3. El Antiguo Testamento y su valor para los cristianos
¿Tiene aun valor el Antiguo Testamento para los Cristianos?
Algunos cristianos han llegado a creer, por diversos motivos, que el Antiguo
Testamento ha perdido su importancia como fuente para enseñar la doctrina
cristiana, y que, por lo tanto, no es necesario. Piensan que lo importante
es el Nuevo Testamento.
Para responder, recordaremos algunos hechos fundamentales que se pasan por alto o quizá se desconocen:
1. El Nuevo Testamento es un conjunto de escritos basados en el Antiguo Testamento. Los escritores del Nuevo Testamento lo citan constantemente para confirmar la doctrina del Evangelio. Como término medio, un versículo de cada siete es una cita o una referencia al Antiguo Testamento. Para Jesús y los apóstoles era la Sagrada Escritura (2 Tim. 3: 15); era la Escritura inspirada por Dios (2 Tim. 3: 16); era la Palabra de Dios que había que guardar (Luc. 11: 28); era el Evangelio anunciado por los "profetas en las Santas Escrituras" (Rom. 1: 2, 3). En fin, era la clave para indicar la personalidad de Cristo (Luc. 24: 25-27, 44-47).
2. Antes que el Nuevo Testamento estuviera escrito. Jesús ordenó escudriñar las Escrituras (Juan 5: 39); advirtió del peligro de errar al ignorarlas (Mat. 22: 29); afirmó que eran bienaventurados los que "oyen la palabra de Dios, y la guardan" (Luc. 11: 28). Cuando el apóstol Pablo recomendó las Escrituras y afirmó que eran inspiradas, se refería únicamente al Antiguo Testamento (2 Tim. 3: 15-17); del mismo modo cuando decía que enseñaba "conforme a las Escrituras" (1 Cor. 15: 3, 4).
3. El Nuevo Testamento que fue escrito entre los años 40-96 DC, recién
comenzó a ser citado por escritores cristianos después del segundo
siglo, es decir, a partir del año 200 DC. Vale decir, que durante dos
siglos el Antiguo Testamento fue el único documento para defender la
realidad y la verdad de Cristo y su Evangelio.
Atenidos a estas evidencias tan claras, es un error grave afirmar que el
Antiguo Testamento hoy nada tiene que ver con la enseñanza del Evangelio.
Desecharlo es abrir la puerta a interpretaciones equivocadas.