¿Por qué Dios le ordenó a Oseas que se casara con una prostituta?

Este incidente resulta problemático para muchos que hallan difícil aceptar que Dios le ordenara a Oseas casarse con una prostituta. Aún tenemos que ver si ese fue el caso o no, pero su experiencia como profeta fue un tanto inusual. Coloquemos a Oseas dentro de su tiempo y contexto para entender mejor su ministerio.
1. Contexto histórico: Oseas cumplió su labor mayormente en el reino del norte hacia el fin de la monarquía dividida. La introducción al libro nos sitúa en el tiempo: durante el reinado de Jeroboam II de Israel (785-745 a.C.). Oseas siguió activo hasta poco antes de la destrucción de Samaria en el 722 a.C. Con el fin de preservar la unidad política del reino del norte, se construyeron dos santuarios, uno en Betel y otro en Dan. Allí se adoraban dos becerros de oro, quizá como sustitutos de los querubines del arca del pacto, ubicada en el templo de Jerusalén en el reino de Judá. Esto contribuyó al deterioro espiritual del pueblo de Israel.
En ese tiempo Israel estaba atravesando un difícil período político y religioso. Abundaban las intrigas políticas. Durante los últimos 24 años del reino, seis reyes tomaron el trono por la fuerza. La adoración a Dios se había pervertido y la gente lo adoraba usando a Baal como modelo. Así es que Baal llegó a ser el dios de Israel, el dios de la fertilidad, adorado en los lugares altos y en los bosques con el propósito de garantizar la fertilidad de la tierra, los animales y la familia. En toda la tierra prevalecía la degradación social, política y religiosa (4:2, 13).
2. El casamiento de Oseas: El Señor dijo al profeta: "Ve, toma por mujer a una prostituta" (1:2). La lectura natural del relato indica que estamos hablando de un evento real (no simbólico) en la vida del profeta. La palabra "prostituta" puede referirse a lo que ella llegaría a ser, o a una descripción de sus antepasados. La traducción literal sería "esposa de promiscuidad"; es decir, una mujer de valores morales laxos (el sustantivo hebreo zoná puede referirse al adulterio, la fornicación o la prostitución).
Oseas se casó con Gomer y tuvo tres hijos con ella (puede que dos no hayan sido suyos; 2:4, 5). Los nombres de los niños ilustraban los planes de Dios para su pueblo (1:4-9). En algún momento del matrimonio, Gomer cometió adulterio y abandonó a su familia. El capítulo 2 describe vívidamente la angustia del profeta. La amenazó con el divorcio, pasó por sentimientos de rechazo que proyectó en sus hijos, y finalmente se reconcilió con el rechazo. Entonces Dios le ordenó 
ir a demostrarle su amor a su esposa, llevándola a casa (3:1). Así lo hizo.
3. La experiencia de Dios: El profundo dolor del corazón de Dios como resultado del adulterio espiritual de su pueblo y de la depravación moral de su nueva religión sincrética, se encarnó en la experiencia del profeta. Dios estaba dolorido y quería que su pueblo lo supiese. Después de ordenarle a Oseas que trajera de regreso a su esposa adúltera, añadió: "Así ama Jehová a los hijos de Israel, aunque ellos se vuelven a dioses ajenos" (3:1). El triángulo amoroso presente en la vida del profeta también era realidad en la experiencia divina con Israel.
Dios se muestra como un marido amante y rechazado que sufre por ello. Como quiere que su esposa regrese, el Señor le cortará el camino hacia los ídolos (2:6) y la llevará al desierto (2.14). Allí, Dios la enamorará otra vez (2:14): "Corregiré su rebeldía y los amaré de pura gracia" (14:4). La lucha interna de Dios se expresa maravillosamente en Oseas 11:8, 9. Dios estaba listo para divorciarse de su pueblo, pero entonces exclama: "¿Cómo podré abandonarte?" La conversión esperada en Israel ahora se produce en Dios. El juicio contra su esposa es anulado en el corazón divino. Hay futuro para su pueblo. Es el amor divino, ilustrado en la experiencia del profeta.