¡La salvación es de Jehová!

PARA MEMORIZAR

“Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová” (Jonás 2:0).


UN VISTAZO A LA SEMANA:

: ¿Qué hicieron los marineros después que terminó la tormenta? ¿Qué fue lo que finalmente motivó a Jonás a orar? ¿Qué pidió Jonás en su oración? ¿Qué enseña el relato acerca de lo inútil que es profesar la fe sin hacer las obras correspondientes? Aún más, ¿qué enseña esto acerca de la gracia de Dios en favor de aquellos cuyas obras no concuerdan con su profesión?

EL DRAMA HA SEGUIDO AUMENTANDO en el primer capítulo del libro de Jonás. Un profeta, pretendiendo escapar de su misión divina, se encuentra afrontando la muerte en una tormenta. Sin embargo, en medio de todo este disturbio, son los marineros paganos, y no el profeta Jonás, quienes oran a Dios:

“Entonces clamaron a Jehová y dijeron: Te rogamos ahora, Jehová, que no perezcamos nosotros por la vida de este hombre, ni pongas sobre nosotros la sangre inocente; porque tú, Jehová, has hecho como has querido” (Jonás 1:14).

¡Qué ironía! Los que no eran israelitas, frente a frente con un profeta de Dios que fue desobediente, oran para que ellos no sean culpables de su muerte. No es una escena que se ve a menudo en la Biblia: los paganos orando a Dios mientras que los siervos de Dios permanecen en silencio. Los paganos estaban haciendo lo que Jonás debió haber hecho todo el tiempo.

Además, estos marineros oraron al Dios de Jonás usando el nombre especial del pacto que le fue dado a Israel, habiendo aceptado el testimonio de Jonás como está registrado en el versículo 9. Ellos pueden haber actuado bajo coacción, pero a veces eso es necesario para obtener la atención de alguien.

Sigamos la narración para ver qué ocurre a continuación.

La Pluma Inspirada

No puede calcularse el daño hecho por los profesos creyentes en Dios que no son hacedores de la Palabra. Su conducta licenciosa y desobediente corrompe a muchos y los aparta del camino de la obediencia.

Una vida de conformidad con la vida de Cristo no puede ser una vida de desobediencia a los mandatos de Dios. Al responder a su propia pregunta, el doctor de la ley declaró: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo". "Bien has respondido -dijo Cristo- haz esto y vivirás" (Lucas 10:25-28). El pecado no puede reinar en la vida de aquellos que aman a Dios por encima de todo. La obediencia es el fruto del amor a Dios. Cristo no se opone a sus propias leyes, y el amar al prójimo nos permite seguir al Modelo. No ha habido ni habrá un tiempo en el que la ley no haga sus demandas sobre cada hijo e hija de Adán (Review and Herald, 7 de mayo, 1901).

"Gracia... a vosotros". Todo lo debemos a la gratuita gracia de Dios. En el pacto, la gracia ordenó nuestra adopción. En el Salvador, la gracia efectuó nuestra redención, nuestra regeneración y nuestra exaltación a la posición de herederos con Cristo. No porque primero lo amáramos a él, Dios nos amó a nosotros sino que "cuando aún éramos débiles" Cristo murió por nosotros e hizo así una abundante provisión para nuestra redención. Aunque por nuestra desobediencia merecíamos el desagrado y la condenación de Dios, sin embargo no nos ha abandonado dejándonos luchar con el poder del enemigo. Ángeles celestiales riñen nuestras batallas por nosotros, y si cooperamos con ellos podemos ser victoriosos sobre los poderes del mal (En los lugares celestiales, p. 34).

EL TEMOR DE DIOS

La semana pasada dejamos a Jonás pidiendo a los marineros que lo arrojaran por la borda y se salvaran a sí mismos. Finalmente, desesperados, los marineros hicieron precisamente eso. Sólo entonces “el mar se aquietó de su furor” (Jonás 1:15). Otra vez, encontramos al Dios que creó el mar controlándolo en forma inequívoca.

¿Cuál fue la reacción de los marineros después que cesó la tormenta? Jonás 1:15, 16.

Nota que los marineros no atribuyeron el cambio del clima a una coincidencia accidental. No lo consideraron como sencillamente una suerte, o algo casual. En cambio, “temieron [...] a Jehová con gran temor” (ver el versículo 16). Antes habían temido la tormenta, pero ahora temían al Dios de la tormenta, aun más que a la tormenta misma. Estos marineros experimentados, que antes habían adorado a una colección de dioses falsos, llegaron a adorar a Jehová y le hicieron votos. Los marineros entraron en contacto con el Dios viviente. Presentaron una ofrenda a Dios, hicieron votos al verdadero Dios, quien no sólo creó el mar, sino que lo controla (Jonás 1:16).

Dios los libró milagrosamente y, como resultado, le rindieron homenaje. ¿De qué maneras esto es una imagen similar al plan básico de salvación, específicamente como se lo ve en la vida y el ministerio de Jesús? Ver, por ejemplo, Juan 9.

_____________________________________________________________________

_____________________________________________________________________


¿No somos salvados, librados de la muerte, por Jesús, y entonces, como resultado de esa liberación, lo adoramos y obedecemos? Por supuesto. Eso es lo que ocurrió con estos marineros. El homenaje y la adoración a Dios nunca podrán salvarnos; estas cosas son sólo el resultado de ser salvos, de haber obtenido la liberación milagrosa que puede ser nuestra sólo por la fe. Ver también Gálatas 2:20.

Tal vez el contraste más notable del capítulo 1 es también el que es más educativo espiritualmente. En el versículo 9 Jonás, el profeta hebreo, profesa “temer a Dios” pero no actúa de acuerdo con su conocimiento; en contraste, los paganos también “temieron a Dios” y luego realmente actuaron como si lo temieran, aun cuando su conocimiento de Dios era mucho más limitado que el de Jonás, el profeta hebreo. ¿Qué advertencias debemos tomar en cuenta a raíz de este contraste?

La  Pluma Inspirada

Establezcamos plenamente esto en nuestra mente: Si aceptamos a Cristo como a un Redentor, debemos aceptarlo como a un Legislador. No podemos tener la seguridad, la perfecta confianza en Cristo como nuestro Salvador, hasta que lo reconozcamos y obedezcamos sus mandamientos. Así manifestamos nuestra lealtad a Dios. Entonces nuestra fe es genuina. Obra por amor. Decid desde vuestro corazón: "Señor, sé que moriste para redimir mi alma. Si evaluaste tanto mi alma que entregaste tu vida por mí, te entrego mi vida y todas sus posibilidades". La voluntad debe ponerse en completa armonía con la voluntad de Dios (A fin de conocerle, p. 295).

"La importancia del sábado, como institución conmemorativa de la creación, consiste en que recuerda siempre la verdadera razón por la cual se debe adorar a Dios: porque él es el Creador, y nosotros somos sus criaturas. Por consiguiente, el sábado forma parte del fundamento mismo del culto divino, pues enseña esta gran verdad del modo más contundente, como no lo hace ninguna otra institución. El verdadero motivo del culto divino, no tan sólo del que se tributa en el séptimo día, sino de toda adoración, reside en la distinción existente entre el Creador y sus criaturas. Este hecho capital no perderá nunca su importancia ni debe caer nunca en el olvido" (J. N. Andrews, History of the Sabbath, capítulo 27).

Por eso, es decir, para que esta verdad no se borrara nunca de la mente de los hombres, instituyó Dios el sábado en el Edén y mientras el ser él nuestro Creador siga siendo motivo para que le adoremos, el sábado seguirá siendo señal conmemorativa de ello. Si el sábado se hubiese observado universalmente, los pensamientos e inclinaciones de los hombres se habrían dirigido hacia el Creador como objeto de reverencia y adoración, y nunca habría habido un idólatra, un ateo, o un incrédulo. La observancia del sábado es señal de lealtad al verdadero Dios, "que hizo el cielo y la tierra, y el mar y las fuentes de las aguas". Resulta pues que el mensaje que manda a los hombres adorar a Dios y guardar sus mandamientos, los ha de invitar especialmente a observar el cuarto mandamiento (El conflicto de los siglos, pp. 490, 491).

El hecho de que Dios demande reverencia y adoración por sobre los dioses paganos se funda en que él es el Creador, y que todas las demás criaturas le deben a él su existencia. Así lo presenta la Biblia. Dice el profeta Jeremías: "Jehová Dios es la verdad; él es Dios vivo y Rey eterno..., los dioses que no hicieron los cielos ni la tierra, perezcan de la tierra y de debajo de estos cielos" (Jeremías 10:10, 11) (Patriarcas y profetas, p. 348).

EN EL VIENTRE DEL PEZ

“Pero Jehová tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás; y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches” (Jonás 1:17).

Los marineros creyeron que Jonás se había ahogado, víctima de las olas y la tormenta. Sin embargo, en ese mismo momento, encontramos otra vez el control completo de Dios sobre la naturaleza. Ya hemos visto que Dios provocó el terrible viento de la tempestad (versículo 4); controló la situación cuando los marineros echaron suertes (versículo 7); y luego repentinamente detuvo la tormenta (versículo 15). ¿Qué viene a continuación?

¿De qué modo se demuestra ahora el poder soberano de Dios? Jonás 1:17.


Que un hombre sea tragado vivo y quede tres días en el vientre de un gran pez es un evento notable en cualquier época, no sólo en nuestro sofisticado siglo XXI. Aun en ese entonces fue un hecho increíble. Sin embargo, la Biblia no hace ningún intento de explicar o justificar que algo semejante pasara. Se da por sentado que es cierto, porque se da por sentado que Dios puede hacerlo.

El libro dice que “Jehová tenía preparado un gran pez para que tragase a Jonás”. También podría traducirse: “Jehová había designado”. El verbo proviene de una raíz hebrea que puede significar, entre otras cosas, “designar” o “preparar”, “reconocer” o “contar con”. El uso del verbo aquí enfatiza el gobierno soberano de Dios sobre su creación, con el fin de cumplir su propósito. En realidad, el narrador ligará este mismo verbo con las directivas de Dios tres veces más en el libro de Jonás, para subrayar la omnipotencia de Dios. (Ver Jonás 4:6, 7, 8.)

¿Qué otro verbo se usa para describir lo que el pez hizo con Jonás?

El verbo “tragar” aparece en varias formas en el Antiguo Testamento (ver Salmo 69:15; 106:17; Jeremías 51:34) y con frecuencia en el contexto del cautiverio de Israel. Es una palabra que se usa a veces para describir el castigo de Dios sobre su pueblo. De este modo, es muy apropiado en esta historia. Después de todo, muchos de los juicios de Dios sobre su pueblo no fueron más que los medios usados para apartarlos del mal. Los juicios y los castigos tenían intenciones redentoras. Dios debe de haber tenido esto en mente también con respecto a Jonás; de otro modo, el pez, en lugar de tragarlo entero, lo habría masticado.

Medita en algunos de los milagros de la Biblia. ¿Qué nos dicen acerca del poder de Dios, y qué clase de esperanza nos ofrecen?

La Pluma Inspirada

El Señor llama al rocío y la lluvia y a otros agentes de la naturaleza, y ellos obedecen su llamado para traer bendiciones o juicios. Están bajo su control. El rechazo por parte del hombre al mandato de Dios, puede traer hambre, plaga y pestilencia, y calamidades por mar y tierra, para castigar su iniquidad. Las cosas de la naturaleza responden al mandato de Dios ya sea para traer destrucción y muerte, o bendiciones y misericordias (Manuscript Releases, tomo 3, p. 346).

El mundo material se halla bajo el dominio de Dios. Las leyes de la naturaleza son obedecidas por la naturaleza. Todo expresa y obra la voluntad del Creador. La nube y la luz del sol, el rocío y la lluvia, el viento y la tormenta, todo se halla bajo la vigilancia divina, y rinde implícita obediencia a su mandato. Es en obediencia a la ley de Dios como el tallo del grano sube a través de la tierra, "primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga". El Señor desarrolla estas etapas a su debido tiempo porque no se oponen a su obra. ¿Y será posible que el hombre, hecho a la imagen de Dios, dotado del raciocinio y del habla, sea el único que no aprecie sus dones y desobedezca su voluntad? ¿Serán los seres racionales los únicos que causen confusión en nuestro mundo? (Palabras de vida del Gran Maestro, pp. 59, 60).

En sus milagros, el Salvador manifestaba el poder que actúa siempre en favor del hombre, para sostenerle y sanarle. Por medio de los agentes naturales, Dios obra día tras día, hora tras hora y en todo momento, para conservarnos la vida, fortalecernos y restaurarnos. Cuando alguna parte del cuerpo sufre perjuicio, empieza el proceso de curación; los agentes naturales actúan para restablecer la salud. Pero lo que obra por medio de estos agentes es el poder de Dios. Todo poder capaz de dar vida procede de él (El ministerio de curación, pp. 75, 76).

Cuando los hijos de Israel estaban sometidos a los egipcios, Dios se reveló como un Dios por encima de toda autoridad humana, de toda grandeza humana. Las señales y milagros que efectuó en favor de su pueblo, muestran su poder sobre la naturaleza y sobre los más grandes entre los que adoraban la naturaleza, y que pasaban por alto el poder que hizo la naturaleza (Comentario bíblico adventista, tomo 1, p. 1113).

EL LAMENTO SUBMARINO DE JONÁS


¿Por cuánto tiempo sobrevivió Jonás en este nuevo medio de transporte en el mar Mediterráneo? Jonás 1:17.

¿En qué otros lugares del Antiguo Testamento encontramos que se usa la misma expresión para indicar el paso del tiempo? 1 Samuel 30:12; 2 Reyes 20:5, 8; Oseas 6:2.

Nota cómo se usa también esta expresión en el Nuevo Testamento. Mateo 12:39, 40 (ver también Lucas 11:30).

Jesús considera la milagrosa liberación de Jonás de la muerte como una señal de su propia pasión, muerte y resurrección. El profeta Oseas, hablando en una época cuando la experiencia de Jonás todavía se estaría mencionando, toma la duración de esa experiencia y la pone dentro de un contexto que habla acerca de la resurrección (Ose. 6:2). De este modo, cuando Cristo compara la experiencia de su muerte y su resurrección con la historia de Jonás, está ligando ese tiempo con algo que ya se encontraba en el Antiguo Testamento con ese mismo sentido.

Entretanto, otra vez en el Mediterráneo, Jonás difícilmente pudo darse cuenta de lo que había producido el cambio dramático de estar mojado, ahogándose en la oscuridad, a una oscuridad aún mayor. Le habrá tomado algún tiempo darse cuenta de que esa negrura que lo rodeaba no era la del Seol (Jonás 2:2), la palabra hebrea para “sepulcro”. Y cuando Jonás percibe que realmente se encontraba vivo, consideró eso como una promesa de su liberación.

¿Qué hizo Jonás finalmente? Jonás 2:1.

La oración de Jonás pone palabras a la angustia que sintió al estar ahogándose, las reacciones que sintió al borde de la muerte, junto con su experiencia y sus reflexiones dentro del “gran pez”. Al orar, él toma prestadas muchas frases del libro de los Salmos. Usar frases de los Salmos al orar no es una cosa extraña. Aun hoy, los cristianos usan por lo menos algunas partes de sus oraciones, tomadas de los diferentes salmos del Antiguo Testamento. Los salmos se usan hoy a menudo en la adoración, en la oración de invocación y en la de despedida.

Se ha dicho que no hay ateos en las trincheras (y tal vez tampoco en el vientre de un gran pez). Por supuesto, lo triste es que Jonás no era un ateo. No sólo conocía a Dios; conocía el poder de Dios, y hasta se le había dado una misión especial. ¿Por qué tan a menudo esperamos que lleguen las pruebas y la calamidad antes de utilizar, por nosotros mismos, el poder divino que siempre está a nuestra disposición? Tal vez, si Jonás hubiera estado todo el tiempo en una actitud de oración, habría podido evitar todas esas pruebas.

La Pluma Inspirada

Ahora los fariseos y saduceos vinieron a Cristo, pidiendo una señal del cielo. Cuando, en los días de Josué, Israel salió a pelear con los cananeos en Beth-orón, el sol se detuvo a la orden del caudillo hasta que se logró la victoria. Y muchos prodigios similares se habían manifestado en la historia de Israel. Exigieron a Jesús alguna señal parecida. Pero estas señales no eran lo que los judíos necesitaban. Ninguna simple evidencia externa podía beneficiarlos. Lo que necesitaban no era ilustración intelectual, sino renovación espiritual.

"Hipócritas -dijo Jesús- que sabéis hacer diferencia en la faz del cielo" -pues estudiando el cielo podían predecir el tiempo- “¿y en las señales de los tiempos no podéis?" Las palabras que Cristo pronunciaba con el poder del Espíritu Santo que los convencía de pecado eran la señal que Dios había dado para su salvación. Y habían sido dadas señales directas del cielo para atestiguar la misión de Cristo. El canto de los ángeles a los pastores, la estrella que guió a los magos, la paloma y la voz del cielo en ocasión de su bautismo, eran testimonios en su favor.

"Y gimiendo en su espíritu, dice: ¿Por qué pide señal esta generación?" "Mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás profeta". Como Jonás había estado tres días y tres noches en el vientre de la ballena, Cristo había de pasar el mismo tiempo "en el corazón de la tierra". Y como la predicación de Jonás era una señal para los habitantes de Nínive, la predicación de Cristo era una señal para su generación. Pero, ¡qué contraste en la manera de recibir la palabra! Los habitantes de la gran ciudad pagana temblaron al oír la amonestación de Dios. Reyes y nobles se humillaron; encumbrados y humildes juntos clamaron al Dios del cielo, y su misericordia les fue concedida. "Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación -había dicho Cristo y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás; y he aquí más que Jonás en este lugar" (El Deseado de todas las gentes, pp. 372, 373).

Los que trabajan en las tareas de la vida, apremiados y casi abrumados de perplejidad, pueden elevar a Dios una petición para ser guiados divinamente. Cuando los que viajan, por mar o por tierra, se ven amenazados por algún grave peligro, pueden entregarse así a la protección del Cielo. En momentos de dificultad o peligro repentino, el corazón puede clamar por ayuda a Aquel que se ha comprometido a acudir en auxilio de sus fieles creyentes cuando quiera que le invoquen. En toda circunstancia y condición, el alma cargada de pesar y cuidados, o fieramente asaltada por la tentación, puede hallar seguridad, apoyo y socorro en el amor y el poder inagotables de un Dios que guarda su pacto (Profetas y reyes, pp. 466, 467).

LA TIERRA Y SUS CERROJOS

Lee la oración de Jonás desde el vientre del gran pez en Jonás 2:2 al 9. Resume lo que te parece que es la esencia de esa oración. ¿Qué estaba diciendo Jonás?

______________________________________________________________________

______________________________________________________________________


Compara el comienzo de la oración de Jonás con Salmo 18:6 y 120:1. Algunos comentadores se refieren a la oración de Jonás como un salmo, un salmo de gratitud a Dios por la liberación de una situación terrible.

Lo que fascina, además, es que él está allí, tragado vivo por un pez, ¿sin embargo alaba a Dios por su liberación y salvación? Aparentemente, una vez que se dio cuenta de lo que había sucedido, Jonás debe haber visto la mano de Dios y haber sabido que Dios lo salvaría a pesar de sí mismo. De este modo, aun cuando Jonás se rebeló en contra de Dios, aun cuando intentó huir del deber conocido, Dios no había terminado con él todavía. Estaba dispuesto a darle todavía una segunda oportunidad a este profeta renuente.

Lee Jonás 2:4, donde él dice: “Desechado soy de delante de tus ojos”. Compara esto con Jonás 1:3, 4, cuando Jonás intentó escapar de la “presencia de Jehová”. ¿Dónde notas una expresión de ironía?

¿De qué manera termina la oración de Jonás, que había comenzado con una angustia desesperada? Jonás 2:9.

Muchos han notado que esta declaración final acerca de la misericordia de Dios está en el medio mismo del libro de Jonás, el punto central que el escritor deseaba enfatizar. Jonás fue impulsado a admitir la misericordia salvadora de Dios. Pero ¡los marineros paganos ya lo habían hecho! Al prometer ofrecer sacrificios y hacer votos, el profeta hebreo, Jonás, declara su intención de hacer lo que los marineros paganos ya habían hecho. Otra vez, no debe pasarse por alto la ironía de esta situación.

Los capítulos 1 y 2 del libro de Jonás terminan con el tema de sacrificios y votos, conduciendo al lector a establecer una similitud entre la experiencia de Jonás y la de los marineros paganos. Ambos afrontaron una crisis extrema: el peligro de la tempestad en el mar. Ambos clamaron a Jehová, reconociendo su soberanía. Ambos fueron salvados físicamente. Ambos ofrecieron su adoración. Al fin, Jonás llegó al mismo punto que los marineros paganos ya habían alcanzado, aun cuando eso demandó que Dios tuviera que empujarlo un poco más para llegar a ese punto.

Lo que vemos aquí en Jonás es un ejemplo de la gracia de Dios, su misericordia y favor hacia los que no lo merecen. ¿De qué maneras has visto esta gracia manifestada en tu favor, ya sea de parte de Dios o de otras personas? ¿De qué modos has manifestado gracia a otros?

La Pluma Inspirada

Al fin Jonás entendió que "La salvación es de Jehová" (Salmo 3:8). "Ciertamente en Jehová nuestro Dios está la salvación de Israel" (Jeremías 3:23). Debido a que los seres humanos se han vendido al enemigo de toda justicia, no pueden redimirse a sí mismos. El único camino para que los hombres sean librados del poder del enemigo es aceptar a Cristo como su Salvador personal.

El orgullo humano lo lleva a buscar otros caminos de salvación aparte del plan ideado por Dios. El hombre no quiere reconocer que no puede hacer nada por sí mismo ni quiere aceptar que Cristo sea el único que puede salvar hasta lo sumo. Pero, "no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4:12)... La palabra escrita por Cristo en beneficio de la raza caída es: Salvación.

La liberación llega cuando se reconoce la gracia salvadora de Dios. Fue entonces cuando Jonás fue librado de los peligros en el mar profundo y depositado sobre tierra seca (Review and Herald, 4 de diciembre, 1913).

La obra del pecador no es hacer paz con Dios sino aceptar a Cristo como a su paz y justicia. Así el hombre se convierte en uno con Cristo y con Dios. No hay otra forma en la cual el corazón pueda ser santificado, a no ser por la fe en Cristo. Sin embargo, algunos piensan que el arrepentimiento es una especie de preparación que los hombres deben originar por sí mismos a fin de que Cristo sea mediador en favor de ellos. Es cierto que debe haber arrepentimiento antes de que haya perdón; pero el pecador debe ir a Cristo antes de que pueda haber arrepentimiento. La virtud de Cristo es la que fortalece y da luz al alma, de modo que el arrepentimiento pueda ser pío y aceptable... El arrepentimiento es tan ciertamente un don de Jesucristo como lo es el perdón de los pecados. No se puede experimentar el arrepentimiento sin Cristo; pues el arrepentimiento del cual él es el Autor es la base sobre la cual podemos pedir nuestro perdón. Mediante la obra del Espíritu Santo, los hombres son inducidos al arrepentí-miento. De Cristo proviene la gracia de la contrición, tanto como el don del perdón, y el arrepentimiento así como el perdón de los pecados se consiguen sólo mediante la sangre expiatoria de Cristo. Aquellos a quienes Dios perdona, primero hace que se arrepientan (A fin de conocerle, p. 111).

LA ORACIÓN EN SITUACIONES EXTREMAS

Jonás termina su oración exclamando: “La salvación es de Jehová”. La palabra hebrea para “salvación” significa no sólo la salvación física inmediata, sino también la salvación eterna, como redención final. La palabra “salvación” procede de la misma raíz que constituye el nombre de Jesús en hebreo.

Por supuesto, el problema de Jonás no fue su creencia en Dios. En todo el capítulo 1 es claro que Jonás hizo lo que hizo a pesar de su creencia en Dios. Por eso, otra vez, que él haya hecho una proclamación tan maravillosa acerca de Dios y de su poder, no significa nada por sí mismo. Jonás es uno de los mejores ejemplos de lo que se llama “fe sin obras” (Santiago 2:18-20). Sin embargo, aun entonces, Dios estaba dispuesto a procurar la forma de hacerlo volver.

¿Qué otros ejemplos puedes encontrar en la Biblia en que se observa fe sin obras? ¿Quién viene a tu memoria? ¿Judas? ¿Saúl? ¿Los doce espías? ¿De qué diferentes maneras se manifiesta esta fe sin obras?

En toda su oración, Jonás nunca confesó su rebeldía. No hay ninguna indicación de que Jonás estuviera realmente arrepentido. Por supuesto, el hecho de que no se menciona no significa que en algún momento, en el vientre del pez, no haya confesado su pecado. Sin embargo, la omisión no debería ser pasada por alto. Y aun si no la hubiese confesado, aun cuando no hubiese estado verdaderamente arrepentido, eso muestra que, a pesar de todo, Dios estaba dispuesto todavía a probar otra vez y trabajar con él.

Compara la oración de Jonás con la de David, registrada en el Salmo 51. ¿Cuáles son las semejanzas, y cuáles las diferencias?

La oración de Jonás debería animarnos a orar en medio del fracaso, aun cuando nuestra angustia haya sido provocada por nuestra propia desobediencia. Esta es una lección vital que debemos aprender, porque en esas ocasiones, orar parece más difícil. En esas situaciones sentimos que no tenemos derecho a invocar a Dios. O, aunque quisiéramos orar, sentimos que realmente no merecemos la ayuda de Dios. Lo más probable es que no la merezcamos. Pero, ¿qué es la gracia sino obtener algo que no merecemos?

“Cuando Satanás viene a decirte que eres un gran pecador, mira a tu Redentor y habla de sus méritos. Lo que te ayudará será el mirar su luz. Reconoce tu pecado, pero di al enemigo que ‘Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores’ (1 Timoteo 1:15)” (CC 34, 35). Aprópiate de esta promesa; la necesitas cada día.

La Pluma Inspirada

Hay muchos profesos cristianos cuyas confesiones son semejantes a la de Acán. Desean, en general, reconocer su indignidad, pero no quieren confesar los pecados que gravitan sobre su conciencia, y que han contribuido a que Dios esté enojado con su pueblo. Así muchos ocultan pecados de egoísmo, abuso, deshonestidad hacia Dios y su prójimo, pecados en el seno de la familia, y muchos otros que corresponde confesar en público.

El arrepentimiento genuino proviene de una comprensión del carácter ofensivo del pecado. Estas confesiones generales no son el fruto de una verdadera contrición ante Dios. Dejan que el pecador, lleno de un espíritu de complacencia propia, siga adelante como en lo pasado, hasta que su conciencia se endurece, y las amonestaciones que antes lo alarmaban apenas producen una impresión de peligro, y después de un tiempo su conducta pecaminosa les parece normal. Demasiado tarde sus pecados los alcanzarán, en el día cuando no puedan ser expiados ni con sacrificios ni con ofrendas. Hay una enorme diferencia entre admitir ciertos hechos después de haber sido probados, y la confesión de pecados conocidos solamente por nosotros y Dios (Cada día con Dios, p. 134).

No porque le hayamos amado primero nos amó Cristo a nosotros; sino que "siendo aún pecadores", él murió por nosotros. No nos trata conforme a nuestros méritos. Por más que nuestros pecados hayan merecido condenación no nos condena. Año tras año ha soportado nuestra flaqueza e ignorancia, nuestra ingratitud y malignidad. A pesar de nuestros extravíos, de la dureza de nuestro corazón, de nuestro descuido de su Santa Palabra, nos alarga aún la mano. La gracia es un atributo de Dios puesto al servicio de los seres humanos indignos. Nosotros no la buscamos, sino que fue enviada en busca nuestra. Dios se complace en concedernos su gracia, no porque seamos dignos de ella, sino porque somos rematadamente 'indignos. Lo único que nos da derecho a ella es nuestra gran necesidad.

Por medio de Jesucristo, el Señor Dios tiende siempre su mano en señal de invitación a los pecadores y caídos. A todos los quiere recibir. A todos les da la bienvenida. Se gloría en perdonar a los mayores pecadores. Arrebatará la presa al poderoso, libertará al cautivo, sacará el tizón del fuego. Extenderá la cadena de oro de su gracia hasta las simas más hondas de la miseria humana, y elevará al alma más envilecida por el pecado (El ministerio de curación, p. 119).

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR

Lee “Biografías bíblicas”, en Joyas de los testimonios, t. 1, pp. 436 a 443; “¿Podemos comunicarnos con Dios?, en El camino a Cristo, pp. 92 a 105.

“Pero al confesar sus pecados, crean que la Palabra de Dios no falla, sino que el que ha prometido es fiel. Es tanto su deber creer que Dios cumple su palabra y perdona sus pecados, como confesarlos. Deben ejercer fe en Dios, puesto que hará exactamente lo que ha prometido en su Palabra, y perdonará todas sus transgresiones” (CDD 87).

“¿Comete usted errores? Vaya a Jesús y pida que lo perdone, y luego crea que lo hace. ‘Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad’ (1 Juan 1:9). Pídale al Señor que perdone sus equivocaciones, y luego regocíjese en él” (AO 130).

“No lo ayudará en lo más mínimo seguir lamentándose por sus defectos. Dígale: ‘Señor, te entrego mi alma impotente, solamente a ti. No me preocuparé, porque tú has dicho: “Pedid, y se os dará”’. Crea que lo recibe. Crea que su Salvador está lleno de compasión, lleno de ternura, piedad y amor. No permita que los pequeños contratiempos lo perturben. El Señor puede hacer que usted incurra en pequeños errores a fin de salvarlo de cometer otros mayores” (AO, 130).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR

1. ¿Qué le dirías a alguien que rechaza la historia de Jonás porque no puede creer que una persona pueda sobrevivir dentro de un pez por tres días? ¿Cuál sería la única respuesta que podrías darle?

2. Dos veces en el salmo submarino de Jonás él menciona el templo (Jonás 2:4, 7). ¿Qué tiene el templo, y qué representa, para que un hebreo se haya referido a él? Piensa en el contexto de sus palabras.

RESUMEN

Tragado vivo por un gran pez, Jonás es forzado a aprender, por dura experiencia, lo que debería haber aprendido mucho tiempo antes: que la fe sin obras es muerta.