años de edad fue al estado moderno de Israel. Por cuanto su madre era judía, tenía derecho a la ciudadanía. Como parte del proceso de llegar a ser ciudadano de Israel, por ley se le exigía circuncidarse, ¡una perspectiva dolorosa para un adulto! Algunos se preguntan si la circuncisión es todavía una señal válida para el pueblo de Dios. Seria mejor responder a esta pregunta desde el punto de vista del Nuevo Testamento. El apóstol Pablo define la circuncisión del siguiente modo: "la circuncisión es la del corazón, la que realiza el Espíritu, no el mandamiento escrito" (Rom. 2:29, NVI). El Nuevo Testamento insiste que para el creyente, ni la circuncisión física ni la incircuncisión tiene valor alguno (1 Coro 7:19). Sin embargo, enfatiza que "la fe que obra por el amor" (Gál. 5:6), llegar a ser "una nueva creación" (Gál. 6:15) y "el guardar los mandamientos de Dios" (1 Coro 7:19) siguen teniendo importancia hoy en día.