1 (cap. 1: 16, 20; Sal. 121: 3-4; ).Constante vigilancia en
favor de su iglesia.-
En el mensaje a la iglesia de Efeso se presenta a Cristo como sosteniendo las
siete estrellas en su mano y caminando en medio de los siete candeleros de oro.
Se presenta como "caminando" entre ellos para ilustrar así
su constante vigilancia en favor de su iglesia. "No se adormecerá
ni dormirá el que guarda a Israel". Tampoco se vuelve indiferente.
Estas figuras deben ser cuidadosamente estudiadas por los subpastores y fielmente
aplicadas a su propio caso, para que no pierdan de vista su gran privilegio
de obtener luz de la Fuente de toda luz, impartiéndola a su vez a aquellos
para quienes trabajan (Carta 4, 1908).
1-5. (1 Ped. 1: 5; Jud. 24). El guardián de los atrios
del templo.-
[Se cita Apoc. 2: 1-5.] Las palabras proceden de los labios de Aquel que no
puede mentir. El cuadro revela eterna vigilancia. Cristo está en medio
de los siete candeleros de oro, caminando de iglesia en iglesia, de congregación
en congregación, de corazón en corazón. "No se adormecerá
ni dormirá el que guarda a Israel". Si los candeleros fueran dejados
al cuidado de seres humanos, con cuánta frecuencia vacilaría la
luz y se apagaría; pero Dios no ha entregado su iglesia en manos de hombres.
Cristo, Aquel que dio su vida por el mundo "para que todo aquel que en
él cree no se pierda mas tenga vida eterna", es el guardián
de la casa. El es el guardián fiel y leal de los atrios del templo del
Señor...
Cristo camina en medio de sus iglesias a lo ancho y a lo largo de la tierra.
Observa con intenso interés para ver si los suyos están en una
condición espiritual tal que puedan hacer avanzar su reino. Está
presente en cada asamblea de la iglesia. Conoce a aquellos cuyo corazón
puede llenar con el óleo santo para que lo impartan a otros. Los que
fielmente hacen avanzar la obra de Cristo, representando en palabra y en hechos
el carácter de Dios, cumplen el propósito del Señor para
ellos, y Cristo se complace en ellos (RH 26-5-1903).
(Efe. 1: 1, 15-16.) Malos resultados de la negligencia.-
[Se cita Apoc. 2: 1-5.] En este pasaje se resumen las condiciones para ser aceptados
por Dios. La primera experiencia de la iglesia de Efeso la indujo a buenas obras.
Dios se deleitaba en el hecho de que su iglesia reflejaba la luz del cielo al
revelar el espíritu de Cristo en ternura y compasión. El amor
que moraba en el corazón de Cristo, el amor que lo movió a entregarse
como sacrificio por la humanidad y a sufrir con paciencia el reproche de los
hombres hasta el punto de ser llamado diablo, el amor que lo impulsó
a hacer prodigiosas obras de curación durante su ministerio: éste
era el amor que debía ser revelado en las vidas de sus discípulos.
Pero ellos descuidaron cultivar la compasión y la ternura de Cristo.
El yo, como se manifestaba en los rasgos hereditarios del carácter, echó
a perder los principios de las magníficas y buenas obras que caracterizaron
como cristianos a los miembros de la iglesia de Efeso. El Señor Jesús
necesitaba mostrarles que habían perdido lo que era todo para ellos.
El amor que impulsó al Salvador a morir por nosotros no fue revelado
en su plenitud en la vida de ellos, y por lo tanto no podían honrar el
nombre del Redentor. Y al perder su primer amor se aumentó su conocimiento
de teorías "científicas" originadas en el padre de la
mentira (MS 11, 1906).
2-6. La pérdida del talento del amor.-
Este mensaje es un ejemplo de la forma en que los ministros de Dios deben presentar
sus reproches hoy día. Después de la alabanza por la labor ferviente,
viene el reproche por la pérdida del talento del amor, el cual es el
depósito más sagrado. El amor de Dios fue lo que salvó
a la raza caída de la muerte eterna (MS 136, 1902).
4. (2 Ped. 3: 18; 2 Juan 6). El amor por Cristo no tiene por
qué decaer.-
"Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor". La tuya es
una decadencia, una declinación en el celo santo; el propósito
de él no ha sido abandonado, pero se ha perdido el fervor. El primer
amor del que se convierte a Cristo es profundo, pleno y ardiente. Ese amor no
tiene que disminuir porque aumenta el conocimiento, porque brilla sobre él
una luz mayor y creciente. Ese amor debe hacerse más ferviente a medida
que conoce mejor a su Señor...
Dios no aceptará nada que sea menos que la entrega total del corazón.
Bienaventurados aquellos que desde el comienzo de su vida religiosa han sido
fieles a su primer amor y han crecido en la gracia y el conocimiento de nuestro
Señor Jesucristo. El resultado seguro de su relación y compañerismo
con su amado Señor será el aumento de su piedad, su pureza y su
fervor. Están recibiendo una educación divina, y esto se ilustra
con una vida de fervor, de diligencia y de celo...
Debemos procurar conocer nuestras faltas y pecados característicos, que
causan tinieblas y debilidad espiritual y apagaron nuestro primer amor (RH 7-6-1887).
4-5 Caída espiritual no advertida.-
En vista de las muchas virtudes enumeradas, cuán sorprendente es la acusación
presentada contra la iglesia de Efeso: "Pero tengo contra ti, que has dejado
tu primer amor". Esta iglesia había sido grandemente favorecida.
Fue establecida por el apóstol Pablo. En la misma ciudad estaba el templo
de Diana que, en cuanto a su grandeza, era una de las maravillas del mundo [antiguo].
La iglesia de Efeso hizo frente a una gran oposición y algunos de los
primeros cristianos sufrieron persecución y sin embargo, precisamente
algunos de ellos se apartaron de las verdades que los habían unido con
los seguidores de Cristo y en cambio, aceptaron los seductores errores inventados
por Satanás.
Este cambio está presentado como una caída espiritual. "Recuerda,
por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las
primeras obras", como se las presenta en los versículos precedentes.
Los creyentes no se dieron cuenta de su caída espiritual. No advertían
el cambio que había ocurrido en sus corazones y que tendrían que
arrepentirse por haber dejado de hacer las primeras obras; pero Dios en su misericordia
hizo un llamado al arrepentimiento, al regreso a su primer amor y a las obras
que siempre son resultado del verdadero amor cristiano (MS 11, 1906).
La pérdida del amor, una caída moral.-
La pérdida del primer amor se especifica como una caída moral.
La pérdida de este amor se presenta como algo que afecta toda la vida
religiosa. Dios dice de los que han perdido este amor, que a menos que se arrepientan
vendrá a ellos y quitará su candelero de su lugar (MS 1, 1906).
6. (Jud. 4). El pecado de los nicolaítas.-
¿Es [nuestro] el pecado de los nicolaítas, convertir la gracia
de Dios en libertinaje? (RH 76-1887).
(Rom. 3: 31.) Doctrina de los nicolaítas.-
Se enseña mucho ahora la doctrina que el Evangelio de Cristo ha anulado
la ley de Dios, que "creyendo" quedamos liberados de la necesidad
de ser hacedores de la Palabra; pero ésta es la doctrina de los nicolaítas
que Cristo condenó tan implacablemente (ST 21-1912).
7. (cap. 22: 2). Las hojas del árbol de la vida.-
[Se cita Apoc. 2: 7.] ¿Debemos esperar hasta que seamos trasladados antes
de que comamos de las hojas del árbol de la vida? El que recibe en su
corazón las palabras de Cristo sabe lo que significa comer las hojas
del árbol de la vida. [Se cita Juan 6: 33-63.]
Cuando el creyente en comunión con el Espíritu Santo puede poner
su mano sobre la verdad y se apropia de ella, come el pan que desciende del
cielo; penetra en la vida de Cristo, y aprecia el gran sacrificio hecho en favor
de la raza pecadora.
El conocimiento que proviene de Dios es el pan de vida. Ese pan son las hojas
del árbol de la vida que son para la sanidad de las naciones. La corriente
de la vida espiritual conmueve el alma cuando se creen y practican las palabras
de Cristo. De esa manera somos hechos uno con Cristo. La vida cristiana que
era débil y endeble, se fortalece. Para nosotros es vida eterna si retenemos
firme hasta el fin el principio de nuestra confianza.
Toda verdad debe ser recibida como la vida de Jesús. La verdad nos purifica
de toda impureza y prepara el alma para la presencia de Cristo. Cristo, la esperanza
de gloria, es formado en lo íntimo (MS 103, 1902).
7, 11, 17, 29. (cap. 3: 6, 13, 22). Los oídos cerrados
a insensateces y necedades.-
"El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias".
Si vosotros oís "lo que el Espíritu dice a las iglesias"
y meditáis en la instrucción que se les da, vuestros oídos
estarán cerrados para las insensateces y necedades que os rodean. No
oiréis ni repetiréis esas cosas, ni nunca las desearéis.
Si Cristo satisface el hambre de vuestra alma, esas trivialidades son insípidas
y desagradables para vosotros. No halláis deleite en ellas, sino que,
en cambio, elegiréis el pan del cielo (MS 92, 190l).
9. La sinagoga de Satanás.-
Cristo dice que la iglesia sobre la cual Satanás preside es la sinagoga
de Satanás. Sus miembros son los hijos de desobediencia. Son los que
prefieren pecar, que trabajan para anular la santa ley de Dios. La obra de Satanás
es mezclar el mal con el bien y eliminar la distinción entre uno y otro.
Cristo desea tener una iglesia que trabaja para separar el mal del bien, cuyos
miembros no toleran voluntariamente la maldad, sino que la eliminan del corazón
y de la vida (RH 4-12-1900).
10. Coronas concedidas por Cristo.-
En ese día del castigo final y de la recompensa final, los santos y los
pecadores reconocerán en Aquel que fue crucificado al juez de todos los
vivientes. Cada corona que sea dada a los santos del Altísimo será
concedida por las manos de Cristo: aquellas manos que crueles sacerdotes y gobernantes
condenaron a ser clavadas en la cruz. Sólo él puede dar a los
hombres el consuelo de la vida eterna (RH 22-11-1898).