Fiesta de los Tabernáculos

 

Gozosa festividad en la cual se celebraba la cosecha lograda, hacia el fin del período correspondiente, especialmente la del trigo, las aceitunas y las uvas. Comenzaba en el 150 día del 7º mes (Etanim* o Tisri), y duraba 7 días, comenzando con un sábado ceremonial y seguido de un día adicional, que también era sábado (Lv. 23:33-36). Aunque ocurría 2 semanas después del fin del año civil, era en realidad la celebración de la clausura del año agrícola, y se decía de ella que era "la fiesta de la siega... a la salida del año" (Ex. 23:16). El término "tabernáculos" o "cabañas" (heb. sukkôth), se refería a la costumbre de vivir durante la fiesta en cabañas hechas de ramas, para conmemorar las peregrinaciones por el desierto (Lv. 23:34-43). Era una de las 3 fiestas a las que todos los israelitas varones debían concurrir obligatoriamente (Ex. 23:14-17; Dt. 16:16). Se cuenta que Jesús participó de la fiesta de los Tabernáculos (Jn. 7:2, 14).


Se prescribían sacrificios especiales, además de los regulares de cada día, para cada uno de los días de la fiesta: 13 becerros, 2 carneros y 14 corderos como holocausto en el 1er día, y un macho cabrío como expiación. Durante los días siguientes el número de becerros se reducía en uno por día, hasta que en el último se ofrecían sólo 7, más 2 carneros y 14 corderos como holocausto, y el macho cabrío como expiación (Lv. 23:34-43; Nm. 29:12-34; Dt. 16:13-15). Cada 7º año, durante la fiesta de los Tabernáculos, "en el año de la remisión", el año sabático durante el cual no había ni siembra ni cosecha, se leía públicamente la ley de Moisés (Dt. 31:9-13).


Con el transcurso de los siglos, especialmente después del regreso de la cautividad en Babilonia, se desarrolló entre los judíos una complicada liturgia para la celebración de la fiesta de los Tabernáculos. La gente iba al templo temprano por la mañana provista de ramas de sauces, y marchaba gozosamente una vez por día alrededor del altar de los sacrificios, y 7 veces en el 7º día (Mishná, Sukkah 4.5; cf 2 Mac. 10:6,7). También cada día, en relación con los sacrificios diarios, un sacerdote traía al templo un jarrón lleno con el agua que surgía de la fuente de Gihón en las laderas del valle del Cedrán, hasta la fuente de Siloé, al compás de un himno basado en las palabras de Is. 12:3: "Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación". Mezclada con el vino que se usaba con los sacrificios, y al compás de música instrumental y el canto de salmos, se derramaba el agua al costado del altar a un canal que la llevaba de nuevo al valle del Cedrón. Esta era una ceremonia que rememoraba la profecía de Ez. 47. Durante esta fiesta, y aparentemente refiriéndose a esta costumbre de derramar agua (Mishná, Sukkah 4.1, 9), Jesús se puso de pie y se ofreció a sí mismo como el Agua de la vida cuando dijo: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba" (Jn. 7:37). Durante la noche, sobre 2 elevadas columnas erigidas en el atrio de las mujeres, se encendían grandes lámparas que proyectaban su luz sobre los atrios o patios del templo, y más allá de sus muros hacia la ciudad, mientras que en las gradas del atrio un grupo de levitas entonaba salmos con acompañamiento de música instrumental. Los judíos que vivían en países extranjeros, y que no podían ir a Jerusalén, celebraban la fiesta en sus sinagogas locales.