La Pluma Inspirada y Apocalipsis Capítulo 3
1 (2 Cor. 4: 7; Gál. 2: 20; Fil. 1: 21; 3: 8). Fieles
mayordomos de nosotros mismos.-
[Se cita Apoc. 3: 1.] Cristo exhorta a esta iglesia para que haga un cambio.
Tenían nombre de que vivían, pero sus obras estaban destituidas
del amor de Jesús. ¡Oh, cuántos han caído porque
confiaron en su profesión para la salvación! ¡Cuántos
se pierden por su esfuerzo de mantener su reputación! Si uno tiene la
reputación de ser un evangelista de talento, un predicador bien dotado,
un hombre de oración, un hombre de fe, un hombre especialmente consagrado,
hay un positivo peligro de que naufrague en la fe cuando sea puesto a prueba
por las pequeñas vicisitudes que Dios permite que sobrevengan. Con frecuencia
su gran empeño será mantener su reputación.
El que vive temiendo que otros no aprecien su valor, está perdiendo de
vista a Aquel que es el único que nos hace dignos de glorificar a Dios.
Seamos fieles mayordomos de nosotros mismos. Desviemos nuestra vista del yo
y fijémosla en Cristo. Entonces no habrá la más mínima
dificultad. Toda la obra hecha, no importa cuán excelente parezca, no
tiene valor si no se hace en el amor de Jesús. Uno puede pasar por todo
el ciclo de la actividad religiosa; pero a menos que Cristo esté entretejido
en todo lo que dice y hace, estará traba ando para su propia gloria (Carta
48, 1903).
1-3. Recuerda cómo has recibido.-
Se da una advertencia acerca de un tiempo cuando penetrarían errores
como un ladrón para robar la fe del pueblo de Dios, cuando los hijos
de Dios debían velar diligentemente y estar constantemente en guardia
contra los engaños del enemigo.
En Sardis muchos se habían convertido por la predicación de los
apóstoles. La verdad había sido recibida como una luz brillante
y resplandeciente; pero algunos habían olvidado la forma maravillosa
en que habían recibido la verdad, y Jesús creyó necesario
enviar un reproche.
Los antiguos portaestandartes habían caído uno tras otro, y algunos
se habían cansado de la frecuente repetición de las verdades.
Deseaban una doctrina novedosa, más agradable para muchas mentes. Pensaban
que necesitaban un cambio maravilloso, y en su ceguera espiritual no discernían
que sus sofisterías desarraigarían todas las experiencias del
pasado.
Pero el Señor Jesús podía ver el fin desde el principio.
Por medio de Juan les envió la advertencia: "Acuérdate, pues,
de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete.
Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón" (MS 34, 1905).
(2 Tim. 2: 23-26.) Peligros de sutilizar.-
[Se cita Apoc. 3: 1-3.] Entre aquellos a quienes fue enviado este mensaje algunos
habían oído la predicación de Juan el Bautista y habían
sido convencidos por ella; pero perdieron la fe en la cual una vez se regocijaron.
Otros habían recibido la verdad de las enseñanzas de Cristo y
fueron creyentes fervorosos; pero habían perdido su primer amor y no
tenían vigor espiritual. No habían mantenido el principio de su
confianza firme hasta el fin. Tenían nombre de que vivían; pero
estaban muertos en lo que se refiere a ejercer una influencia salvadora. Tenían
apariencia de piedad sin el poder correspondiente. Sutilizaban en cuanto a asuntos
sin importancia especial, no dados por el Señor como pruebas, hasta que
esos asuntos se transformaron en montañas que los separaban de Cristo
y también entre sí...
"Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto".
Delante de Dios de nada vale la apariencia exterior. Las ceremonias externas
de la religión son absolutamente inútiles si falta el amor de
Dios en el alma.
"sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir".
Esta es nuestra obra. Hay muchos que están a punto de morir espiritualmente,
y el Señor nos exhorta para que los fortalezcamos. Los hijos de Dios
deben estar firmemente unidos con los vínculos de la comunión
cristiana, y deben ser fortalecidos en la fe hablando con frecuencia mutuamente
acerca de las preciosas verdades confiadas a ellos. Nunca deben pasar su tiempo
acusando y condenando el uno al otro (RH 10-81905).
1-4. (Heb. 4: 13). Pesando el carácter.-
[Se cita Apoc. 3:1-3.] El discernimiento manifestado por Cristo al pesar los
caracteres de los que ostentan el nombre del Señor en su carácter
de cristianos, nos induce a comprender más plenamente que cada individuo
está bajo la supervisión del Señor. El conoce íntimamente
los pensamientos y las intenciones del corazón, así como también
cada palabra y acto. Conoce todo lo que se refiere a nuestra experiencia religiosa;
sabe a quién amamos y servimos (MS 81, 1900).
1-5. (Mat. 22: 14). Unos pocos fieles en Sardis.-
Se presenta a la iglesia de Sardis como que tuviera en ella unas pocas personas
fieles entre las muchas que, por así decirlo, se habían vuelto
descuidadas e insensibles a sus obligaciones para con Dios. "Tienes unas
pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán
conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas". ¿Quién
es tan favorecido como para ser contado entre esas pocas personas en Sardis?
¿Eres tú? ¿Soy yo? ¿Quiénes están
entre ese número? ¿No es mejor para nosotros que averigüemos
este asunto para que podamos saber a quiénes se refiere el Señor
cuando dice que unas pocas personas no han manchado sus ropas blancas del carácter?
(MS 81, 1900).
(Vers. 14-18.) Leed el tercer capítulo de Apocalipsis.-
En el mensaje a la iglesia de Sardis se presentan dos grupos: los que tienen
nombre que viven, pero están muertos; y los que se están esforzando
para vencer. Estudiad este mensaje que se halla en el tercer capítulo
de Apocalipsis. [Se cita Apoc. 3: 1-2.] ¿A quiénes se aplica eso
de las cosas que están para morir, y qué ha hecho que lleguen
a esa condición? Se da la explicación: "No he hallado tus
obras perfectas delante de Dios". [Se citan los vers. 3-5.]
Este mensaje se envía a la iglesia de la actualidad. Exhorto a nuestros
miembros de iglesia que lean todo el tercer capítulo de Apocalipsis,
y que le den una aplicación. El mensaje a la iglesia de Laodicea se aplica
especialmente al pueblo de Dios de hoy día. Es un mensaje para los cristianos
de nombre que han llegado a parecerse tanto al mundo que no se puede ver diferencia
[se citan los vers. 14-18] (RH 208-1903).
3. (Heb. 3: 6; 4: 14; 10: 23). Afírmate en la promesa.-
Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo
y arrepiéntete". Los que han nacido de nuevo recuerdan con qué
gozo y alegría recibieron la luz del cielo y cuán deseosos estaban
de contar a todos acerca de su felicidad...
"Guárdalo". No significa, guarda tus pecados, sino guarda el
consuelo, la fe, la esperanza que Dios te ha dado en su Palabra. Nunca te desanimes.
Un hombre desanimado no puede hacer nada. Satanás está procurando
desanimaros diciéndoos que es inútil servir a Dios, que no vale
la pena, y que da lo mismo buscar los placeres y gozos de este mundo. Pero "¿qué
aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?"
Podéis disfrutar de placeres mundanos a expensas del mundo futuro; pero
¿podréis permitiros pagar tal precio?
Debemos "guardar" toda la luz que recibimos del cielo y vivir a la
altura de ella. ¿Por qué? Porque Dios quiere que nos aferremos
a la verdad eterna y actuemos como la mano ayudadora del Señor, comunicando
la luz a aquellos que no conocen su amor hacia ellos. Cuando os entregasteis
a Cristo hicisteis una promesa en la presencia del Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo: los tres grandes Dignatarios personales del cielo. "Guardad"
firmemente esa promesa.
"Y arrepiéntete". Nuestra vida debe ser una vida de arrepentimiento
y humildad continuos. Necesitamos arrepentirnos constantemente para que podamos
ser constantemente victoriosos. Cuando tenemos verdadera humildad logramos la
victoria. El enemigo nunca puede arrancar de la mano de Cristo a aquel que sencillamente
confía en las promesas del Señor. Si la persona confía
y procede con obediencia, la mente será sensible a las impresiones divinas
y la luz de Dios resplandecerá para alumbrar el entendimiento. ¡Qué
privilegios tenemos en Cristo Jesús!
Un verdadero sentimiento de arrepentimiento delante de Dios no nos mantiene
en servidumbre haciéndonos sentir como las personas en un cortejo fúnebre.
Debemos estar alegres y no tristes; pero todo el tiempo debemos estar tristes
porque después de que Cristo dio su preciosa vida por nosotros entregamos
tantos años de nuestra vida a las potestades de las tinieblas. Debemos
sentir pesar en el corazón cuando recordamos que después de que
Cristo dio todo lo suyo por nuestra redención, usamos en el servicio
del enemigo algo del tiempo y de las capacidades que el Señor nos confió
como talentos para usar para la gloria de su nombre. Debemos arrepentirnos porque
no nos hemos esforzado en toda forma posible para familiarizarnos con la preciosa
verdad que nos capacita para emplear aquella fe que obra por el amor y purifica
el alma.
Cuando vemos almas alejadas de Cristo debemos ponernos en su lugar y sentir
arrepentimiento en su favor delante de Dios, y no descansar hasta que las llevemos
al arrepentimiento. Si hacemos todo lo que podamos y sin embargo no se arrepienten,
el pecado está a la puerta de ellas; pero todavía debemos sentir
dolor de corazón debido a su condición, mostrándoles cómo
arrepentirse y tratando de guiarlas paso tras paso a Jesucristo (MS 92, 190l).
4-5. (Luc. 12: 8). Verdaderos, leales y fieles.-
[Se cita Apoc. 3:4-5.] Esta es la recompensa que será dada a los que
han obtenido un carácter puro e intachable, quienes ante el mundo se
han aferrado a la fe. Jesucristo confesará sus nombres delante del Padre
y delante de sus ángeles. Han sido verdaderos, leales y fieles. En medio
de acusaciones y de buenos informes han practicado y enseñado la verdad
(MS 26, 1905).
(2 Cor. 4: 17-18.) Un eterno peso de gloria.-
"Tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras;
y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas". Se
les confiere este honor debido a su fe. En esta vida no se jactaron ni su alma
se envaneció. Con intenso deseo, con fe pura y santa se aferraron a la
promesa de riquezas eternas. Su único deseo era ser como Cristo. Siempre
mantuvieron en alto la norma de justicia. Les es dado un eterno peso de gloria
porque en la tierra anduvieron con Dios guardándose sin mancha en el
mundo, revelando a sus prójimos la justicia de Cristo. De esas personas
declara el Salvador: "Andarán conmigo en vestiduras blancas, en
el mundo que he preparado para ellas" [se cita Apoc. 3:5] (RH 10-8-1905).
4-5, 10. (1 Cor. 10: 12-13). La promesa de victoria.-
[Se cita Apoc. 3: 4-5.] Estas palabras se dan para las personas que aún
están relacionadas con el mundo, sujetas a tentaciones e influencias
que son engañosas y alucinantes. Mientras mantengan fija su atención
en Aquel que es su sol y su escudo, las tinieblas y la oscuridad que las rodean
no dejarán una mancha ni una mácula en sus vestiduras. Caminarán
con Cristo; orarán, creerán y trabajarán para salvar a
las almas que están a punto de perecer. Están tratando de romper
las ataduras con que Satanás las ha ligado, y no serán avergonzadas
si por fe hacen de Cristo su compañero. El gran engañador presentará
constantemente tentaciones y engaños para echar a perder la obra del
ser humano; pero si éste confía en Dios, si es manso, humilde
y dócil de corazón, si persevera en el camino del Señor,
el cielo se regocijará porque ganará la victoria. Dios dice: "Andará
conmigo de blanco, con vestiduras inmaculadas, porque es digno" (MS 97,
1898).
5. Ángeles que pesan el valor moral.
Cristo dice de los vencedores: "No borraré su nombre del libro de
la vida". Los nombres de todos los que alguna vez se entregaron a Dios,
están escritos en el libro de la vida y sus caracteres están desfilando
ahora delante de él. Los ángeles de Dios están pesando
el valor moral; están observando el desarrollo del carácter en
aquellos que ahora viven, para ver si sus nombres pueden ser conservados en
el libro de la vida. Se nos concede un tiempo de gracia para lavar las ropas
de nuestro carácter y emblanquecerlas en la sangre del Cordero. ¿Quién
está haciendo esta obra? ¿Quién se está separando
del pecado y del egoísmo? (HS 138).
8. Una puerta abierta.
El Testigo fiel y verdadero declara: "He aquí, he puesto delante
de ú una puerta abierta". Agradezcamos a Dios con corazón,
alma y voz; y aprendamos a acercarnos a él como por una puerta abierta,
creyendo que podemos ir a él libremente con nuestras peticiones, y que
él oirá y contestará. Mediante una fe viviente en su poder
para ayudar, recibiremos fortaleza para reñir las batallas del Señor
con la confiada seguridad de la victoria (RH 9-7-1908).
(Heb. 10: 19-20.) La puerta de comunicación.
El testigo fiel nos ha dado la seguridad de que ha puesto ante nosotros una
puerta abierta que nadie puede cerrar. Muchos de los privilegios del mundo se
les pueden negar a los que están procurando ser fieles a Dios; su camino
puede ser obstruido y su obra estorbada por los enemigos de la verdad, pero
no hay poder capaz de cerrar la puerta de comunicación entre Dios y sus
almas. El cristiano puede cerrar esa puerta complaciéndose en el pecado
o rechazando la luz del cielo; puede apartar sus oídos para no escuchar
el mensaje de verdad, y así puede cortar la conexión entre Dios
y su alma... Ni el hombre ni Satanás pueden cerrar la puerta que Cristo
ha abierto para nosotros (RH 26-3-1889).
Luz de los umbrales del cielo
[Se cita Apoc. 3: 8-9.) Cada vez que seamos tentados, tenemos esta puerta abierta
para contemplar. Ningún poder puede ocultar de nosotros la luz de la
gloria que brilla procedente de los umbrales del cielo a lo largo de toda la
escalera que debemos subir, pues el Señor nos ha dado fortaleza en su
fortaleza, valor en su valor, luz en su luz. Cuando los poderes de las tinieblas
sean vencidos, cuando la luz de la gloria de Dios inunde el mundo, veremos y
entenderemos más claramente de lo que lo hacemos hoy. Si sólo
comprendiéramos que la gloria de Dios nos rodea, que el cielo está
más cerca de la tierra de lo que suponemos, tendríamos un cielo
en nuestros hogares mientras nos preparamos para el cielo de lo alto (MS 92,
1901).
14-18. Se revela nuestra condición.-
El mensaje para la iglesia laodicense revela nuestra condición como pueblo
[de Dios] (RH 15-12- 1904).
Mensaje para los ociosos en la viña.-
Se envía el mensaje laodicense a los ociosos en la viña del Señor
(MS 26, 1905).
(Rom. 2: 17-24.) Aplicación del mensaje laodicense. -
El mensaje para la iglesia laodicense es aplicable para todos los que han tenido
gran luz y muchas oportunidades, y sin embargo no las han apreciado (RH 11-3-1902).
(Cap. 2: 4-5.) Falta el fervor del amor.-
El mensaje para la iglesia de Laodicea es aplicable a nuestra condición.
Cuán claramente se describe la condición de los que piensan que
tienen toda la verdad, que se enorgullecen de su conocimiento de la Palabra
de Dios, pero cuyo poder santificador no ha sido sentido en sus vidas. Falta
en sus corazones el fervor del amor de Dios; pero este fervor del amor es precisamente
lo que hace del pueblo de Dios la luz del mundo (RH 23-7-1889).
El mensaje laodicense para Cristianos.-
El mensaje para la iglesia de Laodicea es sumamente aplicable para nosotros
como pueblo. Ha sido presentado delante de nosotros durante mucho tiempo; pero
no se le ha prestado la debida atención. Cuando la obra de arrepentimiento
sea ferviente y profunda, los miembros de la iglesia comprarán individualmente
las ricas mercaderías del cielo. [Se cita Apoc. 3: 18.] Oh, cuántos
contemplan las cosas de una manera distorsionada, en la forma en que Satanás
quiere que las vean.
Podéis manifestar gran celo en el esfuerzo misionero, y sin embargo debido
a que ese esfuerzo está contaminado con egoísmo y tiene un pronunciado
sabor al yo, no es nada a la vista de Dios, pues es una ofrenda manchada y corrupta.
A menos que la puerta del corazón esté abierta para Jesús,
a menos que él ocupe el templo del alma, a menos que el corazón
esté lleno de sus atributos divinos, cuando las acciones humanas sean
pesadas en las balanzas del cielo serán declaradas "faltas".
El amor de Cristo os haría ricos; pero muchos no comprenden el valor
de su amor. Muchos no se dan cuenta de que el espíritu que albergan está
destituido de la humildad y la mansedumbre de Cristo, destituido del amor que
los convertiría en canales de luz (MS 33, 1894).
(2 Ped. 3: 11.) ¿Ha cometido Dios un error?-
El mensaje a Laodicea se aplica a la iglesia de este tiempo. ¿Creéis
este mensaje? ¿Es éste el sentir de vuestros corazones? ¿O
estáis diciendo constantemente: Nosotros somos ricos y enriquecidos,
y no tenemos necesidad de ninguna cosa? ¿Es en vano que la declaración
de verdad eterna haya sido dada a esta nación para ser llevada a todas
las naciones del mundo? Dios tiene un pueblo escogido y lo hace depositario
de una verdad llena de resultados eternos; se le ha dado la luz que debe iluminar
el mundo. ¿Ha cometido Dios un error? ¿Somos ciertamente sus instrumentos
escogidos? ¿Somos los hombres y las mujeres que deben llevar al mundo
los mensajes de Apocalipsis catorce, para proclamar el mensaje de salvación
a los que están al borde de la ruina? ¿Procedemos como si lo fuéramos?
(MS 51, 1901).
Oidores, pero no hacedores.-
El mensaje a Laodicea se aplica a todos los que dicen guardar la ley de Dios,
pero no son hacedores de ella. No debemos ser egoístas en nada. Cada
aspecto de la vida cristiana debe ser una ejemplificación de la vida
de Cristo. Si no lo es, oiremos las terribles palabras: "No os conozco"
(RH 17-10-1899).
Una experiencia religiosa insípida.-
El mensaje a la iglesia de Laodicea se aplica más decididamente a aquellos
cuya experiencia religiosa es insípida, que no dan un decidido testimonio
en favor de la verdad (Carta 98, 1901),
(Isa. 65: 5; Luc. 18: 11- 12.) "Escuchad, oh, escuchad".-
Os digo en el nombre del Señor que los que han tenido gran luz están
hoy día en el estado descrito por Cristo en su mensaje a la iglesia laodicense.
Piensan ser ricos y que están enriquecidos, y creen que no tienen necesidad
de nada. Cristo os habla. Escuchad, oh, escuchad -si es que tenéis algún
aprecio por vuestras almas- las palabras del gran Consejero, y proceded de acuerdo
con ellas [se cita Apoc. 3:18] (Carta 5, 1897).
Para eliminar de la iglesia el fanatismo.-
El propósito del mensaje a los laodicenses fue para eliminar de la iglesia...
influencias fanáticas; pero el esfuerzo de Satanás ha sido corromper
el mensaje y destruir su influencia. A él le agradaría que personas
fanáticas recibieran el testimonio y lo usaran en la causa de él
antes que tenerlos siempre en un estado de tibieza. He visto que no era el propósito
del mensaje hacer que un hermano se erigiera como juez de su hermano para decirle
qué debe hacer y hasta dónde debe ir, sino para que cada individuo
escudriñe su propio corazón y se ocupe de su propia obra individual
(2SG 223).
¡Quiebra!-
Muchos son laodicenses que viven en un estado de autoengaño espiritual.
Se visten con las vestiduras de su propia justicia, imaginándose que
son ricos y están enriquecidos y no necesitan nada, cuando [lo que] necesitan
[es] aprender de Jesús diariamente, de su humildad y mansedumbre; de
lo contrario se encontrarán en quiebra y toda su vida habrá sido
una mentira (Carta 66, 1894).
Religión autopomposa.-
El amor al yo excluye el amor a Cristo. Los que viven para el yo son clasificados
a la cabeza de la iglesia laodicense, cuyos miembros son tibios, ni fríos
ni calientes. El ardor del primer amor ha caído en un egotismo egoísta.
El amor de Cristo en el corazón se expresa en las acciones. Si el amor
por Cristo es apagado, el amor por aquellos por quienes Cristo ha muerto se
degenerará. Quizá haya una apariencia admirable en favor del celo
y las ceremonias; pero esa es la sustancia de su autopomposa religión.
Cristo los presenta como que le producen náuseas [se cita Apoc. 3:17-18]
(MS 61, 1898).
(Prov. 30:12; Abd. 3.) El ensalzamiento propio, un elemento peligroso.-
El ensalzamiento propio es un elemento peligroso. Mancha todo lo que toca. Es
el vástago del orgullo, y procede tan hábilmente que, a menos
que se esté en guardia contra él, se posesionará de los
pensamientos y regirá las acciones.
El mensaje laodicense debe ser proclamado con poder, pues se aplica especialmente
ahora. Ahora, más que nunca antes, se ven orgullo, ambición mundana,
ensalzamiento propio, perfidia, hipocresía y engaño. Muchos pronuncian
grandes palabras ampulosas de vanidad, y dicen: "Yo soy rico, y me he enriquecido,
y de ninguna cosa tengo necesidad"; sin embargo, son desventurados, miserables,
pobres, ciegos y desnudos (RH 25-9-1900).
(Ecl. 10:1; Mat. 7:1-5.) Amor al yo, autoengaño y autojustificación.-
Aquellos a quienes Cristo amonesta, tienen algunas cualidades excelentes; pero
son neutralizadas por todos los que tienen un amor al yo enfermizo, autoengaño
y autojustificación debido a un gran descuido en ayudar a los hermanos
en el servicio de Dios mediante palabras y hechos animadores. Hay una mosca
muerta en el perfume. Están siendo pesados por Aquel que nunca comete
un error. El presenta el resultado de las acciones que demuestran que el amor
de Cristo no es un principio permanente en el alma. Dios os exhorta a que aprendáis
la mansedumbre de Cristo. Eliminad vuestra tendencia a ver los errores de otros.
Enfocad vuestra atención en vuestros propios defectos. Vuestra justicia
propia produce náuseas al Señor Jesucristo. [Se cita Apoc. 3:15-18.]
Estas palabras se aplican a las iglesias y a muchos que están en cargos
de responsabilidad en la obra de Dios (MS 108, 1899).
Novicios espirituales.-
Hay un gran número de llamados cristianos que en realidad no siguen a
Jesús. No llevan la cruz movidos por una debida abnegación y un
verdadero sacrificio propio. Aunque hacen gran alarde de ser cristianos fervientes,
entretejen en la trama de sus caracteres tantas hebras de sus propias imperfecciones,
que se echa a perder el bello modelo. De ellos dice Cristo: "Os jactáis
de ser ricos y estar enriquecidos con supuestas victorias espirituales; pero
en realidad no sois ni fríos ni calientes, sino que estáis llenos
de una vana facultad. A menos que os convirtáis, no podréis ser
salvos, pues estropearíais el cielo con vuestra profana sabiduría.
No puedo aprobar vuestro espíritu y vuestra obra. No procedéis
de acuerdo con el Ejemplo divino. Estáis siguiendo un molde que sólo
es de vuestra propia invención. Porque sois tibios, debo escupiros de
mi boca".
Agradezcamos al Señor porque aunque esta clase es tan numerosa, aún
hay tiempo para el arrepentimiento. Dice Jesús: "Yo, vuestro Redentor,
conozco vuestras obras. Estoy familiarizado con los motivos que os impulsan
a declarar jactanciosamente en cuanto a vuestra condición espiritual:
'Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad'. No sabes
que eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo ".
Los que están en esta condición ignoran voluntariamente. No disciernen
el verdadero carácter del pecado. Con sus faltas constantemente representan
mal el carácter de Cristo y lo exponen a la vergüenza pública.
Profesan tener un conocimiento de la verdad; sin embargo, proceden con espíritu
de novicios. No parecen comprender la verdad que debe ser expresada con palabras
y hechos para mostrar una clara diferencia entre el que sirve a Dios y el que
no le sirve. Falsamente pretenden tener cada bendición y privilegio del
cristiano, cuando, como representantes de Cristo, no son ricos en gracia espiritual
ni en buenas obras. Son desventurados, pobres, ciegos, lisiados. ¡Cuán
triste es su caso! Se guían por su propia luz.
Pero a pesar de su ignorancia voluntaria no son dejados por el Señor
sin advertencias y consejos adicionales (MS 138, 1902).
15. El monte de la visión.-
Si cada persona que tiene influencia pudiera ascender a algún monte [para
recibir una] visión desde donde pudiera contemplar todas sus obras como
Cristo las contempla cuando declara: "Conozco tus obras"; si el obrero
pudiera rastrear de causa a efecto cada palabra y acto objetable, el espectáculo
le resultaría insoportable (MS 128, 1903).
15-16. (Mat. 6: 22-24). Peor que incrédulos.-
Los cristianos a medias son peor que los incrédulos, pues sus palabras
engañosas y su posición evasiva descarrían a muchos. El
incrédulo se muestra tal como es. El cristiano tibio engaña a
ambas partes. Ni es un buen mundano ni un buen cristiano. Satanás lo
usa para hacer una obra que ningún otro puede hacer (Carta 44, 1903).
(Luc. 13: 24-30.) Suerte de los cristianos a medias.-
Existen aquellos que aunque dicen servir a Dios están testificando contra
él. A los tales se les da el mensaje de la iglesia laodicense. Cristo
dice: "Conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente". Cuando
el ángel castigador pase por la tierra, Cristo no podrá decir
de ellos: "No los toques. Los tengo esculpidos en las palmas de mis manos".
No. El dice de esos cristianos a medias: "Los escupiré de mi boca.
Me repugnan" (Carta 44, 1903).
Muertos en delitos y pecados.-
La Palabra de Dios es letra muerta para los que no la practican. Cristo dice
a éstos: "¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero
por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi
boca". No puede presentar el caso de ellos ante el Padre. Si comprendieran
que son pecadores, podría interceder en su favor y el Señor los
despertaría con su Espíritu Santo; pero son peores que muertos
en delitos y pecados. Escuchan la Palabra, pero no la aplican a sí mismos;
antes bien, aplican la Palabra hablada a sus prójimos (MS 163a, 1898).
15-20 (Juan 4:13-14). Una fuente de agua viva.-
La condición de muchos de aquellos que pretenden ser los hijos de Dios,
es exactamente presentada por el mensaje a la iglesia laodicense. Delante de
los que sirven a Dios se exponen verdades de valor inestimable. Si esas verdades
son llevadas a la vida práctica, demuestran la diferencia que hay entre
el que sirve a Dios y el que no le sirve.
La tierra no está más entrecruzada con vetas de oro que el campo
de la revelación con vetas de verdad preciosa. La Biblia es el depósito
de las inescrutables riquezas de Dios. Pero los que tienen un conocimiento de
la verdad no la comprenden tan plenamente como podrían. No hacen que
el amor de Cristo penetre en el corazón y la vida.
El estudiante de la Palabra se encuentra inclinado sobre una fuente de agua
viva. La iglesia necesita beber profundamente de la espiritualidad de la Palabra.
Su servicio a Dios necesita ser muy diferente de la experiencia religiosa insípida,
sin vida, apática que hace que muchos creyentes sean muy poco diferentes
de los que no creen, muy similares en espíritu a los inconversos (MS
117,1902).
5-21. El mensaje a Laodicea debe ir al mundo.-
Ha estado resonando el mensaje a Laodicea. Tomad este mensaje en todas sus fases
y propagadlo a la gente doquiera la Providencia abra el camino. La justificación
por la fe y la justicia de Cristo son los temas que deben presentarse a un mundo
que perece (Carta 24, 1892).
15-22. (Col. 4: 12-13). Trabajo perdido en la iglesia de Laodicea.-
[Se cita Apoc. 3: 15-22.] Este es el testimonio dado acerca de la iglesia de
Laodicea. Esta iglesia había sido fielmente instruida. En su carta a
los colosenses, Pablo escribió: "Os saluda Epafras, el cual es uno
de vosotros, siervo de Cristo, siempre rogando encarecidamente por vosotros
en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completos en todo
lo que Dios quiere. Porque de él doy testimonio de que tiene gran solicitud
por vosotros, y por los que están en Laodicea, y los que están
en Hierápolis".
La obra hecha en la iglesia de Laodicea fue amplia y excelente. A sus miembros
se les dio la exhortación: "Sed, pues, vosotros perfectos, como
vuestro Padre que está en los cielos es perfecto". Pero la iglesia
no continuó en la obra que comenzaron los mensajeros de Dios. Los laodicenses
escuchaban; pero se apropiaron de la verdad y no llevaron a cabo la instrucción
que se les dio. El resultado que siguió es el que con seguridad siempre
ocurre cuando se rechazan las advertencias y los ruegos del Señor (MS
128, 1903).
17. (Rom. 11.20; 12:3, 16). Agotando la paciencia de Dios.-
Cristo ve lo que el hombre no ve. Ve los pecados en los que debe haber arrepentimiento,
pues de lo contrario agotarán la paciencia de un Dios magnánimo.
Cristo no puede admitir los nombres de aquellos que están satisfechos
con su suficiencia propia. No puede suplicar en favor de gente que no siente
necesidad de su ayuda, pues piensan que saben y poseen todo (RH 23-7-1889).
17-20. ¿Abriremos la puerta del corazón?-
Debemos eliminar a los compradores y vendedores del templo del alma para que
Jesús pueda morar con nosotros. Ahora está a la puerta del corazón
como un comerciante celestial. Dice: "He aquí, yo estoy a la puerta
y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él,
y cenaré con él, y él conmigo". "Abridme; comprad
de mí las mercancías celestiales; comprad de mí el oro
probado en el fuego". Comprad fe y amor, los preciosos y bellos atributos
de nuestro Redentor, que nos capacitarán para encontrar nuestro camino
para penetrar en los corazones de los que no lo conocen, que son fríos
y están alejados de él debido a la incredulidad y el pecado. Nos
invita a comprar las vestiduras blancas, que son su gloriosa justicia, y el
colirio para que podamos discernir cosas espirituales. Oh, ¿no abriremos
la puerta del corazón a este visitante celestial? (BE 15-1-1892).
18. (Isa. 55: 1; Juan 14: 6). El vendedor de tesoros invalorables.-
El gran Vendedor de riquezas espirituales está invitándoos a que
le deis admisión. [Se cita Apoc. 3: 18.]... El Salvador viene con joyas
de verdad del valor más elevado, que contrastan con todo lo falsificado,
con todo lo que es espurio. Viene a cada casa, a cada puerta; está llamando,
presentando su tesoro invalorable, instando: "Comprad de mí"
(Carta 66, 1894).
Las valiosas mercancías del cielo.-
A nuestras iglesias se ofrecen las mercancías del cielo. Cada individuo
necesita demostrar un decidido interés en la invitación de Cristo.
Hermanos y hermanas, ¿están encauzados vuestros pensamientos así?
"Estas palabras decididas e incisivas no se aplican a mí; estoy
en una condición espiritual bastante buena, aunque quizá no tenga
todo el fervor y el celo que algunos tienen. Creo en la verdad. Aquellos a quienes
pertenece ese mensaje pueden recibirlo. Creo que algunos lo necesitan".
Vosotros los que pensáis y razonáis así, estad seguros
de que sois precisamente aquellos que necesitan este mensaje. Mientras las costosas
mercancías del cielo están expuestas ante vosotros, acercaos y
comprad lo que habéis perdido: el oro del amor y de la fe y las vestiduras
blancas que son la justicia de Cristo (Carta 30a, 1892).
Virtudes que faltan entre nosotros.-
El oro que Jesús quiere que compremos de él es el oro refinado
en fuego; es el oro de la fe y el amor, que no tiene ninguna sustancia contaminadora
mezclada con él. Las vestiduras blancas son la justicia de Cristo, el
traje de bodas que sólo Cristo puede dar. El colirio es el verdadero
discernimiento espiritual que tanto falta entre nosotros, pues las cosas espirituales
deben discernirse espiritualmente (RH 1-4-1890).
(Isa. 64:6; Fil. 3:9.) Amplia provisión para todos.-
El testigo verdadero ha dicho: "Te aconsejo que de mí compres oro
refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y
que no se descubra la vergüenza de tu desnudez". ¿Cuál
es la vergüenza de esta desnudez y pobreza? Es la vergüenza de revestirnos
con justicia propia y de separarnos de Dios, cuando él ha hecho amplia
provisión para todos los que reciben su bendición (HS 139).
(Cap. 7:14.) Consejo animador para la iglesia.-
El consejo del testigo verdadero está lleno de ánimo y consuelo.
Las iglesias aún pueden obtener el oro de la verdad, la fe y el amor
y ser ricas en tesoros celestiales. "Te aconsejo que de mí compres
oro... para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra
la vergüenza de tu desnudez". Las vestiduras blancas son la justicia
de Cristo que debe ser labrada en el carácter. La pureza de corazón
y de motivos caracterizará a todo aquel que esté lavando sus ropas
y las esté emblanqueciendo en la sangre del Cordero (RH 24-7-1888).
(Isa. 61: 10; Zac. 3:4-5.) Tejido en los telares del cielo.-
No hay nada en nosotros con que podamos vestir el alma de modo que no aparezca
su desnudez. Debemos recibir el manto de justicia tejido en los telares del
cielo, el mismo manto inmaculado de la justicia de Cristo (RH 19-7-1892).
(Mat. 6: 22; Sant. 1: 23-25.) Puntos de vista correctos para la conciencia.-
El ojo es la conciencia sensible, la luz interior de la mente; de su correcta
visión de las cosas depende la salud espiritual de toda el alma y el
ser. El "colirio", la Palabra de Dios, al ser aplicado aviva la conciencia
porque convence de pecado; pero la aplicación es necesaria para que se
produzca la curación, y la persona viva con sinceridad de propósito
para la gloria de Dios. El pecador que se contempla a sí mismo en el
gran espejo moral de Dios, se ve como Dios lo ve, y se arrepiente delante de
él y tiene fe en nuestro Señor Jesucristo...
Los laodicenses... no estaban enteramente ciegos, pues de lo contrario el colirio
no hubiera servido de nada para restaurarles la vista y capacitarlos para discernir
los verdaderos atributos de Cristo. Cristo dice: Renunciando a tu suficiencia
propia, abandonando todas las cosas, no importa cuán queridas te sean,
puedes comprar el oro, las vestiduras y el colirio para que pueda ver (RH 23-11-1897).
18-20. Un mercader cargado de riquezas.-
El gran Redentor se presenta a sí mismo como un mercader celestial cargado
de riquezas, que va de casa en casa presentando sus invalorables mercancías
[se cita Apoc. 3:18-20] (RH 23-7-1889).
(Job 22: 21-25.) Llamando a la puerta del corazón.-
El Señor llama a la puerta de tu corazón, deseando entrar para
poder impar ir riquezas espirituales a tu alma. Anhela ungir los ojos ciegos
para que disciernas el santo carácter de Dios en su ley y entiendas el
amor de Cristo que ciertamente es el oro refinado en fuego (RH 25-2-1890).
(Isa. 13: 12; Mat. 13: 45-46.) Riquezas espirituales para el alma.-
Jesús está yendo de puerta en puerta deteniéndose frente
al templo de cada alma y proclamando: "Yo estoy a la puerta y llamo".
Como un mercader celestial expone sus tesoros y clama: "Te aconsejo que
de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras
blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez".
El oro que ofrece es sin impurezas, más precioso que el de Ofir, pues
es la fe y el amor. Se invita al alma que se ponga las vestiduras blancas que
son el manto de justicia de Cristo, y el aceite para ungir es el aceite de la
gracia de Cristo, que dará visión espiritual al alma que está
cegada y en tinieblas para que pueda distinguir entre la obra del Espíritu
de Dios y del espíritu del enemigo. "Abre tus puertas", dice
el gran Mercader, el poseedor de riquezas espirituales, "y haz tus negocios
conmigo. Soy yo, tu Redentor, quien te aconseja que compres de mí"
(RH 7-8-1894).
18-21 (Fil. 3: 12-15). El conflicto es para nosotros.-
El Testigo verdadero infunde ánimo a todos los que están procurando
caminar por la senda de humilde obediencia, mediante la fe en su nombre. El
declara: "Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono,
así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono".
Estas son las palabras de nuestro Sustituto y Fiador. Aquel que es la divina
Cabeza de la iglesia, el más poderoso de los vencedores, quiere que sus
seguidores vean su vida, sus esfuerzos, sus actos de abnegación, sus
luchas y sufrimientos causados por el desprecio, por el rechazo, el ridículo,
la burla, los insultos, los remedos, las falsedades mientras subía la
cuesta del Calvario hasta el lugar de la crucifixión, para que ellos
pudieran ser animados a proseguir hacia adelante a la meta del premio y la recompensa
de los vencedores. La victoria queda asegurada por la fe y la obediencia.
Apliquemos las palabras de Cristo a nuestros casos individuales. ¿Somos
pobres, y ciegos, y desventurados, y miserables? Entonces, busquemos el oro
y las vestiduras blancas que él ofrece. La obra de vencer no está
restringida a la era de los mártires. El conflicto es para nosotros,
en estos días de sutiles tentaciones hacia la mundanalidad, la seguridad
egoísta, la complacencia del orgullo, la ambición, falsas doctrinas
e inmoralidad en la vida (RH 24-7-1888).
(Cant. 6: 10; Isa. 1: 16-19.) Una esperanza de reforma.-
La iglesia debe brillar, y brillará "hermosa como la luna, esclarecida
como el sol, imponente como ejércitos en orden". Los siervos de
Dios, como colaboradores con Cristo, deben eliminar la maldición que
ha hecho que la iglesia sea tan tibia. [Se cita Apoc. 3:15-19.] El castigo revela
una esperanza de reforma [se citan los vers. 20-21] (Carta 130, 1902).
El mensaje a los laodicenses produce frutos.-
Vi que este llamado a la iglesia de Laodicea afectará a las almas. Dios
espera que manifestemos un celo decoroso. Debemos arrepentirnos, desechar todas
nuestras susceptibilidades, comprender nuestra indigencia, comprar oro para
que seamos ricos, colirio para que podamos ver y vestiduras blancas para vestirnos
(Carta 2, 1851).
(Mat. 25: 1-12.) Esperanza para los laodicenses.-
[Se cita Apoc. 3: 15-17.] Sin embargo, el caso de los que son reprochados no
es sin esperanza; no está más allá de los alcances del
gran Mediador. El dice: "Yo te aconsejo que de mí compres oro refinado
en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se
descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para
que veas". Aunque los llamados seguidores de Cristo están en una
condición deplorable, sin embargo, no están en un aprieto tan
desesperado como estuvieron las vírgenes insensatas cuyas lámparas
se estaban apagando y no había tiempo para reponer el aceite de sus lámparas.
Cuando llegó el novio las que estaban listas entraron con él a
la boda; pero cuando llegaron las insensatas la puerta estaba cerrada, y ya
era demasiado tarde para poder entrar.
Pero el consejo del Testigo verdadero no presenta a los que son tibios como
si su caso fuera desesperado. Todavía hay una oportunidad para remediar
esa condición, y el mensaje laodicense está lleno de ánimo,
pues la iglesia reincidente todavía puede comprar el oro de la fe y el
amor, todavía puede disponer del manto blanco de la justicia de Cristo
para que no aparezca la vergüenza de su desnudez. La pureza de corazón
y de motivos aún pueden caracterizar a los que son indiferentes y se
esfuerzan por servir [al mismo tiempo] a Dios y a Mamón. Aún pueden
lavar sus vestiduras del carácter y pueden emblanquecerlas en la sangre
del Cordero (RH 28-8-1894).
Hay esperanza para nuestras iglesias si prestan atención al mensaje dado
a los laodicenses (MS 139, 1903).
20. (cap. 22: 17; Prov. 1: 23-33). ¿Malgastaréis
los talentos de Dios?-
El Testigo verdadero dice: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo".
Cada advertencia, reproche y súplica de la Palabra de Dios o mediante
sus mensajeros comisionados, es un llamado a la puerta del corazón; es
la voz de Jesús que pide entrada. Con cada llamado desoído se
debilita más y más vuestra determinación de abrir. Si no
se presta atención inmediatamente a la voz de Jesús, llega a confundirse
en la mente con una multitud de otras voces; los cuidados y las ocupaciones
del mundo embargan la atención, y se desvanece la convicción.
El corazón se hace menos impresionable, y cae en una inconsciencia peligrosa
en cuanto a la brevedad del tiempo y la gran eternidad que hay más allá.
El Huésped celestial está ante vuestra puerta mientras que estáis
amontonando obstáculos para estorbar su entrada. Jesús está
llamando mediante la prosperidad que os da. Os colma con bendiciones para probar
vuestra fidelidad, a fin de que puedan fluir de vosotros hacia otros. ¿Permitiréis
que triunfe vuestro egoísmo? ¿Malgastaréis los talentos
de Dios y perderéis vuestra alma debido al amor idólatra [egoísta]
de las bendiciones que él ha dado? (RH 2-11-1886).
No hay un mensaje desanimador para la iglesia.-
No tenemos un mensaje desanimador para la iglesia. Aunque se han presentado
reproches, advertencias y correcciones, sin embargo la iglesia ha permanecido
como el instrumento de Dios para difundir la luz. El pueblo observador de los
mandamientos de Dios ha hecho resonar una advertencia al mundo en todos los
idiomas, en todas las lenguas y a todos los pueblos. La iglesia de Dios es un
testigo viviente, un testimonio continuo: para convencer a los hombres, si es
aceptado; para condenarlos, si es rechazado (MS 37, sin encuadernar).