Efeso
La iglesia cristiana de Efeso fue la primera a la
cual Juan dirigió una carta desde su destierro en la isla de Patmos;
pero la ciudad era también muy importante por otras circunstancias. Efeso
compartía con Antioquía de Siria y Alejandría, en Egipto,
el honor de ser una de las ciudades más grandes e importantes del mundo
oriental en el Imperio Romano. Pero su mayor honor era que tenía el Artemision,
uno de los templos más grandes y más famosos de la antigüedad,
dedicado a la diosa Artemisa, que los romanos llamaban Diana.
Efeso, a diferencia de otras ciudades famosas del Asia occidental, se encuentra
ahora en ruinas; su lugar está abandonado. En su vecindad se halla el
pueblo turco antes llamado Aya Soluk, desbastación fonética de
Hágios Theólogos, "el santo teólogo", título
que primero se le dio a Juan y más tarde al pueblo. El nombre actual
del pueblo es Selyuk. Se encuentra a unos 75 km de lzmir, la antigua Esmirna,
y se puede llegar a él por carretera o por ferrocarril.
En Selyuk se ven las ruinas de un viejo acueducto que antiguamente proporcionaba
agua a Efeso. Al oeste de la aldea está el monte sagrado de Efeso, cuya
cima ahora se halla ocupada con las ruinas de la fortaleza de Aya Soluk. Dentro
de los muros de la fortaleza se encuentran las ruinas de la basílica
de San Juan el Teólogo. Originalmente sólo había una capillita
en ese sitio, donde según la tradición fue sepultado Juan; pero
el emperador Justiniano (527-565 d. C.) construyó en su lugar una magnífica
basílica de unos 110 m de largo. Esta iglesia era superada en belleza
y dimensiones únicamente por la de Santa Sofía, en Constantinopla.
Lamentablemente, como muchas otras del Asia Menor, ahora se halla en ruinas,
y de sus paredes y columnas de mármol sólo quedan pedazos.
Al sudeste de la basílica de San Juan están las ruinas de la monumental
mezquita del sultán Isa I, edificio de 60 por 53 m, que fue construido
en el siglo XIV. Cerca de esta mezquita estaba el famoso Artemision, que ahora
es una profunda depresión que en ciertas épocas del año
está llena de agua. Si no fuera porque el Servicio de Antigüedades
ha colocado allí un cartel para hacerles saber a los turistas que ése
es el lugar donde estuvo el gran templo de Diana, la mayoría de los visitantes
pasarían por allí sin reconocer el sitio donde una vez estuvo
uno de los edificios más importantes de la antigüedad.
Este templo fue destruido en forma tan completa, que hasta el lugar donde había
estado cayó en el olvido. J. T. Wood hizo excavaciones en Efeso por cuenta
del Museo Británico, de 1863 a 1874, en las que gastó unos 80.000
dólares. Su principal meta era encontrar el Artemision, y lo logró
después de varios años de búsqueda y de haber removido
unos 100.000 metros cúbicos de tierra; pero sólo descubrió
las piedras de los cimientos del gran edificio, sepultadas bajo unos 7 m de
escombros y tierra. Wood también descubrió que el templo descansaba
sobre una plataforma, a la que se subía por una escalinata circular de
diez peldaños. El templo tenía 110m de largo y 55 m de ancho,
y cubría cuatro veces la superficie del famoso Partenón de Atenas.
Tenía 117 columnas (Plinio dice erróneamente 127) con una altura
de unos 20 m y unos 2,15 de diámetro cada una. En 36 de ellas había
esculturas de figuras humanas de tamaño natural.
Por registros antiguos sabemos que el anterior templo de Diana estuvo en construcción
durante 120 años antes de que fuera terminado entre 430 y 420 a. C. Se
dice que este edificio fue destruido en el año 356 a. C., la noche en
que nació Alejandro Magno, y luego fue reedificado con mayor esplendor
que antes. La famosa estatua de Artemisa, diosa de la caza y de la fertilidad,
estaba en el santuario interior del templo. Algunos antiguos escritores afirman
que estaba hecha de madera negra cubierta parcialmente de oro, pero dejando
al descubierto cabeza, brazos, manos y pies. Otros, como el escribano de la
ciudad de los días de Pablo (Hech. 19: 35), afirmaban que había
descendido del cielo, por lo que algunos eruditos deducen que fue construida
con la piedra negra de un aerolito. Cualquiera que haya sido el material, la
estatua era un símbolo de la fertilidad, por cuya razón su cuerpo
estaba cubierto con muchos pechos.
La fama del Artemision se debió a muchos factores. Sus dimensiones y
la belleza de su arquitectura lo convirtieron en uno de los más magníficos
edificios de la antigüedad. Los antiguos lo incluían entre las siete
maravillas del mundo. Además, numerosas estatuas y otras obras de arte,
fruto de los más famosos artistas del mundo griego, estaban en el Artemision
y aumentaron su fama. Muchos reyes y personas ricas donaron obras de arte para
este templo como regalos consagrados a él. En el predio del templo se
celebraban numerosos festines relacionados con el culto de Diana. Estas eran
ocasiones en las que se comía y bebía con desenfreno y se practicaba
la más crasa inmoralidad. La más espectacular de esas festividades
duraba varios días durante el mes de artemisio (marzo-abril), que era
dedicado a Artemisa. Durante ese mes llegaban muchos visitantes a la ciudad,
y probablemente fue en esta ocasión cuando se produjo el tumulto contra
Pablo (ver Hech. 19). El templo también era conocido como un lugar que
concedía el derecho de asilo a los fugitivos políticos, privilegio
sumamente estimado en la antigüedad. Además, uno de los bancos más
ricos y más hábilmente administrado de la época pertenecía
a los sacerdotes de este templo. El resultado era que grandes sumas de dinero
se depositaban en sus bóvedas.
Por lo tanto, es fácil entender que cualquier esfuerzo por socavar la
autoridad y la fama de esta institución encontraría una oposición
muy decidida de los habitantes de Efeso y de todos los interesados en perpetuar
su sistema. En antiguas inscripciones y también según las palabras
del "escribano" ("magistrado", BJ) de Efeso, la ciudad era
llamada neÇkóros "guardiana del templo" (Hech. 19: 35)
o "custodio" de la gran Artemisa, título del cual los efesios
estaban muy orgullosos. Por eso se produjo un gran tumulto cuando debido a la
predicación de Pablo disminuyeron los ingresos de los que se ganaban
la vida haciendo templecillos y estatuillas de Artemisa (Diana).
Aunque Pablo, que había pasado casi tres años trabajando en Efeso,
salió de allí poco después del tumulto, la semilla que
había sembrado produjo una abundante cosecha, y dos siglos más
tarde toda la zona había recibido el cristianismo (ver mapa frente a
p. 33); por lo tanto, el templo de Diana perdió su significado, y cuando
fue incendiado por los godos en 262 d. C., se había reducido tanto su
influencia que no fue reedificado. Sus columnas de mármol fueron derribadas
y se usaron en la edificación de iglesias cristianas, algunas de ellas
tan distantes como Constantinopla. Lo que quedó de esa gran maravilla
del mundo fue usado por la población local como material de construcción.
Sus grandes bloques de mármol fueron recortados y usados en la construcción
de casas, o quemados y convertidos en cal. Finalmente todo el lugar quedó
cubierto con escombros, y se olvidó por completo su ubicación
hasta que Wood la volvió a descubrir en los tiempos modernos.
A corta distancia al sur del lugar del Artemision comienza el lugar de las ruinas
de la ciudad, la más grande del Asia Menor en los días del apóstol
Pablo. Basándose en los datos disponibles se ha estimado que Efeso tenía
en el siglo II a. C. una población de 225.000 habitantes. La ciudad creció
mucho durante el período romano.
La antigua Efeso, situada en la margen izquierda del río Caistro y en
una pequeña bahía que formaba un puerto natural, era un importante
centro comercial. No debía su importancia al Caistro, que no era el más
largo ni el más importante río del Asia Menor occidental, sino
a su ventajosa posición geográfica entre dos importantísimos
ríos que regaban una rica región agrícola: el Meandro al
sur y el Hermos al norte. Por eso muchas prósperas empresas de negocios
estaban radicadas en Efeso, y su activa vida económica hacía de
la ciudad una de las más ricas de la antigüedad.
Partiendo del Artemision, los visitantes entraban antiguamente en la ciudad
por la puerta de Koresso, de la que sólo quedan algunos restos. Cerca
están las ruinas del estadio y las del gimnasio de Vedio; en las ciudades
griegas grandes había varios gimnasios en donde los jóvenes practicaban
para los juegos atléticos.
Al continuar por el camino moderno que pasa por la ciudad antigua, pronto se
llega al gran teatro, muy bien conservado, quizá el más grande
del Asia Menor. Era un edificio monumental cuyas 66 hileras de asientos estaban
construidas en la ladera occidental del monte Pion. Tenía capacidad para
24.500 espectadores sentados. El lugar de la orquesta tenía un diámetro
de unos 35 m y el semicírculo de las gradas cerca de 200 m de diámetro.
El escenario se ha derrumbado; pero las columnas que lo sostenían todavía
están en pie así como partes de su tallada pared posterior, que
en la antigüedad tenía tres pisos de altura. Este gran anfiteatro,
donde se celebraban reuniones políticas, fue el escenario del tumulto
contra el apóstol Pablo, vívidamente descrito en Hech. 19: 23-41.
Cada vez que tenía que tomarse una decisión importante, la gente
iba al teatro para oír el debate y dar a conocer sus pareceres ante las
autoridades. Ver t. VI, ilustración frente a p. 353.
La construcción de los asientos de un teatro en la ladera de alguna colina
o montaña, simplificaba la construcción y también mejoraba
muchísimo la acústica. Desde la hilera más alta de los
asientos del teatro se tiene una excelente y rápida visión de
las ruinas de la ciudad antigua y sus alrededores. Al norte se halla el curso
sinuoso del río Caistro. Un poco más cerca, parcialmente ocultas
por árboles y arbustos, están las macizas ruinas de la iglesia
de Santa María, en la cual se celebraron dos famosos concilios eclesiásticos:
el del año 431 d. C., que oficialmente declaró a María
como la madre de Dios, y el llamado "Latrocinio de Efeso" del año
449 d. C.
Al pie del teatro comienza la Arcadiana, calle de 11 m de ancho, la principal
vía de unión entre el centro de la ciudad y el antiguo puerto
al oeste. Su blanco pavimento de mármol brilla a la luz del sol. Una
inscripción indica que esta vía era iluminada de noche con lámparas
colgadas de sus columnas. Al final de la Arcadiana, donde antiguamente estaba
el puerto, hay ahora campos verdes, más fértiles que cualesquiera
otros de las proximidades, pues están formados por tierra de aluvión
llevada por el Caistro. La actual costa del mar Egeo queda a unos 5 km hacia
el oeste. La obstrucción del puerto con los sedimentos, que los antiguos
no pudieron evitar a pesar de sus diligentes esfuerzos, fue una de las razones
de la decadencia de Efeso como importante ciudad mercantil y de su abandono
final.
Hacia el oeste, detrás del antiguo puerto, se levanta la colina de Astiages,
en cuya falda hay una estructura que la tradición indica como la prisión
de Pablo; sin embargo, no hay pruebas suficientes para creer que el apóstol
estuvo alguna vez encarcelado en Efeso. Hacia el sur está el monte Koressos,
donde se hallan las ruinas del muro helenístico, de unos 11 km de largo,
que era el límite sur de la ciudad.
En el valle entre el monte Koressos y el monte Pion están las ruinas
de los edificios públicos de la ciudad antigua. Entre ellas están
la gran ágora o "plaza del mercado", el Serapeum (Serapeo),
templo dedicado al dios egipcio Serapis, la biblioteca de Celso, extensos baños
romanos, acueductos que traían agua a la ciudad desde las montañas,
el odeón, "un pequeño salón de conciertos" y
otras ruinas. La calle principal, llamada hoy Curetes, iba desde el centro comercial
al centro cívico. Sus columnas y monumentos muestran claramente la cultura
de los tiempos de Juan.
El ágora o mercado era el centro de la vida social y económica
de toda la ciudad antigua, y las dimensiones del ágora de Efeso, de la
cual se han excavado sólo partes, muestran cuán importante debe
haber sido la ciudad. Por todos lados estaba circuida por aceras con columnas,
detrás de las cuales estaban los negocios. Se han excavado una cantidad
de esas construcciones y algunas hasta se han reconstruido, de modo que el visitante
moderno puede tener una idea de su aspecto interior. ¡Pero qué
contraste entre el pasado y el presente! Ese lugar fue una vez el activo centro
de una populosa ciudad en la cual el visitante veía bellos edificios
y hermosas estatuas y también una vida metropolitana activa. Ahora se
ven columnas rotas, trozos de paredes y montones de tierra y de escombros que
todavía no se han excavado. La vida activa y bulliciosa que una vez llenó
este centro de una de las más grandes ciudades del Medio Oriente, ha
desaparecido. En el ágora se ha reconstruido un gran arco de piedra erigido
por dos libertos de Agripa en honor del emperador Augusto. La inscripción
o dedicación llama a Augusto pontifex maximus, o sea sumo sacerdote del
imperio, título que más tarde se atribuyeron los obispos de Roma.
Al sur del ágora están las ruinas de la famosa biblioteca de Celso,
que llegó a rivalizar en importancia con la de Alejandría. Consistía
en una sala de conferencias y un cuarto de lectura rodeado por pequeños
recintos donde se guardaban los manuscritos costosos. El visitante moderno se
siente impresionado por las ruinas de esta famosa biblioteca, fundada en el
tiempo del ministerio de Juan por uno de los más ricos ciudadanos de
Efeso. En Selyuk hay también un interesante museo donde se pueden apreciar
dos estatuas de mármol de Diana, halladas en las excavaciones de la antigua
Efeso.