El desarrollo del concepto adventista sobre las carnes limpias e inmundas

por Ron Graybill

 

La distinción entre las carnes limpias y las inmundas, basada en Levítico 11 y Deuteronomio 14, hoy es aceptada y comprendida por la mayoría de los adventistas. A diferencia de las leyes ceremoniales del Antiguo Testamento, que señalan a Cristo, o de las leyes civiles, que gobernaban la teocracia, estas leyes de salud se basaban en leyes naturales y por lo tanto no se aplican solamente a una época o tiempo.

Así, incluso entre los adventistas que consumen carne, se evitan estas carnes inmundas. No obstante, los adventistas del siglo diecinueve, por lo general no aceptaban esta distinción entre las carnes limpias e inmundas basada en la ley Levítica, aunque condenaban claramente el cerdo.[1][1]

La primera en establecerse fue la prohibición en cuanto al cerdo, pero incluso esto llevó tiempo. Antes de que Elena G. de White recibiera el mensaje de salud en 1863, ella y Jaime White desalentaban a los creyentes que intentaban forzar una prohibición de la carne de cerdo. “Por ninguna razón creemos que la Biblia enseña que su [del cerdo] uso, durante la dispensación evangélica, es pecado”, escribió Jaime White en 1850.[2][2]

En 1858, un hermano en Nueva Inglaterra, sin duda S. N. Haskell, intentaba nuevamente desalentar el uso del cerdo y hacer de esto una prueba de lealtad a la Palabra de Dios. La Sra. White le escribió diciendo que “si es el deber de la iglesia abstenerse de la carne de cerdo, Dios se lo mostrará a más de dos o tres personas”.[3][3]

Después de la reforma pro salud, por supuesto, la Sra. White salió a hablar en contra del uso del cerdo, argumentando que producía “escrófula, lepra y tumores cancerosos”.[4][4] Es significativo que ella junto con otros adventistas que escribieron en contra del uso del cerdo hasta 1866, argumentaron estrictamente desde un punto de vista de la salud. En otras palabras, sólo porque se usaban algunos argumentos bíblicos para reforzar al grupo que argumentaba contra el cerdo, no podemos concluir que en ese punto los adventistas estaban bien en la forma que presentaban sus enseñanzas en cuanto a la distinción entre las carnes limpias e inmundas.

D. M. Canright, en 1866, alude a Deuteronomio 14:8, “Tampoco el cerdo, porque tiene la pezuña hendida, pero no rumia; os será inmundo. De la carne de estos no comeréis, ni tocaréis sus cuerpos muertos”. Pero Canright no hace mención de otras carnes inmundas, y no hace uso del material posterior de Deuteronomio 14 sobre el tema.[5][5] Cuando él menciona las ostras en un artículo al año siguiente, habla de sus supuestos poderes para incitar “ciertas clases de sensaciones” y no da argumentos bíblicos.[6][6]

En 1870, W. C. Gage intenta refutar un periódico adventista rival que toma como excepción la “declaración bíblica de que el cerdo es inmundo”. Pero Gage no cita Deuteromio 14 ni Levítico 11. De hecho, Gage declara “si las Escrituras fallan en fijar la cuestión, dejen que domine la razón. Examinen el animal y vean sus hábitos sucios”.[7][7] Sí trata algunos de los testimonios de la Biblia sobre el cerdo, pero su artículo está lejos de ser una contribución para comprender ampliamente las enseñanzas de la Biblia sobre las carnes limpias e inmundas, siendo, como lo es en realidad, abundante en argumentos naturalistas e interesado exclusivamente en la cuestión del cerdo.

Jaime White, en un artículo de 1872 sobre la “Carne de cerdo”, muestra los inicios de una aplicación más amplia de la ley levítica. Menciona Deuteronomio 14:8 nuevamente, y busca refutar el argumento de que la prohibición del cerdo era meramente una ley judía y que por lo tanto no afectaba a los cristianos. Les recuerda a sus lectores que la distinción entre limpio e inmundo fue reconocida en la Biblia mucho antes de la “existencia de un solo judío”. Todavía, el propósito de su argumento es desacreditar el cerdo, no establecer categorías generales de carnes limpias e inmundas. No discute el criterio bíblico para hacer la distinción.[8][8]

La distinción general entre las carnes limpias e inmundas en los círculos adventistas permanece sin desarrollarse durante el siglo diecinueve. Mientras que los adventistas argumentaban fervientemente contra el cerdo, el peso de su argumento continuaba siendo los criterios fisiológicos. Urías Smith rechazó explícitamente la aplicación de la distinción mosaica: “Creemos que hay un terreno mejor en el cual apoyar [la prohibición sobre el cerdo] que la ley ceremonial de la primera dispensación, porque si asumimos la posición de que la ley está todavía en vigencia, debemos aceptarla completamente, y entonces tendremos más en nuestras manos de lo que podemos hacernos cargo”.[9][9]

Para los adventistas del siglo diecinueve se desalentaba el consumo de todo tipo de carne, mientras que el consumo de cerdo estaba virtualmente prohibido. Otras carnes que podríamos considerar inmundas no se veían, aparentemente, con la misma luz que la carne de cerdo.

Una vez, cuando Elena G. de White estaba enferma, su hijo, W. C. White, informa que se la alentó a beber un poco de sopa de ostras para que su estómago se asiente. Se dice que intentó con una o dos cucharadas, pero luego rechazó el resto.[10][10]

No obstante hay evidencia de que en un momento de su vida, la Sra. White, gustaba de comer algunas ostras. En 1882, cuando vivía en Healdsburg, California, escribió una carta a su nuera, Mary Kelsey White, en Oakland, en la cual le hizo el siguiente pedido: “Mary, si puedes consígueme una buena caja de arenques, frescos, por favor. Los últimos que Willie consiguió estaban amargos y viejos. Si puedes comprar latas, una media docena de latas de buenos tomates, por favor hazlo. Los necesitaremos. Si puedes conseguir unas pocas latas de buenas ostras, cómpralas”.[11][11]

Elena G. de White no mantuvo en secreto que bajo circunstancias difíciles, como cuando viajaba o cuando estaba detenida por causa de sus viajes, comió algo de carne. El libro Consejos sobre el régimen alimenticio, publicado en 1938, contiene sus relatos en cuanto a su uso de la carne después que se le dio la visión de la reforma pro salud, según aparece a continuación: “De inmediato eliminé la carne de mi menú. Después de eso a veces me encontré en situaciones en que me veía obligada a comer un poco de carne”.[12][12]

Esto está en armonía con sus primeras declaraciones publicadas que aparecieron en 1890 en el libro Christian Temperance and Bible Hygiene [Temperancia cristiana e higiene bíblica], en el que se lee: “Cuando yo no podía obtener el alimento que necesitaba, a veces he comido un poco de carne; pero tengo cada vez más temor de hacerlo”.[13][13]

Pero además, hay evidencia de que esto era algo flexible en las décadas de 1870 y 1880, pues se permitía que apareciera un poco de carne en su mesa cuando puede que no haya sido esencial. Dadas las dificultades de refrigeración y de transporte de alimentos en el siglo diecinueve, era un problema más grave entonces lograr una dieta adecuada sin el uso de carne.

A comienzos de la década de 1890, la Sra. White expresó su disgusto por la carne mientras viajaba hacia Australia. Escribió: “Tienen abundancia de alimentos a base de carne, preparados de diferentes formas; pero como yo no disfruto de una dieta con carne, deja bastante escasa mi vianda”.[14][14]

Mientras estaba en Australia a comienzos de 1894, Elena G. de White tomó la resolución de no consumir más carne, una posición que no tuvo vuelta atrás por el resto de su vida. Escribió así sobre esto:

Desde el congreso campestre de Brighton (enero de 1894) yo he eliminado absolutamente la carne de mi mesa. Existe el entendimiento de que ora sea que esté en casa o afuera, nada de esta clase ha de usarse en mi familia, o ha de ponerse sobre la mesa. He tenido muchas presentaciones sobre este tema en las horas de la noche.[15][15]

La propia comprensión de Elena G. de White de la distinción entre limpio e inmundo parece haber crecido en forma firme con el tiempo. En 1864 ella notó que a Noé se le permitió comer bestias “limpias” después del diluvio.[16][16] Y en 1890, cuando Patriarcas y profetas se publicó, destacó que los padres de Sansón habían sido instruidos a abstenerlo de “cualquier cosa inmunda”.

Esta distinción “entre artículos de alimentos como limpios e inmundos” no era, dijo ella, “una regulación meramente ceremonial y arbitraria, sino que estaba basada en principios sanitarios”. Más aún, la “maravillosa vitalidad” del pueblo judío por miles de años, podría deberse a esta distinción.[17][17] Notoriamente, ella no destaca este aspecto de la vida de Sanson en 1881, cuando escribe los artículos sobre los cuales se basa la mayoría del material sobre Sansón en Patriarcas y profetas.[18][18]

En 1905, se explaya nuevamente en forma favorable sobre la distinción dada a los judíos, mencionando esta vez en forma adicional al cerdo que “quedaba prohibido” el consumo de “otros animales, de ciertas aves y de ciertos peces, declarados inmundos”.[19][19]

Este pasaje continúa enumerando otros aspectos de las leyes de salud judías que los Adventistas del Séptimo Día nunca buscaron enfatizar, así que en resumen se puede decir que la Sra. White nunca declaró explícitamente que la distinción general entre carnes limpias e inmundas era una ley que los Adventistas del Séptimo Día estaban todavía obligados a observar. Sus declaraciones comentando la práctica judía ciertamente alientan esa posición, pero nunca la dejan explícita.

Los adventistas en la actualidad, que comprenden la distinción entre la carne limpia y la inmunda, necesitan saber de la ausencia de tal distinción en la iglesia adventista del tiempo de Elena G. de White. En 1883, W. H. Littlejohn, en una columna de preguntas y respuestas en la Review, dijo que no estaba seguro si las ostras podrían apropiadamente considerarse bajo la prohibición de carnes inmundas que se encuentra en Levítico 11. Si así fuera, dijo, sería porque habría algunas razones naturales.[20][20] Fue también en ese momento que Urías Smith expresó su fuerte negativa de la aplicación de la ley mosaica en este asunto, como ya se mencionó.

Los primeros reformadores de salud mencionaron las ostras cuando explicaron porqué los alimentos a base de carne eran dañinos. Russell Trall, en su libro Hydropathic Cookbook [Libro de cocina hidropática] de 1857, dijo que todos los moluscos, incluyendo las ostras eran “malos”.[21][21]

Probablemente sea más conocido para los adventistas los comentarios sobre las ostras de James C. Jackson, incluído entre sus otras críticas sobre la comidas a base de carne en un artículo que Jaime y Elena White reimprimieron en Health: or How to Live [Salud: o cómo vivir]. Jackson rechazaba las ostras porque eran carroñeras.[22][22] J. N. Loughborough dijo que todo caracol, incluyendo las ostras, eran rechazados pues contenían poco alimento nutritivo y eran difíciles de digerir.[23][23]

Finalmente, en 1891, Kellogg, al reaccionar enérgicamente a algunos comentarios favorables sobre las ostras por parte de científicos, condenó a la criatura como difícil de digerir, la “más baja de los carroñeros”, y apta para contener un veneno mortal, tirotoxina.[24][24]

No obstante, comparando la cantidad de material publicado contra el cerdo, las objeciones a las ostras y otras carnes “inmundas” es tan minúscula que difícilmente se puede apreciar.

Cualesquiera hayan sido las prácticas y entendimientos de nuestros pioneros en esta cuestión, nunca debemos basar nuestras propias decisiones en relación con la vida saludable en el ejemplo de otros seres humanos. La Sra. White hizo lo suficientemente claro este punto en 1901 durante una charla extemporánea en Battle Creek.

[Habla Elena G. de White:] “La hermana White no ha tenido carne  en su casa o la ha cocinado en ninguna forma, o ha tenido ningún tipo de carne muerta, por varios años. Y aquí está la [base de la] reforma pro salud [de algunas personas]: ‘Ahora les he dicho que la hermana White no come carne. Ahora quisiera que ninguno de ustedes deje de comer carne porque la hermana White no lo hace’.

“Bien, no daría un centavo, ni siquiera me interesaría por nada de eso. Si usted no tiene ninguna convicción mejor, que no comerá carne porque la hermana White no lo hace- si yo fuera la autoridad, no daría ni un centavo por su reforma pro salud.

“Lo que quisiera es que cada uno de ustedes pudiera presentarse en su dignidad individual ante Dios, en su consagración individual a Dios, que el templo del alma sea dedicado a Dios ‘Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él’. Ahora quisiera que piense en esas cosas, no haga del ser humano su criterio”.[25][25]

No es sorprendente que S. N. Haskell, quien estaba entre los primeros que llamaron a la iglesia a abandonar el uso del cerdo, fuera el primero en dar argumentos para una clara prohibición bíblica sobre todas las carnes inmundas, haciendo uso pleno de las prohibiciones de Levítico 11. En mayo de 1903, escribió:

“En muchas cosas la Biblia establece principios y se nos deja ejercer nuestro propio juicio en el asunto, mientras que en otras cuestiones se da un mandato claro… En su plan infinito [Dios] señaló una parte del reino animal para actuar como carroñeros… Con el propósito de que conozcamos a aquellos que se alimentan de comidas limpias, les colocó una marca o señal”.[26][26] Haskell cita entonces Levítico 11:1-8: “El consumo de estas cosas que Dios prohibió”, concluye Haskell, “es muy ofensiva a su vista”.

 

Referencias


 

Patrimonio de Elena G. de White

Washington, D. C.

27 de abril de 1981. Re-mecanografiado: marzo de 1989.

 

 


 



[1][1] El erudito en Nuevo Testamento John Brunt, cuestionó recientemente la validez de usar las leyes levíticas para hacer distinción entre carnes limpias e inmundas. Su declaración de que la interpretación que hace Elena G. de White de Levítico, explica la posición actual de la iglesia, no está justifica, como se intentará demostrar en este artículo. Véase John Brunt, “Unclean or Unhealthful, An Adventist Pespective” [Inmundas o no saludables, una perspective adventista], Spectrum, vol. 11 (Febrero 1981), pp. 17-23.

[2][2] Jaime White, “Swine’s Flash” [Carne de cerdo], Present Truth, vol. 1 (Noviembre 1850), p. 87. Al menos dos estudios anteriores discutieron este tema. Uno fue escrito por Richard Hammill en 1945, durante sus días como estudiante en el Seminario Adventista del Séptimo Día; el otro fue escrito por David Giles, otro estudiante del seminario. Giles agregó un poco más a lo que Hammill escribiera antes. Estoy en deuda con Hammill por guiarme a un número significativo de fuentes, pero considero que su artículo descuida hacer algunas distinciones importantes.

[3][3] Elena G. de White, Testimonies for the Church [Testimonios para la iglesia], vol. 1 (Mountain View, California, 1948), p. 207.

[4][4] Elena G. de White, Spiritual Gifts [Dones espirituales] (Battle Creek, Michigan, 1864), p. 146.

[5][5] D. M. Canright, “The Bible on Meat” [Lo que dice la Biblia sobre la carne], Health Reformer, vol. 1 (Diciembre 1866), p. 66.

[6][6] D. M. Canright, “Why I do Not Eat Swine” [Por qué no como cerdo], Health Reformer, vol. 1 (Abril 1867), p. 135.

[7][7] W. C. Gage, “Pork Unclean” [Cerdo inmundo], Health Reformer, vol. 4 (Febrero 1870), p. 150.

[8][8] Jaime White, “Swine’s Flesh. Forbidden in the Word of God” [La carne de cerdo. Prohibida en la Palabra de Dios], Health Reformer, vol. 7 (Enero 1872), p. 18.

[9][9] Urías Smith, “Meats Clean and Unclean” [Carnes limpias e inmundas], Review and Herald, vol. 60 (3 de Julio 1883), p. 424.

[10][10] Arturo L. Whie, “Dietary Witness of the Ellen G. White Household” [Testigo de la dieta del hogar de Elena G. de White] (Documento no publicado, Washington, D. C., 1978), p. 15.

[11][11] Elena G. de White a Mary Kelsey White, 31 de mayo de 1882. Carta 16, 1882, p. 1 (Patrimonio de Elena de White, Washington, D. C.).

[12][12] Carta 83, 1901. Elena G. de White, Consejos sobre el régimen alimenticio (Mountain View, California: Publicaciones Interamericanas, 1974), p. 585.

[13][13] Elena G. de White, Christian Temperance and Bible Hygiene [Temperancia cristiana e higiene bíblica] (Battle Creek, Michigan, 1890), p. 118; en Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 473.

[14][14] Carta 32a, 1891.

[15][15] Carta 76, 1895, en Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 586. (Véase también Critique of Prophetess of Health [Crítica de la profetiza de salud], pp. 78-81.)

[16][16] Elena G. de White, Spiritual Gifts [Dones espirituales], vol. 3 (Battle Creek, Michigan, 1860), p. 76.

[17][17] Elena G. de White, Patriarcas y profetas (Mountain View, California: Publicaciones Interamericanas, 1979), p. 605.

[18][18] Véase Signs of the Times, vol. 7, 15, 22 y 29 de septiembre, 6 y 13 de octubre de 1881.

[19][19] Elena G. de White, El ministerio de curación (Mountain View, California: Publicaciones Interamericanas, 1979), p. 240.

[20][20] W. H. Littlejohn, “Oysters” [Ostras], Review and Herald, vol. 60 (14 de agosto de 1883), p. 522.

[21][21] Russel Trall, The New Hydropathic Cook Book [El Nuevo libro de cocina hidropática] (Nueva York, 1857), p. 104.

[22][22] James C. Jackson, “Flesh as Food” [La carne como alimento], in Jaime White, ed., Health: or How to Live [Salud: o Cómo vivir] (Battle Creek, Michigan, 1865), p. 19.

[23][23] John Loughborough, The Hand Book of Health [El manual de la salud] (Battle Creek, Michigan, 1868), pp. 191, 192.

[24][24] J. H. Kellogg, Household Monitor of Health [Monitor hogareño de la salud] (Battle Cree, 1891), pp. 131-136.

[25][25] Elena G. de White, “Talk by Mrs. E. G. White Before Representative Brethren in the [Battle Creek] College Library, April 1, 1901” [Charla de la Sra. Elena G. de White ante hermanos representantes en la biblioteca del Colegio [de Battle Creek], 1 de abril de 1901], Manuscrito 43a, 1901, p. 13 (Patrimonio de Elena G. de White, Washington, D. C.)

[26][26] S. N. Haskell, The Bible Training School [La escuela de entrenamiento bíblico], vol. 1 (Mayo de 1903), p. 186.