El Santuario y Su Purificación - 10ma. Parte

Pr. Angel Manuel Rodríguez
Doctor en Teología
III. EL SIGNIFICADO DE DANIEL 8:14 (36)

Fue a través del estudio de Daniel 8:14, como punto de partida, que el adventismo llegó a la existencia como movimiento histórico, desarrolló su identidad doctrinal e identificó su misión. Somos confrontados aquí con un aspecto fundamental del pensamiento adventista. Este tipo de desarrollo fue posible porque Daniel 8 incluye una profecía de tiempo que identifica el 1844 como una fecha significativa en el calendario divino y también porque Daniel 8 y 9:23-27 apuntan a la obra de redención de Cristo. Esta tarea salvífica está conectada en esos pasajes no sólo con la cruz sino también con la obra mediadora actual de Cristo en el santuario celestial. El análisis de los servicios del santuario y su significado simbólico dio lugar a la doctrina adventista del santuario.

1. Daniel 8 nos da a los adventistas una identidad histórica. El movimiento adventista no es un accidente histórico, sino el resultado de la intervención especial de Dios en los asuntos humanos. El cumplimiento de Daniel 8:14 en 1844 valida, incluso legitimiza, su presencia en el mundo y particularmente entre la comunidad cristiana.

Cuando Cristo inició su obra sumo-sacerdotal en el cielo, la iglesia fue bautizada con el Espíritu Santo (Hech. 2:33). Los discípulos supieron que algo de trascendental importancia había ocurrido en el cielo puesto que el Espíritu Santo había sido derramado sobre ellos. Del mismo modo, cuando la profecía de los 2,300 días se cumplió en 1844, algo de importancia sin precedente tuvo lugar en el santuario celestial: el día antitípico de la expiación había comenzado. En ese momento Dios suscitó un movimiento de reforma sobre la tierra que trabajaría con él en la preparación del mundo para encontrarse con su Juez, en la restauración de la verdad que había sido echada por tierra, y en la obra de desenmascarar el último engaño de Satanás antes del segundo advenimiento de Cristo (Apoc.10: 11; 14:7-12).

2. La identidad histórica, la teología y la misión del movimiento adventista no pueden separarse de la obra redentora de Cristo. Fue precisamente esa obra de Cristo lo que hizo necesaria la creación del movimiento. Por lo tanto, es Cristo quien le da su identidad al movimiento. La doctrina del santuario es una exposición del plan de salvación de Dios a través de Cristo, y provee una columna fundamental a la fe adventista.

La doctrina del santuario es una perspectiva singular desde la cual se puede estudiar el plan de redención. Ilumina el desarrollo del plan dentro de la historia, identificando sus componentes claves y, en conjunción con las profecías de Daniel, incluso el momento histórico cuando tendrían lugar y la oposición histórica de los enemigos de Dios que confrontaría. Esta doctrina está centrada en la obra de Cristo y nos da una visión integrada de ella. Uno puede ver fácilmente la progresión en la obra de Cristo a través del estudio de la teología del santuario. Cristo se ve como una víctima sacrificial, Sumo Sacerdote, Mediador, Juez, Abogado y Rey.

3. El fin de los 2,300 años en 1844 nos recuerda que la historia de la salvación todavía está en progreso, que el plan de Dios está desarrollándose como él lo diseñó y previó. La historia de la salvación no llegó a su fin el año 31 d.C. Las profecías bíblicas nos recuerdan que Dios todavía está activo dentro de la historia del mundo, dirigiéndola hacia su objetivo particular, esto es, el establecimiento de reino sempiterno sobre la tierra. Los períodos proféticos sirven como hitos dentro de la historia, señalando el momento cuando el plan divino de la redención se está aproximando a su consumación.

4. Daniel 8:14 y la doctrina del santuario nos informan que Cristo está realizando ahora mismo el último aspecto de su obra sumo-sacerdotal en el santuario celestial. Sabemos dónde estamos con respecto a lo que está ocurriendo en el cielo. El día antitípico de la expiación está transcurriendo, y Dios está juzgando a su pueblo. Estamos llegando al mismo final de la misericordia de Dios, y a punto de presenciar la confrontación entre las fuerzas de Dios y las de Satanás. La consumación de nuestra salvación está a punto de realizarse.

5. La obra mediadora de Cristo y el juicio no sólo nos invitan a involucrarnos agresivamente en la proclamación del evangelio eterno de Dios en el marco del mensaje de los tres ángeles, sino que también nos desafía a evaluar nuestra relación personal con Cristo. Nuestra experiencia religiosa debería caracterizarse por una humilde dependencia de nuestro Salvador y por un descanso en él por la fe. Si bien el santuario celestial está siendo purificado, nuestra vida espiritual debiera ser limpiada también de todo pecado. Esta purificación personal ocurre mediante el arrepentimiento y el perdón por medio de Cristo.

6. El juicio investigador que está en proceso en el cielo ahora mismo es un testimonio del hecho de que Dios y el universo toman en serio a cada ser humano. Esto reafirma nuestra dignidad y valor en Cristo, quien representa a cada uno de nosotros como nuestro Abogado. Ningún ser humano es un desconocido en el concilio divino. Los redimidos se unirán a la familia celestial, no como extranjeros sino como personas conocidas, como parientes que gozan de la simpatía y el respeto del resto de la familia de Dios.

7. El juicio investigador significa que las decisiones y las acciones humanas tienen un impacto cósmico. Lo que somos, lo que pensamos y hacemos queda registrado indeleblemente en los libros del cielo. Esto, lejos de ser un motivo de angustia y temor, debiera ser el fundamento mismo del gozo. Lo que hacemos, lo que llegamos a ser, no se pierde en la vastedad del tiempo y del espacio, sino que es preservado dentro del santuario divino. Toda buena obra, toda oración, toda palabra de aliento, toda expresión de amor, son preservadas como testigos de la multiforme sabiduría de Dios, quien es capaz de transformar a los seres humanos pecaminosos en criaturas nuevas y santas. Por supuesto, nuestros pecados también quedan registrados. Las debilidades humanas, las rebeliones, los errores, y los fracasos están grabados allí. Pero como Cristo es el Abogado del creyente, el perdón está disponible y se ofrece a aquellos que se acercan a Dios por medio de él. Los pecados no les serán contados durante el juicio investigador a aquellos que mantuvieron una relación pactual con Cristo, porque fueron colocados sobre él en la cruz. Entonces éstos serán borrados, para nunca más volver a recordarlos. El carácter semejante a Cristo del creyente será fijado por toda la eternidad.

8. La purificación del santuario celestial señala de manera especial la naturaleza moral de nuestro Dios. Aquel que gobierna el universo es una Persona cuya voluntad es ley: una ley de amor. El es el Arbitro moral del universo y por lo tanto, es moralmente responsable delante de él. El remanente debiera tranquilizarse al saber que hay Uno que está a cargo del cosmos, que es todopoderoso y todo amor. A fin de restaurar y preservar el orden en el universo, el juicio y la responsabilidad moral son indispensables. Siendo que el juicio se basa en la ley de Dios, el remanente es caracterizado como "Los que guardan los mandamientos de Dios", como una amante respuesta a su gracia.

9. La purificación del santuario da testimonio del hecho de que el mal no es eterno. Tarde o temprano llegará a su fin, acompañado por los gritos de gozo de las criaturas leales a Dios que alabarán su justicia y su amor. Solamente a través de la justicia y el amor pueden ser extinguidos el pecado y el mal. Al final de su ministerio en el lugar santísimo del santuario celestial Cristo vendrá a libertar a su pueblo del poder de la muerte y de sus enemigos. En ese momento Azazel-Satán será reconocido por todo el universo como la fuente y el originador del mal y del pecado y se decretará su extinción La victoria de Dios y del Cordero sobre los poderes de Satanás será definitiva.

El significado salvífico de la cruz se enriquece a través del estudio del sacerdocio de Cristo. Poco se sabe acerca del impacto completo y de los logros de la cruz. Es, en verdad, la mayor revelación de Dios al universo y el evento indispensable en la solución del problema del pecado. Pero una revelación tal todavía no ha sido sondeada en toda su plenitud y hay dimensiones de ella que sólo en la eternidad serán comprendidas. La obra sacerdotal de Cristo en el santuario celestial está poniendo al descubierto constantemente la riqueza de la cruz. De hecho, su obra de mediación y juicio es simple y fundamentalmente una revelación del misterio de la cruz.