¿Serán Salvos Todos Los Niños?

 

Muchas son las dudas que afloran a la mente de los miembros de iglesia y padres en relación a la salvación de los niños. Con esto, estamos levantando este estudio basado en la Biblia y en el Espíritu de Profecía, procurando encontrar las respuestas posibles, que vengan a traer luz y esperanza a todos los indagadores.
          Algunas de las indagaciones que queremos analizar son las siguientes:

          Lógicamente que esto no agota el asunto, pero contribuye para resolver muchas dudas; al mismo tiempo, abre espacio para que otros investiguen y puedan encontrar más luz sobre el mismo tema.
          Espero que tanto miembros, como pastores, encuentren en este trabajo una fuente útil de aclaración con respecto a la salvación de los pequeños.

La Realidad del Pecado y Los Niños.-

          Hay quien enseñe que el pecado es accidental; sin embargo, conforme a las declaraciones del Libro Sagrado, el pecado resultó de un acto de desobediencia por parte de Adán. Ya en la epístola a los Romanos, tenemos la confirmación de Pablo que dice: “Así como por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, así también la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron”. Rom. 5:12.
          Hay algunos que afirman que el pecado es apenas una especie de debilidad o flaqueza, por lo cual somos muy infelices, pero que no somos de ningún modo culpables o condenables. Pero esa opinión, tal como la anterior, es contraria a la verdad revelada en las Escrituras. El mismo texto de Pablo, si se analiza con atención, muestra al hombre como el autor de la desobediencia, y por lo tanto el culpado, estando ahora sujeto a las consecuencias del pecado (la muerte), trayendo esta condenación a toda la raza humana.
          A través del Espíritu de Profecía, recebemos más luz sobre este asunto, pues Ellen White dice que: “Adán fue transportado a través de sucesivas generaciones y vio el incremento del crimen, de la culpa y degradación, porque el hombre, se rendiría a sus fuertes inclinaciones naturales para transgredir la santa ley de Dios. Le fue mostrada la maldición de Dios, cayendo cada vez más pesadamente sobre la raza humana, sobre los animales y sobre la tierra, por causa de la continua transgresión del hombre” (Historia de la Redención: 49).
          Sin sombra de dudas, podemos percibir y sentir la realidad del pecado. Él es un acto de desobediencia del hombre, siendo por esto culpado y responsable, teniendo que sufrir las consecuencias de su acto, “porque todo lo que el hombre siembre, eso también cosechará” Gal. 6:7.
          El pecado es tan real y condenable, que la pluma inspirada, continuando la descripción de este asunto menciona que: “Adán fue llevado a comprender que el pecado es transgresión de la ley. Le fue mostrado que la degeneración moral, mental y física sería para la raza el resultado de la transgresión, hasta que el mundo se llenaría con la miseria de toda especie” (Historia de la Redención: 49).
          Para quien tiene ojos para ver, el pecado se manifiesta por todas partes. Realmente debe estar ciego quien no ve las operaciones arruinantes, maléficas, brutales y bestiales del pecado, en el mundo de la vida humana. Un único ejemplar de algún diario, una única visita a las instituciones públicas de una ciudad grande, un simple paseo a pie por sus populosas avenidas, es suficiente para revelar las formas hediondas que el pecado asume y convence cualquier persona de su realidad.
          Concluimos, por lo tanto, que toda la raza humana está envuelta con el pecado y sus consecuencias. En este momento surge la indagación: ¿Pero ni siquiera los niños están libres del pecado y de sus consecuencias? ¡Claro que no! Lógicamente, ninguna persona, ya sea adulta, joven o niño, está libre de este drama, pues todos pecaron, según declara Pablo en Rom. 3:23. David, a su vez, refiriéndose a su concepción y nacimiento declaró: “He aquí que en iniquidad fui formado, y en pecado me concibió mi madre” Salmo 51:5.
          Todo pecador necesita de un Salvador para resolver su problema, relacionado con el pecado. Necesita tomar decisiones que lo aproximen de Dios y lo liberen del pecado. ¿Y los niños de tierna edad? ¿Cómo podrán comprender esto? Eso es lo que veremos a continuación.

La Necesidad de un Salvador y Los Niños.-

          Como vimos anteriormente, todo ser humano, inclusive los niños, son pecadores o “nacieron en pecado”. Con eso percibimos que hay necesidad de un Salvador. La pluma inspirada dice que “nos es imposible por nosotros mismos escapar al abismo del pecado en que estamos sumergidos. Nuestro corazón es impío y no lo podemos transformar ... Es necesario un poder que opere interiormente ... ese poder es Cristo. Su gracia solamente, es la única que puede avivar las amortiguadas facultades del alma y atraerlas a Dios, a la santidad” CC: 18.
          Por otro lado, en la Biblia Sagrada, tenemos la propia declaración de Jesús: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre, sino por Mí” Juan 14:6.

          Está bien claro, evidentemente, que aún los niños necesitan de Jesús, para transformar sus vidas y asegurarse la vida eterna. Para que esto suceda es necesario que el pecador (o en este caso, los niños) pueda tomar algunas decisiones o pasos que lo lleven a aceptar a Jesús.

1.- El Arrepentimiento.-

          El arrepentimiento puede ser definido como un cambio de pensamiento en relación con el pecado y en relación con la voluntad de Dios, lo cual conduce a una transformación de sentimientos y de propósitos a su respecto.
          La señora White dice que “el arrepentimiento comprende tristeza por el pecado y alejamiento del mismo” CC: 19.
          Juan Bautista en sus predicaciones decía: “Arrepentíos porque está cerca el reino de los cielos” Mat. 3:1-2.
          Jesús “de ahí en adelante pasó a predicar y a decir: arrepentíos, porque está próximo el reino de los cielos” Mat. 4:17.
          En Lucas 13:5 se nos dice que: “Si, sin embargo, no os arrepentís, todos igualmente pereceréis”. La importancia del arrepentimiento se verifica a través del lugar que ocupa y por el énfasis que le es dado, en la revelación divina, aún cuando no hayamos mencionado todos los textos.
          Viene entonces la pregunta: ¿Está un niño de meses, o de dos o tres años, en condiciones de entender el plano de la salvación y ser llevada al arrepentimiento? Esto lo veremos más adelante.

2.- La Fe.-

          La fe es el aspecto positivo de la verdadera conversión, el lado humano de la regeneración. A través del arrepentimiento, el pecador abandona el pecado; por la fe, él se vuelve para Cristo. “De hecho, sin fe es imposible agradar a Dios, por lo tanto es necesario que aquel que se aproxima de Dios, crea que Él existe y se vuelve galardonador de los que lo buscan” Heb. 11:6. “De suerte que la fe es a través del oir, y del oir de la Palabra de Dios” Rom. 10:17.
          Un niño, en sus primeros años de vida, ¿está en condiciones de ejercer fe y de entender las cosas referentes a la salvación? Podrá por acaso, aceptar a Jesús y ser justificado?
          En la gran comisión de Jesús a los discípulos, lo vemos ordenando a los mismos, que le enseñasen a los nuevos convertidos a guardar todas sus enseñanzas (Mat. 28:20). Para que un individuo pueda guardar, obedecer, necesita creer, tener fe en estas verdades. ¿Puede un niño pequeño, tener fe, creer y obedecer?

 

3.- El Bautismo.-

          Después que el pecador ha demostrado arrepentimiento de sus pecados, fe en Salvador y en sus palabras, necesita demostrar esto públicamente. Esa demostración se hace a través del santo bautismo.
          ¿Pero con qué edad un niño estaría en condiciones de tomar sus propias decisiones relacionadas con la salvación y el bautismo? La respuesta viene de la pluma inspirada: “Los niños de ocho, diez o doce años, ya tienen edad suficiente para ser dirigidas al tema de la religión individual. No enseñéis a vuestros hijos en relación a un tiempo en el futuro, en que ellos tendrán suficiente edad como para arrepentirse y creer en la verdad. Si son correctamente instruidos, los niños bien tiernos pueden tener ideas correctas en relación a su estado de pecadores y al camino de la salvación por medio de Cristo” (Orientación del Niño: 490-491 y 1JT: 150-151).
          Si a partir de los ocho años un niño ya tiene condiciones de tomar decisiones en la vida espiritual, ¿en qué pie quedan los niños de menor edad? ¿Irán para el Cielo solamente si los padres también van? ¿Y si mueren cuando aún están muy pequeñitos? ¿Y los niños de padres no creyentes? Analizaremos estas preguntas más adelante.

El Cielo y Los Niños.-

          Dios es justicia, amor y misericordia. Él extiende también Su amor a los niños desde antes de su nacimiento hasta el periodo en que dejen de serlo. Tenemos registradas en la Biblia las palabras de Jesús: “Dejad a los niños, y no los estorbéis de venir a Mí; pues de los tales es el reino de los cielos” Mat. 19:14.
          Con esto vemos que Jesús tiene un lugar en el Cielo para los niños. ¿Pero será que todos los niños irán al Cielo? Antes de responder a esta pregunta, tenemos la confirmación del Espíritu de Profecía sobre la presencia de niños en el reino de Dios.
          “Hemos de ver nuevamente nuestros hijos. Hemos de encontrarnos con ellos y reconocerlos en las cortes celestiales“. 2MS:259.
 Hablando sobre la resurrección de los justos, Ellen White dice que “niños son llevados por los santos ángeles a los brazos de sus madres ... y con cantos de alegría ascienden juntamente para la ciudad de Dios” CS:650.
          Por ocasión de su primera visión ella vio la ciudad y la Tierra hecha de nuevo y contempló en ella muchos niños. “Y vi los niños subir, o si prefieren, hacer uso de sus pequeñas alas y volar a la cima de las montañas y tomar flores que nunca se marchitarán” PE:19.
          Está bien claro, por lo tanto, que en el Cielo habrá también niños de diferentes edades. Con esto surgen varias indagaciones: ¿Cómo estarán allí niños que por ser demasiados pequeños, no tuvieron ninguna prueba de carácter, no entendieron el plano de la salvación y nunca comprendieron lo que es pecado y arrepentimiento? La respuesta viene de la pluma inspirada: “¿Cómo pueden los niños pequeños tener este test y prueba? Respondo que la fe de los padres creyentes protege a los hijos, como sucedió cuando Dios envió Sus juicios sobre los primogénitos de los egipcios ... y la fe de los padres los protegía a ellos mismos y a sus hijos” 3MS:314.
          Con esto comprendemos que los niños pequeños, que no tienen aún la capacidad de entender los asuntos relacionados con la salvación, serán salvos porque están protegidos por la fe de sus padres que son cristianos fieles. Pero los niños, como lo vimos en el capítulo anterior, que tienen ocho, diez o doce años, ya tienen condición de tomar decisiones y ser responsables delante de Dios por sus actitudes.

          Otra cuestión que causa preocupación se refiere al caso de aquellos que recibieron de sus padres una educación ideal, pero que más tarde abandonaron la fe y no estarán en el Cielo. En este caso, ¿estarán estos niños en el Cielo o no? La inspiración responde: “Muchos niños pequeños, sin embargo, no tendrán mamá allí ... los ángeles acogerán a estos pequeños sin madre y los conducirán hacia el árbol de la vida” 2MS:260.
          Esta cita, fuera de responder la indagación , nos presenta otro hecho interesante, que es la posibilidad de que un niño esté en el Cielo, sin la presencia de uno de sus padres. Esto queda claro cuando ella menciona la ausencia de la madre y no del padre. Esto no quiere decir, que todos los niños de padres creyentes estarán en el Cielo. La mensajera de Dios dice que: “Algunos padres permiten que Satanás les dirija sus hijos, y sus hijos no son reprimidos, sino que se les permite que tengan un mal temperamento y sean irascibles, egoístas y desobedientes. Si ellos mueren, esos hijos no serán llevados al Cielo. El procedimiento de los padres está determinando el bien estar futuro de sus hijos ... y esos niños que nunca fueron educados para la obediencia, y para bellos trazos de carácter, no serán llevados para el Cielo, pues el mismo temperamento y disposición sería revelado en ellos” 3MS:315.
          Siendo así, tenemos este grupo de niños que no irán al Cielo. ¿Ellas serán resucitadas al final del milenio o Dios las dejará como si hubiesen existido? Este es un asunto sobre el cual no tenemos luz suficiente y Dios ciertamente hará justicia.
          No queremos encerrar este trabajo sin analizar la cuestión de los niños, hijos de padres no creyentes. Muchos miembros de iglesia se preguntan si estos niños estarán en el Cielo o no. Y esta misma pregunta le fue hecha a Ellen White. He aquí su respuesta: “Debemos considerar esto como una de las cuestiones sobre las cuales no estamos en libertad de expresar una posición u opinión, por la simple razón de que Dios no nos habló definidamente sobre este asunto en Su Palabra” 3MS:313.
          Más tarde, volviendo al mismo asunto, ella da a entender  que algunos hijos de padres no creyentes estarán en el Cielo. He aquí sus palabras: “No podemos decir si todos los hijos de padres no creyentes serán salvos ...” 3MS:315.
La palabra “todos” aquí da a entender que algunos podrán estar y entonces presenta razones para esto: “Muchos padres no creyentes dirigen sus hijos con mayor sabiduría que muchos que pretenden ser hijos de Dios. Ellos hacen un gran esfuerzo por sus hijos para que sean bondadosos, corteses, altruistas y para enseñarlos a obedecer, y en este sentido, los no creyentes manifiestan mayor sabiduría que los padres que poseen la gran luz de la verdad, pero cuyas obras, no corresponden absolutamente con la fe” 3MS:315.
          Concluyendo, damos gracias a Dios por la luz que podemos tener por la Biblia y por el Espíritu de Profecía, sobre este asunto tan delicado que es la salvación de los niños. Aún cuando no todo esté absolutamente claro en nuestro entendimiento, podemos aún así, tener una visión general y hasta podemos vislumbrar algunos detalles, que nos dan tranquilidad y certeza de poder estar con nuestros hijos en el reino eterno.

Conclusión.,-

          Después de buscar y estudiar en la Biblia y en el Espíritu de Profecía, a respecto de la salvación de los niños de corta edad, esto es, de niñitos de algunos días, meses o pocos años de vida, que aún no tienen las condiciones de entender el plan de la salvación, la conclusión a que llegué es de que aún estos niños son pecadores y necesitan de un Salvador.
          También pude concluir que el niño de ocho a doce años ya tiene capacidad de entender las cosas espirituales y ser responsable delante de Dios; lo que no sucede con los niños de menos edad, pues dependen de la fe de sus padres para obtener la salvación.
          Sin embargo, esto no significa que todos los niños serán salvos, pues aún los niños de padres creyentes, podrán perder la salvación, una vez que sus padres permitieron que se desarrollasen en ellos malos trazos de carácter, volviéndose desobedientes, irascibles y controladas por Satanás. Por otro lado, veremos en el Cielo a niños de padres no creyentes que estarán allá debido a su buena educación, recibida de sus padres, aún cuando no tuviesen el conocimiento de la verdad.
          Con este estudio, espero contribuir con todos aquellos que desean una aclaración sobre este asunto. Entiendo que es un asunto profundo y delicado y que podrán surgir nuevas interrogaciones; que no todo lo que explicado responde de una manera concisa. Pero, para mí es suficiente como para tener una visión sobre el asunto y sentir esperanza y alegría en poder un día, volver a ver nuestros pequeñitos en el reino celestial.