El Número Cinco
Cinco es cuatro más uno (4 + 1). Hasta ahora hemos visto las tres personas
de la Deidad, y su manifestación en la creación. Ahora tenemos
una adicional revelación de un pueblo llamado aparte de la humanidad,
redimido y salvado, para caminar con Dios desde la tierra al cielo. Así,
la Redención sigue a la creación. Por cuanto como a consecuencia
de la caída del hombre la creación cayó bajo la maldición
y fue "sujetada a vanidad", por ello el hombre y la creación
han de ser redimidos. Así, tenemos:
l. Padre.
2. Hijo.
3. Espíritu.
4. Creación.
5. Redención.
Éstos son los cinco grandes misterios, y el cinco es por ello el número de la GRACIA. Si el cuatro es el número del mundo, representa, por ello, la debilidad e impotencia del hombre, y su vanidad, como ya hemos visto.
Pero cuatro más uno (4 +
1 = 5) es significativo del poder divino añadido y perfeccionado en aquella
debilidad; de la omnipotencia combinada con la impotencia de la tierra; del
favor divino influenciado e invencible.
La palabra «la tierra».
La gematría de esta palabra es 296, un múltiplo de cuatro; mientras
que la palabra para «los cielos», cuya gematría es 395, un
múltiplo de cinco.
La gematría de "gracia" es 725, un múltiplo del cuadrado
de cinco (5 x 29). El valor numérico de las palabras «Bástate
mi gracia» es 1845, cuyos factores son 5 x 3 x 41.
La gracia significa favor. Pero,
¿qué clase de favor? Porque hay varias clases de favores. Al favor
mostrado a los miserables lo llamamos misericordia; el favor a los pobres lo
llamamos piedad; el favor mostrado a los sufrientes lo llamamos compasión;
el favor mostrado a los obstinados lo llamamos paciencia; pero ¡el favor
mostrado a los indigno se el que conocemos como GRACIA! Esto es ciertamente
favor; un favor verdaderamente divino en su origen y carácter. En Ro.
3:24 se da luz acerca de ello: "Siendo justificados gratuitamente por su
gracia". La palabra aquí traducida "gratuitamente» vuelve
a aparecer en Jn. 15:25, y se traduce "sin motivo» ("me aborrecieron
sin motivo"). ¿Había alguna causa verdadera cuando aborrecieron
al Señor Jesús? ¡No, ninguna! Como tampoco hay motivo alguno
por el que Dios tuviera que justificarnos. Así que podríamos leer
Rom. 3:24 dé esta manera: «justificados sin motivo por Su gracia».
Sí, esto es verdaderamente gracia: el favor mostrado a los indignos.
Así fue con Abram. ¡No había en él causa alguna por
la que Dios hubiera de llamarlo y escogerlo! Ninguna causa había por
la que Dios hubiera de hacer un pacto incondicional con él y con su simiente
para siempre. Por ello, el número cinco queda como marca de este pacto,
al hacer que sea hecho con cinco sacrificios: una becerra, una cabra, un camero,
una tórtola y un palomino (Gn. 15:9).
Es digno de mención también que después, cuando Dios cambió
el nombre de Abram a Abraham (Gn. 17:5), el cambio
fue hecho de manera muy sencilla pero muy significativa (por que en Dios no
hay azar) insertando en medio del nombre la quinta letra del alfabeto, la (hei),
el símbolo del número cinco, y 01 (Abram) pasó a ser AbraHam
(Gn. 17:5). Todo esto fue por gracia, y queda marcado con esta significación.
Es digno de mención que este cambio tuvo lugar en un momento muy concreto.
Fue cuando Abraham fue llamado a "andar delante de» Dios de una manera
muy especial. Debía esperar la "simiente» prometida no de
ninguna fuente terrena, y por ello debía "andar por fe, y no por
vista». Fue en este momento que Dios se le reveló por primera va
por su nombre de EL SHADDAI, esto es, ¡el todo abundante! Poderoso para
suplir a todas las necesidades de Abraham; capaz de suplir a todas sus necesidades;
poderoso para hacer por él todo lo que precisara. ¡Cuánta
gracia! ¡Cuán apropiado! ¡Cuánta perfección!
Lo mismo tenemos en 21 Col. 6:17, 18, cuando somos llamados, como lo fue Abraham,
a "salir fuera": "apartaos", y caminar por la fe con Dios.
¡Él se revela a sí mismo (por vez primera en el Nuevo Testamento)
con el mismo maravilloso nombre: "Y vosotros me seréis por hijos
e hijas, dice el Señor TODOPODEROSO"! -bien poderoso para sostenerte
y sustentarte; capaz de suplir a todas tus necesidades. Esto es gracia.
EL QUINTO LIBRO DE LA BIBLIA
(DEUTERONOMIO) destaca la gracia de Dios, y en él se hace un
especial esfuerzo, por así decirlo, para enfatizar el gran hecho de que
no era por c.ausa del pueblo, sino por causa del propio Nombre de Dios, que
Ellos había llamado, y escogido, y bendecido. Léase Dt.4:7, 20,
32, 37; 8:11, 17,etc.
EL QUINTO LIBRO DE LOS SALMOS establece el mismo gran hecho.
Su primer Salmo (Sal. 107) magnifica este hecho, y expone cómo "Envió
su palabra, y los sanó.." (v. 20), y cómo una y otra vez
los libró de todas sus angustias.
EL QUINTO SALMO tiene también una especial referencia
al "favor" o gracia de Dios con la que El rodea a Su pueblo. Sal.
5:12: "Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo;
como con un escudo lo rodearás (heb., coronarás) de tu favor..."
EL REINO DE «PIEDRA» será el quinto reino,
sucediendo y abarcando los cuatro grandes poderes mundiales, absorbiendo todo
dominio terreno, cuando los reinos de este mundo se conviertan en el reino de
nuestro Señor y de Su Ungido, y Él reinará en gloria y
gracia.
ISRAEL SALIÓ DE EGIPTO de cinco en fondo. En Éx.
13:18 se traduce en la BAS: "en orden de batalla subieron los hijos de
Israel de la tierra de Egipto", siendo el sentido exacto de cinco en fondo.
Puede ser en orden, esto es, por cincuentas, como en 2 R. 1:9 e Is. 3:5. Lo
que se trata es que salieron en perfecta debilidad; inermes e indefensos; pero
eran invencibles gracias a la presencia de Jehová en medio de ellos.
«CINCO PIEDRAS LISAS DEL ARROYO» fueron las que
escogió David cuando fue a enfrentarse con el gigante enemigo de Israel
(12 S. 17:40). Eran significativas de su propia perfecta debilidad suplementada
con el poder de Dios. Y fue más fuerte en esta debilidad que en toda
la armadura de Saúl. Es digno de mención que después de
todo sólo empleó la una, no las cuatro. Aquella una piedra fue
suficiente para vencer al más poderoso enemigo.
FUE EL QUINTO LIBRO el que empleó el Hijo y Señor
de David en Su conflicto con el gran enemigo, del que Goliat era una pobre sombra.
Fue única- mente el Libro de Deuteronomio lo que constituyó la
una piedra mediante la que El derrotó al mismo Diablo (compárese
Mt. 4:1- 11 y Dt. 8:3; 6:13,16). No es de maravillarse que este Libro de Deuteronomio
sea objeto del odio de Satanás. «No es de extra- ñar,. que
en la actualidad sus ministros, «disfrazados de ministros de justicia,
(2 Co. 11:14, 15), estén dedicados al intento de demolición de
este Libro de Deuteronomio con sus destructivas críticas. Pero sus trabajos
son todos en vano, porque está marca- do por el número que indica
la omnipotencia del poder y de la gracia de Jehová.
LA PROMESA «Cinco de vosotros perseguirán a ciento,
y ciento de vosotros perseguiran a diez mil,. (Lv. 26:8) comunica la verdad
que se revela en otro pasaje: «Si Dios está por nosotros, perseguirán
a ciento,., sino «cinco ¿quién contra nosotros?" (Ro.
8:31). Pero notemos que no dice «cinco de VOSOTROS,., -cinco de aquellos
que han sido redimidos y libertados por Dios, y a los que El fortalecerá
con Su poder.
LA PREFERENCIA «Prefiero hablar cinco palabras con mi
entendimiento... que diez mil palabras en lenguas" (11 Co.14:19). Es decir,
unas pocas palabras pronunciadas en el temor de Dios, en debilidad humana, en
dependencia del poder y de la bendición de Dios, podrán ejecutar
aquello que Dios se ha propuesto, mientras que un sin fin de palabras serán
dichas en vano. El hombre puede aplaudir esto último y admirarse de la
elocuencia de ellas. Pero Dios sólo reconocerá lo primero, y a
ellas las seguirá con esta bendición, haciéndolas obrar
eficazmente en los que creen (1 Ts. 1:6; 2:13).
LA DEMANDA DE JEHOVÁ
A FARAÓN fue quíntuple en su naturaleza, porque constituía
la expresión de Su gracia en la liberación de Su pueblo. Por ello,
suscitó cinco objeciones diferentes de Faraón. La demanda de Jehová
provino puramente de Su propia y espontánea gracia. Nada le impulsaba
a ello; no la causaba ni la miseria ni los méritos de Israel. «Y
oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham,
Isaac y Jacob. y miro Dios a los hijos de Israel, y los reconoció Dios»
(Ex. 2:24, 25). No fue por el pacto de ellos con Dios, como con Israel posteriormente
en el Sinaí, sino que fue por el pacto de Dios que EL había concertado
con sus padres. Todo era de gracia. Por ello, la demanda de Jehová a
Faraón (en Ex. 5:1) iba marcada por los cinco grandes hechos que abarcaba:
(1) Jehová y Su Palabra. "Jehová el Dios
de Israel dice así". A esto se opuso la objeción de Faraón
(v. 2): «¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz?»
(2) El pueblo de Jehová. "Deja ir a mi pueblo».
A esto Faraón objetó: "¿Quiénes son los que
han de ir?" (10:8-11). Moisés dijo: "Hemos de ir con nuestros
niños y con nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas;
etc." "No será así; id ahora vosotros los varones"
(10:11). Esta fue la contestación del Faraón. En otras palabras,
el pueblo de Dios está compuesto por Sus redimidos; y el enemigo se contentará
si los padres van y sirven a Dios en el desierto, ¡siempre y cuando dejen
a sus pequeños atrás en Egipto!
(3) La demanda de Jehová. "Deja ira mi pueblo"
"No, dijo Faraón." "Andad, ofreced sacrificio a vuestro
Dios en la tierra" (8:25). Y muchos piensan hoy día que pueden adorar
en Egipto, pero Moisés dijo: "No conviene que hagamos así"
(8:26).
(4) La Fiesta de Jehová. "A celebrarme fiesta".
La objeción de Faraón fue (10:24): «Id, servid a Jehová;
solamente queden vuestras ovejas y vuestras vacas». ¡Qué
oposición más sutil! Pero fue perfecta la réplica de Moisés
(10:26): «No sabemos con qué hemos de servir a Jehová hasta
que lleguemos allí». No podemos conocer la voluntad de Dios para
nosotros hasta que estemos sobre el terreno de Dios. No recibiremos luz para
el segundo paso hasta que hayamos empleado la luz que nos ha sido dada para
el primero.
(5) La separación de Jehová «En el desierto».
Cuando Faraón se opuso a que se fueran en absoluto, y quiso que sirvieran
a Dios «en la tierra», Moisés insistió en una separación
«camino de tres días... por el desierto» (8:27). Tiene que
darse una separación divina- mente perfecta de los redimidos de Egipto
y de todo lo que pertenece a ello.
Pero ahora la objeción de Faraón es más sutil. Les dice
(8:28): «Yo os dejaré ir para que ofrezcáis sacrificios
a Jehová vuestro Dios en el desierto, con tal que no vayáis más
lejos». ¡Ah, cuántos ceden a esta tentación y se encuentran
siempre en una cómoda cercanía del mundo! Viviendo en la zona
fronteriza, siempre están expuestos a las seducciones del enemigo, y
siempre en peligro de sus redes.
Contemplemos, pues, aquí, la perfección de la gracia, manifestada
en la demanda de Jehová para aquellos a «los que ha redimido del
poder del enemigo» (Sal. 107:2). Cada una de sus cinco partes fue tercamente
resistida por el enemigo, pero la gracia de Jehová es invencible.
EL TABERNÁCULO tenía el cinco como el número
que lo impregnaba. Casi cada medición era un múltiplo de cinco.
¡Antes de mencionar estas mediciones deberíamos señalar
que la adoración misma es toda de gracia! Nadie puede adorar excepto
aquellos que son buscados y llamados por el Padre (In. 4:23). «Bienaventurado
el que tú escoges y atraes a ti, para que habite en tus atrios; seremos
saciados del bien de tu casa, de la santidad de tu templo» (Sal. 65:4).
El título divino del libro que llamamos Levítico es, en el canon
hebreo: «ÉL LLAMÓ». Es el libro del culto, exponiendo
cómo aquellos que deben dar culto tienen que ser llamados por Dios, y
exponiendo cómo quiere que se alleguen a El. El libro comienza con la
instrucción de que si alguien trae ofrenda a Jehová la traerá
de tal y cual manera. Los oferentes y los sacerdotes reciben detalladas instrucciones
acerca de todo lo que se debe hacer. No se deja nada a la imaginación
de ellos.
Hemos visto que Levítico es el tercer libro de la Biblia. Nos viene marcado
con el número de la perfección divina. Las palabras con que comienza
son: «Habló Jehová», una expresión que en este
libro aparece 36 veces (32x 22).
Desde luego, este tercer libro es singular, consistiendo como consiste casi
enteramente de las palabras de Jehová. Ningún otro libro de la
Biblia está tan lleno de pronunciamientos divinos. Por ello, es adecuado
que sea el número tres el que lo impregna.
«Yo Jehová» aparece 21 veces (3 x 7).
«YO SOY JEHOVA VUESTRO DIOS» aparece 21 veces (3x7).
«SOY YO JEHOVA» aparece tres veces (19:2; 20:6; 21:8)
En relación con ser santo, mientras que «SOY YO JEHOVA» aparece
dos veces en relación con la acción de santificarlos (21:15; 22:9),
o cinco veces en total.
Aquí, pues, tenemos la divina comunicación, y el número
de la Deidad impreso sobre ella. Esto hubiera podido ser expuesto en el número
Tres, pero es bueno considerarlo aquí en relación con la adoración
como brotando de la voluntad de Dios, y estando basada en la gracia.
El Tabernáculo tiene este número de la gracia (cinco) impreso
en todo él. El patio exterior tenía 100 codos de longitud y 50
de anchura. A cada lado se levantaban 20 columnas, y en cada extremo había
otras lO, haciendo un total de 60; esto es, 5 x 12, o la gracia exhibida en
gobierno ante el mundo, siendo 12 el número de las tribus.
Las columnas que sostenían las cortinas estaban a 5 codos de distancia
entre sí y se levantaban a una altura de 5 codos, y toda la cortina exterior
estaba dividida en cuadrados de 25 codos cuadrados (5 x 5). Cada par de columnas
sostenía así un área de 52 codos de lino blanco fino, dando
así testimonio de la perfecta gracia, lo único por lo que el pueblo
de Dios puede testificar de El ante el mundo. La propia justicia de ellos (el
lino fino) es «trapos de inmundicia,. (Is. 64:6), y sólo podemos
decir, «por la gracia de Dios soy lo que soy" (1 Co. 15), un pecador
salvo por gracia. Esta justicia está basada en la expiación, porque
también era 5 x 5 la medida del altar de bronce del holocausto. Esta
fue la perfecta respuesta de Cristo a las justas demandas de Dios, ya lo que
se demandaba al hombre.
Cierto, este altar de bronce sólo tenía 3 codos de altura, pero
esto nos dice que la provisión era de origen divino, que la expiación
emana sólo de Dios.
El edificio mismo tenía una altura de 10 codos, una anchura de 10 y una
longitud de 30. Su longitud se dividía en dos partes desiguales, teniendo
el Lugar Santo 20 codos de largo, y el Lugar Santísimo 10. Estaba formado
por cuarenta y ocho tablas, veinte a cada lado, y ocho al fondo, quedando la
parte frontal formada por una cortina que colgaba de cinco columnas. Estas cuarenta
y ocho tablas (3 x 4!) eran significativas de la nación como ante Dios
en la plenitud de su privilegio en la tierra (4x 12). Las veinte tablas a cada
lado eran mantenidas unidas por cinco barras, cuatro que pasaban a través
de anillos unidos a ellas, y una que las atravesaba por en medio.
Las cortinas que cubrían la estructura del Tabernáculo eran cuatro.
La primera estaba hecha de diez cortinas de byssus de varios colores adornadas
con bordadura de querubines. Cada cortina tenía 28 (4 x 7) codos de longitud
y cuatro de anchura. Colgaban cinco de cada lado, probablemente cosidas juntas
para formar un gran lienzo (20 x 28), quedando un lienzo de cinco unido al otro
mediante lazadas y cincuenta (5 x 10) corchetes de oro. La segunda cubierta
estaba formada por once cortinas de cabello de cabra, cada una de ellas de 30
codos de longitud, unidas en dos lienzos trabados mediante lazadas y corchetes
de bronce. La tercera era de pieles de carnero teñidas de rojo, y la
cuarta era de pieles de tachash (o coloreadas,5 cuyas dimensiones no nos son
dadas.
Los velos de entrada eran tres. El primero era "la entrada del atrio"
de 20 codos de anchura y cinco de altura, que colgaba de 5 columnas. El segundo
era "la entrada del Tabernáculo" de 10 codos de anchura y 10
de altura, colgando, como el de la entrada del atrio, de cinco columnas. El
tercero era "el velo hermoso" también de 10 codos de lado,
que separaba el Lugar Santo del Santísimo. Es de destacar una característica
de estos tres velos. Las dimensiones del velo del atrio y de los del Tabernáculo
son diferentes, pero el área es la misma. En el primero era de 20 x 5
= 100 codos cuadrados; los segundos eran de 10 x 10 codos, dando también
un área de 100 codos cuadrados. Así, en tanto que sólo
había una entrada, una puerta, un velo, todos ellos tipificaban a Cristo
como la única puerta de entrada para todas las bendiciones relacionadas
con la salvación. Pero nótese que la "entrada" que admitía
a los beneficios de la expiación era más ancha y baja (20 codos
de anchura y 5 de altura), mientras que la entrada que admitía a la adoración
era más alta y estrecha, con una anchura de sólo 10 codos, la
mitad de la anchura, y el doble de la altura (10 codos), diciéndonos
con ello que no todos los que experimentan las bendiciones de la expiación
comprenden o aprecian la verdadera naturaleza de la adoración espiritual.
La más elevada adoración -la admisión ante el trono de
la gracia, el Propiciatorio- era imposible para los israelitas excepto en la
persona del representante de ellos -el sumo sacerdote-, porque el velo hermoso
les cerraba el paso. Pero este velo fue rasgado en dos en el momento en que
la verdadera gracia que vino por Jesucristo quedó perfectamente manifestada.
Y fue rasgado por el acto de Dios en gracia, porque se rasgó "de
arriba abajo".
Es digno de mención -y cuestión que valdría la pena que
fuera investigada más a fondo por parte de los que disponen de tiempo
que la geometría de He. 9, que da un relato del Tabernáculo, da
el número cinco como factor. Tomando cada letra como su valor numérico,
el valor de He. 9:2-10, describiendo el Tabernáculo y sus muebles, es
de 103.480. Los factores de este número están todos llenos de
significado: 5 x 8 x 13 x 199, donde tenemos cinco como el número de
la gracia, cuatro como el número del mundo, la esfera en la que se manifiesta,
mientras que en trece tenemos el número del pecado y de la expiación.
De manera similar, la segunda sección del capítulo (He. 9:11-
28) , que se relaciona con la aplicación del tipo a Cristo Y a Su obra
de expiación, es un sencillo múltiplo de trece: 204.451 (13 x
15.727), mientras que la importante digresión en los versículos
16, 17 Y 18 rinde el número 11.830, que es 13 x 14 x 5, donde tenemos
los mismos importantes y magnos factores.