Variedad de Sacrificios
Excepto las ofrendas por el pecado de una
persona muy pobre, se prescribía para las diversas ofrendas específicamente
la selección de animales "limpios" y sin tacha del rebaño
o la hacienda; en algunos casos pichones de palomas, o adultas. Algunos debían
ser machos, otros hembras, y había casos en que era indistinto que fueran
machos o hembras. A veces se especificaban ciertas clases de corderos y carneros,
y en ocasiones un cordero o un carnero se podía emplear indistintamente.
Entre los animales grandes se especificaban los bueyes y los becerros. Junto
con todos los holocaustos, las ofrendas de paz y algunas otras, se prescribían
productos de origen vegetal, constituidos por granos, harina de trigo o de cebada,
a menudo elaboradas en forma de pan; a éstos se les añadía
sal, aceite e incienso y libaciones de vino (Lv. 2:2-7; Nm.15:4-11). En el caso
de las ofrendas de origen vegetal, después de haber ofrecido una porción,
el resto generalmente lo comían el sacerdote y el oferente. No se nos
dice nada acerca de las libaciones; algunos creen que en un comienzo se derramaban
sobre la ofrenda que acompañaban, y Josefo nos dice que en su tiempo
se las derramaba alrededor del altar.
Un holocausto diario regular se ofrecía
cada mañana y cada tarde a lo largo de todo el año, incluso en
los días cuando otras ofrendas ya estaban prescriptas. Se requerían
holocaustos adicionales durante los sábados, las nuevas lunas, las 3
grandes festividades anuales - la fiesta de los Panes sin Levadura, de las Semanas
(Pentecostés) y de los Tabernáculos (las Cabañas)-, el
día de Año Nuevo y el Día de la Expiación. Se ofrecían
holocaustos especiales: con la ofrenda del pecado en favor de la congregación,
en ocasión de la dedicación de los sacerdotes, junto con el voto
de nazareato, con la ofrenda por el pecado en favor de los pobres, para la purificación
de algunas contaminaciones corporales, por la lepra, después de un parto,
por algunos individuos voluntariamente, o por lo que estaba prescripto que acompañaran
ciertas otras ofrendas.
Las ofrendas regulares por el pecado se ofrecían en favor de toda la congregación en ocasión de las lunas nuevas, del Año Nuevo y del Día de la Expiación; y durante las 3 grandes festividades nacionales. Se requerían ofrendas especiales por el pecado:
1. En ocasión de la dedicación de los sacerdotes y los levitas.
2. En el caso de violación accidental del voto de nazareato y cuando se completaba un voto.
3. Por el pecado de la congregación.
4. Por el pecado de un sacerdote o dirigente.
5. Por los pecados individuales.
También se requería una ofrenda
por el pecado en relación con impurezas corporales, en oportunidad del
parto o para la purificación de la lepra. El sacrificio por la culpa
siempre era individual, y se ofrecía en caso de ofensas como el perjurio,
el sacrilegio involuntario, el fraude, los robos; además, en algunos
casos se estipulaba una especie de compensación.
En el día de Pentecostés se
requerían ofrendas o sacrificios de paz. Algunos de paz especiales se
ofrecían en relación con el cumplimiento de un voto, en particular
el de nazareato, y cuando se consagraba sacerdotes. Además, todos podían
ofrecer sacrificios pacíficos en cualquier momento.
También existía una diferencia
en el procedimiento que se seguía al ofrecer los diferentes sacrificios.
Los holocaustos siempre se consumían totalmente sobre el altar, y la
sangre se vertía separadamente sobre el mismo (y en un caso al costado,
Lv. 1). En el sacrificio por el pecado, por un sacerdote o por la congregación,
la sangre siempre se asperjaba delante del velo, y con algo de ella se untaban
los cuernos del altar de oro (cp 4). Pero cuando se trataba del sacrificio por
el pecado, ofrecido individualmente por un dirigente o por el común del
pueblo, la sangre se ponía sobre los cuernos del altar de los holocaustos.
En ambos casos, el resto de la sangre se derramaba al pie del altar de los holocaustos.
Ciertas porciones definidas de los animales que se presentaban como ofrendas
por el pecado se quemaban sobre el altar; el resto, si involucraba a un sacerdote
o a la congregación, se consumía a fuego fuera del campamento
(cp 4); sin embargo, cuando el sacrificio por el pecado era individual, de un
dirigente o de alguien del común del pueblo, el sacerdote debía
comer la carne del animal (6:25, 29). En el caso de los animales ofrecidos por
la culpa, el procedimiento que se seguía era semejante al de los sacrificios
por el pecado, sólo que la sangre se rociaba alrededor del altar en lugar
de ponerla sobre los cuernos del mismo (7:1-7). También se rociaba alrededor
del altar la sangre de los animales ofrecidos como sacrificios de paz (cp 3).
Algunas porciones definidas del animal eran "mecidas" y "elevada",
delante del Señor, y quedaban con el sacerdote (7:29-34); el resto tenía
que ser comido por los que presentaban el sacrificio de paz y sus familiares
(7:11-21; cf Dt. 12:6,7; 27:7). Para los pecados cometidos "con soberbia",
esto es, en rebeldía contra el pacto y sus provisiones, no había
sacrificios previstos (Nm. 15:30).
El sacrificio se presentaba a la puerta
del santuario, donde quien lo ofrecía ponía sus manos sobre la
cabeza de la víctima para dedicarla a Dios y hacer de ella su verdadero
representante y sustituto. Quien la ofrecía derramaba la sangre -esto
fue después tarea del sacerdote- y éste la aplicaba simbólicamente.
A esto le seguía la total destrucción del sacrificio por medio
del fuego, o de partes de él, o la ingestión de algunas porciones,
tal como estaba prescripto para los diferentes casos.
El sistema de sacrificios era un medio educativo
adaptado a la comprensión de la gente de aquel tiempo, y tenía
como propósito ayudarles a desarrollar conceptos correctos con respecto
a la santidad de Dios, el carácter aborrecible del pecado y acerca de
cómo podían acercarse al Señor para reconciliarse con él.
Pero tanto el AT (Mi. 6:6-8) como el NT
(Mt. 9:13; 12:7) aclaran que su importancia estaba subordinada a la piedad práctica.
Mientras Cristo vivió en esta tierra, el sistema de sacrificios estaba
en pleno funcionamiento, y él lo sancionó (Mt. 5:23, 24; 8:4;
23:2, 3; cf Gá. 4:4). También subrayó su carácter
simbólico (Mt, 26:28). Del mismo modo, Pablo se refiere a ellos como
tipos o símbolos del verdadero sacrificio de Cristo(1Co. 5:7; cf He.
10:1-11).
Bibliografía:
Flavio Josefio - Antiguedades de los Judíos
iii.9.4. (Barcelona, 1988)