La señal del profeta Jonás

PARA MEMORIZAR

“Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez por tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra por tres días y tres noches” (Mateo 12:40)


UN VISTAZO A LA SEMANA:

¿Qué pregunta le hicieron a Jesús, que motivó que él se refiriera a Jonás, y quién se lo preguntó? ¿Por qué los reprendió Jesús tan severamente por lo que habían preguntado? ¿Por qué siempre habrá lugar para la duda? ¿De qué manera la experiencia de Jonás prefiguró la muerte, la sepultura y la resurrección de Cristo?

EN ESTE PUNTO DE NUESTRO ESTUDIO, la narración, la historia de Jonás y sus actos, ha terminado. Fue toda una historia, con algunos actos ciertamente asombrosos.

Sin embargo, mientras la porción narrativa de la historia de Jonás ha terminado, el mensaje de la historia, y las razones por las que fue incluida en el canon, todavía no han terminado.

Está registrado que Jesús mismo, durante su ministerio terrenal, habló tres veces de Jonás, todas en el mismo contexto, el de Jonás en el vientre del gran pez. Para Jesús, la historia de Jonás, específicamente las partes que él menciona, eran oportunas, y por cuanto sus palabras fueron registradas con respecto a Jonás en dos de los evangelios, Mateo y Lucas, obviamente tienen algo que debe ser útil para nosotros.

Esta semana consideraremos más de cerca lo que Jesús dijo de Jonás, el profeta renuente, y las razones por las que usó a Jonás para transmitir un mensaje importante, no sólo a quienes estuvieron allí para escucharlo, sino también a nosotros.

La Pluma Inspirada

La Biblia está escrita en un lenguaje que la mente más humilde puede comprender. Está escrita para el pueblo, y las verdades son reveladas de acuerdo a las necesidades y la capacidad decomprensión de la gente. La verdad es declarada a través de la pluma y la voz de sus siervos tan claramente que nadie necesita una evidencia adicional de su origen. Si esta evidencia es rechazada, ninguna otra evidencia convencerá la mente, cambiará los sentimientos o convertirá la voluntad, aunque sea cincuenta veces más fuerte. En la parábola, la respuesta de Abrahán a aquel que deseaba que un mensajero de entre los muertos fuera enviado a sus hermanos fue: "Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos" (Lucas 16:31).

Cuando la verdad es presentada ante la mente, el Señor impresiona el corazón. Un ejemplo de esto, y del resultado de rechazar las impresiones divinas, está registrado por Lucas. En Nazaret, Cristo se presentó a sí mismo como el Ungido. El Espíritu acompañó sus declaraciones y los corazones fueron convencidos de la verdad. "Todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca" (Lucas 4:22). Pero ante las instigaciones de Satanás, retornó a ellos la incredulidad y el escepticismo, y muy pronto estuvieron listos para un acto violento y homicida. Si el ángel del Señor no hubiera estado a su lado, lo hubiesen despeñado (The Bible Echo, 19 de agosto, 1895).

“ESTA GENERACIÓN ADÚLTERA”


“Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches” (Mateo 12:40).

Como se vio en la lección de la primera semana de este trimestre, Jesús mismo creyó en la veracidad de la historia de Jonás, específicamente la parte más “increíble”, es decir, la excursión submarina de Jonás en el vientre del gran pez. De hecho, Jesús se refiere a Jonás, no sólo en Mateo 12 sino también en Mateo 16:4; entretanto, Lucas 11:29-32, también registra que Jesús se refirió a Jonás. Todas estas referencias están en el mismo contexto.

Lee Mateo 12:38-45; Mateo 16:1-4 y Lucas 11:29-36, las tres veces que Jesús mencionó a Jonás. ¿Cuál es el trasfondo de su respuesta? ¿Qué tienen en común los tres informes? ¿Por qué se refiere Jesús a esta generación “mala” y “adúltera”? ¿Qué tiene que ver su referencia a la reina del Sur [Sabá]? ¿Y su referencia a los ninivitas?

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De muchas maneras, particularmente dado el contexto, vemos aquí repetido lo que le sucedió a Jonás. A lo largo de todo el libro vemos que fue así con los paganos, los que no eran hebreos; fueron los que respondieron a las señales, a las advertencias, así como a las expresiones de la gracia de Dios, mientras que Jonás, el único hebreo del libro, pareció estar endurecido a todas ellas.

Jesús está tratando aquí con una situación similar: aquellos que, como Jonás, deberían haber sabido mejor, no le hicieron caso. Al referirse a Jonás, Jesús estaba refiriéndose a una historia que, si se aceptaba con fe y sumisión, les habría provisto de una clara lección objetiva.

Esto debe enseñarnos que el haber recibido gran luz, y el tener los grandes privilegios que vienen con dicha luz, no es garantía de salvación. Conocer la “verdad”, es decir, saber una serie de afirmaciones acerca de Dios o de la naturaleza de Dios, por sí misma no significa nada. Las páginas de la Biblia están repletas de personas que recibieron la verdad, pero que no llevaron frutos de esa verdad en sus vidas.

Lee cuidadosamente Mateo 12:43-45, recordando el contexto. ¿Qué verdad estaba presentando Jesús aquí? ¿Qué mensaje hay ahí para nosotros, como adventistas del séptimo día?

La Pluma Inspirada

La gente estaba convencida de que Cristo era el Hijo de David. Todos estaban maravillados de sus palabras y actos. Pero cuantos más actos de saneamiento realizaba Cristo, tanto más vehementes eran las acusaciones de los fariseos. Éstos reconocían que eran manifestaciones de poder sobrenatural, pero no estaban dispuestos a aceptar que provenían del poder de Dios. Lo acusaron de echar fuera demonios con el poder de Beelzebú, el príncipe de los demonios. Cristo los enfrentó con argumentos que probaban que sus acusaciones eran falsas: "Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá. Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino? Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan vuestros hijos? Por tanto ellos serán vuestros jueces. Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios" (Mateo 12:25-28).

Los que hicieron esta acusación contra Cristo estaban en terreno peligroso, porque estaban extinguiendo el último rayo de luz que provenía del trono de Dios para iluminar sus prejuiciadas almas. Por eso Jesús les advirtió del peligro, diciéndoles: "Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu Santo no les será perdonada... ni en este siglo ni en el venidero” (versículos 31, 32).

Aunque Cristo, al sanar a los enfermos, echar fuera demonios, dar vista a los ciegos y realizar otras obras poderosas, había dado evidencia de su poder divino, algunos de los escribas y fariseos seguían insistiendo que les diera una señal especial. Pero Cristo les respondió: "La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches". Entonces, pasó a mostrarles las consecuencias de su incredulidad, diciéndoles: "Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar. La reina del Sur se levantará en el juicio con esta generación, y la condenará; porque ella vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar" (Mateo 12:39-42).

Aunque Cristo hablaba con autoridad suprema, siempre parecía hacerlo por autoridad de su Padre; siempre parecía estar al nivel del trono eterno. La gloria de Dios se derramaba sobre él y sobre aquellos que recibían la luz para trasformarse, a su vez, en portadores de luz para otros (Signs of the Times, 1 de octubre, 1896).

BUSCANDO UNA SEÑAL


¿Qué pregunta motivó la severa respuesta de Jesús con respecto a Jonás? ¿Por qué habrá reaccionado Jesús de ese modo? Ver Mateo 12:38; 16:1.

Repasa, en los primeros 16 capítulos de Mateo, los eventos que precedieron a estas preguntas, y ¿qué ves? Leprosos que fueron sanados (Mateo 8:2-4); el sanamiento de la hija de un centurión (versículos 5-13); un paralítico que fue sanado (Mateo 9:1-8); un ciego que recibió la vista (versículos 27-31), y así sigue el relato. Sin embargo, algunas de estas personas todavía querían una señal.

¿De qué modo todas estas señales explican por qué Jesús reaccionó ante ese pedido con tanta severidad? Ver también Lucas 16:31.

En definitiva, los que no quieren creer en Dios, o en Jesús, siempre encontrarán razones para su incredulidad. De hecho, es difícil pensar en algo que Dios pueda hacer para que una persona crea, si tal persona no quiere creer.

Imagínate si, repentinamente, las palabras: ¡JESUCRISTO, EL HIJO DE DIOS, MURIÓ POR LOS PECADOS DEL MUNDO! fueran escritas en el cielo en todos los países, en todos los idiomas, por un medio que esquiva toda explicación científica y racional. Aunque fuera milagrosa, aunque esta señal fuera grandiosa, la creencia de que ¡JESUCRISTO, EL HIJO DE DIOS, MURIÓ POR LOS PECADOS DEL MUNDO! todavía requeriría fe. Aun una señal tan grandiosa no sería una prueba absoluta, y los que todavía no quieren creer no serían convencidos, aunque algo así fuera proclamado en los cielos.

Después de todo, la muerte expiatoria de Cristo en la cruz fue un evento histórico que ocurrió en el pasado. Ya pasó. La única manera en que podemos saber de eso es por lo que se nos dice; y, por cuanto no estuvimos allí, no vimos lo que ocurrió, podemos aceptar lo que se nos dice sólo por fe. ¿De qué otro modo podría ser? Y la fe, por cuanto es creer en lo que no está “demostrado”, siempre viene con la posibilidad de dudar, y todas las señales, milagros y maravillas del mundo nunca podrán borrar todas las dudas. De esta manera, los que quieren aferrarse a la duda siempre tendrán algo de qué aferrarse, no importa cuántas señales vean.

¿Qué cosas te motivaron a creer en Jesús? ¿Quisieras que algo más ocurriera que podría ayudarte a fortalecer tu fe? Si es así, ¿qué sería eso? Ahora, imagínate que se te diera lo que pediste. ¿Te imaginas, entonces, que todas las demás preguntas y todas tus dudas desaparecerían completamente? Seguramente no pasaría esto. La pregunta es: ¿Qué hacemos con la duda?

La Pluma Inspirada

La incredulidad es un obstáculo en el alma humana que siempre se interpone, con obstinada persistencia, entre el alma y Dios. Dios da suficiente evidencia, pero el ser humano, con su voluntad no santificada, rehúsa aceptarla a menos que llegue en la forma en que él la espera para confirmar sus propias ideas. Con osadía declara: "¡Señales! ¡Pruebas! eso es lo quiero", y se aparta de la evidencia que Dios da. Siembra en sí mismo las semillas de la duda y de la incredulidad que darán su cosecha, separándolo más y más de Dios. ¿Es acaso una señal o una prueba lo que el hombre necesita? No. La parábola del rico y Lázaro nos muestra que hay almas que se apartan de la evidencia ya mostrada para decir: "Necesito ver pruebas"...

¿Por qué es que los seres humanos no aceptan las evidencias como suficientes para creer?

Sencillamente porque no quieren convencerse; no están dispuestos a aceptar la voluntad de Dios en lugar de la suya, ni a reconocer que han sido incrédulos al resistir la luz que Dios les ha enviado. Buscan una percha en la que colgar sus dudas e incredulidad. A veces están listos para aceptar el testimonio débil e insuficiente que no ha sido dado por el Señor en su Palabra, porque está de acuerdo con sus ideas y en armonía con su propia voluntad y placer. Estas almas están en gran peligro. Si humillaran su orgullo y se pusieran del lado de Dios; si humildemente y con corazón contrito buscaran la luz, creyendo que hay luz para ellos, la encontrarían y reconocerían las evidencias de la autoridad divina. Pero el corazón debe estar dispuesto a recibir la luz, porque Satanás siempre está listo para oscurecer la preciosa verdad que hace sabio para salvación, y si no se la acepta permanecerá como un misterio para el alma (1888 Materials, p. 764).

Nuestro éxito en la vida cristiana no depende de la abundancia de luz y evidencias, sino de la aceptación de la luz que nos ha sido dada y de nuestro deseo de trabajar conjuntamente con las agencias celestiales señaladas por Dios para la salvación del alma. Si el apóstata o el pecador se afirma en su pecado, no habrá luz del cielo que pueda brillar sobre él con éxito, como le ocurrió a Saúl cuando el poder del mal lo controlaba. A menos que el ser humano entregue su voluntad a la voluntad de Dios, la luz brillará en vano, y aunque Dios enviara luces mil veces más fuertes tampoco darían resultado.

Dios sabe cuándo el pecador tiene suficiente luz y evidencia, y sabe también que no se persuadirá aun "si alguno se levantare de los muertos" (Signs of the Times, 12 de Febrero, 1894).

“HE AQUÍ MÁS QUE JONÁS EN ESTE LUGAR”


Cuando leemos lo que Jesús dijo a la gente en Mateo 12:41 y 42 (ver también Lucas 11:31, 32), en ambos registros Jesús pronuncia una frase interesante e importante. “He aquí más que Jonás en este lugar”; “He aquí, más que Salomón en este lugar”. El contexto de estas expresiones muestra que Jesús estaba comparando la actitud de estas personas con la de los ninivitas y con la reina de Sabá.

Lee 1 Reyes 10:1-13, acerca de la visita de la reina de Sabá a Salomón. ¿Cuál fue la reacción de ella, y por qué? ¿Qué tenía Salomón que la hizo actuar a ella como lo hizo? ¿Qué nos enseña esto acerca de lo que Israel, si hubiera sido fiel, podría haber realizado para Dios? Ver también Deuteronomio 4:5-8; 8:17, 18; 28:11-13.

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Nota también en las palabras de Cristo otra comparación que él hace: no sólo es la comparación entre “esta generación” y los paganos, sino también entre él mismo, Salomón y Jonás. Está diciendo, en esencia, que los ninivitasse habían arrepentido por las palabras de Jonás, quien difícilmente podría ser tomado como el mayor ejemplo de fidelidad, fe y celo; sin embargo, aquí está el Hijo de Dios mismo, haciendo todo lo que puede hacer, ¿y ustedes todavía se rehúsan a arrepentirse? Y también está la reina de Sabá, una gobernante pagana quien, por su propia iniciativa, fue a escuchar a Salomón, un mero ser humano mortal. Sin embargo, aquí está el Hijo de Dios, que vino a ustedes, ¿y ustedes todavía no quieren escuchar?

¿De qué modo Jesús fue mayor que Salomón y que Jonás? Ver Juan 1:1-4; 8:58; Colosenses 1:16.

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De todas las verdades que podemos conocer, la más profunda y maravillosa es que Dios mismo descendió vestido de humanidad en la persona de Jesucristo. No importa cuán grande y pecaminoso sea el mundo, Dios, mediante Cristo, se inclinó y se unió con los mortales pecadores y moribundos de una manera que nos da esperanza y consuelo increíbles. Nuestro Dios ha estado entre nosotros, como uno de nosotros, y de este modo nos conoce mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos. Más aún, él también nos ama.

¿De qué modo la divinidad de Cristo nos consuela personalmente? ¿Por qué crees que la divinidad de Cristo es tan importante? ¿Qué ocurriría si Jesús fuera un ser creado como nosotros, en vez de ser Creador mismo?

Pluma Inspirada

La reina de Sabá, después de haber visto y escuchado todo lo que se le mostró y se le dijo en Jerusalén, no se vio inclinada a alabar a Salomón, sino a exclamar: "Jehová tu Dios sea bendito, que se agradó de ti para ponerte en el trono de Israel; porque Jehová ha amado siempre a Israel, te ha puesto por rey, para que hagas derecho y justicia" (1 Reyes 10:9). Esta era la impresión que Dios deseaba hacer sobre todos los pueblos. Y cuando toda la tierra procuraba ver la cara de Salomón, para oír la sabiduría que Dios había puesto en su corazón", el rey continuó por un tiempo señalando al Creador de los cielos y de la tierra, el Gobernante del universo, corno el Sabio. El nombre de Jehová fue honrado y su santo templo tratado con reverencia.

Si Salomón hubiera permanecido humilde; si hubiese dirigido la atención de la gente hacia Aquel que lo había dotado de riquezas, honor y sabiduría, ¡cuán diferente hubiera sido su historia! Pero la pluma fiel de la inspiración, que registró sus virtudes, también da testimonio de sus caídas. Elevado al pináculo de la grandeza y la fortuna, Salomón se mareó, perdió el equilibrio y cayó. Alabado por los grandes del mundo por su extraordinaria sabiduría, fue finalmente vencido por la adulación. El don del cielo que le había sido confiado por Dios y que siempre debía haber usado para gloria del Dador, llenó de orgullo a Salomón, y se olvidó de andar humildemente ante su Dios (Review and Herald, 11 de enero, 1906).

Cristo reconoció abiertamente su derecho a la autoridad y a recibir lealtad. "Vosotros me llamáis Maestro, y Señor –les dijo– y decís bien, porque lo soy". "Uno es vuestro Maestro, el Cristo" (Juan 13:13; Mateo 23:8). De ese modo mantuvo la dignidad que le correspondía a su nombre, y la autoridad y el poder que poseía en el cielo.

Hubo ocasiones cuando habló con la dignidad de su verdadera grandeza. Más de una vez declaró: "El que tiene oídos para oír, oiga". Con estas palabras no hacía más que repetir la orden de Dios, cuando desde la excelencia de su gloria el Infinito había declarado: "Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd" (Mateo 17:5). De pie ante los fariseos de ceño fruncido, que trataban de poner en alto su propia importancia, Cristo no vaciló en compararse con los representantes más distinguidos que habían caminado sobre la tierra y declarar su propia eminencia sobre todos ellos...

Cristo sabía que los israelitas consideraban a Salomón como el más grande monarca que jamás hubiera empuñado un cetro sobre un reino terrenal... Sin embargo Cristo declaró: "He aquí más que Salomón en este lugar" (Exaltad a Jesús, p. 31).

PALABRAS SEVERAS


Aunque estamos acostumbrados a considerar a Jesús como tierno, suave, amante y perdonador, el Jesús que se presenta en estos incidentes resulta un tanto diferente, por lo menos en la superficie. Mateo 16:1, al revelar los motivos que tenían quienes hacían la pregunta, nos ayuda a comprender por qué Jesús habló como lo hizo.

Por supuesto, esta no fue la primera vez que Cristo habló palabras severas de reprensión y censura durante su ministerio terrenal.

Lee Mateo 23. ¿A quiénes estaba reprendiendo Jesús, y por qué? ¿Qué semejanzas existen entre esta reprensión y lo que hemos visto en los textos referidos a Jonás para esta semana?

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Nota también, en su discurso de Mateo 23, que más de una vez Jesús llamó “ciegos” a sus líderes. De este modo, cuán inútil hubiera sido darles la señal que pedían en Mateo 12, porque los ciegos no pueden ver. A pesar de lo que Jesús hacía: sanar a los leprosos, resucitar muertos, echar fuera demonios, estos escribas y fariseos no lo veían, porque ellos no querían ver. Y Jesús, señalando sus pecados y corrupción (en Mateo 23), mostró por qué no querían ver: si lo hacían, lo hubieran aceptado en virtud de las señales y las maravillas que él hacía, pero luego habrían tenido que reformar radicalmente sus vidas y sus prácticas, algo que muchos de ellos, aparentemente, no querían hacer.

El mismo principio se aplica hoy a muchas personas: rechazan la verdad, no tanto sobre una base intelectual, no tanto porque su mente la rechaza, sino porque su mente carnal lo hace.

Aunque Jesús, en esta situación, rehusó darles la clase de señal que pedían, sin embargo, en medio de la reprensión les dio una “señal”, de todas maneras. Lee nuevamente Mateo 12:39, 40. Jesús usó la historia de Jonás, un evento pasado, para hablarles de algo que ocurriría pronto. ¿Cuál era ese evento? ¿De qué modo Jonás prefiguró este evento? ¿Qué estaba diciendo Jesús con esto a las personas a las que, si hubieran escuchado, podría haberles abierto los ojos acerca de él y de quién era él?

La Pluma Inspirada

"Sobre la cátedra de Moisés-dijo Jesús-- se sentaron los escribas y los fariseos: así que todo lo que os dijeren que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen" (Mateo 23:2, 3). Los escribas y los fariseos aseveraban estar investidos de autoridad divina similar a la de Moisés. Aseveraban reemplazarle como expositores de la ley y jueces del pueblo. Corno tales, exigían del pueblo absoluto respeto y obediencia. Jesús amonestó a sus oyentes a hacer lo que los rabinos les enseñaban según la ley, pero no a seguir su ejemplo. Ellos mismos no practicaban sus propias enseñanzas.

El Salvador hizo claro que no tenía nada personal contra los escribas y fariseos a pesar de la forma en que ellos lo trataban, pero abiertamente condenó sus acciones y carácter, que diferían de sus enseñanzas, y no debían ser imitadas. "Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas". Los fariseos imponían una multitud de reglas basadas en la tradición, que restringían la libertad de acción personal (Signs of the Times, 21 de marzo, 1878).

Al ver la actuación de los escribas y fariseos y considerar los privilegios y la luz que se les había concedido, nos preguntamos: ¿Cómo podían estos maestros leer la palabra de Dios sin percibir las verdades que enseña? Estos hombres tenían la responsabilidad de explicar la ley en las sinagogas, y sin embargo Cristo les dijo: "Erráis ignorando las Escrituras y el poder de Dios", y "Enseñáis como doctrinas mandamientos de hombres". Las tradiciones humanas, que habían pasado de siglo en siglo a través de los rabinos, habían moldeado el culto religioso, y ahora se incrementaban con la reglamentación de asuntos triviales. Se establecían nuevas leyes y se le enseñaba a la gente que debían considerarlas como mandatos de Dios. Muchas de estas reglas no se escribían sino que pasaban de unos a otros, cada uno agregando nuevos detalles, hasta que se transformaron en un conjunto de ideas y fábulas irrazonables. Si alguien intentaba mostrar que estos requerimientos estaban en conflicto con las Escrituras era condenado como alguien que no aceptaba un "así dice Jehová". Estas enseñanzas de los rabinos agradaban a Satanás, porque a través de ellas se estaba preparando el camino para que Cristo, cuando viniera al mundo, fuera rechazado por su propia nación (Review and Herald, 29 de agosto, 1899).

“EN EL CORAZÓN DE LA TIERRA”


Aun en medio de esta severa reprensión por su ceguera espiritual, Jesús todavía procuró ganar su lealtad, porque aunque era Dios, no obligaba a nadie a seguirlo. Entonces, como ahora, el servicio a Dios debe ser ofrecido libremente; de otro modo es esclavitud, y Dios no quiere esclavos. (Si él hubiera querido esclavos, no nos habría hecho agentes morales libres.) De esta manera, Jesús usó la historia de Jonás para describir lo que le ocurriría a él; es decir, su muerte, sepultura y resurrección. La idea de Jesús era que después que ocurriera esto, ellos tuvieran más razón de creer en quién era él, al recordar lo que él ya les había dicho.

En Jonás 2:2, Jonás dice que “desde el seno del Seol clamé”. La palabra Seol significa, en hebreo, “el sepulcro”, “el mundo subterráneo”. A menudo resulta ser un sinónimo de muerte. Jonás, en el vientre del pez, se vio a sí mismo como “muerto”, pero fue resucitado, es decir, salvado de su destino, y esto sólo por el poder de Dios.

Lee los siguientes grupos de textos. ¿Qué dice cada uno de ellos que ayuda a explicar por qué Jesús usó la historia de Jonás como una “señal” de su propia experiencia?

Mateo 26:61; 27:62-64; Marcos 14:58

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Mateo 28:6; Marcos 16:6; Juan 21:14

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Hechos 2:15; Romanos 4:24, 25; 1 Corintios 15:3-5; 2 Corintios 4:14; Efesios 1:20

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Aunque Jonás es un símbolo muy pobre de Jesús, sin embargo, Jesús usó la historia de Jonás, su descenso al “Seol” y su ascenso de nuevo a la “vida”, como un símbolo de lo que le ocurriría cuando, habiendo muerto por el abrumador peso de los pecados del mundo, Jesús descendería al “Seol” para ser traído de nuevo a la vida por el mismo Dios que trajo de vuelta a Jonás del “Seol”. Y del mismo modo que la “resurrección” de Jonás, en forma muy limitada, condujo a que la misericordia fuera otorgada a los paganos, la resurrección de Cristo haría lo mismo, sólo que en escala mucho mayor. Jonás era un pobre ejemplo de lo que ocurriría con Cristo.

La resurrección de Cristo de entre los muertos asegura la promesa hecha también a nosotros (ver 1 Tesalonicenses 4:14). ¿Por qué es tan importante esta promesa para nosotros como cristianos? ¿Qué valor tendría nuestra fe sin ella?

La Pluma Inspirada

"Y gimiendo en su espíritu, dice: ¿Por qué pide señal esta generación?" "Mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás profeta". Como Jonás había estado tres días y tres noches en el vientre de la ballena, Cristo había de pasar el mismo tiempo "en el corazón de la tierra". Y copio la predicación de Jonás era una señal para los habitantes de Nínive, la predicación de Cristo era una señal para su generación. Pero, ¡qué contraste en la manera de recibir la palabra! Los habitantes de la gran ciudad pagana temblaron al oír la amonestación de Dios. Reyes y nobles se humillaron; encumbrados y humildes juntos clamaron al Dios del cielo, y su misericordia les fue concedida. "Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación -había dicho Cristo- y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás; y he aquí más que Jonás en este lugar" (El Deseado de todas las gentes, p. 373).

Jesús había dicho: "Destruid este templo, y en tres días lo levantaré". Sobre la cruz recibió las heridas cuyas cicatrices se mantendrán por los siglos sin fin de la eternidad. Esas heridas serán su gloria, la insignia de su triunfo sobre la serpiente que le heriría el calcañar, mientras que él la heriría en la cabeza. Sobre la cruz exclamó, "Consumado es", inclinó su cabeza y murió. Descendió a la tumba. Pero después de tres días, un poderoso ángel vestido con la gloria del cielo, disipó las tinieblas e hizo que los guardias romanos cayeran corno muertos a sus pies. Después de remover la piedra del sepulcro y quebrar el sello romano, Cristo salió triunfante de la prisión de la muerte, y sobre el sepulcro de .losé proclamó: "Yo soy la resurrección y la vida".

Ahora cada hijo e hija de Adán podría ser liberado de la esclavitud de Satanás: esclavitud del pecado y de la transgresión. Como sustituto y garantía del hombre, Cristo había ganado la victoria. El mundo y sus habitantes fueron comprados a este precio infinito y todo aquel que cree en su nombre puede ser un heredero de Dios y coheredero con Cristo.

Cuando Cristo se levantó de los muertos, un grito de victoria y triunfo se escuchó en los cielos, y el gozo, un gozo indecible, llenó las cortes celestiales (Signs of the times, 26 de marzo, 1894).

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR


“Lo importante es que ellos [los ninivitas] se arrepintieron a pesar de que Jonás no realizó, hasta donde lo sepamos, ningún milagro en presencia de ellos. Aceptaron su mensaje por la autoridad que demostraba, porque llegó hasta sus corazones (Jonás 3:5-10). Lo mismo debería haber ocurrido con los escribas y los fariseos, porque el mensaje que Cristo presentaba ciertamente llevaba con él la evidencia convincente de la autoridad de Jesús (ver comentario de Marcos 1:22, 27). Pero además de las palabras que pronunció, obró muchas maravillas, y ellas fueron un testimonio adicional de que sus palabras eran verdaderas (Juan 5:36). Pero a pesar de toda esta evidencia, los escribas y los fariseos tercamente se negaron a creer en la evidencia que les era presentada” (5 CBA 387).

Jesús dijo que pasaría “tres días y tres noches” en el corazón de la tierra; sin embargo, fue sepultado en la tarde del viernes, y resucitó el domingo de mañana, y esto no son tres días y tres noches completos; es decir, no son un ciclo de 72 horas. Obviamente, entonces, la frase “tres días y tres noches” no significa de forma automática exactamente 72 horas. En cambio, es sencillamente una expresión idiomática que significa tres días, como (en este caso) viernes, sábado y domingo (ver Lucas 23:46-56; 24:3, 13, 21). No tiene que significar un viernes completo de 24 horas, un sábado completo de 24 horas y un domingo completo de 24 horas. En otros lugares, Jesús dijo que “en tres días” él resucitaría el templo de su cuerpo (Juan 2:19-21) o que él iría a “resucitar al tercer día” (Mateo 16:21). Estas referencias significan lo mismo que “tres días y tres noches”, es decir, Jesús sería crucificado y resucitado dentro de un período de tres días, aunque sólo uno de ellos, el sábado, abarcara un día completo de 24 horas. Él fue crucificado el viernes de tarde, pasó el sábado en la tumba y se levantó el domingo.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR

Jorge Washington fue el primer presidente de los Estados Unidos de Norteamérica. Sin embargo, ¿quién vive hoy que alguna vez se haya encontrado personalmente con él? ¿Quién lo vio en su oficina? Alejandro Magno fue un líder poderoso del antiguo Imperio Griego. ¿Cómo lo sabemos? ¿Alguno de tu clase alguna vez se encontró con él o lo vio en su posición de líder? En otras palabras, todas estas cosas, como la vida de Jesús, requieren cierta cantidad de fe, ¿verdad? Analiza este tema.

RESUMEN

Jesús usó la historia de Jonás para darnos una severa advertencia. ¿Quién le prestará atención?