En 1983 un hermano me invitó a participar de un seminario del santuario.Para mí en aquel momento no había ningún interés por el antiguo testamento y menos el libro de Levítico y Número que eran bien aburridos para mí en aquel entonces. El santuario, pensaba yo, era para los Judíos y no tenía ningún valor espiritual para nosotros los cristianos. ¡Qué equivocado estaba! Quedé fascinado con el seminario y mi vida cambió . Me di cuenta que el ministerio de Cristo no terminó en la cruz y el servicio del santuario es el plan de salvación para el Israel literal como para el Israel espiritual.Estudiemos el significado espiritual del santuario para nosotros.
EL SANTUARIO CELESTIAL EN MINIATURA
Fue comunicada a Moisés, mientras se encontraba en el
monte con Dios, esta orden: ´Y me harán un Santuario, y habitaré
en medio de ellos´ (Exo. 25:8).
Y habitaré.
En un sentido espiritual, Dios siempre ha buscado morar con los hombres y no puede hallar "reposo" hasta que haya obtenido esa morada (Sal. 132: 13-16), primero en el corazón de cada persona de su pueblo (1 Cor. 3: 16, 17; 6: 19) y luego en medio de cualquier grupo que se reúna para adorarle (Mat. 18: 20). El sistema cuyo centro era el tabernáculo terrenal señalaba por adelantado a Cristo, quien más tarde "habitó", o según una traducción literal, "hizo su tabernáculo", entre los hombres (Juan 1: 14).
La palabra hebrea shakan, "habitar", significa residir
permanentemente en una localidad. Este vocablo está muy relacionado con
la palabra Shekinah, que es el nombre aplicado a la manifestación de
la gloria divina asentada sobre el propiciatorio .
La Shekinah era el símbolo de la presencia divina, por medio de la cual
Dios había prometido habitar "en medio de ellos" (Exo. 25:
22).
Hombres escogidos fueron especialmente dotados por Dios de
habilidad y sabiduría para la construcción del sagrado edificio.
El propio Dios dio a Moisés el plano de aquella estructura, con instrucciones
específicas en cuanto a su tamaño y forma, materiales a ser empleados,
y cada pieza que hacía parte del aparejamiento que la misma debería
contener.
Conforme a todo lo que yo te muestre.
Esto indica que aunque la artesanía era humana, el plan era divino. Dios
siempre ha contado con la cooperación de instrumentos humanos para la
construcción de su casa. En esta obra, cada individuo pudo tener la satisfacción
de participar.
En el monte, Moisés vio "una representación en miniatura"
del santuario celestial ;
Hech. 7: 44" Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio
en el desierto, como había ordenado Dios, hablando á Moisés
que lo hiciese según la forma que había visto."
Heb. 8: 5), del "verdadero tabernáculo" (Heb. 8: 2). Se dice
que el santuario terrenal era "figura" de las cosas celestiales"
(Heb. 9: 23, 24), porque fue hecho "conforme al modelo" que le fue
mostrado a Moisés (Heb. 8: 5). Era una "copia" del gran "original"
del cielo .
En visión, Juan entró en el santuario celestial
(Apoc. 15: 5)
Donde vio el arca (Apoc. 11: 19)
El altar del incienso (Apoc. 8: 3-5)
Y posiblemente el candelero (Apoc. 1: 12; 11: 4).
Por lo tanto, tenemos "pruebas indiscutibles de la existencia de un santuario
en los cielos" donde el Rey del universo tiene su trono y donde Cristo
ministra como nuestro gran Sumo Sacerdote (Heb. 8: 1, 2).
Los lugares santos, hechos a mano, deberían ser "figura del verdadero",
"figuras de las cosas que están en el Cielo" (Heb. 9:24 y 23),
una representación en miniatura del templo celestial, donde Cristo, nuestro
gran Sumo Sacerdote, después de ofrecer Su vida en sacrificio, ministraría
en pro del pecador.
Dios expuso delante de Moisés, en el monte, un aspecto del santuario
celestial, y le mandó hacer todas las cosas de acuerdo con el modelo
a él mostrado. Todas estas instrucciones fueron cuidadosamente registradas
por Moisés, el cual las comunicó a los jefes del pueblo.
Para la edificación del santuario, grandes y dispendiosos
preparativos eran necesarios; gran cantidad de los materiales más preciosos
y caros era exigida; todavía el Señor apenas aceptaba ofertas
voluntarias.
"De todo hombre cuyo corazón se mueva voluntariamente, de él
tomaréis Mi oferta" (Exo. 25:2), fue la orden divina repetida por
Moisés a la congregación. La devoción a Dios y el espíritu
de sacrificio eran los primeros requisitos al prepararse una morada para el
Altísimo.
Todo el pueblo correspondió unánimemente. "Y
vino todo hombre, a quien se le movió su corazón, y todo aquel
cuyo espíritu lo excitó, y trajeron la oferta alzada al Señor
para la obra de la tienda de la congregación, y para todo su servicio,
y para los vestidos santos. Y así vinieron hombres y mujeres, todos dispuestos
de corazón: trajeron hebillas, y aros, y anillos, y brazaletes, vasos
de oro; y todo hombre ofrecía oferta de oro al Señor" (Exo.
35:21-22).
"Y todo hombre que se encontró con azul, y púrpura, y carmesí,
y lino fino, y pelos de cabra, y pieles de carnero teñidas de rojo, y
pieles de tejones, los traía; todo aquel que ofrecía oferta alzada
de plata o de metal, la traía por oferta alzada al Señor: y todo
aquel que se encontraba con madera de acacia, la traía para toda la obra
del servicio.
"Y todas las mujeres sabias de corazón hilaban
con sus manos, y traían el hilado, el azul, el púrpura, el carmesí,
y el lino fino. Y todas las mujeres, cuyo corazón las movió en
sabiduría, hilaban los pelos de las cabras. Y los príncipes traían
piedras sardónicas, y piedras de engastes para el efod y para el pectoral,
y especies aromáticas, y aceite para el alumbrado, y para el aceite de
la unción, y para el incienso aromático" (Exo. 35:23-28).
Mientras la construcción del santuario estaba en andamiento, el pueblo,
viejos y jóvenes, hombres, mujeres y niños, continuaron trayendo
sus ofrendas hasta que aquellos que tenían a su cargo el trabajo hallaron
que tenían lo suficiente, y aún más de lo que se podía
usar. Y Moisés hizo que se proclamase por todo el campamento:
"Ningún hombre o mujer haga más obra alguna para la ofrenda alzada del santuario. Así el pueblo fue prohibido de traer más" (Exo. 36:6). Las murmuraciones de los israelitas y las visitaciones de los juicios de Dios por causa de sus pecados, están registradas como advertencia a las generaciones posteriores. Y su devoción, celo y liberalidad, son un ejemplo digno de imitación.
Todos los que aman el culto a Dios, y aprecian las bendiciones
de Su santa presencia, manifestarán al mismo espíritu de sacrificio
al prepararse una casa donde El pueda encontrarse con ellos. Desearán
traer al Señor una ofrenda de lo mejor que poseen. Una casa construida
para Dios no debe ser dejada en deuda, pues de esta manera El es deshonrado.
Una porción suficiente para realizar el trabajo debe ser dada libremente,
a fin de que los operarios digan, como hicieron los constructores del tabernáculo:
"No traigáis más ofrendas"´.
La larga y precisa repetición de los detalles de la construcción
del tabernáculo en la parte final del libro Exodo debe haber tenido un
propósito definido. Muestra la importancia del santuario y de todas sus
partes en el plan divino de salvación. También hace resaltar la
necesidad de obedecer en forma exacta y estricta los mandamientos divinos. Si
a alguien se le hubiese podido conceder la prerrogativa de cambiar en algún
detallecito las instrucciones divinas, esa persona debería haber sido
Moisés; pero no se le concedió tal franquicia.
La exacta correspondencia entre detalle y detalle enseña
la lección de que las órdenes de Dios deben observarse al pie
de la letra. Los cinco capítulos finales del Exodo ponen énfasis
en la extrema exactitud con la cual Moisés, y los que trabajaban bajo
él, llevaron a cabo todas las instrucciones dadas por Dios.
Si se pedía "cincuenta corchetes" (cap. 26: 6), se hacían
"cincuenta corchetes" (cap. 36: 13).
Si aquí se pedía "cinco columnas" (cap. 26: 37), y allá
"cuatro columnas" (cap. 26: 32), se hacían las cinco y las
cuatro y se las montaba según las instrucciones (cap. 36: 36, 38).
Si esta cortina debía ser hecha con el dibujo en la
trama del tejido (cap. 26: 31) y aquella cortina debía ser adornada con
bordados (cap. 26: 36), el bordador y el tejedor lo hacían así
(cap. 36: 35, 37).
El mismo espíritu fue posteriormente reflejado por nuestro Señor
en su ministerio (Juan 4: 34; 17: 4). Dios desaprueba cualquier alteración
de sus mandamientos, cualquier tergiversación de ellos, cualquier cosa
que se les reste o sume. No podemos mejorar el Evangelio ni la Palabra de Dios,
ni hemos de intentar hacerlo (Deut. 4: 1, 2; 12: 32; Prov. 30: 5, 6).
La manera progresiva en que se levantó el tabernáculo, comenzando
por la erección de la armazón, siguiendo por la cubierta interior,
y luego las exteriores, y acabando con los detalles de tablas, barras y velos,
representa la obra progresiva de la santificación en la experiencia del
creyente. Luego de haber entregado por fe su corazón a Cristo su Salvador,
el hombre crece en virtudes cristianas, hasta que su vida entera bien coordinada,
"va creciendo para ser un templo santo en el Señor" (Efe. 2:
21, 22).