La última palabra

PARA MEMORIZAR

““Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan” (Hechos 17:30).


UN VISTAZO A LA SEMANA:

: ¿Qué le dice Dios a Jonás acerca de los ninivitas? ¿De qué modo expresa Dios la ignorancia moral de ellos? ¿Por qué habla Dios de los animales que había en la ciudad? ¿Qué lección estaba Dios tratando de enseñarle a Jonás? ¿De qué manera respondió Jonás? ¿De qué maneras Jonás es un modelo del antiguo Israel? ¿O aun de la iglesia moderna? ¿Por qué terminó Dios el libro de Jonás con una pregunta que permanece sin respuesta?

AHORA CONCLUYEN LOS CUATRO CAPÍTULOS de la narración del libro de Jonás. Dios tiene la última palabra, aun cuando esa palabra es una pregunta. Sin embargo, la pregunta se presenta no como si Dios quisiera aprender algo de Jonás, sino como queriendo enseñarle algo a él.

Por cuanto el libro no nos cuenta si Jonás entendió el punto que Dios quería enseñarle o no, eso no necesita ser muy importante para nosotros. En cambio, lo importante es: ¿Entendimos nosotros esa lección? Es decir, que nosotros conozcamos el amor, la misericordia y la compasión de Dios, y por ello estemos contentos de que esos atributos divinos sean para nuestro beneficio. Pero, ¿estamos dispuestos a permitir que Dios obre en nosotros de modo que podamos tener amor, misericordia y compasión por los demás? ¿Estamos dispuestos a hacer los sacrificios propios, necesarios, con el fin de que podamos enseñar a los ninivitas modernos la verdad de que viene el juicio y que un día tendrán que responder por sus pecados?

La Pluma Inspirada

La parábola de la oveja perdida es una eficaz ilustración del amor del Salvador por los que yerran. El Pastor deja a las noventa y nueve al abrigo del redil mientras sale a buscar a la oveja perdida, a punto de perecer; cuando la halla, la pone sobre su hombro, y regresa con regocijo. No buscó faltas en la oveja descarriada; no dijo: "Que se vaya, si quiere"; sino que salió por entre el temporal de agua y nieve para salvar a la que estaba perdida. Pacientemente prosiguió su búsqueda hasta que halló el objeto de su preocupación.

Así debemos tratar al que yerra, al descarriado. Debiéramos estar dispuestos a sacrificar nuestra propia comodidad cuando está en peligro un alma por la cual Cristo murió. Jesús dijo: "Habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento". Así como se manifestó gozo por el hallazgo de la oveja perdida, los verdaderos siervos de Cristo manifestarán gozo y gratitud rebosantes cuando sea salvada un alma de la muerte (La temperancia, p. 119).

Cristo representa con la oveja perdida no sólo al pecador individual, sino también al mundo que ha apostatado y ha sido arruinado por el pecado. Este mundo no es sino un átomo en los vastos dominios que Dios preside. Sin embargo, este pequeño mundo caído, la única oveja perdida, es más precioso a su vista que los noventa y nueve que no se descarriaron del aprisco. Cristo, el amado Comandante de las cortes celestiales, descendió de su elevado estado, puso a un lado la gloria que tenía con el Padre, a fin de salvar al único mundo perdido. Para esto dejó allá arriba los mundos que no habían pecado, los noventa y nueve que le amaban, y vino a esta tierra, para ser "herido... por nuestras rebeliones" y "molido por nuestros pecados" (Palabras de vida del Gran Maestro, p. 149).

UN ALMA PERDIDA


“¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?

¿De qué modo podía Dios impresionar la mente de este pobre hombre con cuáles son las cosas importantes y cuáles no? Jonás vivió en un mundo muy parecido al nuestro, donde la vida humana a menudo parece de poco valor. Sin embargo, Dios murió por toda la humanidad, porque él ama a toda la humanidad. De hecho, se nos dice que él hubiera muerto por una sola persona. “En la parábola, el pastor va en busca de una oveja, la más pequeñita de todas. Así también, si sólo hubiera habido un alma perdida, Cristo habría muerto por esa sola” (PVGM 146).

En el contexto de este último versículo del libro de Jonás (y en el de la actitud de Jonás), lee Mateo 18:11-14. ¿Qué clase de contraste existe entre la actitud de Dios hacia la gente y la de Jonás hacia ella? (Y la actitud de Jonás puede diferenciarse de la nuestra sólo en grado.) ¿Qué reprensión tienen estas palabras de Jesús para nosotros por nuestra frialdad y falta de celo por las almas?

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El pensamiento de que Cristo murió por todo este planeta, aunque es pequeño en comparación con el tamaño del universo, es muy asombroso. Pero, ¿morir por una sola persona? ¿Quién puede captar esta clase de amor? Aunque no sabemos cuántos serán salvos al fin (Apocalipsis 21:24; Isaías 66:23), ciertamente serán muchos más que uno. Sin embargo, aunque hubiera sido sólo uno, Cristo hubiera muerto de todos modos. No resulta extraño que la mente secular tenga grandes dificultades para captar el evangelio. Aun los que son de la fe apenas pueden comenzar a captar este concepto tan grande.

Piensa acerca de quién es Dios, quiénes somos nosotros, y cuán pequeños y miserables somos; por contraste, y aun así, considera lo que Dios hizo por nosotros. Medita en lo que estos pensamientos nos dicen acerca del amor de Dios. Escribe un párrafo que exprese lo que esta verdad significa para ti y la esperanza que te da. ¿Qué nos dice este concepto acerca de la seguridad de la salvación? Hazte también la siguiente pregunta: ¿Cómo es que, ante un amor tan grande, hay almas que se perderán definitivamente?

La Pluma Inspirada

La raza caída sólo podía ser restaurada mediante los méritos de Aquel que es igual a Dios. Cristo consintió en dejar su lugar exaltado y tomar sobre él la naturaleza humana para obrar en favor del hombre y reconciliar este súbdito desleal con Dios. Como nuestro substituto y garante luchó contra los poderes de las tinieblas y prevaleció contra el enemigo de las almas, ofreciéndonos la copa de la salvación. El Príncipe de la vida soportó insultos, burlas, dolor y muerte, y sobre la cruz del Calvario pagó el precio por la redención de un mundo perdido. A este mundo al que amaba, la única oveja perdida, lo trajo de vuelta al redil. La cruz del Calvario nos habla del inmenso amor de Dios por el pecador; del valor que le da a cada alma, de tal manera que estuvo dispuesto a pagar el precio infinito de su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no perezca, mas tenga vida eterna.

Si el amor de Dios no hace brotar una respuesta en el corazón humano; si no subyuga y suaviza el alma, el pecador está perdido. No hay otro poder en reserva para conmover al pecador. El don más precioso del cielo nos es ofrecido libremente. No hay una manifestación del amor de Dios que sea más grande que la que nos fue dada en la cruz del Calvario. Si el amor manifestado por Cristo no subyuga el corazón, ¿qué otra cosa lo haría? Si has fallado en responder a los ruegos de su Espíritu, ablanda tu alma endurecida y abre la puerta de tu corazón para recibir a Cristo, el mejor don del cielo. Que la incredulidad no te lleve a rechazar al huésped enviado del cielo. Él, con infinita paciencia, busca al pecador y le dice: "Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis?" (The Messenger, 26 de abril, 1893).

Jesús dejó su exaltada posición, puso a un lado su manto real y su corona regia, y vistió su divinidad con humanidad para que pudiera salvar la única oveja perdida. No fue a los otros mundos que no habían caído, ni puso su mirada en los mundos mayores, sino en el mundo que había sido maldito por el pecado.

Los noventa y nueve estaban seguros; él salió para buscar al que se había extraviado. Al mirar a este mundo, lo vio lleno de pecadores, de culpa, de miseria, y se apiadó del que estaba enfermo y en necesidad de un médico. Al rescatar a cada alma de la esclavitud del pecado, el corazón del Redentor se llena de gozo.

Cuando el pastor encontró a la oveja perdida, regocijándose la colocó sobre sus hombros. De la misma manera, una sola alma por humilde que sea, llena de gozo a Aquel que soportó la cruz despreciando la vergüenza.

El corazón de Cristo está lleno de un indecible amor por cada alma que viene a él. "Habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento" (S. Lucas 15:7). Y el amor manifestado por Cristo también revela el carácter del Padre, porque Dios sufrió con su Hijo. El que cargó con el pecado de un mundo caído, hizo de su corona de espinas una diadema sobre su frente sangrante. Oh, pecador, ¿No vendrás a Cristo para que tengas vida? Jesús te echa de menos. Es el divino Pastor que busca la oveja perdida para llevarla de regreso al refugio junto a las noventa y nueve. Jesús desea la salvación de cada alma perdida: "No es la voluntad de vuestro Padre... que se pierda uno de estos pequeños" (Review and Herald, 17 de marzo, 1896).

VIVIENDO EN IGNORANCIA


“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan” (Hechos 17:30).

Nota la expresión que Dios usó en Jonás 4:11 para describir a los ninivitas. Obviamente, es una metáfora. ¿Qué está diciendo Dios en esta descripción? ¿Qué otro aspecto está tratando Dios de señalar a este profeta hebreo (nota el énfasis en el adjetivo “hebreo”)?

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Dios estaba hablando con Jonás, un hebreo, alguien que había venido de la nación que Dios había llamado para ser un pueblo especial, que había recibido gran luz y comprensión, no sólo de Dios sino también de sus principios morales eternos (ver Éxodo 19:5; 20; Deuteronomio 4:7; 12:8; Salmo 19:7-11; 37:31; Jeremías 31:33). Mucho de la historia hebrea fue definido por su comprensión de la ley y de los preceptos morales que se encuentran en ella. De este modo, la nación hebrea fue el pueblo más adelantado, en lo moral y espiritual, de todas las sociedades paganas que lo rodeaban.

En contraste, Dios describe a los ninivitas como incapaces de discernir entre su mano derecha y la izquierda. Obviamente, estas personas no tenían la misma conducción moral que Dios le había dado a Israel. Una frase similar aparece en la Biblia (Deuteronomio 28:14; 17:20; Josué 1:7), refiriéndose al problema moral de no desviarse de la ley y de la revelación divinas. De modo que aquí, en el libro de Jonás, se nos indica que los ninivitas no tenían el conocimiento de la ley de Jehová. El uso de la frase “su mano derecha y su mano izquierda” también se encuentra en textos babilónicos como sinónimo de “verdad y justicia”, o “ley y orden”. De esta manera, Dios indicó a Jonás que, en el caso de Nínive, pospone el castigo por causa de los que son moralmente ignorantes, por aquellos que no comprenden.

Tal vez los ninivitas no tenían el mismo conocimiento de la ley de Dios que los hebreos; no obstante, los actos del pueblo y del rey, como lo expresa Jonás 3:10, muestran que ellos tenían algo de conciencia moral y de comprensión del bien y del mal. Considera de nuevo lo que Dios le dijo a Jonás en el último versículo del libro acerca de los ninivitas. ¿Qué nos dice esto con respecto a la equidad de Dios al tratar con los que no tienen una revelación más profunda de la verdad moral? Por lo tanto, ¿no son ellos responsables ante Dios por sus actos? ¿O tendrán que dar cuenta de sus actos de una manera diferente?

La Pluma Inspirada

"Empero Dios, habiendo disimulado los tiempos de esta ignorancia, ahora denuncia a todos los hombres en todos los lugares que se arrepientan". En los siglos de oscuridad que habían precedido al advenimiento de Cristo, el Gobernante divino había pasado por alto la idolatría de los paganos; pero ahora, mediante su Hijo, había enviado a los hombres la luz de la verdad; y esperaba que todos se arrepintieran para salvación, no solamente los pobres y humildes, sino también los orgullosos filósofos y príncipes de la tierra. "Por cuanto ha establecido un día, en el cual ha de juzgar al mundo con justicia, por aquel varón al cual determinó; dando fe a todos con haberle levantado de los muertos". Al hablar Pablo de la resurrección de los muertos, "unos se burlaban, y otros decían: Te oiremos acerca de esto otra vez" (Los hechos de los apóstoles, p. 194).

El Señor se apiada de este mundo que es su viña que no ha sido trabajada... En el medio de su ira la recuerda con misericordia. Su corazón está lleno de amor y compasión por los miles que ignoran la verdad. El Señor ha hecho mucho por aquellos que conocen la verdad; pero los que no la conocen, no han recibido de aquellos que debían haberla compartido, ni una décima parte de lo que debían recibir. Que Dios tenga piedad de su pueblo a quien, como a la nación judía, les dio la bendición de recibir la luz para compartirla con aquellos que están en la ignorancia, y no para rechazar la luz y la bendición ofrecida (Special Testimonies for Ministers and Workers, N° 7, p. 61).

¿LOS ANIMALES TAMBIÉN? (Lee Job 39)


En todo el capítulo 4 Dios ha mantenido una suave presión sobre Jonás para que reconsidere su evaluación del tratamiento que Dios les está dando a los ninivitas. Y en este libro de sorpresas, una de las más sorprendentes es la pregunta final que Dios le hace a Jonás.

¿Cuál es la última frase del versículo final del este último capítulo del libro de Jonás? Jonás 4:11.

La terminación, un tanto enigmática del libro de Jonás, muestra la compasión que Dios tiene no sólo por los ninivitas paganos, sino, aparentemente, también sobre su ganado (aunque la palabra hebrea aquí habla de los “animales” en general, no sólo del ganado). Aunque el registro final es más bien abrupto (¡cuánto nos gustaría saber cómo terminó, en definitiva, esta conversación!), y el significado preciso no es absolutamente claro, parece que Dios le estaba diciendo a Jonás que él quería tener compasión no sólo de las personas, sino también de los animales.

Esto realmente no debería ser tan sorprendente, ¿verdad? En los cuatro capítulos del libro de Jonás, “el Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra” (Jonás 1:9) es representado como el soberano de toda su creación. Esto también lo expresan en forma constante muchos de los otros escritores bíblicos, de ambos Testamentos. Y se nos recuerda a menudo en las Escrituras cómo Dios se preocupa por todo el mundo creado. Aun los cielos están incluidos en esta perspectiva divina.

Lee Job 39. Nota de qué manera Dios se concentra en las criaturas a las que se refiere. ¿Qué nos dice esto acerca del interés y el cuidado de Dios también sobre los animales? Además, no importa cuán grande sea la diferencia en estas situaciones, ¿qué semejanzas puedes encontrar entre lo que Dios le dice aquí a Job y lo que le está diciendo a Jonás?

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La tradición judía enseña que Dios nota en particular a aquellos que son bondadosos con los animales, porque los animales no pueden devolver el favor, como pueden hacerlo los seres humanos.

Uno de los mayores peligros es irse a los extremos. Podemos llevar una cosa buena al extremo hasta que llegue a ser mala. ¿De qué modo podemos, como cristianos, establecer un equilibrio correcto en nuestra actitud hacia los animales (o hacia la naturaleza, en general) de modo que, por un lado no tratemos cruelmente a los animales, y por el otro, no lleguemos a ser fanáticos en nuestra devoción a ellos?

La Pluma Inspirada

Nuestro Dios es un Dios compasivo. Trata a los transgresores de su ley con longanimidad y tierna misericordia. Y no obstante, en el tiempo presente, en que hombres y mujeres tienen tantas oportunidades para familiarizarse con la ley divina como está revelada en la Santa Escritura, el gran Gobernante del universo no puede contemplar con satisfacción las ciudades impías, donde reina la violencia y el crimen (En los lugares celestiales, p. 345).

El trato rudo, aun a los animales, es ofensivo a Dios. Aquellos que profesan amar a Dios no siempre consideran que el abuso a los animales o el sufrimiento inflingido a ellos por negligencia, es un pecado. Los frutos de la gracia divina se revelarán tanto en la manera en que se trata a las bestias como en el servicio en la casa de Dios. Aquellos que se violentan y se impacientan con sus animales no son cristianos.

Un hombre que es rudo, severo y dominante con sus animales porque tiene poder sobre ellos, es un cobarde y un tirano. Y si se le presenta la oportunidad manifestará la misma crueldad hacia su esposa y sus hijos. Dios, que creó al hombre, también formó a los animales para su felicidad y servicio. Aunque Dios le dio dominio sobre ellos, ese poder no debía ser usado para tratarlos cruelmente causándoles dolor. Sin embargo algunos son rudos y crueles con sus animales como si éstos no tuvieran carne y músculos que se cansan y duelen con el trabajo.

Muchos piensan que su crueldad no será conocida porque esas pobres bestias no pueden revelarla. Pero si sus ojos fueran abiertos como lo fueron los ojos de Balaam, verían a un ángel de Dios que está siendo testigo y presentará su informe en las cortes celestiales. Y llegará el día en que se pronunciará juicio contra aquellos que parecen demonios en su trato con las criaturas de Dios.

Si los animales pudiesen hablar, ¡qué historias de horror, sufrimiento y perversidad contarían! Cuán a menudo estos seres, criaturas de Dios, sufren hambre y sed porque no pueden expresar sus necesidades. Y cuán a menudo el capricho humano es el que determina si recibirán atención y bondad, o negligencia y abuso. El castigo airado dado frecuentemente a las bestias de carga es excesivo y muestra absoluta crueldad. Los animales, como los humanos, tienen, hasta cierto punto, entendimiento; cuando son abusados se tornan irritables, nerviosos e incontrolables.

Hubo animales en el Edén y los habrá en la tierra renovada. A menos que aquellos que son crueles con los animales cambien su actitud y muestren bondad y misericordia hacia ellos, no tendrán parte en la herencia de los justos, porque si llegaran allí manifestarían el mismo espíritu.

Toda actitud que cause dolor a nuestros prójimos o a los animales, es de origen satánico (Signs of the Times, 25 de noviembre, 1880).

PREGUNTAS, PREGUNTAS, PREGUNTAS...


El libro de Jonás termina repentinamente con una pregunta escrutadora que queda sin respuesta. No se nos dice si Jonás finalmente admitió su gozo egoísta por el favor de Dios aunque no estaba dispuesto a compartirlo con los ninivitas, o si pudo captar el generoso amor de Dios por todos los pueblos, que sobrepasaba por lejos sus propias ideas de equidad. Nos quedamos preguntándonos si Jonás alguna vez apreció el perdón que Dios les extendió a quienes no merecían ese perdón.

Es muy raro que un libro de la Biblia termine con una pregunta y, en este caso, una pregunta muy sorprendente; sin embargo, no hay realmente ninguna razón para que un libro no pueda acabar de esa manera. De hecho, esta terminación no es un ejemplo de un pensamiento sin concluir o del descuido al escribir. Por el contrario, al finalizar de esta manera, el libro contrasta en forma aguda la actitud de Jonás con la actitud de Dios.

Aunque no es común que un libro de la Biblia termine con una pregunta, sin embargo es común que Dios mismo haga preguntas. Con las siguientes preguntas que Dios formuló, primero pregúntate: ¿Por qué las hizo Dios? Y luego anota lo que piensas que es la respuesta a cada pregunta, indicando tus razones para ello:
Éxodo 4:11

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Job 40:1, 2

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Jonás 4:11

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Marcos 8:36

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Lucas 6:9

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Toma ahora tus respuestas a estas preguntas, y resume en un corto párrafo lo que te enseñan acerca del carácter, la misericordia y el poder de nuestro Dios.

La Pluma Inspirada

Los hombres de más alta inteligencia no pueden entender los misterios de Jehová revelados en la naturaleza. La inspiración divina hace muchas preguntas a las cuales los sabios más profundos no pueden responder. Estas preguntas no fueron hechas para que las contestáramos, sino para que llamaran nuestra atención a los profundos misterios de Dios y nos enseñaran que nuestra sabiduría es limitada; que en la esfera en que nos movemos en la vida cotidiana hay muchas cosas que superan a la inteligencia de los seres finitos.

Los escépticos se niegan a creer en Dios porque no pueden abarcar el infinito poder por medio del cual se revela. Pero hay que reconocer a Dios tanto por lo que él no nos revela acerca de sí mismo como por lo que está al alcance de nuestra limitada comprensión. En la revelación divina y en la naturaleza, Dios ha escondido misterios que nos imponen la fe. Y así debe ser. Bien podemos estar siempre escudriñando, investigando y aprendiendo, y seguir encontrándonos, sin embargo, frente a lo infinito (El ministerio de curación, p. 338).

Hombres del mayor intelecto no pueden entender los misterios de Jehová como se revelan en la naturaleza. La inspiración divina hace muchas preguntas que el erudito más capaz no puede contestar. No se hicieron esas preguntas con la suposición de que pudiéramos contestarlas, sino para llamar nuestra atención a los profundos misterios de Dios y para que los hombres sepan que su sabiduría es limitada, que en las cosas comunes de la vida diaria hay misterios que sobrepujan la comprensión de la mente finita, que los juicios y propósitos de Dios son indescifrables y su sabiduría inescrutable. Si acaso Dios se revela al hombre, lo hace oculto en la densa nube del misterio.

El propósito de Dios es ocultar más de sí mismo de lo que le revela al hombre. Si los seres humanos pudieran entender plenamente los caminos y las obras de Dios, entonces no creerían que él es el Ser infinito. Él, en su sabiduría, en sus razones y propósitos, no puede ser comprendido por el hombre. "Son... inescrutables sus caminos" (Romanos 11:33). Su amor nunca puede ser explicado por los principios naturales. Si esto se pudiera hacer, no pensaríamos en que podemos confiarle los intereses de nuestra afina. Los escépticos se niegan a creer porque su mente limitada no puede abarcar el poder infinito mediante el cual Dios se revela a los hombres.

Ni aun el mecanismo del cuerpo humano se puede entender plenamente; presenta misterios que desconciertan a los más inteligentes (Comentario bíblico, t. 3, p. 1159).

EL BUEY CONOCE


“El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento” (Isaías 1:3).

Lee los primeros tres versículos de Isaías 1. ¿Qué semejanzas notas allí con la historia de Jonás y su actitud hacia Dios?

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Como hemos visto a lo largo de todo el libro de Job, la naturaleza está bajo el control de Dios. Esta enseñanza, por supuesto, no es nada nuevo (ver Mateo 21:18, 19; 17:24-27; Marcos 4:35-41). ¡Si tan sólo los seres humanos fueran igualmente obedientes! La diferencia, sin embargo, es que Dios no hizo que la naturaleza fuera moralmente culpable, como hizo con la humanidad. Dios obliga a la naturaleza, pero no obliga a la humanidad. Con el propósito de que fuéramos seres morales, debíamos ser seres libres. Tristemente, a menudo abusamos de esa libertad.

Repasa el libro de Jonás. ¿Qué y quiénes obedecieron a Dios, y quiénes no lo hicieron? ¿Qué ironía puedes notar en tu respuesta?

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La naturaleza obedeció, los paganos obedecieron; sólo Jonás, el hebreo, no lo hizo, o por lo menos en el grado en que Dios hubiera querido. En un sentido, Jonás es un símbolo de la nación de Israel en diversas etapas de su historia. Lo que pudo haber hecho en paz y prosperidad (1 Reyes 8:60; Isaías 27:6; 56:6; Zacarías 8:23) tuvo que hacerlo bajo circunstancias terribles: la cautividad, la esclavitud y el exilio. Lo mismo ocurrió con Jonás.

La tormenta, el pez, y los tres días y tres noches, todo podría haberse evitado si hubiera obedecido de primera intención. Además, lo triste es que, aunque no sabemos lo que finalmente le ocurrió a Jonás, el libro termina sin que él, aparentemente, estuviera donde Dios quería que estuviese. En otras palabras, Jonás todavía no había entendido el plan de Dios. Históricamente, parece que el antiguo Israel tampoco lo entendió.

Recordando la sección de hoy, ¿qué piensas que Elena de White quiso decir cuando escribió: “La obra que la iglesia no ha hecho en tiempos de paz y prosperidad tendrá que hacerla durante una terrible crisis, en las circunstancias más desalentadoras y prohibitivas” (2 JT 164)?

La Pluma Inspirada

El Señor deseaba colocar a su pueblo en una posición donde él pudiese manifestar su poder en su favor, pero sus corazones se apartaban de él y no se sometían a sus requerimientos. ¡Qué ceguera! ¡Qué insensatez! Igualmente incomprensible es la actitud de aquellos que han sido dotados de inteligencia y rodeados de bendiciones temporales, y sin embargo prefieren al mundo y la indulgencia de las bajas pasiones, en lugar de gozar del favor de Dios y de su infinito amor.

Aunque los israelitas, como nación, se separaron de Dios, quedó un remanente que resistió las malas influencias que lo rodeaban y mantuvo su alianza a Jehová. Estos fieles crecían constantemente en la gracia y en la verdadera piedad. Se tomaban más firmemente del Señor cuando veían la apostasía de sus hermanos. Su fe se tornaba más fuerte con cada conflicto que enfrentaban.

Es por la infinita misericordia de Dios que a su pueblo en estos días se le brinda el alto honor de ser hijos e hijas del Dios Todopoderoso. Pero a menos que nos entreguemos sin reservas a su servicio y caminemos en obediencia a sus mandamientos, no mostraremos que somos miembros de la familia real. Nunca debiéramos perder de vista que "quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos", quiere "purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras" (Tito 2:14). Debiéramos sentir que es un honor especial para nosotros ser llamados fuera del mundo, en lugar de ser dejados para perecer en nuestros pecados.

Dios desearía que su pueblo presentara un marcado contraste, en carácter y en conducta, con el mundo incrédulo. Debemos ser "linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido", para mostrar las virtudes de Aquel que nos "llamó de las tinieblas a su luz admirable" (1 Pedro 2:9). Y es sólo mediante constante oración y vigilancia mezclada con fe, como podemos preservar nuestro carácter peculiar y santo corno hijos e hijas de Dios.

Por supuesto, es más fácil profesar ser gente santa, que serlo de verdad. Como en el antiguo Israel, muchos prometen ser fieles a Dios y servirle, pero pronto olvidan sus votos y se unen con los mundanos en la búsqueda de ganancias o placer. Pero debiéramos ser muy cuidadosos, "Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháramos al que nos amonesta desde los cielos" (Hebreos 12:25). Las bendiciones y privilegios que gozamos nos colocan bajo la solemne obligación de utilizarlos para la gloria de nuestro Creador. Debieran inspirarnos a mostrar una determinación ferviente de obedecer sus requerimientos. Cuidémonos de no ser presuntuosos y confiados, no sea que perdamos la promesa de entrar en su reposo

Fue a causa de la desobediencia que el antiguo Israel se separó de Dios; y es por la misma razón que el moderno Israel puede fallar: debilidad, apostasía y negligencia en obedecer la ley divina. Dios requiere de toda la humanidad obediencia a sus mandamientos; el mundo entero será juzgado por la ley moral de acuerdo a la oportunidad que cada uno haya tenido de conocerla, ya sea por la palabra escrita, por la razón o la tradición.

La ley de Dios es espiritual; penetra hasta nuestros más secretos pensamientos, motivos y propósitos.

Nuestro juicio, nuestra voluntad y nuestros afectos deben ser controlados por sus preceptos. Sus principios requieren amar a Dios y al prójimo. Sin ese amor, un cumplimiento formal no será aceptado. Esta ley es el modelo del carácter cristiano; como fiel espejo revela a los hijos de los hombres sus defectos morales, y los ayuda a ser vigilantes contra la tentación. Les enseña a tener un correcto discernimiento espiritual y buen juicio. La ley de Dios es santa, justa y buena, y seremos felices al conformarnos a sus requerimientos (Signs of the Times, junio 9, 1881).

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR


“Dios deseaba proporcionar a cada individuo y a la nación ‘toda clase de facilidades para que llegaran a ser la más grande nación de la tierra” (PVGM 201; Deuteronomio 4:6-8; 7:6, 14; 28:1; Jeremías 33:9; Malaquías 3:12; PP 279, 324; Ed 37; DTG 530). Se proponía hacer de ellos una honra para su nombre y una bendición para las naciones que los rodeaban (Ed 37; PVGM 228).

“Cuando las naciones de la antigüedad vieran el progreso sin precedentes de los israelitas, se suscitarían su atención y su interés. ‘Aun los paganos reconocerían la superioridad de los que servían y adoraban al Dios viviente’ (PVGM 232). Deseando obtener para sí las mismas bendiciones, preguntarían cómo podrían adquirir también ellos esas evidentes ventajas materiales. Israel les respondería: ‘Aceptad a nuestro Dios como vuestro Dios, amadle y servidle como lo hacemos nosotros, y él hará lo mismo en favor de vosotros’. ‘Las bendiciones así aseguradas a Israel se prometen, bajo las mismas condiciones y en el mismo grado, a toda nación y a todo individuo debajo de los anchos cielos’ (PR 367; ver Hechos 10:34, 35; 15:7-9; Romanos 10:12, 13; etc.). Todas las naciones de la Tierra habían de compartir las bendiciones tan generosamente prodigadas sobre Israel (PR 274)” (4 CBA 29).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR

1. C. S. Lewis escribió: “Hay sólo dos clases de personas al fin: los que dicen a Dios: ‘Sea hecha tu voluntad’, y aquellos a quienes Dios les dice al fin: ‘Tu voluntad sea hecha’. Todos los que estarán en el infierno, lo habrán elegido. Sin esa elección propia, no podría haber infierno”. –Lewis, p. 72. Por deficiente que sea la comprensión de C. S. Lewis acerca de la naturaleza (y el momento) del infierno, medita en esta cita. ¿Estás de acuerdo con él o no? Indica tus razones para tu respuesta.

2. Lee Lucas 4:24-28. ¿De qué manera lo que dice Jesús aquí es, en cierta forma, similar a la situación descrita en el libro de Jonás? Como Cristianos, ¿qué advertencias deberíamos aceptar acerca de lo que Cristo les dijo a los que estaban en la sinagoga?

RESUMEN

El libro de Jonás termina con un tema que aparece en toda la Biblia: el amor y la grandeza de Dios en contraste con la pequeñez y la pecaminosidad de los seres humanos.