Templo de Herodes.
Cuando Herodes anunció su deseo de
construir un nuevo templo, los judíos temieron que lo derribara y no
hiciera nada. Por esa razón, ideó un método de reconstrucción
que consistía en demoler sólo lo necesario para el avance de la
nueva construcción. Al progresar sus diferentes etapas, parecía
que el monarca se limitaba a reparar lo que ya existía, cuando en realidad
levantaba una estructura completamente nueva, sin que por ello se interrumpieran
los servicios religiosos. Primero reconstruyó el santuario propiamente
dicho. Esta obra comenzó en el 20/19 a.C. y duró 18 meses. Los
materiales que se usaron en el templo ya estaban terminados cuando llegaban
a la obra, y sólo se empleó sacerdotes para trabajar en sus estructuras
interiores. Una vez terminado, se continuó con los edificios exteriores.
La mayor parte, incluso los pórticos, se terminó en los siguientes
8 años, pero las obras de decoración y embellecimiento prosiguieron
hasta la procuraduría de Albino (c 62-64 d.C.), inmediatamente antes
que estallara la guerra judía. Puesto que las actividades relacionadas
con la construcción del templo proseguían durante el ministerio
de Cristo, es comprensible que los judíos hayan dicho que se había
estado construyendo durante 46 años (Jn. 2:20). En él Jesús
fue dedicado cuando niño; en su recinto se encontró con los doctores
de la ley cuando tenía 12 años; de su atrio exterior expulsó
a los cambistas; sus aposentos lo oyeron enseñar y predicar a él
y a sus discípulos; y en una de sus puertas, hermosamente decorada, Pedro
y Juan curaron a un paralítico. El conjunto del templo, con todos sus
edificios, se incendió durante la toma de Jerusalén por las fuerzas
de Tito en el 70 d.C. Aunque se habían dado órdenes estrictas
para que se lo preservara, un soldado arrojó una antorcha y el santuario
se incendió. Así fue destruido uno de los más hermosos
edificios de su tiempo.
Aunque el templo construido por Herodes
el Grande era realmente una nueva estructura, los judíos siempre se refirieron
a él como el Segundo Templo, considerándolo sólo una remodelación
o reparación del anterior. Como consecuencia del odio que sentían
por el monarca, tanto los escritos judíos ortodoxos como la Mishná
-que lo describe detalladamente-, nunca mencionan por nombre a su constructor.
Gracias a las descripciones de Josefo, de la Mishná (Middoth) y de las
evidencias arqueológicas descubiertas actualmente en el lugar, podemos
tener una idea bastante aproximada del templo de Herodes. La siguiente descripción
se basa en esas fuentes.
La superficie cubierta del antiguo templo
se amplió hasta abarcar el doble de su tamaño anterior, incluyendo
también los terrenos donde se encontraba el palacio en los días
de Salomón. Las investigaciones arqueológicas demuestran que el
edificio musulmán actual, el Haram esh-Sherîf, cubre casi exactamente
la extensión del templo destruido, y que una buena parte de los muros
de esa estructura moderna descansan sobre los fundamentos o las porciones de
paredes de los tiempos de Herodes. El muro exterior contenía al atrio
de los gentiles, al que todos podían acceder. Galerías encolumnadas,
generalmente llamadas pórticos, se extendían alrededor de la superficie
interior de ese muro. Se los construyó de acuerdo con las stoas griegas:
galerías de columnas que se encontraban en el ágora o plaza de
mercado de toda ciudad helena. El pórtico del sur, llamado Real, tenía
162 columnas altas, ordenadas en 4 filas, que formaban 3 corredores: el del
medio era más alto y más ancho que los de los costados. Todas
las demás galerías que rodeaban el atrio exterior tenían
3 hileras de columnas. La parte meridional de la galería oriental se
llamaba Pórtico de Salomón (Jn. 10:23; Hch. 3:11; 5:12).
Ocho puertas permitían la entrada
a este atrio exterior. Una, la Puerta de Susa, se hallaba al este, en el lugar
de la actual Puerta Dorada; otra estaba al norte. Las 2 puertas del sur, llamadas
Puerta de Hulda I y II, daban acceso al atrio del templo desde la parte más
baja de la ciudad por medio de escaleras que terminaban dentro del atrio. Estas
2 entradas, todavía visibles en la parte del muro que se ha preservado,
demuestran que una tenía 2 puertas y la otra 3. En el muro oriental había
4 puertas principales y una entrada pequeña, de las cuales, la más
meridional, era una puerta a la que se llegaba por medio de una escalera en
forma de L y un puente (el Arco de Robinson), que cruzaba la calle que corría
al fondo del muro occidental en el valle de Tiropeón, que franqueaba
dicho muro. Esta puerta, con su escalera y su puente -que ha sido totalmente
desenterrada gracias a las excavaciones de B. Mazar llevadas a cabo entre 1968
y 1977-, no es mencionada en los registros de la antigüedad. Otra puerta
se podía alcanzar gracias a un puente que se extendía sobre el
valle. La mayor parte del puente, conocido ahora como Arco de Wilson, todavía
se conserva, a pesar de que el valle, en gran medida, ha sido rellenado con
escombros. Entre las puertas había otra entrada pequeña al nivel
de la calle, en el valle de Tiropeón. Una escalera que partía
de esa entrada conducía al interior del atrio. No se sabe mucho más
en cuanto a las otras 2 puertas del este. En la esquina noroccidental había
una escalera que conducía a la fortaleza (o cuartel) de Antonia, que
estaba ubicada en una plataforma de roca a mayor altura que el atrio del templo.
La construyó Juan Hircano en el lugar de la antigua ciudadela, llamada
bîrâh (o "palacio de la casa") por Nehemías (2:8).
Herodes la había ampliado y la había convertido en un palacio
fortificado.
En el centro de la estructura se encontraba
el santuario, a mayor altura que el atrio exterior. Se podía acceder
a él desde el norte, el este y el sur por medio de escaleras de 14 peldaños
cada una. Fuera de esta terraza había un muro de 3 codos de alto, coronado
por columnas, con entradas al recinto sagrado en 9 lugares ubicados exactamente
en frente de las 9 puertas del muro interior. Había tablillas que contenían
una advertencia, escritas en griego y latín, que decía: "Ningún
extranjero [= no judío] puede pasar más allá de la balaustrada
y del muro que rodea al templo. Quienquiera sea sorprendido dentro será
responsable de su muerte, que le sobrevendrá sin dilación".
Una de esas tablillas, con su inscripción completa en griego, fue descubierta
por Charles Clermont-Ganneau en 1871; hoy se encuentra en el Museo de Estambul.
Parte de una 2a tablilla, descubierta mientras se trabajaba en la reparación
de una calle de Jerusalén en 1935, se encuentra ahora en el Museo Arqueológico
de Jerusalén. Cuando el apóstol Pablo fue arrestado en el templo,
se lo acusó de haber introducido a un gentil dentro de ese muro (con
lo que habría traspasado esa orden; Hch. 21:28, 29).
Sobre esa terraza se levantaba el muro interior,
de 25 codos de alto (separaba el atrio interior del exterior y del mundo), y
el santuario propiamente dicho. Al atrio interior se accedía a través
de 9 puertas: una estaba al oriente, 4 al norte y 4 al sur (1-9). En el lado
interior de este muro había habitaciones o cámaras que servían
de depósitos y oficinas que se abrían hacia pórticos. La
parte oriental, alrededor de 1/3 de todo el recinto sagrado, estaba separada
del resto por un muro. Era el atrio de las mujeres, que tenía ese nombre
porque las mujeres judías y los niños podían entrar en
él. El "lugar de las ofrendas", mencionado como escenario de
algunas de las enseñanzas de Jesús en el templo (Jn. 8:20), se
encontraba en el atrio de las mujeres. Ese nombre se aplicaba ya sea al pórtico
que rodeaba al atrio, en el cual se hallaban ubicadas las cajas que servían
para recibir las ofrendas -llamadas "trompetas" a causa de su forma-,
o a las habitaciones en las que se depositaban los donativos y las ofrendas.
Una gran puerta se encontraba entre el atrio de las mujeres y el siguiente,
que estaba en un nivel superior. Una escalera semicircular de 15 peldaños
conducía a esa gran puerta, que tenía 40 codos de ancho y 50 de
alto. No existe seguridad de si esta puerta, o la que conducía al atrio
de las mujeres desde el exterior, era la Puerta La Hermosa donde Pedro curó
al mendigo paralítico (Hch. 3:2).
La parte occidental del recinto sagrado
contenía el atrio de los sacerdotes, junto al edificio del templo. A
su alrededor, por sus 3 lados, estaba el atrio de Israel, llamado también
de los hombres, al que tenían acceso todos los judíos de sexo
masculino. Estos 2 atrios estaban separados por un muro de alrededor de 1 codo
de altura. Dentro del atrio de Israel había una serie de cámaras
destinadas a depósitos, y también la sala en que sesionaba el
Sanedrín o tribunal supremo (Hch. 5:21).
En el atrio de los sacerdotes se encontraba
el altar de los sacrificios y la "fuente" de bronce. Sólo los
sacerdotes podían entrar allí, excepto cuando se les permitía
la entrada a los judíos para que pudieran presentarse delante del altar
con sus ofrendas. Según la Mishná, el altar, de piedras rústicas,
tenía 15 codos de alto y 32 por lado en la base. Era posible llegar hasta
él por una rampa. Esas medidas difícilmente puedan ser las correctas.
Se cree generalmente que el altar de los sacrificios estaba en el lugar abarcado
ahora por la Mezquita Musulmana de la Roca, a la que por error se llama Mezquita
de Omar. Debajo de esa roca hay una cueva a la que se puede llegar por una escalera.
Tenía un agujero a través del cual los sacerdotes podían
echar a la cueva las porciones desechables de las víctimas sacrificadas,
como asimismo las cenizas y los huesos, que retiraban durante la noche, para
que los adoradores en el templo no sintieran el mal olor de esos materiales
de desecho.
Desde el atrio de los sacerdotes hasta el
vestíbulo del templo se llegaba por una escalera de 12 peldaños.
Este vestíbulo tenía 100 codos de alto, 100 de ancho y 20 de profundidad,
con escaleras en espiral en sus 2 alas. El portal monumental era de 70 codos
de alto y 25 de ancho. No tenía hojas, de manera que la gran puerta del
santuario se podía ver desde afuera. Estaba formada por 2 hojas de oro,
de 55 codos de alto y 16 de ancho, que se abrían hacia el lugar santo,
el cual tenía el mismo tamaño (40 codos por 20) que el del templo
de Salomón, con la excepción de que eran de 60 codos de alto (en
lugar de 30). El mobiliario era el usual: un altar de oro para el incienso,
una mesa para los panes de la proposición y un candelabro. El lugar santísimo,
que se encontraba vacío, estaba separado del aposento mayor (según
la Mishná, Yoma 5.1) por 2 cortinas paralelas. Que estas cortinas se
rasgaran en ocasión de la muerte de Cristo (Mt. 27:51; He. 6:19; 10:20)
era evidencia de que habían llegado a su fin los servicios simbólicos
del sistema de sacrificios. Adosadas a los costados del norte, del oeste y del
sur del templo, había 3 pisos con habitaciones similares a las del templo
de Salomón.
Bibliografia:
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