La Pluma Inpirada y Daniel
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Versículo 17. Los hombres importantes son diligentemente vigilados.-
El Señor Dios omnipotente reina. Todos los reyes, todas las naciones
le pertenecen. Están bajo su dominio y gobierno. Sus recursos son infinitos.
El sabio declara: "Como los repartimientos de las aguas, así está
el corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere
lo inclina".
Aquellos de quienes depende el destino de las naciones son vigilados con una atención que no conoce tregua por Aquel que "da victoria a los reyes", a quien pertenecen "los escudos de la tierra" (RH 28-3-1907).
Versículo 33. Algunos son hoy como Nabucodonosor.-
Estamos viviendo en los últimos días de la historia de esta tierra,
y no debe sorprendernos ninguna forma de apostasía o de negación
de la verdad. La incredulidad ha llegado a ser hoy día un artificio refinado
en el cual se ocupan los hombres para destrucción de sus almas. Hay un
peligro constante de que haya simulaciones en los que predican desde el púlpito,
cuyas vidas contradicen sus palabras, pero la voz de advertencia y admonición
se oirá mientras dure el tiempo; y los que son culpables de transacciones
que nunca debieran haber emprendido, cuando sean reprobados o aconsejados por
los agentes que Dios ha dispuesto, resistirán el mensaje y se negarán
a ser corregidos. Continuarán como lo hicieron Faraón y Nabucodonosor,
hasta que el Señor los prive de la razón y su corazón se
vuelva insensible. Les llegará la Palabra de Dios; pero si prefieren
no oírla el Señor los hará responsables de su propia ruina
(NL N.º 31, p. 1).
Versículo 37. Nabucodonosor completamente convertido.-
El deseo de glorificar a Dios fue el más poderoso de todos los motivos
en la vida de Daniel. Comprendía que cuando estaba en la presencia de
hombres influyentes, una falla en reconocer a Dios como el origen de su sabiduría
lo hubiera convertido en un mayordomo infiel. Y su constante reconocimiento
del Dios del cielo delante de reyes, príncipes y estadistas, no disminuyó
su influencia en lo más mínimo. El rey Nabucodonosor, delante
de quien Daniel honró con tanta frecuencia el nombre de Dios, finalmente
se convirtió plenamente, y aprendió a engrandecer y glorificar
"al Rey del cielo" (RH 11-1-1906).
Un testimonio cálido y elocuente.-
El rey que ocupaba el trono de Babilonia se convirtió en un testigo de
Dios que dio un testimonio cálido y elocuente, que brotaba de un corazón
agradecido que estaba participando de la misericordia y la gracia, de la justicia
y la paz, de la naturaleza divina (Yl 13-12-1904).