43. La prédica de Cristo a los espíritus antediluvianos
Si los muertos nada saben, ¿por qué el apóstol Pedro nos dice que Cristo predicó a los espíritus de los antediluvianos en 1 Pedro 3: 18-20?
La enseñanza de la Biblia es muy clara y terminante respecto a la naturaleza
del hombre durante la muerte. La hemos explicado en preguntas anteriores (véanse
las preguntas 35, 36 y 41). Siendo que "los muertos nada saben"
(Ecl. 9: 5), que en el mismo día de la muerte "perecen sus pensamientos"
(Sal. 146: 4) y que "no alabarán los muertos a Jah, ni cuantos
desciendan al sepulcro" (Sal. 115: 17), sería un absurdo pensar
que Cristo predicara a los muertos que se encuentran en estado de inconsciencia.
Ananlizando el texto encontramos la respuesta.
En el versículo 18 se nos dice que después de morir Jesús
para nuestra salvación, fue "vivificado en espíritu".
¿A qué espíritu vivificador se pudo referir el apóstol
Pedro? En Romanos 8:11 encontramos la respuesta:
"Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a
Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo
Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por
el Espíritu que mora en vosotros". Por esto queda claro que Pedro
se referia al Espíritu Santo que lo levantó de los muertos.
Sigue diciendo en el versículo 19: "En aquel [o sea en la persona
del Espíritu Santo] también fue y predicó a los espíritus
encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron". ¿Quién
fue el instrumento del Espíritu Santo para predicar a los antediluvianos?
"Noé, pregonero de justicia. . ." (2 Ped. 2: 5). El fue el
que predicó el mensaje de salvación durante 120 años,
y fue guiado para ello, como todos los profetas de Dios que "hablaron
siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2 Ped. 1: 21).
¿Por qué dice "espíritus encarcelados"? Sin
duda se refería a los antediluvianos encarcelados en sus pecados. Los
cristianos de aquellos tiempos solían referirse al pecador como a un
ser "encarcelado". Jesús dijo:
"La verdad os hará libres" (Juan 8: 32) El apóstol
Pablo afirmó: "Y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos
de justicia. . . Mas ahora habéis sido libertados del pecado. . ."
(Rom. 6: 18, 22). De manera que aquí d apóstol Pedro está
usando una expresión apostólica común al referirse a
los pecadores como encarcelados por el pecado.
¿Por qué dice entonces "espíritus" y no "personas"? La palabra pneu-ma que se traduce como "aliento", "soplo de vida", también en algunas ocasiones se la usa para referirse a personas. El apóstol Pablo se refirió a su persona como "mi espíritu" (1 Cor. 16: 18) y a la persona de Timoteo, como "tu espíritu" (2 Tim. 4: 22). Por lo tanto, nada tiene de particula que un apóstol hable de los "espíritus" al referirse a personas. Nótese además que el apóstol Pedro recuerda que esa prédica guiada por el Espíritu Santo se realizó "cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca" (1 Ped. 3: 20), pues no podría ser cuando ya no tenía ningún objeto predicar el Evangelio, cuando ya todos estaban perdidos.
Alguien podría pensar que queremos forzar una explicación,
pero no es así. Lo único que hacemos es no contradecir la doctrina
de las Escrituras sobre la naturaleza del hombre en la muerte, la que es terminante
(véanse las preguntas 36, 39, 41), y además atenernos al contexto
bíblico, recordando expresiones propias de la época de los apóstoles.
De lo contrario, además de esa contradicción resultante de la
mala comprensión de estos textos, nos encontraríamos con que
tendríamos que aceptar el dogma del purgatorio que tampoco es bíblico,
pero donde sí hubiera sido razonable, de acuerdo con el dogma, el predicar
a los espíritus. En el infierno no correspondería tal prédica,
pues allí, según la misma doctrina no bíblica, están
los que ya no tienen salvación. Y además tendríamos que
explicar la parcialidad de Jesús al hacer acepción de personas,
dado que en esa supuesta visita a los muertos, solamente atendió a
los antediluvianos y no a los demás.
La respuesta que ofrecemos concuerda con todas las enseñanzas bíblicas,
lo cual es importante, porque en la Santa Biblia no hay contradicción.
También concuerda con expresiones apostólicas utilizadas en
aquel tiempo, y no nos obliga a aceptar un dogma totalmente antibíblico
como lo es el del purgatorio.