El Vaticano y los Grandes Genocidios del Siglo XX (33)
Alberto Treiyer
Doctor en Teología
Los dictadores católicos de Latinoamérica.
Un modelo autocrático equivalente al que bendijo el papado en los países
católicos de Europa, fue imitado en los países católicos
de Latinoamérica. Todos creyeron igualmente en los principios católicos
que reafirmó el papa Pío IX en su Sílabo de Errores. Allí
declaró el papa que “es un error creer que la Iglesia no es una
sociedad verdadera y perfecta”, y que para que la iglesia sea perfecta,
el estado debe integrarse a ella. Otro artículo de ese sílabo
papal publicado en el S. XIX dice que “es un error creer que la Iglesia
debe estar separada del Estado y el Estado de la Iglesia”. En el error
Núm. 24 establece Pío IX también que es un error creer
que “la iglesia no tiene poder de usar la fuerza, o que no tiene ningún
poder temporal, directo o indirecto”. Esto es lo que, en esencia, aún
mantiene el papa Juan Pablo II en el S. XXI cuando requiere de Europa que no
desestime su alma, sus raíces cristianas [entiéndase católicas
medievales].
La mayoría de los países latinoamericanos son católicos
por ley, lo que significa que deben diezmar sus entradas para darlas al clero.
Argentina en especial, se ha caracterizado por ser uno de los países
católicos más conservadores y fieles al Vaticano. Por tal razón,
el papa la apodó en años recientes “la hija predilecta del
papado”. No debía extrañarnos, por consiguiente, que la
democracia tuviese tan corta vida en ese país, con la mayoría
de sus presidentes habiendo sido dictadores militares. Entre los más
destacados podemos mencionar al general Rosas en el S. XIX (criminal de indígenas
e intelectuales), al general Roca en la primera parte del S. XX, y al general
Juan Domingo Perón a mediados del mismo siglo. Este último general
transformó a su país en la guarida más grande de criminales
de guerra por sus crímenes contra la humanidad cometidos durante la Segunda
Guerra Mundial. Adolfo Hitler mismo, según las últimas investigaciones,
habría pasado sus últimos años en el sur de Argentina (siempre
quedaron dudas después de la guerra sobre la identificación de
su cadáver). Ante Pavelic, el dictador de Croacia, terminó siendo
nombrado por el mismo Perón como “consejero de guardia” personal
de la presidencia.
En Paraguay gobernó con plenos poderes el general Stroessner, reprimiendo
brutalmente toda oposición. Las torturas y desapariciones de “maleantes”
y opositores fueron la nota tónica de todo su mandato de varias décadas,
más acentuada aún en el comienzo de su dictadura. Era así
como se ponía orden en un país también regado por los levantamientos
y la violencia. Las cosas se pusieron más serias cuando en Chile ganaron
las elecciones los comunistas. Todo el continente católico latinoamericano
tembló. La civilización cristiana corría peligro. ¿Cuál
sería la solución? Nuevamente, gobiernos militares dictatoriales
que suprimiesen en Chile la voluntad popular bajo Augusto Pinochet, en Argentina
bajo Videla, y en Uruguay bajo otra junta militar con la anuencia del presidente
decidídamente pro-católico que había sido electo.
El enemigo común era el mismo que en Europa y en el Asia: el comunismo.
La justificación para la guerra y el genocidio era el mismo también:
salvar el cristianismo mediante una cruzada religiosa contra toda incursión
del ateísmo. Como en la Edad Media, todo método de exterminio
que viniese a la mano y fuese útil para lograr los objetivos “cristianos”,
se volvía lícito. El clero católico participaría
igualmente en la contienda, ya que el catolicismo en especial, se veía
amenazado por las corrientes de izquierda. La misma reacción que tuvo
el clero contra los revolucionarios que trajeron la libertad a Latinoamérica
a comienzos del siglo anterior (XIX), iba a ser la reacción que ahora
se iba a tener contra toda agrupación que tendiese a romper el matrimonio
Iglesia-Estado de esos países.
A. Juan Domingo Perón.
De todos los dictadores del S. XX, Perón fue el que menos homicidios
produjo, y esa fue la razón tal vez por la que su régimen se prolongó
en el partido que creó, llamado Justicialismo, y que todavía gobierna
a la Argentina ya bien comenzado el S. XXI. A diferencia de Franco, a quien
realmente idealizaba, Perón subió al poder por voluntad popular.
Por ambas razones, y porque con el tiempo, además, impidió ser
absorvido totalmente por los intereses de la curia, muchos consideran su gobierno
como semi-fascista. Finalmente fue derrocado por el ejército y la Iglesia
en conjunto, en gran medida, porque terminó no respondiendo a algunos
de los intereses sensibles a ambos.
Cuando los militares detuvieron por primera vez a Perón, cometieron el
error de dejar libre a Eva Duarte, su segunda mujer. Evita había nacido
y se había criado en ambientes de pobreza, de manera que conocía
perfectamente la manera de pensar de las masas. Gracias a lo bonita que era,
y a que vendía su elegante cuerpo como prostituta, pudo ir logrando escalar
hasta llegar al mismo Perón. El dictador terminó casándose
con ella en segundas nupcias, invalidando la sacralidad de su primer matrimonio
que exigía la Iglesia, y generando otro conflicto con la Iglesia. Evita,
por su parte, reveló sus dotes notables para movilizar las masas, al
producir un levantamiento popular pacífico pero de tal significado que
su flamante marido debió ser liberado, y repuesto en el poder.
a) Vínculos con el fascismo. Juan Domingo Perón era un gran admirador
de Francisco Franco. No es de sorprenderse que hubiese encontrado, finalmente,
refugio en España. El vínculo mayor que tuvo Perón con
el fascismo fue su recepción de todos los refugiados nazis y ustashis
de Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Junto con ello facilitó
el contrabando a la Argentina del oro que esos criminales sacaron de sus países
hasta que pasase la tormenta y las aguas se volviesen más tranquilas.
Otro vínculo con el fascismo puede vérselo en el hecho de que
el gobierno de Perón se basó más en su figura personal
que en la constitución misma del país.
Si Perón no fue totalmente fascista se debió a que abrió
un sistema intermedio entre las corrientes políticas de izquierda y de
derecha, sin dejar de lado el respaldo popular que manejó a su gusto
mediante métodos demagógicos. Al mismo tiempo mantuvo cierta distancia
o independencia de la Iglesia Católica, con la cual compitió en
la lucha por obtener el reconocimiento del pueblo. Aunque comenzó vinculándose
con ella y le dio poderes que ella no tendría en los gobiernos democráticos
posteriores, hubo confrontaciones en el ejercicio de la autoridad y control
de varios cargos públicos. La Iglesia Católica quería seguir
teniendo la hegemonía en la educación religiosa y en la labor
social, y no podía aceptar que un gobierno civil compitiese con ella
en ese terreno.
b) Viaje de Eva Perón a Europa. El 16 de junio de 1947, dos años
después que terminase la Segunda Guerra Mundial, la primera dama de Argentina,
Eva Perón, hizo una gira a Europa para ser festejada en España,
besar el anillo del papa Pío XII en el Vaticano, y codearse con los ricos
y famosos banqueros de los alpes suizos. De los archivos que abrieron recientemente
los bancos suizos y el Banco Central de Argentina, y de las investigaciones
de los cazadores judíos de nazis fugados, se puede saber hoy que ese
viaje no fue pura y simplemente para reforzar lazos diplomáticos, comerciales
y culturales entre varias naciones europeas y Argentina. Tuvo una misión
paralela que permitiría poner las bases para las intervenciones militares
más fascitizadas del último cuarto de siglo en Argentina. El papa
Pío XII habría discutido con ella, además, el cuidado y
la alimentación de los fieles nazis y ustashis refugiados en Argentina...
¿Cuáles fueron esos objetivos paralelos del viaje de Evita a Europa?
En primer lugar, coordinar la red que debía ayudar a los nazis a reubicarse
en Argentina. Así como los EE.UU. e Inglaterra se interesaron después
de la guerra, por descubrir los científicos nazis para aprender de sus
experimentos médicos hechos en los campos de concentración; así
también se interesó Perón, además, en absorver la
técnica militar nazi para fortalecer su poder militar en el cono sur.
Como prueba de ello se puede mencionar que el primer avión de motor de
combate introducido en Sudamérica—el ‘Pulque’—fue
construido en Argentina por el diseñador de aviones alemán Kurt
Tank de la firma Focke-Wulf. Sus ingenieros y pilotos de pruebas llegaron gracias
al servicio de emigración ilegal que se daba conjuntamente en Suiza y
en el Vaticano. Así obtuvieron también los cianotipos de los cohetes
alemanes V2 y V3. Un médico, Carl Vaernet, había conducido experimentos
quirúrgicos sobre homosexuales en el campo de concentración Buchenwald.
Luego de castrar a los hombres, les insertaba glándulas sexuales metálicas
que infligían muertes atormentadoras a algunos de sus pacientes. Ese
científico fue considerado también como de gran utilidad para
la Argentina.
Tanto para los diplomáticos suizos como para el Vaticano, el interés
del contrabando de criminales nazis y ustashis a Argentina tenía que
ver con intereses de contrabando financiero. Para los sacerdotes católicos
del Vaticano se sumaban dos aspectos adicionales: el interés en proteger
gente tan fiel a la Iglesia Católica, y el de reorganizar sus servicios
en contra del comunismo dondequiera fuesen. Ya antes del viaje de Evita a Europa,
en mayo de 1947, un informe del Ministerio de Asuntos Exteriores clasificado
como extremadamente secreto, consideraba al Vaticano como siendo “la organización
más grande implicada en el movimiento ilegal de emigrantes, incluyendo
a muchos nazis”. Posteriormente, varios jerarcas exnazis agradecerían
públicamente al Vaticano por su ayuda vital que implicó no solamente
los contactos diplomáticos necesarios de la Santa Sede con los gobiernos
latinoamericanos, sino también el reparto de documentos falsificados
que les permitiesen fugarse sin ser descubiertos por el espionaje Aliado.
Los archivos secretos del gobierno argentino mencionan, por ejemplo, al obispo
Alois Hudal como el hombre clave en la protección y fuga de los criminales
de guerra nazi después de la guerra. Recientemente a través de
Zenit (3 de marzo, 2004), el Vaticano confirmó que “en aquellos
años el papa desempeñaba también el cargo de Prefecto del
Santo Oficio. Tanto Pío XI como Pío XII eran prefectos ‘ex
officio’ del Santo Oficio”. Nunca habría expresado el Santo
Oficio su parecer sobre el régimen nazista—argumenta Zenit—“sin
antes haber consultado con la Secretaría de Estado” del Vaticano.
Este argumento lo esgrime para contradecir la tesis de una nueva obra que implica
nuevamente al papado en el genocidio nazista. Pues bien, el obispo Alois Hudal
pertenecía al Santo Oficio, y había recibido el encargo de investigar
los libros que debían ser censurados. Pío XII mismo lo ordenó
como obispo. ¿No iba a estar enterado el Vaticano de la obra “clandestina”
que hacía, siendo que fue la misma Santa Sede la que le encomendó
la tarea de visitar a los nazis detenidos en las cárceles aliadas?
c) Beneficios y alcances posteriores del contrabando de criminales nazis. Los
nazis agradecidos le prodigaron a Evita grandes riquezas que le sirvieron después
a Perón para vivir en una regia mansión en España durante
todo su exilio, y a todo lujo. El beneficio económico y el respaldo en
diversas áreas que le prodigaron los nazis a Perón, permitió
su reelección en 1951. Argentina parecía no haber estado económicamente
nunca mejor que entonces. Grandes números de nazis estaban firmemente
instalados ya en el aparato militar industrial de Argentina. Paradójicamente,
en la guerra que el gobierno militar posterior emprendió contra Inglaterra
en las Islas Malvinas, los aviadores argentinos pudieron cumplir con un mejor
papel gracias a la ayuda de técnicos de origen alemán y judío
que fueron capaces de adaptarse con asombrosa rapidez a las nuevas técnicas
que estaban empleando los aliados del Atlántico Norte. Aún los
submarinos que usaron habían pertenecido a Alemania durante la guerra,
y fueron refaccionados para servir en esa guerra que Argentina sostuvo con Inglaterra.
Los nazis y ustashis en Argentina mantuvieron la antorcha de Hitler encendida,
obtuvieron nuevos convertidos en los militares de la región y compartieron
sus métodos de tortura y operativos de “escuadrones de la muerte”,
que la Junta Militar posterior usaría para perseguir a los movimientos
políticos de izquierda. Desde Argentina esos “escuadrones de la
muerte” serían exportados a otros países de latinoamérica,
empleando aún a nazis como soldados de tropas de asalto. Entre ellos
estuvo Klaus Barbie, el Carnicero de Lyon de la Gestapo, quien se había
instalado en Bolivia con la ayuda que le brindó la Santa Sede. También
contaron con el apoyo de la Liga Mundial Anticomunista que dirigió el
criminal de guerra fascista Ryoichi Sasakawa de Japón y el reverendo
Sun Myung Moon, fundador de la secta de la Unificación.
Ya vimos que los ustashis intervinieron en el asesinato del cónsul uruguayo
en Paraguay bajo la dictadura de Stroessner. En 1980 Barbie ayudó a organizar
un golpe de estado brutal contra el gobierno democráticamente elegido
en Bolivia, gracias a la financiación ofrecida por los cabecillas de
la droga y una coalición internacional de neofascistas. A la luz de la
vela, Barbie había estado instruyendo a la nueva generación de
nazis sobre los principios de la cruz vástica en su lucha contra el comunismo.
El equipo de Barbie persiguió y mató a funcionarios del gobierno
y a líderes sindicalistas, al mismo tiempo que los especialistas argentinos
volaban para enseñar en Bolivia y en centroamérica las últimas
técnicas de tortura. Bolivia se transformó así, en una
fuente protegida de cocaína que permitiría el surgimiento del
cartel de Medellín.