La Pluma Inpirada y Daniel 10
Versiculos 5-7. Cristo se apareció a Daniel.-
Nada menos que un personaje como el Hijo de Dios se apareció a Daniel.
Esta descripción es similar a la que presenta Juan cuando Cristo se
le reveló en la isla de Patmos. Ahora viene nuestro Señor con
otro mensajero celestial para enseñarle a Daniel lo que sucedería
en los últimos días. Este conocimiento le fue dado a Daniel
y ha sido registrado por la Inspiración para nosotros, a quienes han
alcanzado los fines de los siglos (RH 8-2-1881).
Versiculos 12-13. Dos consejos opuestos.-
[Se cita Dan. 10: 12-13.] Por esto comprendemos que los instrumentos celestiales
tienen que luchar con obstáculos antes de que a su tiempo se cumpla
el propósito de Dios. El rey de Persia estaba dominado por el más
poderoso de todos los ángeles malos. Como Faraón, rehusaba obedecer
la palabra del Señor. Gabriel declaró: Se me opuso durante veintiún
días mediante sus acusaciones contra los judíos. Pero Miguel
vino en su ayuda, y entonces permaneció con los reyes de Persia, manteniendo
dominados los poderes, dando buenos consejos en oposición a los malos
consejos. Los ángeles buenos y malos tienen una parte en los planes
de Dios para su reino terrenal. El propósito de Dios es llevar adelante
su obra dentro de pautas correctas, mediante formas que redunden para su gloria.
Pero Satanás siempre procura contrarrestar el propósito de Dios.
Los siervos de Dios pueden hacer adelantar su obra sólo si se humillan
delante del Señor. Nunca deben depender para el éxito de sus
propios esfuerzos ni de una exhibición ostentosa (Carta 201, 1899).
Versiculo 13. Una lucha invisible.-
En la Palabra de Dios tenemos, delante de nosotros, ejemplos de agentes celestiales
que influían en la mente de reyes y gobernantes, mientras que al mismo
tiempo también los instrumentos satánicos estaban influyendo
sobre sus mentes. Ninguna elocuencia humana, mediante opiniones vigorosamente
presentadas, puede cambiar la obra de los instrumentos satánicos. Satanás
continuamente procura obstruir el camino, de modo que la verdad sea trabada
por las ideas humanas; y los que tienen luz y conocimiento están en
un peligro mayor, a menos que continuamente se consagren a Dios humillando
el yo y comprendiendo el peligro de la hora. Seres celestiales están
destinados para responder a las oraciones de los que están trabajando
desinteresadamente para promover la causa de Dios. Los ángeles más
excelsos de las cortes celestiales están designados para que tengan
eficacia las oraciones que ascienden a Dios para el adelanto de la causa del
Señor. Cada ángel tiene su puesto particular del deber, del
cual no se le permite que se aleje para ir a otro lugar. Si se alejara, los
poderes de las tinieblas obtendrían una ventaja...
El conflicto entre el bien y el mal prosigue día tras día. Los que han tenido muchas oportunidades y ventajas, ¿por qué no comprenden la intensidad de esta obra? En cuanto a esto debieran ser inteligentes. Dios es el Gobernante. Mediante su poder supremo reprime y domina a los poderosos de la tierra. Mediante sus agentes lleva a cabo la obra que fue ordenada antes de la fundación del mundo.
Como pueblo no comprendemos como debiéramos el gran conflicto que
se libra entre seres invisibles, la lucha entre ángeles leales y desleales.
Los malos ángeles continuamente están en acción, preparando
su plan de ataque, gobernando como caudillos, reyes y gobernantes a las desleales
fuerzas humanas... Exhorto a los ministros de Cristo que destaquen en el entendimiento
de todos los que están dentro del alcance de su voz, la verdad del
servicio de los ángeles. No os dejéis dominar por especulaciones
fantásticas. Nuestra única seguridad es la Palabra escrita.
Debemos orar como lo hizo Daniel para que seamos guardados por los seres celestiales.
Los ángeles, como espíritus ministradores, son enviados para
servir a los que serán los herederos de la salvación. Orad,
mis hermanos; orad como nunca habéis orado antes. No estamos preparados
para la venida del Señor. Necesitamos hacer una obra consumada para
la eternidad (Carta 201, 1899).