El Vaticano y los Grandes Genocidios del Siglo XX
Alberto Treiyer
Doctor en Teología
Visité hace poco el museo Holocausto en Washington. Está muy bien equipado, con mucho material en fotos, videos con películas que fueron tomadas en directo, y materiales de diversa índole. Es tanto el material en cuadros, materiales y videos que han sido elaborados a partir de los discursos mismos de Hitler, así como de las reacciones progresivas de los EE.UU., Inglaterra y los demás países, que requeriría una tarde entera para poder ver lo esencial. Más de seis millones y medio de judíos fueron exterminados de la manera más cruenta, de los cuales cerca de un millón y medio fueron niños. La tragedia fue tal que el genocidio de los niños solamente, equivalió a la masacre diaria de todos los niños de una escuela normal, durante ocho años.
Ese siglo “idiotizado” ya pasó a la historia, y con él también un milenio cristiano más. Muchos tratan de hacer una síntesis de lo que ocurrió durante ese siglo. A la luz de las profecías bíblicas, nosotros hemos recibido como legado protestante un análisis de lo que sucedió en la primera parte del S. XIX, incluyendo la última parte del XVIII. Pero, ¿nos hemos sentado a evaluar también, siempre a la luz de las profecías bíblicas, lo que ocurrió durante el S. XX?
Ese museo sobre el “holocausto” presenta por etapas,
uno de los cuadros más horrorosos que conoció la historia de nuestro
mundo. Un aspecto, sin embargo, me indignó. Haciendo una síntesis
del odio contra los judíos a lo largo de la historia, una de las películas
menciona que cierta tradición cristiana heredó de los romanos
la enemistad contra esa raza, acusándolos de haber entregado a muerte
al Hijo de Dios. Pero no menciona para nada a la Iglesia Católica, ni
tampoco a la Inquisición. En su lugar, menciona a Lutero que pretendió,
al principio, ganar a los judíos mediante métodos persuasivos
y no por la violencia. Sin embargo, al ver que ese método no los ganaba
tampoco, terminó odiando a los judíos de una manera tal que declaró
que sus libros y sinagogas debían ser quemados...
Después del “holocausto”, seguía el reporte, muchas
iglesias cristianas han estado reconsiderando su posición con respecto
al judaísmo, y consideran que el odio contra los judíos no tiene
fundamento en el Nuevo Testamento. La Iglesia Evangélica, incluso, ha
terminado rechazando esa enseñanza negativa de Lutero con respecto a
los judíos. Jesús fue judío, celebró la Pascua al
instituir la Santa Cena, sus discípulos también fueron judíos,
y muchos de ellos murieron en manos de los romanos como también lo fueron
los demás judíos de su raza.
Sumado a esto, el museo pone a los sacerdotes católicos también
como víctimas junto con los judíos, del nazismo alemán.
En esencia, la Iglesia Católica Romana queda limpia de todo ese drama
del S. XX, y ensuciado el protestantismo. ¿A qué se deberá
semejante distorsión de la historia? ¿Cómo es posible que
un museo tan bien documentado y serio, pueda exonerar, en parte con el silencio,
y en parte con la inclusión de algunos sacerdotes, a la Iglesia Católica
de ese terrible drama?
Hubo sacerdotes heroicos que defendieron a los judíos, e incluso murieron
por ellos. Pero fueron casos aislados y lo hicieron, en ocasiones, contraviniendo
las claras directivas que recibieron de Roma. Asimismo hubo protestantes, inclusive
un hermano adventista que salvó cerca de 1000 judíos, arriesgando
su vida y siendo perseguido por la Gestapo, por lo que se ganó después
de la guerra varias medallas (recomiendo leer su libro, Flee the captor). Nuevamente,
¿por qué ese museo limpia directa e indirectamente a la Iglesia
Católica sobre algo en lo que estuvo implicada en forma tan notable?
[No alcancé a ver las películas de la última parte del
museo, titulada “The Final Solution (1940-1945), porque fui a ver antes
otro museo sobre el espionaje en la historia humana, en especial en el último
siglo. Deduzco, sin embargo, que esa última parte del museo Holocausto
no tendrá nada diferente a lo que ví con respecto al involucramiento
de la Iglesia Católica].
Sobre las presuntas razones por tal silencio histórico en un museo tal,
quiero ofrecer las siguientes sugerencias. La Iglesia Católica está
muy bien organizada para intervenir en todo el mundo buscando limpiar su triste
pasado. A diferencia de los protestantes que no tienen problemas en admitir
sus errores por no creerse infalibles (hasta consideran positivo el ser capaces
de arrepentirse), la Iglesia Católica se cree infalible. Es por esa razón
que se esfuerzan tanto por cubrir su imagen. La fortaleza del romanismo católico
está en la creencia en que su Magisterio, a diferencia de las demás
iglesias, es infalible. Si se muestra lo contrario, la fe del católico
se va a la deriva.
Cuando uno ve los museos de la Inquisición en Lima y Cartagena, por ejemplo,
se indigna también viendo una tremenda apología de la Iglesia
Católica en relación con esos crímenes y genocidios del
pasado. Lo mismo vemos en los museos de Europa, en donde se busca, por regla
general, ignorar a la Iglesia Católica Romana por sus crímenes
del pasado, y en su lugar referirse a la mentalidad de la Edad Media. De esa
manera se busca evitar herir cualquier sentimiento religioso.
Actualmente, el Vaticano está ponderando a los pocos sacerdotes que arriesgaron
su vida para proteger a los judíos, y buscando desligarse de todo enlace
con el nazismo. Es probable que, ante un museo de tanta importancia que visitan
miles cada día, los católicos hayan ofrecido datos bien precisos
de opresión nazi contra ciertos sacerdotes para crear otra vez la imagen
de víctimas (despertar compasión, rasgar vestiduras, etc), y desvincularse
del genocidio nazi. A su vez, los organizadores del museo parecen intentar evitar
todo mal sentimiento entre religiones diferentes, y buscan aminorar como pueden
la actitud antisemita histórica del cristianismo contra los judíos.
Debemos recordar que estamos en la época en donde se manifiesta “una
falsa caridad” que “ha cegado” a muchos con respecto al papado,
ya que toda vez que se disculpe a alguien de hechos históricos, se deja
la puerta abierta para que se los vuelva a cometer.
Hay otro aspecto también a tener en cuenta. El museo del Holocausto se
abrió por primera vez en 1993. Para ese entonces estaba recién
comenzando a despertarse el interés por revisar la historia de la 2da.
Guerra Mundial, gracias a la apertura de los archivos secretos de la mayoría
de los países involucrados en esa guerra. Todos, menos el Vaticano, abrieron
sus archivos de la guerra en torno a la última década del siglo
que pasó. El Vaticano terminó siendo categórico en su negativa,
pese a las insistentes demandas de quienes están interesados en tener
todos los datos para un estudio objetivo de la historia.
Algunas cosas obviamente filtradas han liberado del Vaticano, sin embargo, con
respecto a la 2da. Guerra Mundial, y algo más se soltó con la
autorización que dieron bajo juramento de confianza a John Cornwell,
un periodista católico inglés, para trabajar en esos archivos.
Pero la mayor parte permanece escondida en el típico secretismo del papado.
Es probable que los organizadores del museo sobre el Holocausto no hayan tenido
toda la información de la que se dispone hoy. Aún así,
creo que se conocía ya lo suficiente del papel del Vaticano para comienzos
de los 90, como para no desvincular totalmente a la Iglesia Católica
de la escena.
En este estudio que emprendemos ahora sobre la relación del Vaticano
con los grandes genocidios del S. XX, nos proponemos dar una mirada retrospectiva
a la historia, a la luz de los hechos y de las creencias que estuvieron subyacentes
en esa historia. Todo esto para mostrar, al mismo tiempo, cómo las fuerzas
del mal estuvieron listas para dar el golpe decisivo ya en la primera parte
del S. XX, y cómo Dios intervino para evitar que el mundo desembocase
ya también, en el mismo fin.
Había mucha tierra que conquistar todavía para el evangelio. Los
intentos para recuperar la supremacía política perdida por parte
del papado fracasaron, a costo de tantos millones de vidas. Pero esos intentos
nos muestran que, en donde tiene la oportunidad, el pontificado romano revela
el mismo veneno de la serpiente que siempre tuvo. Babilonia no puede ser curada,
porque no quiere ni querrá ser curada (Jer 51:9-10). Es el centro y nido
de toda corrupción y mentira, “la obra maestra de Satanás”.
El mismo espíritu genocida que marcó su historia a lo largo de
los siglos durante la Edad Media, y que rebrotó repentinamente en el
S. XX, brotará en el acto otra vez, si las condiciones que las motivaron
políticamente en lo pasado, vuelven a repetirse.
En general, podemos anticipar ya en nuestro estudio, que el Vaticano apoyó
a Hitler, así como a Mussolini y las demás dictaduras del S. XX.
En cuanto al genocidio judío, hay testimonios inequívocos de haberse
lavado las manos. Es más, muchos sacerdotes participaron actívamente
en el homicidio no sólo contra los judíos, sino también
contra los ortodoxos y los comunistas, con pleno conocimiento del papado. Para
ello encontraban siempre la luz verde de Roma o, a veces, un silencio cómplice
que ha llevado a muchos a acusar al papado de pecado de omisión. Otros,
analizando las encíclicas papales desde fines del S. XIX hasta fines
del XX, creen que se trató de un pecado de comisión.