El Purgatorio
El catolicismo enseña que aunque la muerte de Cristo hizo posible que
los pecados fuesen perdonados, el pecador perdonado debe sufrir algún
dolor o tormento de intensidad y duración desconocidas a fin de ser purificado
y, por consiguiente, hecho apto para el cielo. Mientras el catolicismo dice
que es teóricamente posible ser limpiado mediante los sufrimientos de
esta vida y la muerte personal, ninguno, ni siquiera el papa mismo, puede saber
si es que tal cosa ha ocurrido. En consecuencia, casi todos los católicos
esperan pasar algún tiempo de duración desconocida en el purgatorio.
El no aceptar la doctrina del purgatorio trae la excomunión automática
de la Iglesia Católica Romana.
Tanto el Concilio de Trento como el Segundo Concilio Vaticano hablan de los
que, a pesar de que Cristo sufrió por sus pecados, "todavía
deben hacer expiación [por sus pecados] en el fuego del purgatorio".
Aquí se da más explicación de esta doctrina por el Segundo
Concilio Vaticano:
La doctrina del purgatorio demuestra con claridad que aun cuando la culpa del
pecado ha sido eliminada, la pena de ella o las consecuencias de la misma pueden
continuar para ser expiadas o limpiadas... En el purgatorio las almas de los
que han muerto en la caridad de Dios y se han arrepentido verdaderamente, pero
que no habían hecho satisfacción con la penitencia adecuada por
sus pecados y omisiones, son limpiadas después de la muerte con castigos
designados para purificar la deuda. (Austin Flannery, Apostolic Constitution
on the Revision Indulgences, tomo 1, pág. 63)
¿Qué es "penitencia adecuada"? Nadie lo sabe. La Iglesia
jamás la ha definido. ¿Dónde dice la Biblia que el castigo
purifica del pecado? No lo dice.
Una doctrina imposible
La doctrina del purgatorio tergiversa tanto la lógica como la Escritura.
Romanos 6:23 dice: "Porque la paga del pecado es muerte [i. e., separación
eterna de Dios]", no un tiempo limitado en el purgatorio. Estaríamos
perdidos para siempre si no fuera por el sacrificio de Cristo por nuestros pecados.
Tampoco el pecado es de tal composición o calidad que alguna clase de
sufrimiento pudiera purificarlo del corazón y el alma. El pecado es parte
de la naturaleza misma de la humanidad. El sufrimiento podría, por cierto,
alterar la actitud del individuo momentáneamente, pero una vez que el
dolor ha pasado, las viejas tendencias vuelven de nuevo porque el corazón
no ha sido cambiado. Se necesita un milagro de Dios para purificar al alma de
pecado -un milagro que debe dejar intacto el poder de elección del hombre
y satisfacer las demandas de la justicia infinita de Dios.
La Biblia declara inequívocamente de que sólo hay una forma en
que el alma puede ser limpiada: mediante la sangre de Cristo vertida en la cruz
en pago por el pecado, y por un nuevo nacimiento del Espíritu de Dios
en el alma del individuo mediante la fe en Cristo y su obra redentora consumada.
Por lo tanto, sobre estos dos factores, la doctrina de los sufrimientos purgatoriales
es falsa: 1) Es imposible que el sufrimiento limpie el corazón de pecado;
y 2) No es necesario que el pecador perdonado sufra por su pecado porque Cristo
ya ha pagado la pena total exigida por la justicia de Dios. Una persona puede
ser limpiada sobre esa base solamente.
La Biblia declara que Cristo "habiendo efectuado la purificación
de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra
de la Majestad en las alturas" (Hebreos 1:4), indicando que la purificación
está terminada. Y de nuevo: "La sangre de Jesucristo su Hijo [de
Dios] nos limpia [purifica] de todo pecado" (1 Juan 1:7). La Escritura
es muy explícita en declarar que lo que nos purificó fue el derramamiento
de la sangre de Cristo en su muerte bajo el juicio de Dios. Además, "sin
derramamiento de sangre no se hace remisión [de pecado]" (Hebreos
9:22). No se dice que el purgatorio sea un lugar de derramamiento de sangre,
sino de "fuego purificador". La única purificación posible
de nuestros pecados fue lograda por Cristo; se la acepta sólo por fe;
se efectúa en el corazón solamente por la gracia de Dios.
Hay una razón más por qué el sufrimiento en la tierra
o en el purgatorio por el pecador mismo no puede purificar del pecado: El individuo
que hace el sacrificio por el pecado debe él mismo ser sin pecado. En
el Antiguo Testamento se nos dice sesenta y dos veces que los animales que se
ofrecían debían ser "sin defecto" (Éxodo 12:5;
29:1; Levítico 1:3; etc.). Estos eran "tipos" o símbolos
de Cristo, el "Cordero de Dios" sin pecado, santo, que "quita(ría)
el pecado del mundo" (Juan 1:29, 36). Por consiguiente, ninguna cantidad
de sufrimiento que el pecador experimente, aquí o en el purgatorio, podría
jamás purificarlo a él o algún otro del pecado. Sólo
un sacrificio sin pecado sería suficiente.
Con respecto a Cristo se nos dice: "[El] cual no hizo pecado (1 Pedro 2:22);
"Al que no conoció pecado" (2 Corintios 5:21); y "no hay
pecado en él" (1 Juan 3:5). La impecabilidad absoluta era esencial
o Cristo no podría haber muerto por nuestros pecados; él habría
estado bajo la pena de muerte por sus propios pecados. Por tanto, Pedro dijo
de Cristo que "el justo (sufrió] por [nosotros] los injustos, para
llevarnos a Dios" [i. e., al cielo, no al purgatorio]" (1 Pedro 3:18).
Añadió que los que carecen de esta seguridad se han olvidado de
que han recibido "la purificación de sus antiguos pecados"
(2 Pedro 1:9). Si hemos confiado en Cristo como nuestro Salvador, debemos aceptar
por fe el hecho de que Dios nos ha purificado por medio de la obra consumada
de Cristo.
Los orígenes, desarrollo y propósito de esta doctrina
La idea del purgatorio, un lugar ficticio de purificación final, fue
inventada por el papa Gregorio el Grande en el año 593. Había
tal renuencia en aceptar la idea (puesto que era contraria a la Escritura) que
el purgatorio no se hizo un dogma católico oficial por casi 850 años
-en el Concilio de Florencia en 1439. Ninguna doctrina ha aumentado tanto el
poder de la Iglesia sobre sus miembros ni añadido tanto a sus ingresos.
Hasta este día la amenaza del purgatorio cuelga sobre los católicos,
quienes por lo tanto dan ofrendas con frecuencia a la Iglesia por su ayuda en
sacarlos de ese lugar de tormento imaginario.
Roma promete que si se siguen sus decretos la persona finalmente será
librada del purgatorio y entrará al cielo. Sin embargo, la Iglesia jamás
ha podido definir por cuánto tiempo cualquier persona debe pasar en el
purgatorio, ni cuánto de ese tiempo se acorta por cualquier medio que
se ofrezca. Es una necedad extrema confiar la liberación del individuo
del purgatorio a una Iglesia que ni siquiera puede definir cuánto tiempo
la persona debe pasar allí por cada pecado, ni cuánto tiempo cada
ritual o acto de penitencia reduce el sufrimiento purgatorial. No obstante,
los católicos continúan dando ofrendas a la Iglesia, y grandes
sumas se dejan en testamentos (recuérdese a Enrique VIII) para hacer
que se oficien muchas misas en favor del difunto. Ese proceso nunca se detiene,
siempre se necesitan más misas, "por si acaso".
Concilio de Trento, el Segundo Concilio Vaticano, y el Código del Derecho
Canónico resultante, contienen muchas reglas complejas para aplicar los
méritos de los vivos, y especialmente las misas, a los difuntos en la
purificación de sus pecados y para reducir el tiempo en el purgatorio:
La Iglesia ofrece el Sacrificio Pascal por los difuntos a fin de que... los
muertos puedan ser ayudados por las oraciones y los vivos puedan ser consolados
por la esperanza.
Entre las misas por los difuntos, la Misa de Funeral es la que tiene el primer
lugar en importancia... Una misa por los difuntos puede celebrarse tan pronto
como se reciban las noticias de una muerte.., (Ibid; Pág. 205)
Uno de los principales promotores de esta doctrina horriblemente falsa pero
ingeniosamente lucrativa, fue un monje agustiniano de nombre Augostino Trionfo.
En su época (el siglo XIV) los papas gobernaban como monarcas absolutos,
tanto respecto al cielo como a la tierra. Mediante su poder de atar y desatar,
ellos no sólo establecían y deponían reyes y emperadores,
sino que se creía que podían, a discreción, abrir y cerrar
las puertas del cielo a la humanidad. El genio de Trionfo extendió esta
autoridad, por orden del papa Juan XXII, a un tercer reino. Von Dollinger explica:
Se había dicho que el poder del vicario de Dios se extendía sobre
dos reinos, el terrenal y el celestial... Desde fines del siglo XIII se añadió
un tercer reino, el imperio [gobierno] sobre el cual los teólogos de
la Curia habían asignado al papa - el purgatorio.(J.H. Ignaz von Dollinger,
The Pope and the Council, pág. 186-187)
Los problemas con el apoyo de 2 Macabeos
Gavin cuenta de cómo en sus días (a principios del siglo XVIII)
todavía se enseñaba comúnmente que había ocho niveles
en el purgatorio. Los pobres estaban en el nivel más bajo, donde el fuego
era más frío, con los reyes en los niveles más altos, donde
el fuego era más caliente. Se suponía que Dios en su bondad lo
había planeado de esa forma porque los reyes y nobles podían pagar
más a la Iglesia para hacer salir a sus almas mientras que los pobres
podían pagar poco. Cuenta de gente pobre que, cuando les decían
que un pariente que recién había muerto estaba entre los mendigos
en el purgatorio, juntaban a duras penas el dinero para que se oficiaran suficientes
misas a fin de que los movieran a un nivel más arriba. Aunque el tormento
sería mayor, la compañía sería mejor. Por lo tanto,
los sacerdotes cobraban dinero tanto para aumentar el tormento en el purgatorio
como para sacar a las pobres almas de allí.
Ni la palabra "purgatorio" misma ni la idea del purgatorio puede encontrarse
aunque sea una sola vez en toda la Biblia. Ni Jesús ni los apóstoles
sugirieron absolutamente nada al respecto. El apologista Karl Keatíng
admite que la doctrina "no está explícitamente establecida
en la Biblia".7 El único versículo que siempre citan en apoyo
del purgatorio viene de la Apócrifa:
"Idea santa y piadosa es orar por los muertos, para que puedan ser librados
de sus pecados" (2 Macabeos 12:46).
Hay tres problemas obvios con este versículo. Antes que nada, en la Biblia
no hay un sólo ejemplo de alguien que ora por los muertos. La Biblia
claramente afirma de que "está establecido para los hombres que
mueran una sola vez, y después de esto el juicio" (Hebreos 9:27).
Es demasiado tarde para orar después de la muerte; todo lo que sigue
es juicio. Por consiguiente, el versículo que citan contradice la Biblia.
Segundo, las personas de quienes se dijo esto habían sido culpables de
idolatría: "Y hallaron, bajo la túnica de cada uno de los
muertos, objetos consagrados a los ídolos de Jamnia, prohibidos por la
ley a los Judíos" (2 Macabeos 12:40). La idolatría era pecado
mortal y, según la doctrina católica, eso habría enviado
a esos hombres, no al purgatorio, sino al infierno, del cual nadie los puede
sacar. Por lo tanto, la idea de orar por ellos era una blasfemia y también
una pérdida de tiempo, y difícilmente podría considerarse
como una base para aceptar la doctrina del purgatorio.
Finalmente, el libro de Macabeos en sí mismo declara que no había
profetas en este tiempo y por lo tanto la inspiración de Dios había
cesado: "Hubo una opresión tal en Israel cual no se había
conocido desde que no había profeta" (1 Macabeos 9:27). Y de nuevo:
"Y que los judíos y los sacerdotes a una habían resuelto
que Simón fuese su caudillo y Sumo Sacerdote hasta la aparición
de un profeta acreditado" (1 Macabeos 14:41). Por consiguiente, los dos
libros de Macabeos, en el mejor de los casos, sólo pueden considerarse
como relatos históricos, pero no como Escritura, puesto que Dios no estaba
inspirando a ninguno entre su pueblo. Se hace evidente, entonces, de que uno
no puede dar apoyo a ninguna doctrina verdadera citando de esta fuente. ¡Con
razón que contradice la Biblia!
¿Y con respecto al sufrimiento de Pablo?
Los apologistas católicos procuran ser bíblicos basando la doctrina
de los sufrimientos purificadores en Colosenses 1:24, donde Pablo dice: "Ahora
me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de
las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia". Sin embargo,
el hecho de que los sufrimientos de Pablo no tenían nada que ver con
la purificación del pecado, el suyo propio o el de algún otro,
está claro por el hecho de que los sufrimientos de Cristo habían
terminado esa obra. Sólo un sacrificio sin pecado y el derramamiento
de sangre serían adecuados.
¿Qué dijo Pablo, entonces? En vez de sufrir para efectuar la purificación
de su alma o de algún otro, Pablo estaba sufriendo por amor a llevar
el evangelio a otros ("lo que padezco por vosotros"). Se refiere a
"todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán
persecución" (2 Timoteo 3:12). Jesús le dijo a sus discípulos
de que serían odiados y perseguidos por el mundo (Juan 15:18, 19). Hay
"el tropiezo de la cruz" (Gálatas 5:11), y Pablo dijo que debemos
estar dispuestos a "padecer persecución a causa de la cruz de Cristo"
(Gálatas 6:12).
No es que Pablo, al igual que Cristo, estaba sufriendo por los pecados a fin
de compensar por lo que faltaba de los sufrimientos de Cristo sobre la cruz,
puesto que allí no faltaba nada. El sufrimiento que Pablo toleró
y que todos los otros cristianos que son fieles al Señor deben tolerar,
viene porque nos identificamos con Cristo y vivimos vidas semejantes a Cristo
que condenan al mundo y revelan su maldad. Por consiguiente, el mundo nos odia
como odiaron a Cristo. En realidad, Cristo dijo que Pablo debía "padecer
por mi nombre" (Hechos 9:16). En Hechos 5:41 los discípulos se regocijaron
de "haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del nombre".
El sufrimiento que los verdaderos cristianos toleran es a manos de los que odian
al Señor y se ofenden por su cruz.
Filipenses 1:29 dice que es un privilegio sufrir debido al odio que el mundo
siente hacia Cristo: "Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo,
no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis
por él. Segunda Tesalonicenses 1:5 habla "del reino de Dios, por
el cual asimismo padecéis". Primera Timoteo 4:10 dice que nosotros
"trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente".
Pedro también se refirió al sufrimiento que viene a todo cristiano
que es fiel al Señor (1 Pedro 3:14,4:13,16). Muchos otros versículos
expresan la misma idea.
En Filipenses 3:10 Pablo expresa su pasión por conocer a Cristo "y
la participación de sus padecimientos", lo cual dice que le ayuda
a conformarse a la muerte y carácter de Cristo. Está claro que
Pablo se refería a los sufrimientos por amor de Cristo aquí en
la tierra a manos de pecadores, no al sufrimiento en un futuro purgatorio para
ser limpiado del pecado personal. En Romanos 8:18 Pablo escribe que "las
aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que
en nosotros ha de manifestarse". Aquí, por cierto, no hay idea de
purgatorio. Vamos de los sufrimientos de este mundo a la presencia y gloria
de Cristo y Dios.
Otros problemas serios con el purgatorio
La doctrina del purgatorio es errónea en un número de otras maneras.
Se olvida de que hemos ofendido la infinita justicia de Dios. Santiago dice
que aun el pecado más pequeño hace a un pecador "culpable
de [quebrantar] todos" los mandamientos (Santiago 2:10). ¿Por qué?
Porque cualquier pecado es rebelión contra Dios, lo cual separa al pecador
de Dios por la eternidad. En consecuencia, no hay escape del infierno, sino
que el pecador debe sufrir allí eternamente. Por lo tanto, es imposible
que la persona pueda "expiar" por sus pecados mediante el sufrimiento.
Por supuesto, en teoría Dios podría pagar la pena infinita exigida
por su justicia contra el pecado, pero eso no sería justo porque él
no es uno de nosotros. Por lo tanto. Dios se hizo hombre mediante el nacimiento
virginal. Al ser un hombre sin pecado y Dios infinito en una Persona, Cristo
pudo satisfacer lo que su propia justicia reclamaba a fin de que "todo
aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan
3:16). La única expiación del pecado viene como un don gratuito
de la gracia de Dios; cualquier esfuerzo por ganarla o merecerla constituye
un rechazo de la misericordia que Dios ofrece a indignos pecadores. Además,
la idea de que todavía queda alguna forma de sufrimiento que un cristiano
debe soportar en pago de sus pecados después que Cristo sufrió
la pena total y exclamó "Consumado es" (Juan 19:30), es una
negación blasfema de la redención que Cristo efectuó y
la salvación que él ofrece.
En la enseñanza del purgatorio vemos una vez más que el catolicismo
romano no acepta la salvación que Dios nos ofrece por su gracia, sino
que insiste en añadir obras humanas a lo que Cristo ya ha hecho. A pesar
de que el catolicismo sí afirma que la salvación finalmente es
por gracia mediante la fe, también declara que las buenas obras (aunque
por la gracia de Dios que opera en el individuo) son esenciales para la salvación.
Nuevamente citamos del Segundo Concilio Vaticano:
Desde los tiempos más antiguos en la Iglesia las buenas obras fueron
también ofrecidas a Dios para la salvación de pecadores... (por)
las oraciones y buenas obras de gente santa... el penitente era lavado, limpiado
y redimido...
Siguiendo los pasos de Cristo, los que creen en él siempre han... llevado
sus cruces para hacer expiación por sus propios pecados y los pecados
de otros... [para] ayudar a sus hermanos a obtener salvación de Dios...(Flannery,
op. Cit; tomo 1, pág 65, 68)
Una contradicción fatal
Sólo la sumisión ciega a la Iglesia impide que el adherente católico
romano vea que la doctrina del purgatorio contiene una contradicción
obvia y fatal. Por una parte, se nos dice que el sacrificio de Cristo no es
suficiente para llevar a uno al cielo, pero además de los sufrimientos
de Cristo en la cruz, el pecador perdonado debe personalmente sufrir tormento
para ser purificado de su pecado. Por la otra, sin embargo, y en contradicción
directa, se dice que la misa, la cual es la representación o renovación
perpetua del sacrificio de Cristo, reduce (por una cantidad desconocida) los
sufrimientos del individuo. Presuntamente, si se oficiaran suficientes misas
uno sería purificado por la expiación de todos los pecados sin
ningún sufrimiento en absoluto. Por consiguiente, después de todo,
uno no debe sufrir para ser purificado.
Si uno realmente tuviera que sufrir antes de que las puertas del cielo pudieran
abrirse, la Iglesia no tendría nada que ofrecer y perdería un
importante medio de ingreso. Lo mismo sería cierto si el sacrificio de
Cristo por el pecado, como la Biblia lo enseña, fuese suficiente para
purificar al pecador. Nuevamente, la Iglesia Católica iría a la
bancarrota. Por lo tanto, para que la Iglesia siga funcionando con sus cofres
llenos, se enseña que uno puede purificarse del pecado por ciertos medios
que la Iglesia le puede proveer, y que el sacrificio de Cristo en la cruz no
fue suficiente para purificar del pecado, por lo que a la misa, por la cual
la Iglesia recibe ingresos, se le puede acreditar la reducción del sufrimiento
en el purgatorio y la apertura de la puerta del cielo. ¡Es asombroso que
lo que el sufrimiento de Cristo en la cruz no pudo efectuar, las alegadas repeticiones
de ese sufrimiento representadas sobre los altares católicos pueden lograrlo!
Además, se dice que los sufrimientos de otros también reducen
el tiempo necesario para la purificación en el purgatorio. Por lo tanto,
las estigmas del Padre Pío y los sufrimientos de los "santos"
pueden lograr lo que el sacrificio de Cristo en la cruz no pudo. Aquí
está otra vez: "Siguiendo los pasos de Cristo, los que creen en
él siempre han... llevado sus cruces para hacer expiación por
sus propios pecados y los pecados de otros". ¡La cruz de Cristo sólo
pudo perdonar pero no pudo purificar el pecado; no obstante, las cruces llevadas
por otros pueden purificar el pecado y, por lo tanto, pueden hacer más
que la cruz de Cristo!
No cabe duda de que la doctrina del purgatorio contiene una contradicción
fatal. Declara que uno debe sufrir a fin de ser purificado de los pecados personales;
sin embargo, al mismo tiempo, dice que uno no necesita sufrir si se siguen ciertas
reglas. El medio más importante de escaparse del sufrimiento es mediante
la repetición de la misa, pero hay muchos otros. La reducción
o eliminación del sufrimiento en el purgatorio también es efectuado
por las tk indulgencias".