Responsabilidad del Sacerdote
En los primeros tiempos, antes que hubiera
un sacerdocio organizado, ciertas personas, como Caín y Abel (Gn, 4:3-5),
ofrecían sacrificios y ejercían las funciones esenciales de un
sacerdote (cf Ex. 19:21,22). Aun después de la organización de
un sacerdocio regular, ciertos individuos ofrecían sacrificios en circunstancias
especiales (Jue. 6:18, 24, 26; 13:16). Durante toda la dispensación patriarcal
el jefe de la familia o de la tribu se desempeñaba generalmente como
sacerdote. Por eso Noé (Gn. 8:20), Abrahán (22:13), Jacob (35:3)
y Job (Job 1:5) sirvieron como sacerdotes de sus respectivas familias.
Al establecerse la teocracia en el Sinaí,
y al erigirse el tabernáculo, Dios encomendó a la tribu de Leví
que se encargara de sus sagrados ritos en lugar de los primogénitos o
los jefes de las familias (Nm. 3:6-13). Se escogió a la tribu de Leví
por la lealtad que manifestó en ocasión de la adoración
del becerro de oro (Ex. 32:26-29). Se separó a Aarón y a sus hijos
para el oficio sacerdotal, y desde ese momento sólo ellos desempeñarían
tal cargo (Nm. 3: 10). El sacerdocio era hereditario en el caso de su familia
(Ex. 28:1; 40:12-15; Nm. 16:40; 17; 18:1-8), de modo que cada descendiente suyo
de sexo masculino tenía el derecho a ser sacerdote, a menos que tuviera
un defecto físico (Lv. 21:17-21) o estuviera temporariamente "impuro"
(22:3). Según Lv. 21:10; Nm. 35:25,28, etc., por su oficio, Aarón
era "sumo sacerdote" y sacerdote "ungido" (Lv. 4:3,5,16).
Como "el sacerdote" vitalicio (Ex. 31:10), transmitía el derecho
a su cargo sagrado al mayor de sus descendientes calificados. Por eso, le sucedió
su hijo Eleazar (Nm. 20:28; Dt. 10:6), quien a su vez fue reemplazado por su
primogénito Finees (Nm. 25:11), en cuyo tiempo se estableció definidamente
la sucesión del sumo sacerdocio (vs 12,13). En un sentido especial, el
sumo sacerdote representaba a todo Israel, y los sacerdotes comunes servían
en su nombre y como representantes suyos. El sumo sacerdote podía llevar
a cabo todos los deberes de los sacerdotes comunes, pero el derecho de entrar
en el lugar santísimo en el Día de la Expiación era exclusivamente
suyo (Lv. 16:2,3,17,33,34).